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Los sesenta fueron la década de los cambios.
La implantación de la Guerra Fría, la década
revolucionaria, las transformaciones en la vida corriente de la gente,
los cambios socio políticos que culminaron con la generación
del actual panorama mundial. La realidad
es que los sesentas fueron una decada radical, y la globalización
de los conflictos entre Occidente y Oriente se extendieron a todo
el planeta. Si bien es cierto que la lucha por la independencia
en Argelia no tiene la misma impronta que las guerrillas revolucionarias
a lo largo de América, gran parte del formato de lucha está
formado en la cuna del castrismo cubano. La guerra por el terror,
el desarrollo de la guerrilla urbana, los cuadros paramilitares...
En la trasnoche de Canal 7 tuvimos
ocasión de ver el otro día La Batagglia di Algeri,
el multipremiado film de Gillo Pontecorvo. Es otro hijo de una decada
convulsiva, al igual que productos similares de Costa Gavras o de
otros cineastas italianos.
Como todo filme político, es uno muy
desparejo y desbalanceado. Pontecorvo intenta ser objetivo y adopta
una visión documental, pero sigue siendo una película
tendenciosa. Gran parte de esto tiene que ver con la génesis
del film : mientras que los productos italianos querían filmar
desde el punto de vista de un soldado francés desencantado
con las acciones de su país (los ocupantes de Argelia desde
hacía más de 130 años), la producción
argelina quería centrarse exclusivamente en resaltar los
aspectos heroicos de los pro líderes revolucionarios. El
resultado es bastante mixto, quedando en un intento de balancear
ambos puntos de vista.
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El film comienza contando la formación
del Frente de Liberación Nacional, desde la óptica
de Alí La Pointe. Alí es analfabeto, musulmán,
y un criminal de poca monta que vive en la Casbah, el sector musulman
de la ciudad capital de Argelia. Contactado por el FLN, Alí
se suma a sus huestes y comienza a desarrollar atentados aislados
contra las fuerzas policiales francesas. Cada sorpresivo asesinato
de un policía o el ataque a una comisaría tiene por
objetivo obtener armas. Cuando el FLN se ha armado, comienza
a detonar bombas en dependencias francesas (hoteles de lujo en el
sector occidental de la capital, oficinas de Air France, etc).
Ya el comienzo del film se muestra exagerado
y manipulador, mostrando a Alí como una víctima, siendo
despreciado e insultado por los europeos residentes en la capital,
perseguido por la policía. El tema es que Alí no es
ningún héroe - es un individuo necio, arrebatado y
oportunista -. Además cada acción del FLN es
netamente cobarde - asesinatos por la espalda a los policías
callejeros, plantar bombas en negocios atestados de gente, donde
incluso hay niños -. Uno puede notar la opresión francesa
y las tensiones raciales que existían en aquel momento, pero
de ningún modo puede justificar el asesinato de inocentes
por causas políticas y revolucionarias.
Si la intención de Pontecorvo era
glorificar a los revolucionarios, resulta obviamente un fracaso
ya que la audiencia se aleja de ellos y termina por detestarlos.
En cambio donde el filme es mucho más acertado es en su visión
de la escalada de la violencia (y de la locura), donde cada facción
se vuelve más radical y sangrienta.
El giro que realiza el filme es con la llegada
del Coronel Mathieu y su tropa de paracaidistas franceses, los que
terminan por aplastar a la insurgencia. Todo el razonamiento de
Mathieu es de una lógica fría e impresionante, donde
el fin justifica los medios. Esto implica capturar gente en la Casbah,
torturarla y comenzar a obtener datos de cómo se compone
la red del FLN.
Lo que resulta estremecedor es que, a partir
del arribo de Mathieu, el film pasa a ser otro y termina por convertirse
en un seudo manual del guerrillero / manual del opositor a la
guerrilla. Los elementos que componen ambos bandos son detallados
en lo más mínimo. Desde la organización en
células donde cada integrante del FLN solo conoce
a dos subalternos reclutados y a su superior - manteniendo el aislamiento
de la organización ante posibles capturas - hasta todos los
procedimientos militares para purgar la revolución - secuestros
y torturas, lanzamiento de volantes, emisión de noticias
erróneas -. Uno imagina cuántos militares y cuantos
guerrilleros habrán aprendido de las técnicas mostradas
en el film.
A pesar de no ser balanceado, el Coronel
Mathieu es lo más parecido que aporta el film sobre lo que
sería un personaje reflexivo. Uno no puede sentir simpatía
por un torturador, pero el perfil de Mathieu es sin dudas carismático.
El gran problema que tiene la película (y el cine político
en general) es que falta un caracter que termine por filosofar sobre
la naturaleza del conflicto y de la violencia. Aquí en cambio
son fuerzas disparadas la una contra la otra en un camino imparable
de destrucción y sangre. Cada individuo está ensimismado
con su causa, aunque ello signifique sesgar vidas inocentes en el
camino.
Es un gran film, pero sigue siendo una película
polémica. Desde el OLP hasta los Tupamaros,
desde la ESMA hasta las esferas militares de Washington (en
los sesentas o ahora, con la ocupación de Irak), la cinta
ha sido proyectada a públicos de todo tipo de color político
como material de discusión e incluso de entrenamiento. Gracias
a Dios los sesenta han pasado, pero igual hoy sus fantasmas asolan,
de vez en cuando, nuestra mente y nuestros recuerdos. |