Cine, TV, Video: crítica: Desenterrando Sad Hill (2017)

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Un set de filmación desenterrado y convertido en lugar de peregrinaje para fanáticos de una de las películas mas fabulosas de la historia: El Bueno, el Malo y el Feo (1966). Disponible en Netflix.

Cine, TV, Video: crítica: Desenterrando Sad Hill (2017)

Por Alejandro Franco – contáctenos

Cuando uno habla de fanáticos del cine piensa en un montón de adolescentes disfrazados yendo a Comic Con, reverenciando a alguna franquicia fantástica tipo Star Wars, Star Trek, El Señor de los Anillos o todo lo relacionado al género de superhéroes. Pero mas allá de las convenciones existe un grupo de fans que viven en el silencio, que portan canas, barrigas y calvas, que tuvieron su niñez mucho antes de la explosión mediática de La Guerra de las Galaxias (1977), y que aman al cine de corazón, reverenciando otro tipo de filmes que quizás hoy en día no sean populares pero que fueron enormes éxitos de público, critica y taquilla en su momento y que hoy se consideran clásicos.

Desenterrando Sad Hill habla de esa clase de pasión, que parece ignorada por el aparato publicitario de los grandes medios y la resonancia de las grandes franquicias. Existió un momento en donde los filmes, mas allá de su publicidad, sólo se convertían  en populares gracias a un masivo boca a boca, en una era en donde Internert estaba a décadas de inventarse y las revistas de fans eran contadas con los dedos de una mano. Y qué mejor ejemplo que El Bueno, el Malo y el Feo (1966), obra conclusiva de la Trilogía del Dolar de Sergio Leone y que estaba lejos de ser un gigante producido por el aparato mainstream de Hollywood – no era Ben-Hur o Cleopatra, siquiera una de John Wayne -. Tenía un reparto de actores serie B, se estrenaba en cines de segunda y en salas Grindhouse, y era considerado simplemente un producto exploitation. Hasta el mismo Roger Ebert cometió, en su momento, el pecado de desmerecerlo simplemente porque no se estrenaba en una sala de cine de categoría cinco estrellas, obviando las enormes cualidades cinematográficas del filme y el inmenso talento de Sergio Leone, el cual sería rehabilitado con el paso del tiempo y convirtiendo a la película en lo que es: un placentero objeto de culto.

Claro, eran los tiempos del spaghetti westernun género barato, una copia flagrante del western americano -, el cual pronto generó su propio lenguaje y su propia identidad: héroes amorales y sucios, violencia extrema, cuidado extremo de la fotografía y bandas sonoras vibrantes. Y el epitome del género es sin dudas el filme de Leone de 1966, rodeado por sus dos precuelas y esa fabulosa épica que fue Erase una Vez en el Oeste (1968).

Como los italianos no tenían presupuesto para filmar en Norteamérica, debieron acudir al ingenio y terminaron encontrando en España un lugar ideal para locaciones. El norte tenía bosques y parecía Virginia, y el sur tenía desiertos y pasaba como Nevada o Arizona. Los mismos estadounidenses reconocieron la calidad de las locaciones y fueron a Europa a filmar algunos westerns aislados, caso de El Cóndor (1970), la cual construyó masivos sets en Almería que, en ruinas, aún se permanecen hasta el día de hoy.

Pero había un set que era icónico y era el escenario donde transcurría el famoso duelo de a tres (“il triello”) del climax de El Bueno, el Malo y el Feo: un antiguo cementerio militar con cinco mil tumbas y una rotonda de piedra en el medio, algo construído directamente para el filme (con la ayuda del ejército español) y después abandonado y devorado por el paso del tiempo y el avance de la naturaleza.

De lo que trata Desenterrando Sad Hill es, precisamente, de recuperar ese set. Un grupo de entusiastas localiza los restos del cementerio ficticio de Sad Hill a 50 km de Burgos, y empieza a realizar una tarea de limpieza, descubriendo que la rotonda de piedra está tapada por la maleza y las tumbas (en realidad, montículos de tierra) permanecen casi intactos. Una vista aérea del lugar alcanza a comprender que la geometría aun se ha conservado aún después de cinco décadas de abandono.

Pero la tarea es títánica para un grupo de diez o quince personas y pronto hacen un convocatoria por Internet, armando una fundación y recaudando fondos no sólo para materiales sino para alquilar equipos y volquetes. La iniciativa de unos pocos se vuelve un fenómeno masivo. De a cientos llegan de todas partes del mundo para ayudar a la limpieza y la reconstrucción. El documental muestra la atención que capta el fenómeno, y tipos de la talla de Ennio Morricone, Joe Dante, el lider de Metallica James Hetfield (reconocido fan del filme y que abre todos sus conciertos con la escena del “extasis del oro”, el fabuloso montaje en donde Eli Wallach corre como loco a través de Sad Hill buscando la tumba donde debería estar enterrado un tesoro millonario escondido por ladrones de bancos hace ya varios años) y hasta el mismísimo Clint Eastwood, quienes analizan el fenómeno en términos que van mas allá del mero entusiasmo por el cine y el sabor de la aventura. Sad Hill se convierte en un lugar de peregrinaje porque el gran cine es una experiencia religiosa, es un sentimiento que florece en uno y queda para toda la vida, y todos aquellos que vibraron con el filme de Sergio Leone ahora se encuentran en ese lugar histórico, pasan de la imaginación a la realidad, se convierten – con cada piedra desenterrada, con cada cruz reconstruida y clavada en cada tumba falsa – en parte misma y viviente de una leyenda cinematográfica.

Desenterrando Sad Hill es un documental emotivo que muestra como el cine va mas allá de la pantalla y se hace carne en lo mas profundo de nuestros corazones, haciendo que un filme sea una experiencia personal y generando un recuerdo inolvidable. Es posible que el documental tenga su cuota de momentos lentos, y que quizás daba mas para un corto que para un largo de 90 minutos, pero el resultado sigue siendo emocionante, en especial en el final en donde inauguran el cementerio en el 50 aniversario de El Bueno, el Malo y el Feo con orquesta incluida, fiesta, exhibición del filme, recreación del duelo… y saludos de un montón de famosos a los aventureros que convirtieron la tarea en algo trascendental y memorable.

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