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Hay quince hombres reunidos en una mesa de negociaciones.
El líder de la reunión, el Gral. Heydrich, lleva la
voz cantante. En realidad, la reunión es casi un monólogo
con ocasionales irrupciones de algunos de los asistentes. Hay
un tema que predominia la reunión. Es un tema que se introduce
diplomáticamente al principio de la misma pero que, a medida
que pasa el tiempo (tan sólo dos horas lleva en total), los
eufemismos se van cayendo por términos más crudos.
Es como un precalentamiento para tocar el tema de fondo en su debido
momento. Por ello, el Gral. Heydrich lleva la reunión con
cierto timing premeditado. Socializa, debate, hace pausas regadas
generosamente con las mejores comidas, licores y cigarros, regresa
al debate, pausa para más bebidas y delicadezas mientras
que - en cada rincón - negocia y - fundamentalmente - apura
a los indecisos y a los rebeldes.
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Estos quince personajes despiertan simpatías
y rechazos. Están los torpes, los de experiencia - que anticipan
las jugadas -, los políticos de siempre, los apasionados,
y los que conspiran en silencio. Bromean sobre los temas que tratan
- están trabajando, después de todo, y precisan distenderse
- , y no es extraño que el espectador se encuentre riéndose
con algunos de sus chascarrillos.
Es ciertamente una reunión de pura
formalidad, porque el tema tratado ya fué decidido por autoridades
superiores, fue planeado e implementado. Sólo se busca informar
y contar con apoyos al mismo, lograr algunos puntos de vista sobre
zonas grises, obtener algunas ideas secundarias para pulir un proyecto
ya puesto en marcha.
Nada de esa reunión sería diferente
a la de una reunión habitual de negocios. Pero, lo que termina
por helar la sangre, es que la cita tiene lugar en una mansión
decomisada a los judíos en Berlín, en Enero de 1942,
que todos los asistentes visten uniformes nazis, y que la temática
que tratan es la solución final al tema judío.
HBO es una cadena que se especializa
en telefilmes de alta calidad, generalmente de tono político.
Este es otro ejemplo más de su excelente factura, que nos
invita a asistir a la infame reunión conocida como la
Conferencia Wannsee, y donde altos jerarcas nazis deciden el
inicio del exterminio masivo de judíos en Alemania y territorios
ocupados.
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Uno puede leer críticas sobre el film
como "malévolo", "terrorífico",
"el inicio del horror"... que parecen más proclamas
políticas que otra cosa. El film no es maligno; no es una
película de terror. El terror es algo que se manifiesta de
modo externo, gritando con el susto recibido, como un film de Martes
13. Acá no hay nazis locos ni caricaturas de oficiales
ciegos recitando discursos. No : el efecto del film es de una implosión
moral, es de un espanto interno que recibe el espectador ante la
amoralidad y soberbia de los personajes para decidir sobre miles
de vidas humanas. Como en el film, cuando se llega al tema central
sin palabras rimbombantes, y en donde la mayoría se siente
descompuestos, reflexivos. Porque el director Pierson ha representado
a cada uno de ellos como personas, como seres humanos - cierto,
partidarios de una ideología demente -, pero que en su debido
momento hablan de matar a 20 millones de personas en un año
de modo sistemático. Es la falta de pasión del interlocutor
- el Gral. Heydrich, conocido como "el Carnicero de Praga"
- al tratar estos asuntos lo que nos hela la sangre. Para él,
es un tema decidido que precisa la colaboración de diversos
departamentos y ministerios. Es resolver la burocracia del asesinato
sistematizado; porque es simple : los ghettos no alcanzan, los
campos de concentración tampoco, y las soluciones intermedias
como la esterilización, son lentas y caras. Son tan simples
sus objetivos y razonamientos que, de ser una reunión standard
de negocios, estaríamos asombrados de su inteligencia y eficiencia.
Eso es lo verdaderamente aterrador del film.
Branagh roba la escena en el rol de Heydrich,
como una maquina de hablar que mide, razona y negocia apoyos mientras
lanza sus misiles sobre la mesa. Tucci hace un trabaja mucho menor
como Eichmann : es un ladero que se mueve en silencio, apoyando
entre las sombras, articulando pequeñas ideas... y que el
actor canaliza con gestos mínimos. Quienes descollan como
voces disonantes (y en términos relativos, ya que nadie habla
de humanidad - la ideología nazi fluye por su sangre
- sino de eficiencia de métodos para inutilizar la supuesta
amenaza que representa la inmensa población cautiva judía)
son el Dr. Stuckart - representado con pasión por Colin Firth
-, y quizás el mejor personaje de todos que es el Dr. Kritzinger,
representado por David Threlfall. Este último es el único
que exhibe un profundo debate moral, que anticipa hacia donde va
la reunión, que comprende los alcances de la masacre, y que
brinda la excelente reflexión del final.
Es un film profundamente moral; es la
muestra de la ideología extrema representada en términos
simples y pragmáticos; es la locura explicada en terminos
razonables. Y es una muestra de muchas cosas que han sucedido
- después de la segunda guerra mundial - en términos
de personas convencidas de sus retorcidos valores morales, decidiendo
de un plumazo borrar la vida de miles (o de millones). Si retornamos
sobre el tema de los calificativos, sería apropiado decir
que el terror lo producen personas comunes que tratan el tema
de la vida (y muerte) de personas con absoluta frialdad, y con un
razonamiento intelectual - en sus propios términos - totalmente
coherente. Aplicar la inteligencia para crear argumentos logicos
que sirvan como justificativo para un holocausto. Eso, es lo más
terrible de todo. |