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Hay historias que son difíciles de desarrollar.
Básicamente porque el concepto de la cual parten puede caer
fácilmente en lo ridículo. Por el sendero que ahora
transcurre Constantine, hubo otros esfuerzos (Spawn,
The Prophecy, etc) que no han salido bien parados. Y
es que tocar el tema de una batalla entre el Cielo y el Infierno,
librado en la Tierra, mezclando a Dios, el Demonio y sus legiones,
ángeles, y renegados de uno y otro bando, suele ser un tema
difícil. Por un lado, está la concepción religiosa
que cada uno pueda tener desde su fe. Dicho sin ánimo de
prédica, y conociendo que la mayoría del público
occidental ha visto películas de terror que han tomado al
Diablo (o alguno de sus subalternos) como tema central, la cosa
cambia cuando se involucra a Dios. Lucifer es un standart de la
industria cinematográfica; el Señor... ya es otro
tema. El otro punto es cómo desarrollar una historia con
semejantes personajes que, dentro de la suspensión de la
credibilidad que es capaz el público, se puede generar una
historia medianamente coherente y fiel a sí misma, sin caer
en convencionalismos o ridiculeces.
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El modelo a seguir, claro está, es
la Divina Comedia, con Dante atravesando el Infierno, por citar
al más conocido ejemplo no bíblico de una narración
que involucre a hombres y seres superiores (celestiales o infernales)
con éxito. What Dreams May Come con Robin Williams
(y basado en un guión de Richard Matheson) era una moderna
versión del Dante... que más allá de cierto
almibaramiento del guión y del propio Williams, daba un giro
fresco y nuevo al tema, aggiornandolo. Cuando a semejante y vasto
tema, le agregamos otros (como una guerra entre mundos)... alcanzarán
dos horas para generar algo coherente ?.
En el film que nos ocupa (basado en la novela
gráfica Hellblazer), John Constantine (Reeves) es
un héroe torturado. Toda su vida ha contado con un poder,
el de ver a través de las personas los ángeles y demonios
que habitan en ellas, y que conviven con nosotros. Semejantes visiones
lo han llevado a intentar suicidarse; pero suicidio es sinónimo
de pecado, en el Cielo no lo quieren, y lo envían de regreso.
La única manera de expiar su pecado será cazar los
demonios que conviven con nosotros en la Tierra.
Pero la tarea no dá resultados, por
un lado, y descubre que tiene cáncer terminal por el otro.
Quienes le rodean, como la angélica Gabriel (Swinton) le
recuerdan su destino y su falta de fé. Constantine es un
ser torturado, amargo y cínico, que solo busca redención...
y que no parece llegarle.
Cuando el hijo de Satanás arriba a
la Tierra, Constantine deberá enfrentarlo, ayudado por una
policía (Weisz), que también posee el poder de ver
a los condenados. Y, en medio de semejante conspiración,
donde unos y otros comienzan a cambiar de bando, Constantine incluso
se verá forzado a buscar ayuda incluso del mismo Lucifer
(Stormare).
Como dijimos antes, el problema está
en lo vasto del tema. Comprimirlo en dos horas resulta en enormes
agujeros de coherencia. A una trama que resulta compleja de seguir,
se agregan elementos de magia negra y ciencias ocultas, que puede
resultar demasiado para digerir por parte del espectador, y que
no siempre explica (sino más bien complica) la historia.
Hay lazos muy delgados entre cada gran tema que toca el film (los
ángeles no son tan puros como parece, ambas facciones resultan
similares en el fondo, etc), y nada resulta demasiado profundo o
bien desarrollado. Por supuesto, la imaginería visual es
impresionante, y el director opta por el despliegue para avasallar
al espectador, que el espectáculo subsane el débil
castillo de cartas que supone el guión. En más de
un sentido, Constantine no es un film de términos
medios : abruma, sorprende... y confunde.
Como el personaje principal, Keanu Reeves
actúa en piloto automático, como un Neo más
cínico y menos agradable; quienes sobresalen, en cambio,
son Rachel Weisz y Djimon Hounsou, que componen con mayor altura
sus actuaciones de lo que realmente sus personajes merecen. El ambiente
que describe el comic es fielmente reflejado, pero requería
de un mejor guión. Y todo el film da una sensación
de quedar a medias tintas, quizás por abarcar demasiado,
quizás por falta de profundidad ... o quizás porque
precisaba el mismo grado de imaginación en lo visual, aplicado
a resolver y pulir la historia. |