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Cada década ha producido una camada de directores
de vanguardia, de esos que abren caminos. Hubo un Kubrick
y un Peckimpah en los 60, un Cóppola, un Lucas
o un Spielberg en los 70 ... y así sucesivamente,
generaciones de cineastas que trazaban nuevos lenguajes
visuales y narrativos que hacían escuela en futuros
directores, y creaban nuevas experiencias de diálogo
entre el público y la historia narrada.
Escapa un poco al tema del presente artículo,
pero es interesante mencionar que esos directores pilares
de nuevos lenguajes cinematográficos han obtenido
rachas de gloria, en principio intensas, y después
esporádicas. Mientras que Cóppola guarda
cuarteles de invierno con ocasionales entregas, y Lucas
- por ejemplo - ha precisado de tres películas
para poder sacarse las telarañas y regresar a
estar en forma, el único gran cineasta que permanece
con una producción regular de calidad ha sido
Spielberg (a quien veremos próximamente en la
celebrada Munich). Pero mientras que Spielberg
es un gran director de emociones, no lo es en cuanto
a sentimientos. Sin duda sus filmes más fantásticos
poseen un timming perfecto y, en lo referente
a la acción, son virtuales montañas rusas.
Pero a la hora de traslucir el costado humano de sus
personajes - reales o fantásticos -, siempre
me ha resultado edulcorado o semi artificial (incluso
en títulos destacados como la lista de Schindler).
Quizás a la hora de comparar a Peter Jackson
con alguien, podríamos medirlo con la talla de
un Tim Burton, sin la fase siniestra, y con el talento
para la acción de un Spielberg. Y en tren de
balances personales, podría decir sin duda que
la trilogía del Señor de los Anillos
constituye las mejores 10 horas de cine que he visto
en mi vida : porque posee acción, emoción
y sentimiento. Uno vibra no sólo con los momentos
más audaces del film, sino también con
las escenas mínimas, donde un par de personajes
interactúan con escasas palabras y gestos. Y
la versión 2005 de King Kong posee mucho
de esto.
King Kong es el clásico de 1933, creado
y dirigido por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack.
Es el primer film de monstruos de la historia, y sobre
su molde se crearon otros mitos tales como Godzilla,
o Jurassic Park por mencionar algunos. Pero en
cada nueva película de monstruos que ha poblado
la pantalla desde el 30 hasta ahora, el componente de
fábula de la historia - bella versus bestia
- ha sido eliminado (con la excepción quizás,
de la Creatura de la Laguna Negra), y sólo
ha retenido el modelo de la acción y la espectacularidad.
Kong sería revisitado en 1976 en una denigrada
versión producida por Dino de Laurentis, que
aunque contenía algunos diálogos, escenas
y efectos atroces, también poseía algunas
buenas ideas.
Hay que ser realistas : el film del 33 es un clásico
por contar una historia original, pero era un film despojado
de romanticismo. Para su época (y aún
hoy, si logra ver alguna emisión en cable o alquilar
el video) era terriblemente salvaje y violenta - los
enfrentamientos con las otras bestias de la isla donde
mora Kong; el mismo simio destrozando marineros, o bien
el clásico final en el Empire State Building
eran sangrientos y descarnados -. Y en el original,
Kong no era un simio con sentimientos sino una fuerza
destructora obsesionado por su cautiva. En cambio, la
version 76 - de la cual Jackson reniega, pero inconscientemente
toma alguna de las mejores ideas -, Kong es llevado
al otro extremo : es un humanoide que refleja sentimientos,
que posee gestos y actitudes humanas ... y que mas allá
de lo grotesco del concepto, es por esos sentimientos
que termina por caer en desgracia. Amén de que
en esa versión, el salvajismo es mostrado por
el lado de los humanos - la secuencia final es realmente
sádica -.
Jackson opta por seguir con fidelidad la versión
del 33 (incluso ambienta la historia en una Nueva York
en plena depresión, quizás demasiado idealizada),
y se toma su tiempo para desarrollar en profundidad a
los personajes (la extensión de la version 2005
duplica a la de Cooper y Schoedsack). Y tal como en el
original, usa la tercera parte (una hora) para pincelar
sus caracteres. Muchos han criticado ese prólogo,
cuando en realidad resulta muy interesante. No sólo
por contar con diálogos inteligentes, sino con
sensibles actuaciones con lo cual uno ya sabe quién
le despierta simpatía y quién no. Y salvo
algunas excepciones en la tripulación de marineros
del barco contratado, o por el galán falso y cobarde,
no existen caricaturas o clisés sino que son pintados
como humanos de cuerpo entero.
La historia es conocida : una actriz en bancarrota
(Watts) es seducida por un director de cine (Black),
el cual se encuentra obsesionado con producir un film
en una exótica y secreta locación que
sólo él conoce. El director corre con
el tiempo en sus talones - sus productores piensan que
lo ha estafado - y parte a la isla secreta, llevando
a la tripulación y a su equipo técnico
- guionista (Brody) incluído - a fuerza de engaños.
El director espera encontrarse con una isla desierta
donde alguna vez hubo una civilización perdida.
Pero dos cosas le salen mal : la isla está habitada
por una raza de salvajes, y en segundo término,
toda una fauna prehistórica pulula en la isla,
destacándose un simio de 8 metros al cual llaman
Kong, al que los nativos veneran y y por el cual terminarán
por raptar y ofrecerle en sacrificio a la bella actriz
desempleada. Tras numerosos avatares la tripulación
podrá rescatarla, pero deciden a su vez capturar
al simio y mostrarlo como una atracción de feria
en un teatro de Nueva York. De más está
decir que las cosas no saldrán como es debido,
Kong escapará e irá tras la bella, y se
desencadenará todo el drama.
Las escenas en la Isla Cráneo son impresionantes;
el colorido tanto de los paisajes como de la fauna es
ciertamente irreal, fantástico y una delicia para
los ojos. La trama sigue fielmente al clásico de
1933, incluyendo algunas escenas que quedaron en el cuarto
de edición en el original (como cuando la tripulación
cae al abismo plagado de insectos gigantes), pero Jackson
va mucho mas allá, y desarrolla - a partir de la
segunda hora, desde la llegada a la isla - un carrusel
de accion y emociones impresionante. Y este festival de
excelente cine descansa en dos personajes : la excelente
Naomi Watts, que brinda un rango de sentimientos que ninguna
otra heroína - ni Fay Wray en el original, ni Jessica
Lange en la version 76 - pudo mostrar; y el otro lider
indiscutible es Kong, debajo de cuya piel se esconde el
fabuloso Andy Serkis - el mismo que dió carnadura
por técnicas de motion capture al Gollum
del Señor de los Anillos - , que hace que
el simio sea salvaje y feroz, pero con atisbos de compasión
y sensibilidad. En la versión 2005 Kong es un gorila
gigante y salvaje, pero que posee su carácter,
que no deja de ser un animal aunque posee un carisma impresionante
- ahí se ve la buena mano entre el director y el
intérprete -. Quizás la mejor definición
de la relación entre la bella y la bestia sea compararla
como la que hay entre un animal con su cria. Kong festeja
morisquetas de la bella, la protege, la busca, pero sólo
lo hace después que la bella lo ha seducido y ha
detenido su ímpetu destructivo.
Sin duda la acción y los efectos son espectaculares,
y Jackson ha cuidado mucho de que la trama no caiga
en el absurdo - es un proyecto que ha gestado desde
su infancia, y que a diferencia de otros directores,
lo ha concretado de manera exitosa (recordemos sino
fiascos como Hook de Speilberg, que también
eran los proyectos soñados de dicho director)
-. Pero mas allá de la adrenalina y la aventura,
se trata de una historia romántica, de un amor
muy especial entre un humano y una bestia. Es una relación
de sensibilidad, a la cual Jackson pule y añade
elementos de su propia factura - el escape de Kong en
Nueva York, donde la bestia examina cada rubia que encuentra,
o el hermoso ballet en los lagos congelados del Central
Park - y donde el neozelandés cuida las formas
hasta el último detalle - el inevitable final
es filmado de modo trágico pero sensible, sin
crueldad, de forma realmente poética -.
Watts impresiona con su actuación; Brody, en
un papel secundario, brinda todo su encanto y no es
simplemente un bombero para las emergencias; e increíblemente
un Jack Black contenido brinda una poderosa presencia
en pantalla - su personaje es una mezcla del mismo Jackson
con Orson Wells -, que salvo un par de tics iniciales,
desaparece en la piel de un hombre obsesionado con un
sueño. Y por supuesto Kong / Serkis, que con
un par de gestos puede hacer que la audiencia llore
o aplauda con el simio gigante. El resto del casting
es realmente bueno, hay muchas ideas interesantes -
como el marinero novato que lee El Corazon de las
Tinieblas de Conrad en paralelo al avance de la
expedición -, algunas de las cuales quedan truncas.
Pero, desde mi punto de vista, puedo decir ahora que
he visto no 10 sino 13 horas del mejor cine de todos
los tiempos. Y todas ellas corresponden a Peter Jackson. |