|
Hoy en día, cualquiera suele hablar de las películas
"de terror", un género tan popular y
común en materia de cine. Con muchas producciones
mediocres, otras grandiosas, como todo producto masivo.
No es difícil pensar que detrás de una película
como El exorcista, se esconden inconcientemente
muchos de los temas "fetiches" del cine de horror.
Muchas de las claves para analizar un filme se encuentran
allí; desde el miedo a lo desconocido, la incursión
del mundo sobrenatural, lo monstruoso, la doble personalidad,
lo incontrolable, la desprotección, etc. Todos
elementos que se irán incorporando de a poco
a lo largo de esta larga historia. Y como es demasiado
larga (si la hiciera a nivel mundial sería demasiado;
no se puede incluir todo lo que uno quiere o todo lo
que se debería incluir) este resumen espero que
sirva a modo de guía para quien le interese ver
por lo menos estas películas "base"
para amantes del terror o del cine.
Quiero destacar también, que no es un análisis
esto, sino un breve repaso para todo aquel que tenga
interés en este género.
La década de 1920 y el expresionismo
alemán.
El género de terror, surgido junto con los primeros
movimientos del cine, tuvo sus primeros destellos notables
en 1896 con la película del mago George Méliès
Le manouir du diable, que a pesar de poseer elementos
sobrenaturales (como los de Viaje a la Luna) no
se proponía el objetivo que sí empieza notarse
y a regir (aunque de un modo muy rústico) en La
brujería a través de los tiempos (1922)
y El gabinete del Dr. Caligari (1920). Esta última
incluía elementos extraídos (y luego imitados)
de otras fuentes, tales como el hombre – científico
(o aquí, doctor) delirante que usa a otro sujeto
para cometer atrocidades, además de jugar con la
paranoia de la sociedad después de la Primera Guerra
Mundial. Es reconocida además por su avanzada técnica
narrativa (un flashback dentro de otro), un final
con un giro inesperado, y ser un ícono del cine
expresionista alemán; con sombras pintadas, casas
de figuras torcidas, rótulos con letras extrañas,
actuaciones "teatrales" y una inquietante historia
de por medio, condimentos que el día de hoy podemos
ver en directores como Terry Gilliam. Y es que El gabinete
del Dr. Caligari con sus pinturas que simulan sombras,
luces e incluso ciudades; conforman la visión de
un demente (¿crítica al expresionismo?).
Dos años más tarde, la polémica
Nosferatu, basada en la novela Drácula
de Bram Stoker, hacía uso de la iluminación
para atemorizar al espectador mientras el vampiro del
título pululaba por su castillo en busca del
inmobiliario Hutter. No solo el expresionismo alemán
estaba presente en ambos títulos, en este último
hacía intromisión un personaje sobrenatural,
interpretado por Max Schreck, que era la encarnación
de la oscuridad y las fuerzas malignas, distinto de
el Cesar de Caligari o de los demonios de La
brujería a través de los tiempos.
A diferencia de muchos títulos baratos de terror,
que parece que se preocuparan más en mostrar
un ser terrorífico que en crear atmósferas,
Nosferatu nos demuestra que las mejores películas
de terror se toman más tiempo en ambientar la
historia y desarrollar a los personajes, para luego
sí, dar paso a una criatura aberrante o una intensa
situación de shock.
El resultado de los ingredientes tan bien combinados
terminó por peligrar cuando la flia. de Stoker
ganó el juicio por el plagio descarado sobre
la novela del verdadero Conde. Por ello, muchas de las
copias terminaron en el fuego.
Dato importante es que las relaciones entre las criaturas
y las muchachas en peligro cada vez se hacía más
intensa; Cesar, el sonámbulo, al momento de asesinarla
falla su misión (¿se habrá enamorado?),
Nosferatu debe acabar con su antagónico femenino
destinado a erradicarlo para siempre. Y mucho más
profunda es la relación que toma lugar en una novela
gótica de Gastón Leroux.
Esto sucedería cuando el género se volcase
más a lo dramático en El fantasma de
la opera de 1925.
La primera adaptación de la novela, presentaba
la historia del desfigurado hombre que vivía
bajo la opera, con doble personalidad (el atormentado
Erik y el vil fantasma) y agregaba un condimento más
a las relaciones criatura-mujer: el sufrido fantasma
estaba enamorado de Christine Daae, la joven novata
del teatro. Elemento que no paro de recordar en cuento
veo El cofre de la muerte y Davy Jones toca su
órgano recordando a su amada, así como
el fantasma tocaba el órgano para Christine.
A pesar de que se le puedan criticar elementos como
que muchas partes sean cantadas (es una película
muda) o que algunos actores son poco expresivos (cuidado
con el inexpresivo Norman Kerry) el film se salva por
el fabuloso maquillaje que el mismo Chaney creó
para su soberbia interpretación como Erik, además,
permítame la redundancia, de su fabulosa interpretación
como el Ángel de la música.
Década de 1930 y la popularización
del terror
Durante esta etapa los estudios de Hollywood, así
como hacen con la mayoría de las cosas, tomaron
los conceptos de los exponentes del cine de terror (que
había tenido sus bases en Alemania) lo norteamericanizaron
y popularizaron. El pionero en esto fue el estudio Universal
Pictures de Carl Laemmle hijo, quién con el
éxito cosechado por El fantasma de la opera
se animó a producir una seguidilla de películas
de monstruos, y al obtener resultados, siguió ampliando
el plantel con los familiares de los monstruos más
famosos, divulgando falsos rumores sobre los rodajes (principalmente
en Black Friday de 1940 que nada tiene que ver
con la serie contemporánea de Jason), y luego con
el declive del género (que acompañaba la
caída financiera del estudio) que terminaría
en crossovers tanto fuera como dentro de la pantalla.
Al principio, transformaron al Nosferatu de
Schreck en el Conde Drácula de Bela Lugosi,
actor que luego terminaría rechazando el papel
de otro famoso monstruo y recomendaría al actor
que luego lo interpretaría, relación que
los unió como rivales en la comedia Ed Wood
de Tim Burton, director que debe mucho a las películas
expresionistas alemanas de terror. Son los tiempos de
Boris Karloff y el señor Lugosi. Rivales para
muchos, falsos rumores para otros, lo cierto es que
Karloff es mejor actor que el húngaro.
Frankenstein, es quizá el exponente más
sólido de esta época, con elementos como
el ya recordado científico demente (que antes
era el Dr. Caligari, el hipnotizador ahora pasa a ser
el doctor del título en términos conceptuales),
el ser dominado que asesina (el hipnotizado aquí
es el monstruo, ambos con falta de poder sobre sus acciones).
Y resulta que el horrible ser formado a partir de restos
humanos no era maligno totalmente como Nosferatu
(que era al fin y al cabo una semilla del mal que se
alimentaba de sangre humana), sino que era víctima
de los miedos de las personas por su horrible figura,
creado gracias al asombroso maquillaje de Jack Pierce
(quien más tarde trabajaría en El hombre
lobo de 1941).
Más tarde Karloff protagonizaría a otro
ser de andar lentón y figura deforme en La
momia (1932), película que incluye elementos
mucho más fantásticos (hoy en día
algunos diálogos pueden sonar risibles) y una
relación más intricada entre monstruo-dama.
La idea entera termina siendo reciclada en la película
blockbuster protagonizada por Brendan Fraser
y Rachel Weisz con mucha más acción y
comedia que su heredera. En la última aparición
de Imhotep, el encargado de llevarlo a la pantalla era
Arnold Vosloo, mucho más débil que Karloff
en el más siniestro de sus papeles.
Es interesante destacar a El caserón de las
sombras (1932) que unía de vuelta al dúo
James Whale, director de Frankenstein y a Karloff
en lo que es el referente de las películas "de
casas embrujadas" que quizá quedó
empañada debido al éxito de otro género
en alza.
El húngaro Lugosi, por su parte, en 1931 interpretaría
al Conde Drácula en justamente Drácula
(esta vez sí con los derechos de Stoker y flia),
aunque sin los colmillos que utilizó en Brodway,
después de que el sr. Chaney no se encuentre
disponible para el papel. Esta vez, añadiendo
un toque de romance al largometraje (algo para lo que
el personaje del vampiro que muerde los cuellos de las
víctimas siempre estaba dispuesto a funcionar),
más efectos especiales (atención con las
apariciones vampirescas del Conde) y por último
rivalizaba en pantalla con la sabiduría de otra
figura imponente; el Dr. Van Helsing, un hombre mayor
estudioso, capaz de rivalizar o ser el antagonista del
Conde. Por primera vez, aparecía una figura humana
que conocía las debilidades del monstruo y las
usaba para contrarrestar su maldad, claro, si uno pasa
por alto el pequeño rol de Ledoux (un guiño
al autor de la obra Leroux), el policía de
El fantasma de la opera de 1925.
 |
En 1933 se estrenaba King Kong, para salvar
a RKO de la bancarrota (así como también
en su momento Frankenstein y Drácula
hicieron lo mismo con Universal en la época
post-depresión) usando la arriesgada técnica
del stop-motion; aunque el film es más de aventuras,
tiene varios elementos de este género cinematográfico;
la dama en peligro y objeto de obsesión por el
monstruoso (aquí un villano) y los hombres enfrentándose
a criaturas desconocidas, que después sería
imitado hasta el hartazgo en otras películas.
Y Kong daría lugar a secuelas y remakes y a
la seguidilla de animales monstruosos como en la película
La humanidad en peligro y más tarde tan
buenos resultados daría en Tiburón,
aunque con una bestia mucho más normal.
Universal no obstante seguiría produciendo
el cine de monstruos. Los personajes malignos eran actores
de renombre, se hacían secuelas y se incrementaba
más la plantilla de seres extraños: El
hombre lobo y El hombre invisible (1933).
Algunos estudios pioneros como la ya mencionada RKO
Pictures (la productora de El ciudadano Kane)
se animaron a llevar la fealdad protagónica al
lado femenino como en la película Cat People
o también conocida como La marca de la pantera
(1942) que tendría dos años más
tarde su secuela. Estos filmes son de terror más
psicológico (no hay demasiada puesta en escena
y/o situaciones con seres deformes) volviendo al juego
de sombras y teniendo en vilo sobre la mentalidad de
la protagonista (¿realmente está loca
Irena o pasa algo inusual…?). La secuela, La
maldición de la pantera (1944) me defraudó
completamente dejando de lado los mejores elementos
de la original y convirtiendo a la enigmática
Irena en una especie de Blancanieves. Cat people
se podría haber extendido de muchas mejores maneras
en vez de la infantil y manipuladora segunda parte que
esta terminó siendo gracias a RKO.
Universal logró, después de cuatro
años, conseguir al director de la original, James
Whale, para la secuela La novia de Frankenstein
(1935), que mostraba el lado más "humano"
(y si se quiere, más espeluznante) de la criatura,
con un toque más kistch y distendido. En ciertos
puntos demostró superar a la original, en lo
que a mí respecta, esta junto a la anterior conforman
el verdadero "clásico" de Frankenstein.
Además, ya se empezaba a dar signos el síndrome
de "la familia monstruosa" que luego alcanzaría
otras películas, ya sea con el futuro El hijo
de Frankenstein o la parodia El joven Frankenstein.
En la década posterior a 1930, se utilizaría
de nuevo el set más grande del mundo, el de El
fantasma de la opera de 1925, para justamente, su
remake, esta vez sin un Lon Chaney (ya estaba muerto).
La adaptación de la novela esta vez era menos dramática
que la primera y carecía en lo más espectacular
de la anterior, el fantasma, claro.
El fantasma de la opera protagonizada por Nelson Hedí
y Claude Reins tendría un vuelco orientado más
hacia lo musical, además de que el personaje
perdió mucha de la fuerza y mística de
la vieja película muda.
En 1943 tendría lugar el crossover de dos grandes
figuras del terror: una pelea mortífera culminante
en Frankenstein contra el hombre lobo, que bajaba
las cotas de calidad y mostraba en el papel de Frankenstein
a Bela Lugosi.
Sin embargo, a pesar de algún eventual éxito,
la mayoría de las producciones de Universal
no darían abasto con los gastos en lo que terminaría
por la venta de acciones del estudio y el fin del control
ejecutivo y productivo de la familia Laemmle (quienes
tenían una relación familiar para los
negocios) y recién se reavivaría el interés
con La criatura de la Laguna Negra en 1954 dejando
algunos proyectos a cargo de las producciones Hammer,
la misma productora que se encargaría de un actor
fetiche del terror como Christopher Lee y sus apariciones
como Frankenstein o Drácula, quien
retomaría este último rol seis veces más
comenzando con Drácula: Príncipe de
las tinieblas.
Hasta el inefable Edward Wood hijo terminaría
dirigiendo en 1955 una película con las características
previamente comentadas en La novia del monstruo
altamente recomendable para entender como no funciona
el género. |