Cine, TV, Video: la historia del Cine de Horror (2da parte)

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Esta es la segunda entrega sobre el informe del cine de terror; como la vez anterior, voy a aclarar que si incluyera todo lo que quisiera sería demasiado densa la lectura, la idea es hacer un repaso de ciertos títulos que uno no debería dejar pasar. Sin más preámbulos, prosigo con el complemento de la primera parte.

Por Pablo Planovsky

Década de 1950: O de cómo los extraterrestres nos invadieron

Esta época comienza a dar signos de que el público necesitaba nuevas ideas, nuevos temas con los que asustarse. Y los estudios, algo más rentable.

Con los reportes de avistaje en 1948 de OVNIs perturbando a los norteamericanos, la Guerra Fría contra la Unión Soviética, y el éxito de El día que paralizaron la Tierra, no demoraron mucho en asociar al mal que viene de Oriente con los platillos espaciales invasores.

El enigma de otro mundo de 1951, basado en el libro “Who goes there?” de John W. Campbell Jr. Como exponente del género, o piedra fundacional, El enigma… aporta muchos referentes para el cine de terror subgénero de extraterrestres, como ser: el lugar desolado, alejado de cualquier ayuda urgente (no es casualidad que esta vez sea en el polo norte, de temperaturas heladas como en el lugar de origen del comunismo), la “cosa” o extraterrestre, o alien que acecha a los hombres, hasta el contador geiger que luego sería un standard del género. Todos estos elementos, serán explotados también en La invasión de los usurpadores de cuerpos, gran alegoría al McCarthismo, plasmada en la pantalla grande en 1956.

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Los estudios Universal que alguna vez supieron explotar al máximo el cine de monstruos que, de hecho, ya era una marca registrada de la productora, empezaban a dar signos de agotamiento reciclando a sus monstruos una y otra vez, siendo La criatura de la Laguna Negra su broche para lo que había sido su época dorada. Sin embargo, otra productora sorprendió siendo, en menor medida, su sucesora; Hammer Films productions, transformando viejos clásicos, encabezados esta vez por Christopher Lee, quien encarnaría a La momia (1959), a la aberrante creación en La maldición de Frankenstein (1957) y finalmente, al personaje que lo consagró; Drácula en 1958 (y no es casualidad que le hayan dado el rol de Conde Dooku en El ataque de los clones).

La primera diferencia notable con el viejo film de Bela Lugosi, es que aquí el terror pasa mucho más por el maquillaje y la sangre en pantalla (nada, comparado con lo que se muestra hoy en día), pero sigue la vieja tradición de tener niveles actorales pobres (salvo las míticas interpretaciones de Lee y Cushing) pero ahora la muy libre adaptación de la novela de Stoker permite presentar un Van Helsing más serio, directo, intrépido y valiente, gran parte gracias a Peter Cushing.

Década de 1960: O como renovar el género agotado

Sin embargo, Universal terminó agotando a la gente (y exprimiendo bastante a sus criaturas) y Hammer solo reciclaba viejos clásicos. La cota de películas de seres espaciales que llegaban a la Tierra cayó en producciones baratas y malas que hartaron mucho más rápido al público (y de nuevo, Ed Wood hijo contraataca con la tardía Plan 9: Del espacio exterior).

Es entonces, que en 1960, el maestro del suspenso, conocido bajo el nombre de Alfred Hitchcock, decide hacer una película filmada en blanco y negro. Una película de horror, pero que cambiaría bastante el modo de pensar en el terror.

Y es que si uno hace una recopilación de lo que significaba el terror hasta ese momento, podemos notar que era sinónimo de maquillajes espeluznantes (que habían sido inspirados algunas veces por soldados heridos en la Primera Guerra), clásicos literarios o la ya conocida receta de creador/ creación monstruosa/ chica para el monstruo/ chico para la chica.

Psicosis, considerada de las mejores del género (sino la mejor) revoluciona en varios aspectos: el monstruo no es fruto de algún científico ambicioso. No es tampoco alguna víctima de circunstancias desagradables. No es siquiera un ser deforme o apenas reconocible como persona. Al contrario, es muy humano.

La historia de la mujer que roba dinero, y en una noche de lluvia (elemento que aparece en casi todas las posteriores películas de terror) llega a un hotel, y se encuentra con el extraño Norman Bates (el genial Anthony Perkins) con su madre espiándolo y torturándolo psicológicamente desde la ventana de la vieja y llamativamente escalofriante casa. E indudablemente, todos los slashers y splatters films (esas películas con montones de sangre y cortes hechos “a mano”) como los de Mike Myers, Jason o Freddy, deben mucho a la famosa escena en la que Janet Leigh está tomando una tranquila ducha, hasta que la chirriante partitura de Bernard Hermmann se escucha al compás de las puñaladas que recibe la joven.

Hitchcock demostraría su habilidad renovando este género, una vez más, con Los pájaros estrenada en 1964, esta vez, con animales (los mismos del título) atacando y haciendo catástrofes por el pueblo de Bodega Bay, causando temor masivo y cierto aire catastrófico que sería retomado más tarde por Spielberg y su escualo, aunque la obra hitchcockiana consigue una atmósfera más apocalíptica, parecida a Señales de Shyamalan.

Con esta metamorfosis que sufría el género, apareció otro maestro, el “dueño” de los muertos vivos, o zombies (que ya había tenido su aparición en el cine apocados por Bela Lugosi en Zombi Blanco de 1931 y no siendo tan efectivos como ahora), el mérito de estos apodos se los lleva el señor George Romero, quien con un presupuesto muy chico, filmó La noche de los muertos vivos (1968) en donde los que regresaban de la muerte eran lentos, hambrientos por carne humana, y tontos si se quiere, pero cuyo poder residía en las innumerables hordas que acechaban al grupo de personas atrincheradas en una casa. Mientras que estos seres deambulaban siendo cada vez más por fuera, por dentro, Romero se las ingeniaba para presentar los conflictos sociales presentes en Norteamérica, encerrado en el mismo lugar a un hombre de color, una joven muchacha traumatizada, un impulsivo padre de familia, su esposa, y la hija enferma. Y la toma de decisiones no será lo más fácil allí dentro, teniendo en cuenta lo que espera afuera, y quienes habitan dentro. Ciertamente el poder de las masas también puede asustar, y los intereses sociales del momento volverían a ser trasladados a la pantalla en Zombie: La batalla final (o El despertar de los muertos de 1978) en la que las personas ahora están encerradas en un shopping, lugar ideal para hacer una brillante e inteligente crítica al consumismo, que luego tendría “secuelas” dirigidas por Lucio Fulci, que en realidad son películas de zombis que poco tienen que ver con El despertar…, pero se le agregó el “2” al título como una jugada publicitaria.

No hay que olvidarse de la precursora del cine “sobrenatural”, o satánico y demoníaco involucrado en cosas cotidianas, como lo fue el embarazo de Mia Farrow en El bebé de Rosemary, del pesimista y audaz Román Polanski, película que estuvo a punto de ser filmada por William Castle, el hombre detrás de La montaña en la casa embrujada (1958), con el maestro del terror Vincent Price). Sin embargo, Castle poseía talento para la comercialización (los efectos “especiales” en el cine, como esqueletos colgando por la sala acompañaban su film), por lo que terminó como productor de la misma.

Polanski fue el encargado de llevarla al celuloide. Con esta fabulosa obra de cine, introduce creencias satánicas y cultos al diablo, en actividades normales o en cuestiones poderosas, como el embarazo de una mujer. Es para destacar que aquí se nota bastante la idea de un “lugar endemoniado, con un pasado macabro” (que sería un cliché, incluso en los ’80, con el hotel Overlook o la casa de Poltergeist) y la idea de que el mismo Satanás puede reencarnar en un ser humano, y que luego sería utilizado por De Palma en Carrie (el poder sobrehumano, psíquico, de la protagonista) y en La profecía, ambas de 1976.

Década de 1970: la especialización y masividad dentro y fuera de la pantalla

Las películas slasher no lo eran sino tímidamente hasta el estreno del clásico de Tobe Hooper La masacre de Texas (1974) posiblemente inspirada en el asesino serial que puede verse reflejado en Buffalo Bill de El silencio de los inocentes; Ed Gein, quien destrozaba a sus víctimas y utilizaba sus pieles.

Algo parecido es lo que pasa con Leatherface y su familia, quienes ante la llegada de un grupo de amigos a la casa vecina en el campo, empiezan a dejar en descubierto su faceta caníbal (el canibalismo, que sería retomado por Wes Craven en El despertar del diablo, de vuelta, enfrentando a dos familias en medio de la nada).

Y Leatherface, con la cara cubierta con cuero (una máscara para el mutilador, un cliché en adelante) cambiaba el cuchillo de Psicosis para manejar una motosierra y perseguir a la chica con suerte, Sally . Horrorosa en varios aspectos, la primera daría lugar a tres secuelas y una remake, y al atrevimiento, cada vez mayor (y más explícito) de los crímenes cometidos en pantalla.

Finalmente, los temas diabólicos tendrían su auge en El exorcista (1973), que reúne casi todas las características mencionadas; el miedo a lo desconocido involucrado con un tema social (la adolescencia de Regan, o el trauma entre el impetuoso Karras y su madre), el Padre Merrin, un hombre mayor enfrentándose a un poder mucho más grande que él (y de nuevo, tenemos a otro Blofeld haciendo este papel: Max Von Sydow), los ruidos en el ático (algo parecido a la moderna Los otros) y la batalla culminante entre bien y mal.

En 1975 el director californiano Steven Spielberg, cuyo prometedor film anterior Duelo a muerte, en la que un camión perseguía a un auto por la autopista, dio el puntapié para que se estrenara su siguiente largometraje temáticamente parecido a Duelo a muerte, esta vez, remplazando al camión por un Tiburón, que contó con una gran campaña publicitaria, y comenzó una época que algunos gustan en llamar “La muerte de Hollywood”. Época en la que los blockbusters, esos films que llevan muchísima gente al cine, nacieron.

AutosDeCulto, el portal sobre la historia de los autos

Ciertamente la inspiración de esta película, Moby Dick, contribuyó junto con la dirección (el tiburón mecánico estaba averiado y la cámara actuó en su reemplazo, dejando que el monstruo se vea mucho tiempo menos en pantalla, técnica que también funcionaría para Ridley Scott) y la música de John Williams, pero así también lo hizo la campaña publicitaria y el hecho de que el terror acechara en lugares tan comunes y populares como una playa, poniendo en vilo, incluso, la vida de los pequeños.

Mientras que Murnau y Wiene fueron los mayores exponentes del terror alemán con ayuda del expresionismo, los norteamericanos hicieron lo propio con: James Whale quien fue el maestro de las películas clásicas de monstruos del estudio Universal, con los maquillajes y las estrellas, Alfred Hitchcock con su técnica insuperable para el suspenso se encargó de renovar las reglas del juego y el nuevo cine masivo, dirigido a un público más comercial.

Es entonces que John Carpenter, un muchacho director de cine, amante del cine de terror, en especial de los clásicos como El enigma… decide rendir homenaje en primera instancia a Psicosis, introduciendo un nuevo modelo fructífero a copiar: el de las adolescentes solas en una casa, acechadas por el maniático o “loco del cuchillo” en la pionera Halloween, un gran homenaje a una gran película, esta vez con la hija (no es casualidad, sino causalidad) de Leigh, Jaime Lee Curtis. El recordado Blofeld de Solo se vive dos veces, Donald Pleasence (en el papel de un psicólogo demasiado perturbado por su paciente) y con el psicópata de turno, Michael Myers; es el nombre de ese paciente, que para el día de Halloween escapa del manicomio, para acechar al tranquilo pueblo de mientras suena su característico tema musical, espiando con su “cara” blanca y sin emociones (en palabras de su propio psicólogo) a los chicas que solo quieren divertirse, mientras que Carpenter nos lleva dentro del personaje, haciéndonos ver lo que él ve, ¿algo parecido a Tiburón?. J.C. demostró habilidad para hacer productiva su película, no solo por el tema que trata, sino también por estrenarla en la noche de brujas norteamericana.

En Suspiria (1977) el clásico del colaborador de Leone, Darío Argento, combinaría brujería y cultos macabros (como la recordada y querida Culto siniestro, estrenada en 1973 y con Christopher Lee en otro papel villanesco) el arte-homenaje a expresionismo (la escuela de ballet y sus intricados pasillos) o los siniestros y no menos artísticos crímenes allí cometidos, acompañados por la siniestra música de Goblin, o el asesino “a cuchillo” y la abundancia de sangre en el film.

Para terminar, el director californiano de Jurassic Park no solo inspiró al fanático del clásico de Howard Hawks, sino además al genial Ridley Scott, quien con la ayuda de fabulosos sets, que mezclan lo orgánico con lo frío y mecánico de la nave espacial de Alien, supo crear una atmósfera bastante asfixiante, lenta y horrorífica, introduciendo una heroína, la icónica Ripley de Sigourney Weaver, que debe enfrentar a una visitante espacial no deseado.

Este genial y exitoso film tendría 3 secuelas (o 5 contando los cross-overs con Depredador), e incluso, su secuela más próxima llevaría al debate sobre cual es la mejor de la saga, pero eso, estará en el próximo informe.