|
El primer forense televisivo que alcanzó el éxito
fue Quincy. En dicha serie (emitida desde 1976
hasta 1983) Jack Klugman era el médico forense
de la policía de Los Angeles, que solía
sobrepasar los límites de la investigación
científica hasta convertirse en un verdadero detective
que resolvía los casos.
A pesar del gran éxito de la serie, tuvieron
que pasar casi veinte años hasta que surgiera
otra tira con una temática similar. Y la misma
llegaría en Octubre del 2000 con C.S.I.
(Investigación de la Escena del Crimen),
la cual perdura hasta nuestros días.
Los componentes que volvieron
éxito a la serie
A diferencia de la mencionada Quincy, aquí
la investigación no sólo abarca la investigación
forense, sino toda la parafernalia de modernos recursos
científicos que utiliza la policía de
las principales ciudades norteamericanas para resolver
los crímenes. Los roles están repartidos
en un equipo de nueve integrantes del equipo CSI
de Las Vegas (la segunda ciudad en índice de
muertes por crímenes en Norteamérica),
cuyas funciones están claramente diferenciadas
:
Gil Grissom (William Petersen): CSI, doctor,
supervisor y experto en entomología (el estudio
científico de los insectos)
Catherine Willows (Marg Hengelberg): CSI, supervisora,
y experta en análisis del esparcimiento de sangre
Warrick Brown (Gary Dourdan): CSI y experto
en balística
Nick Stokes (George Eads): CSI y experto en
rastros
Sara Sidle (Jorja Fox): CSI y experta tanto
en rastros como en evidencias materiales
Jim Brass (Paul Guilfoyle): el detective de
homicidios que supervisa la operación de los
CSI y realiza los arrestos
Greg Sanders (Eric Szmanda): CSI del laboratorio
técnico, especializado en ADN
Dr. Al Robbins (Robert David Hall): Forense
Sofia Curtis (Louise Lombard): Detective con
formación CSI
La serie fue ofrecida inicialmente a la cadena americana
ABC, pero la encontró "demasiado
confusa para el espectador promedio". Después
de la ABC, los productores terminaron por contactar
(y cerrar acuerdo) con la CBS, comenzando a emitirla
en Octubre del año 2000 hasta el día de
hoy. Ya en su primera temporada se ubicó en el
puesto 10 entre las series más vistas, y las
temporadas siguientes estuvo alternado entre el 1º,
2º y 3º puesto en cada año de emisión.
El éxito de la serie impulsó a dos sagas
(o spin offs) como CSI: Miami y CSI:
Nueva York, lanzadas en el 2002, además de
novelas y video games. Como dato curioso, todas
las series poseen música de The Who (Who
Are You en la original; Won´t Get Fooled
Again y Baba O´Riley en las ediciones
Miami y Nueva York respectivamente), una cábala
que adoptó el productor Jerry Bruckheimer en
vista del insospechado éxito de la saga original.
Gran parte del éxito de la serie se debe a sus
técnicas visuales, efectos especiales que profundizan
en detalle conceptos y análisis que realizan
los especialistas. Es posiblemente la serie con mayor
componente de gore en exhibición actual
en la televisión mundial. Y sin duda, el suceso
reside en la fascinación del público por
los detalles técnicos - aunque los mismos puedan
escapar a la comprensión -, del mismo modo que
resulta en las series al estilo E.R. Emergencias
Médicas. Sumando a esto la tarea investigativa
- la resolución del enigma -, el público
se sorprende ante cada paso del proceso científico.
A diferencia de los shows policiales tradicionales,
no existe proceso deductivo que el público pueda
seguir. Es simplemente el proceso de aprendizaje y asombro
lo que mantiene a los espectadores fieles a la serie
a lo largo de sus (hasta ahora) 7 temporadas.
Por supuesto hay hechos reales y ficticios. Mientras que
los procesos científicos son veraces - la serie
es asesorada por verdaderos especialistas forenses -,
donde se comete "trampa" es en el tiempo
de dichos procesos. Obtener un ADN es cuestión
de días o semanas, mientras que en la serie es
mostrado como un proceso casi instantáneo. Algunas
tecnologías (como la reconstrucción de fotografías
u otro tipo de imágenes, a partir de fragmentos
u originales en mal estado) es totalmente ficticia.
Pero mientras la serie desarrolla una fascinación
compulsiva por la investigación científica
de los procesos criminales, donde falla notablemente
es en la construcción de los protagonistas como
seres tridimensionales. En las primeras temporadas existieron
intentos de darle un fondo dramático a los personajes
(el matrimonio en crisis de Catherine Willows; la sordera
de Grissom; el velado interés romántico
entre Grissom y Sara Sidle) pero nunca han sido bien
desarrollados, cuando no terminan cayendo en la caricatura.
En cierto modo la serie funciona mejor sin ello, mostrando
a los componentes del equipo como una troupe de freaks
obsesionados con su trabajo. Los spin offs CSI
Miami y CSI Nueva York han restado tiempo
de emisión sobre los casos para intentar darle
un mejor trasfondo dramático (las complejas relaciones
familiares de David Caruso, o bien la sombra del 11
/ Setiembre sobre los integrantes del equipo neoyorkino),
pero con resultados mixtos.
Y por supuesto están los papeles secundarios.
Es obvio que en 40 minutos de duración resulta
imposible darle alguna carnadura real a los sospechosos
y criminales, pero los casos son resueltos expeditivamente,
y los personajes no dejan de ser de cartón pintado,
admitiendo o negando culpas de modo muy expeditivo.
Pero si bien su estructura dramática es débil,
la descripción de los procedimientos forenses
es fascinante. Y la popularidad de la serie ha disparado
lo que se llama el efecto CSI, teniendo resonancias
en la vida real.
El efecto CSI
En Norteamérica shows y filmes muy populares
(e incluso juicios escandalosos de la vida real, como
el de O.J. Simpson o Robert Blake) suelen disparar modas
y hasta corrientes culturales. En el caso de CSI,
el efecto se siente en tribunales y universidades. El
ingreso de estudiantes a carreras forenses y disciplinas
científicas relacionadas se han potenciado con
la aparición de la serie, lo cual ha motivado
a las universidades a crear carreras especiales para
satisfacer la demanda, cuando lo usual es que un químico
o biólogo recibido realice un postgrado que lo
especialice en ciencias forenses.
Este ruido llegó a los tribunales y a la policía.
Las comunidades policiales han protestado por una supuesta
formación incompleta de los futuros CSI,
mientras que en la justicia ha crecido la presión
por demostrar causas en juicio con pruebas validadas
científicamente. Usualmente estos procesos de
validación demandan meses.
Y por supuesto el show ha influenciado a los criminales.
Ahora buena parte de los crímenes son "depurados"
de rastros, sabiendo las pistas que un investigador
científico puede seguir. El uso de blanqueadores
para eliminar el ADN de la escena del crimen,
plásticos especiales para cubrir los cuerpos
y evitar transferencias de ADN, o bien la quema
de pruebas (recuperando fibras, pelos, colillas de cigarrillos)
e incinerándolas se ha convertido en práctica
común de los criminales. Aunque esto podría
resultar un efecto negativo, los especialistas sostienen
que el peso de la evidencia es innegable. "Aún
borrando los rastros de un crimen, quedan los rastros
de dicha limpieza y es posible descubrir al criminal
a través de ellos". |