Cine, TV, Video: crítica: Familia al Instante (2018)

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Por la importancia del tema que trata, incluiremos esta reseña en nuestra sección Historias de Vida

Cine, TV, Video: crítica: Familia al Instante (2018)

Por Alejandro Franco – contáctenos

Hay obras que sobreviven a la impericia de su creador, como es el caso de Familia al Instante. Basada en la experiencia real del director Sean Anders, es una mezcla de momentos inspirados y secuencias totalmente fuera de lugar, como si al Anders autobiográfico se le filtraran chistes desubicados del estilo de las comedias de Will Ferrell o Seth Rogen. Hay personajes abominables, comentarios atroces y humor descolocado que te hacen rechinar los dientes simplemente porque no siguen el flujo natural de la historia. Sí, la aventura de dos cuarentones empeñados en adoptar – y lidiando con los problemas naturales de tener dos criaturas y una adolescente viviendo en su casa de un día para el otro – da margen para la emoción, la observación realista e inteligente y el humor que fluye de manera natural de la situación (relegado a comics relief de lujo como Octavia Spencer y Tig Notaro, por lejos lo mejor del filme). Pero todos los miembros de la familia por el lado de Rose Byrne son atroces, meras construcciones intelectuales de un guionista que quiere hacer comentarios crudos y termina dibujando caricaturas crueles. La misma dupla de Wahlberg & Byrne tienen su cuota de lineas espantosas, pero al menos eso ocurre al principio del filme hasta que la película entra en calor y encuentra su propio equilibrio.

Yo soy padre de una nena adoptada; y a mí me cayó del cielo de un día para el otro, justo cuando uno pensaba que – tras años de trámites – el llamado del tribunal no ocurriría nunca. Desde mi posición es imposible no identificarse con la pareja de Wahlberg y Byrne, con el súbito despertar de la necesidad de ser padres y con la lucha diaria para que esos extraños te llamen papá y vos los consideres tus hijos. Por supuesto la evolución de mi situación familiar es mucho mas realista, descarnada y tercermundista que la de la familia de Wahlberg en el filme, los cuales tienen muchas cosas servidas en bandeja y no les cae una tribu de paracaidistas en su casa de un día para el otro, amén que esas comodidades de procedimiento provienen porque el proceso cuesta una fortuna y en Estados Unidos está reservado para pocos (están los abogados, las agencias de adopción, el monitoreo sicológico y los grupos de ayuda, etc). Acá Wahlberg y Byrne son una pareja de empresarios que de pronto se dan cuenta que han perdido su vida trabajando (y haciendo dinero) y que ahora descubren el instinto paternal casi por accidente, ya que la iracunda hermana de la Byrne – que ha gastado una fortuna en tratamientos e inseminaciones – no puede quedar embarazada y es una máquina de acusar y emitir conclusiones astrales estúpidas sobre cómo el destino la ha castigado con la imposibilidad de engendrar un hijo. Claro, es Estados Unidos y uno puede chequear agencias de adopción en línea, lo cual es lo mas parecido a comprar un hijo por Ebay: están sus fotos, sus nombres y sus testimonios, y uno puede seleccionar uno para conocerlo. Mientras que ese aspecto utilitario suena chocante, por el otro lado la organización que funciona tras de eso tiene todos los pies sobre la tierra: el Estado pone a un par de especialistas (la Spencer y Notaro) que se encargan de hacer un curso de ocho semanas para entrenar (y sondear) a los futuros padres. Ya sea desde practicar los cuidados básicos de un niño hasta conocer a varios de ellos y pasar un rato probando si hay química con alguno. Ciertamente es otro aspecto chocante – o se trata de la simplicidad y practicidad del Primer Mundo, donde los individuos pueden obtener lo que quieren probándolo antes, en vez de que te aparezca en tu casa una criatura de un día para otro en el momento menos esperado porque el tribunal aprobó tu carpeta de improviso -, pero en ese festival tipo rifa de huerfanos puedes conocer a alguien con quien te lleves bien y pedir por él para llevarlo a tu casa como una guarda temporal. Muchísimas de las conclusiones del filme son brillantes y acertadas – la enorme cantidad de chicos metidos en la calesita de los hogares sustitutos; la negación de los posibles padres a adoptar un adolescente; el prejuicio de lidiar con conocidos y extraños si los chicos a adoptar son de otra raza distinta a la tuya; la etapa de la luna de miel inicial y luego la guerra para establecer las reglas de convivencia, tender puentes de comunicación y afecto y sanar las heridas de un pasado doloroso y reciente -,  pero Anders sigue pifiándola cada tanto, como metiendo con calzador a una rubia ricachona que quiere un muchacho negro altísimo porque quiere imitar a Sandra Bullock en The Blind Side, un detalle ultra estúpido que arruina el excelente clima que había obtenido.

Y mientras el filme insiste en dispararse en los pies cada tanto, la historia es tan poderosa que termina por triunfar. Si los parientes de la Byrne son un engendro creado solo para hacer chistes malos, la madre de Wahlberg (Margo Martindale) entra como una torbellino en la vida de su hijo, formando vínculos al instante con los tres chicos y abriéndole los ojos a su primogénito sobre lo que realmente trata el trabajo de ser padres. Y es que los chicos son latinos y vienen de una familia donde nadie sabe quién es el padre, y la madre es drogadicta que se encuentra en prisión. Pasando durante años por hogares sustitutos, no hay razón en la Tierra que los obligue a atarse a alguien. La mayor (Isabela Moner, radiante y natural, una latina con ojos de Anime y una actriz con un enorme futuro por delante) es una quinceañera rebelde que ha actuado de madre sustituta para sus hermanos mas pequeños: el del medio es tímido y torpe y la mas chica es una máquina de hacer berrinches. Y mientras la relación se desarrolla, el grupo de auto ayuda monitoreado por Spencer & Notaro se encarga de asesorar y despabilar a estos individuos que no logran dar pie con bola sobre cómo manejarse con estos extraños y formar un vinculo afectivo.

Si sos padre de un niño adoptado verás que hay un montón de cosas de Familia al Instante que te pegan en el pecho de manera fuerte y silenciosa. Lo que antes parecía una obra de caridad en realidad descubre tu necesidad oculta – poderosa, tempestiva, que brota un día y es incontrolable – de ser padre, de amar a un niño y que te abrace con alma y vida, de ver a tu hogar vivo y radiante gracias al griterío de niños felices jugando en él. Es genial el momento en que Wahlberg hace algo fabuloso por el chico del medio y éste empieza a llamarlo “Papá” y la Byrne se le va al humo para ver si puede coneguir que le diga Mamá. O los ritos diarios de compartir el baño, ser el arbitro de las peleas, atreverse o no a darle un beso de despedida a la noche, o salir a trompear a alguien que te dice que tu hijo va a ser un drogadicto porque su madre lo era. Pero si la adopción de dos chicos latinos es una batalla constante a librar de manera diaria, la inclusión de una quinceañera rebelde – que no acata regla alguna, que manipula a la gente, que hace zorrerías a escondidas y a la cual sólo le interesa regresar con su madre biológica aunque sea una causa perdida – desata la tercera guerra mundial simplemente porque es un conflicto al cual el matrimonio protagonista no logra encontrarle la vuelta. Es de nuevo la Martindale la que aplica toda la sabiduría de décadas de experiencia, y quien los guía para cómo comunicarse con la chica. Y cuando la bronca es descargada y cuando la muchacha ve cómo estos dos torpes se preocupan como locos por los chicos cuando sufren un accidente, surgen las primeras señales de que algo se está gestando, un vinculo de amor filial sincero que sólo precisa dejar los prejuicios de lado.

Dejando de lado el estúpido humor forzado que Anders mete con calzador para sacar una sonrisa, Familia al Instante funciona porque se siente honesta y porque emociona. En lugar de truculencias Anders debería haber confiado en dejar que el humor fluya con naturalidad porque la situación da lugar a montones de momentos tragicómicos. Si no fuera por esas pifias el filme merecería hasta una nominación al Oscar, porque los momentos emotivos no son fruto de un guión edulcorado sino de un escenario natural plagado de situaciones sinceras y profundamente emotivas. Todos buscamos compensar un hueco que tenemos en nuestro corazón y juntos podemos hacerlo, formando un grupo que durará para siempre; pero, para llegar a eso, hay que entender, perdonar, curar y escuchar, y cuando la misma actitud se despierta del otro lado entonces estamos listos para entrar en esa comunión que llamamos Familia.

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