EN
CARTELERA :
UNA FIGURA TRAGICA
Frost / Nixon recrea la histórica
entrevista que un periodista británico le hiciera
al ex presidente norteamericano años después
del escándalo de Watergate. En vez de ser simplemente
una recreación documental, el filme transforma
a Nixon en una figura trágica, perseguida por
sus errores y sus fantasmas del pasado. Excelente perfomance
de Frank Langella.
Por Alejandro Franco - info@datacraft.com.ar
Frost/Nixon (EUA 2008); Intérpretes:
Frank Langella, Michael Sheen, Kevin Bacon, Sam Rockwell,
Matthew Macfadyen, Oliver Platt; dirigidos por Ron Howard
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Frost/Nixon está basada en una obra de teatro
escrita por Peter Morgan en el 2006. Morgan había
tomado nota sobre la serie de entrevistas históricas
realizadas por el periodista británico David Frost
al ex presidente americano Richard Nixon, ocurridas en
1977, y decidió hacer una dramatización
de los hechos. Ahora, con los protagonistas principales
de la puesta en escena en Londres - Frank Langella y Michael
Sheen -, Hollywood decidió llevarla a la pantalla
grande en una época en que cualquier tipo de filme
político es visto como una especie de lectura de
la realidad actual.
Después del 11/9, el público americano
ha quedado sensibilizado. La primera tanda de filmes
que surgieron de Hollywood siguieron los caminos esperados
- fantasías sobre héroes que derrotaban
a los terroristas; dramas que tocaban tangencialmente
el conflicto entre Norteamérica y el mundo árabe
-. Pero de un tiempo a esta parte, la filmografía
de los estudios se ha vuelto revisionista. En el fondo
el sentido de filmar ahora Frost/Nixon no es
más que un tiro por elevación a la administración
Bush. Hay varios parlamentos de Nixon que podrían
ser puestos en boca de George W. Bush sin necesidad
de adaptación, en especial el momento en que
justifica que los actos del Presidente son actos que
pide la Nación, aunque sean ilegales. Incluso
hay varios paralelismos entre las decisiones que Nixon
ha tomado en la guerra de Vietnam y la campaña
del Golfo del penúltimo presidente norteamericano.
Cuando un hombre detenta todo el poder, no puede parar
a la máquina de la guerra; todos los actos de
invasión son justificables de acuerdo a la defensa
de la seguridad nacional; y los líderes deben
tomar las decisiones que su particular visión
del mundo les dicta, aún cuando el pueblo americano
esté en su contra.
Pero aquí la historia toma otro sentido al intentar
humanizar a Nixon. Muchos piensan si algún día
Bush tendrá su momento de epifanía y sinceridad
tal como el ex presidente acerca del Watergate.
Aquí Nixon es un solitario que sueña con
el regreso y la rehabilitación, pero los fantasmas
de Watergate y del resentimiento público
juegan en su contra. Por el otro lado hay un showman británico,
al que se le ha ocurrido concertar las entrevistas en
miras del enorme rating que producirían. Pero a
medida que pasa el tiempo, el peso del sentido de la oportunidad
histórica comienza a cernirse sobre él.
Frost no es un periodista especializado, simplemente es
un animador que vive en la superficialidad y que busca
los números del rating y la fama. Pero el entorno
lo obliga a que tome el puesto de fiscal de la historia,
ya que será la única vez que alguien podrá
confrontar cara a cara a Nixon - cuya partida de la Casa
Blanca ha dejado una profunda cicatriz en la Nación
- y decirle lo que el público piensa.
En realidad el enfoque (que posiblemente no sea el
real) que toma el filme es que todo es una operación
orquestada por Nixon para enfrentarse a un oponente
blando y utilizar la oportunidad como plataforma de
relanzamiento. Pero en un momento, la soledad y los
fantasmas producen un cambio en Nixon, quien termina
por aprovechar la ocasión para un sinceramiento.
Frost no es rival, y uno aprecia cómo el viejo
y experimentado político lo manipula hasta el
momento de la escena de la charla telefónica
a la madrugada, en donde se produce una inflexión.
Es una carga que desea quitarse de encima; es un mensaje
que quiere dar a la gente. Históricamente la
serie de entrevistas rehabilitaría en gran parte
(no en su totalidad) a la figura del ex presidente;
y David Frost se convertiría en un héroe
de los medios.
Las interpretaciones y la puesta en escena son impecables.
Frank Langella se convierte en Nixon revivido sin necesidad
de maquillaje ni protesis, es simplemente un camaleón
humano que con algunos gestos, posturas y tonos de voz
reconstruye al histórico personaje. Frost/Nixon
es un excelente filme y uno interesante, aún
cuando estemos en el otro lado del mundo y los acontecimientos
históricos no nos sean cercanos emocionalmente.
Pero el modo en que se narra la evolución de
esta figura trágica, condenada a esta carga para
el resto de su vida, es sencillamente apasionante. |