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Odio cuando los libretistas se creen inteligentes
y escriben pavadas. Esos monólogos dichos
frente a la cámara, en donde los personajes
dicen un montón de cosas obvias o se despachan
con citas intelectuales, haciendo creer que lo que
sigue es una historia inteligente. Eso es lo que
pasa con Mi Primera Boda: arranca con ese
tono intelectualoide, y después se manda
con una pavada sideral. La excusa del enredo
- que el novio, jugando en el balcón de
la casa donde está a punto de celebrarse
la ceremonia, se le caiga al vacío uno de
los anillos y después invente diez mil excusas
para ganar tiempo mientras intenta recuperarlo
- es atroz y estúpida. Lo que sigue
está mal barajado y recién sobre la
mitad del filme las cosas comienzan a tener su gracia.
Este es uno de los casos en donde la película
se pone mejor a medida que avanza y termina mejor
que como comenzó.
Por supuesto el modelo a seguir es Cuatro
Bodas y Un Funeral. El tema es que, por cada
comedia de boda exitosa hay setecientas que fracasan,
y Mi Primera Boda está más
cerca del segundo grupo que del primero. No sólo
la anécdota que impulsa la historia es
absolutamente imbécil, sino que el desarrollo
de personajes bordea lo atroz. Podían tener
algún trasfondo ligeramente dramático
como para que nos importe su suerte, o al menos
ser caricaturas rápidas y muy graciosas.
Pero nada de ello ocurre. Hay un elenco
carísimo ferozmente sub-utilizado. El cameo
extendido de Pepe Soriano es la prueba más
evidente de ello (¿para decir dos tonterías
llamaron a semejante actor?). Lo de Soriano
no es lo único; lo mismo pasa con Soledad
Silveyra, y con los Luthiers Daniel Rabinovich
y Marcos Mundstock, aunque los últimos
tienen algo de margen para "morcillear"
y mejorar las tristes líneas que le deparó
el libreto.
Sin dudas Mi Primera Boda tiene su cuota
de momentos cómicos, pero son muchísimas
más las pifias que los aciertos. Si uno
sigue viendo el filme es gracias a la energía
incontenible de Natalia Oreiro, la única
que puede mantener el relato con su perfil de
novia dominante y seudo sicópata. Junto
con Oreiro hay otro pequeño puñado
que se salva de la quema - los mencionados
Luthiers y Muriel Santa Ana, en un personaje que
tenía gran potencial y que hubiera sido
una delicia ver más tiempo en pantalla
-. Pero el resto está criminalmente mal
usado y, en el caso de Daniel Hendler, las pruebas
están a la vista de que lo suyo no es la
comedia. Su protagónico es anodino y
lastra peligrosamente el filme.
Aún con toda su disparidad, Mi Primera
Boda se deja ver. Hay momentos aislados que
son graciosos, y hay perfomances que compensan
la falla de otras. Pero la historia está
plagada de problemas - el final es casi incomprensible,
con personajes cambiando de actitud en menos de
2 segundos -, y da la impresión que
todo esto ha sido montado para crear un lindo
trailer que lleve gente al cine. Lamentablemente
deberían haberse esforzado un poco más
como para que la anécdota se sostenga durante
90 minutos y no resulte un insulto a la inteligencia
del espectador. |