Cine, TV, Video: crítica de Un Dios Salvaje (2011)

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Roman Polanski reune a un grupo de excelentes actores para darle vida a la obra teatral Un Dios Salvaje. Sin embargo la obra no tiene mucho para ofrecer, más allá de ser un gran ejercicio actoral para todos los intérpretes involucrados.

Por Alejandro Franco – contáctenos

Carnage (Francia / Alemania / España / Polonia, 2011); Intérpretes: Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz, John C. Reilly, dirigidos por Roman Polanski

CARNAGE Dos parejas de padres se reúnen para conciliar diferencias luego que el hijo de uno le arrancara dos dientes de un golpe al hijo de otro. Las cosas comienzan de manera civilizada hasta que una cadena de hechos fortuitos comienza a provocar rispideces entre unos y otros, y al final todos terminan perdiendo la compostura y gritándose de manera salvaje. Así se podría resumir, en 5 líneas, en lo que consiste Un Dios Salvaje.

Si uno la analiza al detalle, verá que es una obra hueca. Aún cuando se trate de una comedia negra, en el crescendo dramático jamás se produce un giro con lo cual los protagonistas terminen por cambiar o descubrir algo revelador. Para colmo, el final es tan abrupto que a uno le da la sensación de que se trata de una broma del director, y que en un par de minutos la narración continuará con un climax más satisfactorio. Pero nada de ello ocurre.

En el hemisferio norte adoran la obra teatral en la que se basa el filme, siendo representada por Ralph Fiennes o Jeff Daniels, en Londres y Broadway respectivamente. Básicamente es un pretexto para el lucimiento de los actores, que comienzan de manera tranquila y terminan en un masivo ataque de nervios. Y sin duda hay diálogos afilados y momentos graciosos, pero la obra en si jamás termina por darle un cierre a la situación que ha provocado.

Es posible que Un Dios Salvaje intente ser una autopsia a lo que escondemos todos nosotros tras nuestra fachada civilizada. Dada las circunstancias correctas, todo el mundo puede convertirse en un agresivo déspota capaz de disparar las cosas más salvajes. Aquí hay un matrimonio de clase media (Jodie Foster y John C. Reilly) – ella, ama de casa con un trabajito en una libreria e infulas de escritora; él, vendedor de herrajes – que confronta a una pareja de clase alta (Kate Winslet y Crhistoph Waltz) – ella, asesora de una firma; él, un despiadado abogado defensor de los intereses más turbios de las grandes corporaciones – por un incidente escolar ocurrido entre los hijos de ambos. Mientras que al principio todo va demasiado formal (por culpa del personaje políticamente correcto de Foster), las cosas se disparan cuando al abogado que compone Waltz se le termina la paciencia y la diplomacia, y saca a relucir sus afilados dientes. Lo que sigue es una catarata de acusaciones mutuas y análisis cínicos de cada uno de los personajes, lo que desemboca en una carnicería generalizada cuando entra a jugar una botella de whisky en el medio.

Las perfomances son excelentes – y entre semejante nivel se destaca John C. Reilly, al que le tocan en suerte las líneas más jugosas del libreto -, y la dirección es buena. El problema es el material de base, que se engolosina en los fuegos de artificio de la retórica y no provee ninguna conclusión satisfactoria. Pero, si a usted le gusta ver un gran ejercicio actoral y entretenerse un rato con algunas salidas mordaces, Un Dios Salvaje le dará un rato placentero, aunque el balance final resulte inconcluso.