PREVIEW
PROXIMOS ESTRENOS :
ESTILO SOBRE SUBSTANCIA
En Constantine, Keanu Reeves
es nuevamente el elegido ... pero el escenario cambia
a la Tierra actual, y las facciones en disputa son el
Cielo y el Infierno. Imaginación y audacia conviven
con ciertos convencionalismos y desprolijidades del
guión, en un film desparejo.
Por Alejandro Franco - info@datacraft.com.ar
Constantine (EUA 2005); Intérpretes:
Keanu Reeves, Rachel Weisz, Shia LeBeouf, Djimon Hounsou,
Max Baker, Pruitt Taylor Vince, Gavin Rossdale, Tilda
Swinton, Peter Stormare ; dirigidos por Francis Lawrence
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Hay historias que son difíciles de desarrollar.
Básicamente porque el concepto de la cual parten
puede caer fácilmente en lo ridículo. Por
el sendero que ahora transcurre Constantine, hubo
otros esfuerzos (Spawn, The Prophecy, etc)
que no han salido bien parados.
Y es que tocar el tema de una batalla entre el Cielo
y el Infierno, librado en la Tierra, mezclando a Dios,
el Demonio y sus legiones, ángeles, y renegados
de uno y otro bando, suele ser un tema difícil.
Por un lado, está la concepción religiosa
que cada uno pueda tener desde su fe. Dicho sin ánimo
de prédica, y conociendo que la mayoría
del público occidental ha visto películas
de terror que han tomado al Diablo (o alguno de sus
subalternos) como tema central, la cosa cambia cuando
se involucra a Dios. Lucifer es un standart de la industria
cinematográfica; el Señor... ya es otro
tema. El otro punto es cómo desarrollar una historia
con semejantes personajes que, dentro de la suspensión
de la credibilidad que es capaz el público, se
puede generar una historia medianamente coherente y
fiel a sí misma, sin caer en convencionalismos
o ridiculeces.
El modelo a seguir, claro está, es la Divina
Comedia, con Dante atravesando el Infierno, por citar
al más conocido ejemplo no bíblico de
una narración que involucre a hombres y seres
superiores (celestiales o infernales) con éxito.
What Dreams May Come con Robin Williams (y basado
en un guión de Richard Matheson) era una moderna
versión del Dante... que más allá
de cierto almibaramiento del guión y del propio
Williams, daba un giro fresco y nuevo al tema, aggiornandolo.
Cuando a semejante y vasto tema, le agregamos otros
(como una guerra entre mundos)... alcanzarán
dos horas para generar algo coherente ?.
En el film que nos ocupa (basado en la novela gráfica
Hellblazer), John Constantine (Reeves) es un
héroe torturado. Toda su vida ha contado con
un poder, el de ver a través de las personas
los ángeles y demonios que habitan en ellas,
y que conviven con nosotros. Semejantes visiones lo
han llevado a intentar suicidarse; pero suicidio es
sinónimo de pecado, en el Cielo no lo quieren,
y lo envían de regreso. La única manera
de expiar su pecado será cazar los demonios que
conviven con nosotros en la Tierra.
Pero la tarea no dá resultados, por un lado,
y descubre que tiene cáncer terminal por el otro.
Quienes le rodean, como la angélica Gabriel (Swinton)
le recuerdan su destino y su falta de fé. Constantine
es un ser torturado, amargo y cínico, que solo
busca redención... y que no parece llegarle.
Cuando el hijo de Satanás arriba a la Tierra, Constantine
deberá enfrentarlo, ayudado por una policía
(Weisz), que también posee el poder de ver a los
condenados. Y, en medio de semejante conspiración,
donde unos y otros comienzan a cambiar de bando, Constantine
incluso se verá forzado a buscar ayuda incluso
del mismo Lucifer (Stormare).
Como dijimos antes, el problema está en lo vasto
del tema. Comprimirlo en dos horas resulta en enormes
agujeros de coherencia. A una trama que resulta compleja
de seguir, se agregan elementos de magia negra y ciencias
ocultas, que puede resultar demasiado para digerir por
parte del espectador, y que no siempre explica (sino
más bien complica) la historia. Hay lazos muy
delgados entre cada gran tema que toca el film (los
ángeles no son tan puros como parece, ambas facciones
resultan similares en el fondo, etc), y nada resulta
demasiado profundo o bien desarrollado. Por supuesto,
la imaginería visual es impresionante, y el director
opta por el despliegue para avasallar al espectador,
que el espectáculo subsane el débil castillo
de cartas que supone el guión. En más
de un sentido, Constantine no es un film de términos
medios : abruma, sorprende... y confunde.
Como el personaje principal, Keanu Reeves actúa
en piloto automático, como un Neo más
cínico y menos agradable; quienes sobresalen,
en cambio, son Rachel Weisz y Djimon Hounsou, que componen
con mayor altura sus actuaciones de lo que realmente
sus personajes merecen. El ambiente que describe el
comic es fielmente reflejado, pero requería de
un mejor guión. Y todo el film da una sensación
de quedar a medias tintas, quizás por abarcar
demasiado, quizás por falta de profundidad ...
o quizás porque precisaba el mismo grado de imaginación
en lo visual, aplicado a resolver y pulir la historia. |