Cine, TV, Video: crítica: Allen v. Farrow (2021)

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No es objetiva. No es equilibrada. Y no, no creo que sea recomendable.

Cine, TV, Video: crítica: Allen v. Farrow (2021)

Leyenda: ¿acaso en todas las fotos familiares Woody Allen es el único que no está sonriendo? ¿por qué?

Por Alejandro Franco – contáctenos

(para no entrar en polémicas la siguiente serie documental no ha sido calificada)

Aunque Allen v. Farrow sea un documental que trata sobre abuso infantil, me hace acordar mas a Tiger King que a Leaving Neverland. Hay un tufillo abrumadoramente bizarro en todo lo que presenta – desde los testimonios hasta el perfil de los protagonistas – que termina por volverse espeluznante a la vez que poco creíble. No es que no hayan ocurrido hechos aberrantes ni que Woody Allen se transforme en un santo de manera instantánea pero… por Diosqué circo. Ocurren demasiadas cosas en la pantalla y muchas de las cuales me parecen extremadamente tendenciosas. La realidad es que, con la ausencia de testimonios de la parte acusada – léase Woody Allen, Soon Yi o siquiera Moses Farrow,  uno de los hijos de Mia que salió en defensa de su padre adoptivo publicando un largo manifiesto el año pasado en la prensa -,  el documental es cualquier cosa menos equilibrado y objetivo (también se omite que Mia Farrow haya tenido / adoptado la friolera de 14 hijos, 3 de los cuales murieron; que Mia se haya casado a los 21 con Frank Sinatra de 51 y se haya divorciado poco tiempo después en medio de un escándalo; que conoció a André Previn – su anterior marido – cuando éste estaba casado y forzó su divorcio; que algunos de sus hijos denunciaron que era abusiva; o que tenga un hermano en la cárcel encerrado por abuso de menores: creo que son datos que no son menores y que sirven para pintar de manera mas completa una persona y un escenario).

Es difícil encontrar la verdad en este laberinto de acusaciones cruzadas, negligencia paternal, decisiones cuestionables, cosas juzgadas y falta de pruebas. No importa que Dylan Farrow le hable a la cámara o que esté el testimonio grabado de cuando era chica… la cancha está tan embarrada que la credibilidad pende de un hilo. Comenzando por el propósito del documental ya que la acusación contra Woody Allen (por el supuesto abuso de su hija adoptiva Dylan) fue cerrada hace 29 años (!), los expertos revisaron a la nena y no encontraron evidencia para encerrarlo. Luego por la vida posterior de Allen, que mantuvo una estabilidad matrimonial con Soon Yi (una de las hijas adoptivas de Farrow con la cual empezó un amorío cuando estaba cortando su relación con Mia y la chica tenía 21 años), adoptó dos chicas y no hubieron denuncias posteriores contra él – cuando la realidad es que un abusador tiene una conducta serial e incontrolable -. Mia dice que la intención es que la voz de Dylan se escuche… pero, en cualquier parte del planeta – y emitiendo conclusiones contrarias a la de un juicio resuelto y cerrado – esto equivaldría a difamación y a un juicio por calumnias e injurias desde Allen hacia Farrow (cosa que no pretende hacer). ¿Acaso esto es el tiro del final de una guerra sucia entre ex esposos?.

La realidad es turbia. Cuando el documental quiere retratar a los protagonistas, no salen bien parados. Woody Allen podrá ser un cineasta genial y super productivo, pero es un tipo feo, cargado de prejuicios y definitivamente un solitario que no deseaba tener ni una familia ni hijos. ¿Qué le ve Mia a semejante hombre, mas cuando ella viene con su propia tribu – al momento de conocer a Allen tenía 7 hijos! -?. ¿Es simplemente ambición, el deseo de obtener una carrera artística de prestigio y figurar como la musa del director?. Toda la situación se siente forzada – Allen no quiere compartir techos, no quiere saber nada de niños, no quiere formar una familia – y Farrow insiste. E insiste. Farrow termina triunfando y Woody le dice que le gustaría tener una beba rubia y rosada como ella. Y Mia adopta a Dylan – protagonista del drama central de esta historia – en 1985. Las preguntas se agolpan en mi cabeza: ¿con siete chicos presentes era necesario adoptar otro mas?. ¿Acaso Dylan era moneda de cambio para obligar a Allen a comprometerse mas en la relación?.

¿Acaso no hay algo compulsivo en tener tantos hijos… y seguir sumando chicos con el tiempo?. ¿Acaso se puede ser una buena madre – con el control de todos ellos, dedicándoles a todos el tiempo que se merecen… vigilando por su seguridad – mientras que a esa pandilla se le suma la carrera propia y todo tipo de compromisos artísticos que demandan un tiempo feroz?.

Pero el equilibrio parece ser el factor ausente en toda esta historia. Siguiendo con la suma de hijos de la Farrow – Satchel / Roman, hijo biológico con Allen nacido en 1987 (si, después veremos que la mayoría de los pibes se cambian de nombre, a veces hasta dos veces); luego con cinco chicos mas, adoptados por Mia después del escándalo (entre 1992 y 1995), uno de los cuales lleva el nombre del juez (Elliot Wilk!!) que resolvió el juicio contra Allen en los 90s -.

Es difícil ver a través del humo. Antes de llegar al núcleo central del testimonio de Dylan hay muchísimas cosas que le hacen ruido a la platea. Los testigos hablan de manera tendenciosa – “yo ya veía algo raro allí…” suelen decir las vecinas / amigas que no tienen un título en sicología para hablar con propiedad de la materia -; la casa donde convivían los fines de semana era un conventillo con un montón de gente chusma invitada permanentemente y metiéndose en las habitaciones de los dueños – y sí, claro que verían a alguna vez a Allen en ropa interior si todo era una romería, todos venían con sus hijos y sus familias -. Y cuando aparece un sicólogo, le dice a Farrow que Allen tiene una tendencia obsesiva excesiva con Dylan pero que no bordea lo sexual. No importa, en el documental se lo menciona por lo bajo como para sentar antecedentes sospechosos pero lo importante es llegar a la denuncia y al juicio.

Por supuesto que uno no está diciendo que Allen sea un santo. El hecho de enredarse con su hija adoptiva Soon Yi a la que conoció cuando tenía diez años es directamente repulsivo. Que se haya sacado fotos íntimas con ella y que se haya vuelto un adolescente (teniendo en cuenta los 35 años de diferencia con Soon Yi) es algo espeluznante. Pero que la denuncia del abuso de Dylan aparezca en Agosto del 92 – cuando Allen había cortado su relación con Farrow en Enero de ese mismo año, precisamente porque Mia encontró las fotos desnudas de Soon Yi en el departamento del cineasta – es, por lo menos, bizarro. Que Mia sospechara de esta situación desde 1988 te hace crujir los dientes, especialmente cuando te das cuenta que demoró 4 años en procesar todo y hacer la denuncia mientras seguía saliendo con el tipo con el que sospechaba que pasaba algo raro. Malas lenguas hablan de una venganza legal, de un testimonio implantado como recuerdo en una menor influenciable¿quién sabe a ciencia cierta cuál es la verdad?.

Todo es raro. Cuando la Farrow narra el escándalo de descubrir las fotos de Soon Yi, su reacción es cualquier cosa menos natural – cualquier iría y le hubiera pasado con el auto por encima a Soon Yi pero ella se mortifica, se echa a sí misma la culpa de que no pudo defenderla “de un hombre maduro y seductor que dispone de armas para manipular de las cuales una adolescente (!!!) no tiene manera de defenderse” – y todo parece dramatizado o reescrito. Son esos detalles que te hacen desconfiar de todo.

El político inglés Lord Ponsonby dijo hace casi 100 años que, cuando estalla una guerra, la primera víctima era la verdad. Es posible que en el caso de Allen v Farrow la verdad sea imposible de certificar como tal y que jamás vea la luz. En todo caso Allen v Farrow es mas un catálogo de miserias humanas que un auténtico testimonio irrefutable, un ejemplo cabal de paternidad tóxica en donde los primeros en caer fueron los menores, ya que quedaron en la línea de fuego de la lucha sin cuartel entre los adultos cuya primera responsabilidad era protegerlos de los peligros de este mundo.