Cine, TV, Video: crítica: Eventos de la Segunda Guerra Mundial a todo color (2019)

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Como argumento de venta, colorear cintas documentales de la Segunda Guerra Mundial no es el fuerte de esta serie; sin embargo, algunos capítulos y análisis editoriales sobre las peores masacres del conflicto revelan un punto de vista mas realista y crítico de lo esperado.

crítica: Eventos de la Segunda Guerra Mundial a todo color (2019)

Por Alejandro Franco – contáctenos

Greatest Events of WWII in Colour viene de la mano de los mismos productores de World War II in Colour (2009), la cual también pasó por Netflix. Mientras que la última era la historia completa de la Segunda Guerra Mundial, la que ahora nos ocupa viene a ser una “recopilación de grandes éxitos”, una serie mas breve que apunta a hechos específicos de la Segunda Guerra. La excusa es que las filmaciones de archivo han sido coloreadas por computadora (no son filmaciones nativas a color) pero, a decir verdad, podrían haberse quedado en blanco y negro y la calidad sería la misma. Es obvio que el rodaje de guerrilla de los años 40 no puede ser trasladado con fidelidad al full HD, y todo lo que veremos tiene una calidad granulada; pero sumarle color computarizado no mejora la experiencia sino todo lo contrario (encima intercalan escenas de películas conocidas como Tora! Tora! Tora! o La Batalla de Inglaterra como si fuera rodaje real!). Es un aura artificial de modernidad – como cuando TNT comenzó a colorear clásicos como El Halcón Maltés o Casablanca en los 90s, porque creían que la gente era tan banal que no iba a ver películas viejas porque eran monocromas – que, con la calidad rústica del documental de aquellos años, resulta mas chocante.

Ello no quita de que la serie tenga cosas de interés. Fanático confeso de la Segunda Guerra, he devorado todo lo que se me puso delante, comenzando por El Mundo en Guerra hasta ApocalipsisGreatest Events of WWII in Colour no es la mejor de la tropa y, para colmo, incluye un charleta como James Holland, un historiador británico que hemos visto en otros documentales de The History Channel y que sólo se especializa en decir obviedades sin la menor cualidad analítica. Al menos acá Holland está domado y aporta algunos datos de interés, aunque a veces se le escapa una parrafada de epítetos floridos.

Como es el defecto de muchos documentales de la Segunda Guerra Mundial, hay una persistente perspectiva occidental que salpica todo el material. Para mí los soviéticos fueron los que ganaron la guerra, pero no fue una épica limpia sino una plagada de salvajismos de las dos partes en litigio: los fusilamientos a cobardes y traidores, el uso de Stalin de la población rusa como carne de cañón hasta que la industria militar soviética estuviera en condiciones de enfrentarse a los nazis y derrotarlos, los atropellos cometidos por nazis y soviéticos contra las poblaciones civiles del otro bando, etc. Considerando que estamos en el nuevo milenio y hay mayor libertad para hablar de todos los temas de manera explícita, Greatest Events of WWII in Colour es lo suficientemente pacata como para solo dedicarle un capítulo a la resistencia soviética y sin dar demasiados detalles.

Pero si la serie es tibia, donde se redime es en los últimos capítulos en donde se pone filosófica sobre los desmanes de la guerra. En el capítulo dirigido al bombardeo de la ciudad de Dresden – el super bombardeo de una ciudad escasa en recursos industriales – miles de aviones lanzando miles de toneladas de bombas durante días y días sin parar -, el cual provocó una tormenta de fuego que mató a cientos de miles de civiles generando una masacre superior (aunque parezca increíble) al bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki – se muestra el fanatismo del comandante de las fuerzas de bombardeo de la RAF, Arthur Harris, quien estaba convencido que se debía diezmar a la población civil alemana para restar fuerza de trabajo en la industria bélica nazi. Y cómo el alto mando aliado quiso lavarse las manos de semejante decisión táctica, la que estaba siendo aplicada desde hacía rato pero que ahora había provocado una masacre imposible de ocultar. O la historia de los campos de concentración nazis, sede de incontables abominaciones pero que el mundo occidental se negó a asimilar hasta el final de la guerra – rechazando muchas veces contingentes de emigrantes judíos que querían escapar de Alemania, y a veces obligándolos a regresar a tierra germana donde sufrirían un fin espantoso -. Todos sabían las aberraciones nazis desde principios de los 40 pero pensaban que eran exageraciones. O el bombardeo indiscriminado de los estadounidenses contra la población civil japonesa, aún cuando el Imperio carecía de recursos siquiera para defenderse de los raids aéreos sobre su territorio. Muchas de éstas son historias de odio contra el enemigo, en donde la furia contra la milicia termina transformándose en furia (y racismo) contra la población civil, convirtiéndola en objetos y no en seres humanos padecientes de una guerra feroz y sangrienta. Sin ir mas lejos, las expediciones médicas de los norteamericanos a Japón en las postrimerías de la guerra, en donde no iban a curar a las víctimas de la radiación atómica de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki sino simplemente a medir resultados científicos de la efectividad de la bomba. O la amnistía hacia militares japoneses y nazis de segundo y tercer nivel, porque los estadounidenses querían congraciarse y obtener aliados invalorables en Japón y Alemania, en su lucha contra el poderío soviético durante la Guerra Fría.

Es en esos casos en donde Greatest Events of WWII in Colour remota vuelo y devela descarnadamente los entretelones del poder, en donde las ideologías y los prejuicios vencen a la humanidad mas básica. Con una narración profundamente dramática de Derek Jacobi Greatest Events of WWII in Colour tiene algunas cosas nuevas e interesantes para decir sobre un conflicto que ha sido analizado extensamente, pero que siempre resulta fascinante porque estableció las bases del mundo moderno, alterando su geografía y partiendo el poder a nivel planetario en dos bloques antagónicos debido a la profunda incompatibilidad de sus ideologías.