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La imagen bien va con una película de ciencia
ficción o, mejor, con una de cine catástrofe:
un empleado descubre un terrible secreto y se lo
dice a su descreído jefe. El sabelotodo termina
por rendirse ante la ferocidad de los hechos y llama
su superior, el que llama al mandmás mas
alto de la cadena de poder... todo para darse cuenta
que tiene una situación completamente descontrolada.
Y que cuentan con un puñado de horas para
resolverla. Ahora hay corridas, gritos y reuniones
apuradas a la madrugada, en donde un puñado
de ejecutivos nerviosos y desvelados deben decidir
qué hay que hacer... antes de que abran
los mercados en la mañana.
Oh, si, ésta es una pelicula sobre operadores
de Wall Street y ejecutivos del mundo de las finanzas.
Y es una mirada lúcida sobre el desastre
económico que golpeó a las finanzas
norteamericanas en el 2008, y cuyas secuelas siguen
demasiado frescas hoy en día. Margin
Call (Decisión Marginal, sería
el título, rebautizada aquí como
El Precio de la Codicia) es una instantánea
sobre la mentalidad de quienes manejan el mundo
de las finanzas, y de cómo habrán
digerido el descubrimiento de que habían
pasado todos los límites. Aquí hay
una firma que opera con valores, y que descubre
que la mayoría de su cartera está
compuesta de bonos tóxicos, inversiones
que en su momento prometían una enorme
rentabilidad pero que jamás nadie se preocupó
en revisar su potencial de riesgo. ¿Realmente
rendían sus frutos, o eran valores inflados
en los libros?. Y no valores inflados por
ellos, sino por el mercado. Como dice uno de los
empleados, "basta que esas acciones bajen
un 10% de su valor (p.ej., que el mercado comience
a desconfiar de su credibilidad) como para que
la perdida supere varias veces el valor de capital
de la empresa". Es como despertarse sentado
encima de una bomba atómica cuyo reloj
detonador parpadea a segundos de iniciar el proceso
de explosión.
Lo que es interesante ver es cómo razona
esta gente y cómo funciona este mundo.
Algunos son intermediarios obsesionados con el
dinero y las mujeres, que comparan su sueldo con
el de otros como si hablaran de sus miembros viriles.
Hay otros que tienen su ética y su sentido
de fidelidad hacia su empresa y sus subordinados...
aunque ello implique que se vea forzado a tomar
decisiones desagradables y mande a la hoguera
a la mayoria de sus compañeros. Y están
los amorales que viven por el poder, y que tomarán
cualquier tipo de decisión con tal de garantizar
la continuidad de su proyecto y de su estilo de
vida. Como dice el CEO de la empresa en un determinado
momento: "no somos operadores de la beneficiencia
sino intermediarios. Compramos y vendemos. No
fuimos nosotros quienes les prestaron dinero a
gente que no podía pagar sus deudas. Esta
nación crece porque la gente se endeuda
y, desde el momento que nosotros compramos esas
deudas y las movemos, nos encargamos de financiar
el estilo de vida americano.".
Margin Call, El Precio de la Codicia es
una película brillante, intensa y demandante.
Florecen los personajes interesantes y florecen
los diálogos interesantes. Hay una
nube de amoralidad flotando en el ambiente, simplemente
porque toda esta gente se preocupa más
en salvar su propio pellejo que en rescatar el
de los demás. Quizás sea porque
las reglas del mundo de las finanzas sean perversas
- en el fondo, no son más que sofisticados
apostadores que juegan con el dinero de los demás,
y que inventan irreales vellocinos de oro que
a la larga terminan por asfixiarlos y matarlos
-, y porque una vez que uno está inmerso
en ese universo pierde la perspectiva que, detrás
de lo abstracto, existe gente. O quizás
sea que se trata de una horda de cretinos obsesionados
con el dinero, con la posesión de éste
y la ampliación de sus reservas, aún
cuando su existencia supere ampliamente la capacidad
de compra y placer que les pueda brindar. Mientras
que los operadores financieros deberían
servir para cotizar empresas e inversiones, y
lograr que los más capaces se coticen y
obtengan dinero para capitalizarse, hoy se han
convertido en una abstracción de su propia
naturaleza, y existen para su propio beneficio,
como una casta de egoistas ególatras que
pueden pulverizar a millones de personas en cuestión
de horas, especialmente cuando se dan cuenta que
su juego ha ido mucho más lejos de lo justificable
y es hora de mostrar la fría verdad de
los números reales. |