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Las Crónicas de Narnia está
constituída por siete libros escritos entre 1950 y 1955 por
C. S. Lewis. La saga no es más que una serie de relatos infantiles
vinculados con el imaginario mundo de Narnia - habitado por criaturas
mitológicas -, y del cual El Leon, La Bruja y El Guardarropas
es la primera entrega, la cual no hubiera merecido tratamiento cinematográfico
de Hollywood si no existieran una serie de factores que contribuyeron
a su realización : una historia épica, un mundo fantástico,
la posibilidad de una serie de secuelas, y especialmente el hecho
de que Lewis fuera uno de los mejores amigos en vida de J.R.R. Tolkien
- el autor de El Señor de los Anillos -, del cual su
obra recibió una notoria influencia. Habiendo
visto esto, era obvio que Hollywood estaba ansioso de producir un
sucesor de la trilogía de Tolkien. Y para terminar de sumar
puntos (y repetir el suceso de los filmes de Peter Jackson) decidieron
filmarla en Nueva Zelandia, contratar a Weta Workshop - el
mismo estudio de efectos visuales de El Señor de los Anillos
- y resaltar el caracter épico de la historia. Ciertamente
los trailers del film hacen esperar otro suceso en la misma onda
al de la reconocida trilogía. Pero...¿es tan así?.
La historia de El Leon, La Bruja y El
Guardarropas transcurre durante la segunda guerra mundial en
Gran Bretaña. Mientras Londres es asediado por bombardeos,
cuatro hermanos (Lucy, Edmund, Peter y Susan) son enviados al castillo
del profesor Kirke en la campiña inglesa y lejos de la devastación.
El recibimiento es frío, y el único consuelo que encuentran
los hermanos es entretenerse jugando en las instalaciones del castillo.
Precisamente mientras juegan a las escondidas, dan con un guardarropas
oculto que resulta ser un portal al fantástico mundo de Narnia,
asolado por un invierno eterno, poblado de seres mitológicos,
y regido por la Bruja Blanca con mano de hierro. También
descubrirán la existencia de una profecía, en donde
cuatro humanos aparecerán algún día para reestablecer
el orden de Narnia, terminar con la maldición de la bruja
que congela al mundo, e instalarse como reyes. Ante el descubrimiento
de la llegada de los cuatro hermanos, la Bruja Blanca seducirá
(y después raptará) a uno de ellos, obligandolo a
traicionar al resto. Y mientras, los restantes acudirán en
busca de ayuda al señor de los bosques, el leon Aslan, quien
también sabe de la existencia de los humanos y lo ha tomado
como una señal de que el momento ha llegado, por lo que se
encuentra preparando un ejército para batallar contra las
fuerzas de la hechicera.
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Ciertamente hay una mezcla de temas y estilos
en el relato que hace recordar a otras obras, si bien es cierto
de que el relato original es anterior a Harry Potter, Lemony
Snicket u otros, y es contemporáneo a El Señor
de los Anillos. El tema de la guerra, los parientes apaticos
o abusivos, y los niños involucrándose en aventuras
fantásticas no es nuevo. Desde El Jardin Secreto,
el tema de niños encontrando portales (o sitios) fantásticos
ha sido utilizado en más de una ocasión. Lo que sí
resulta nuevo - y que en su momento la crítica tachara de
panfletario cristiano a Lewis - es que partes del relato
son alegorías basadas en La Biblia, a veces subliminalmente
y otras veces de modo explícito. Es indudable que Narnia
es pura alegoría : el primer encuentro de Lucy con el fauno
Tummus es realmente extraño. El ser la invita a su casa a
tomar el té, mostrandole fotos de su padre (otro fauno, obviamente)
que también se encuentra en la guerra como el padre de los
hermanos. Los encuentros con los castores suman otro tanto, y uno
puede entender que ciertos personajes son en realidad ingleses comunes
a los cuales los chicos los idealizan como seres mitológicos,
a su vez que el invierno constante que padece el reino es simplemente
la guerra que paraliza toda manifestación de vida. Y, por
otro lado, la traición de Edmund, el castigo que merece y
que es permutado por el de otro personaje (incluída muerte
y resucitación) no son más que paralelos obvios con
Judas, Jesucristo, e incluso con la Virgen y María Magdalena.
Observar esos acontecimientos en la película le dan una sensación
extraña al espectador - ¿es acaso un sermón
camuflado, o un paralelismo de mal gusto? -. Pero donde no termina
de cuajar la cosa es en el final, donde - siguiendo los paralelismos
- el caracter que simboliza a Jesús termina por incurrir
en un hecho violento. Mas vale tomarlo como parte de una obra fantástica
que como metáfora cristiana porque, en definitiva, la actitud
de un personaje en un momento se contradice con las acciones realizadas
en otro.
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Dejando de lado esto, El Leon, La Bruja
y El Guardarropas cumple con cierta escalada épica que
siempre es bien recibida por el público. Sin duda los procedimientos
están bien cumplimentados, al menos mejor que otras obras
tibias o decididamente heladas como Troya o Alexander.
Las batallas están coreografiadas con buen gusto, exceptuando
dos cosas : la primera, que todas las circunstancias previas son
de un libro infantil por lo cual carece de cierta profundidad en
cuanto a desarrollo de historias y personajes (y que al momento
de llegar al combate, no estamos tan interesados en su destino);
y la segunda es precisamente que por el tipo del público
al que apunta, las batallas son asépticas (nunca se ve sangre
o una muerte en primer plano), fruto de la política Disney
de hacer un producto totalmente infantil. Y si bien la crítica
se ensaña con esto, los combates resultan realmente disfrutables
y dirigidos con gusto, superando en calidad a media decena de producciones
supuestamente épicas que hemos visto en los últimos
tiempos (exceptuando a Cruzada, por ejemplo). Pero, como
dijimos, la cierta liviandad de la historia hace que al momento
de llegar el choque de los ejércitos, el corazón del
espectador resulte algo tibio respecto de la suerte que puedan correr
los personajes (lejos de la pasión que por ejemplo, desata
la batalla del Abismo de Helm en Las Dos Torres, o el combate
de Minas Tirith en El Regreso del Rey).
Es una película despareja; despareja
en el nivel de efectos especiales (con algunos fabulosos y otros
muy toscos), despareja en la calidad del relato (hay momentos muy
livianos y otros bastante violentos, que shockearían al público
infantil), y desparejo en el sentido alegórico de los personajes,
en el supuesto mensaje que el autor pretendería transmitir.
Sin duda es un film disfrutable, por encima de la media, pero carece
de profundidad y de dirección artesanal como para satisfacer
al público adulto y fan de El Señor de los Anillos,
y por otro lado contiene momentos demasiados ingenuos que a veces
contradicen la violencia de ciertas escenas (y no sólo hablamos
del combate final) y que pueden desbordar a un público infantil.
En todo caso, y viendo el buen rendimiento de taquilla que obtuvo,
habrá que ver la próxima entrega de la serie, esperando
que quede en manos de otro realizador. |