Cine, TV, Video: Probe (piloto de la serie de TV Search) (1972)

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Aquí les traemos una muestra de los contenidos que publicamos periódicamente en nuestro portal de cine SSSM / Arlequin (dedicado al cine fantástico, de culto y James Bond), el cual podrá visitar en http://www.sssm.com.ar. En esta ocasión nos ocupamos de reseñar el piloto de la serie de TV Search, tira que estuviera de moda a principios de los años 70 y que se conociera brevemente por estos lares. Mas allá de las desprolijidades propias de un producto rápido y barato como son los filmes televisivos, el piloto cuenta con un gran potencial y engancha rápidamente al público.  calificación: 4/5 atómicos (muy buena)

Por Alejandro Franco – contáctenos

USA, 1972: Intérpretes: Hugh O’Brian (Hugh Lockwood), Elke Sommer (Heideline ‘Uli’ Ullman), Burgess Meredith (V.C.R. Cameron), Lilia Skala (Frieda Ullman), Angel Tompkins (Gloria Harding), John Gielgud (Harold L. Streeter)

Trama: Hugh Lockwood es un investigador que trabaja para World Securities, una corporación que utiliza tecnología de punta para recuperar objetos perdidos o robados. Por ello es que posee un implante en su cerebro y otro en sus dientes, los cuales les permiten comunicarse directamente con la central sin necesidad de emitir palabra alguna a un micrófono. Pero el mayor logro de World Securities es Probe, un diminuto dispositivo que Lockwood lleva disfrazado como un anillo, y que le permite scanear todo lo que le rodea, amén de enviar datos vitales a la central para que sean procesados con sus macro computadoras. Ahora Lockwood ha aceptado la misión de recuperar la colección Entourageun grupo de valiosísimos diamantes que se creen perdidos desde la Segunda Guerra Mundial -, sobre los cuales han surgido nuevas pistas. Pero la investigación de Lockwood estará plagada de peligros, ya que los diamantes han sido utilizados por una organización nazi para financiar un vasto operativo de fuga y encubrimiento de criminales de guerra… la cual intentará impedir a toda costa que el investigador privado revele su localización y sus secretos.

Probe El cine de antes era muy diferente al de ahora. Es posible que ello tenga que ver con la formación cultural de quienes fueron (o son) sus responsables creativos, quienes se criaron de acuerdo a diferentes standares según la época. En los 70s la gente leía y se basaba en los libros, mientras que ahora predomina la cultura de lo visual, la edición rápida y frenética a lo MTV, y una tendencia a primar lo estético sobre el contenido. Mientras que antes los creativos eran inventores (y generaban nuevas reglas y universos), los de ahora no pasan de ser simples imitadores que – para colmo – insisten en clonar ideas vistas en otras películas en vez de acudir a esa gran fuente madre que es la literatura. Es como una generación criada a base de hamburguesas, que desconoce el sabor (y las propiedades) de la auténtica carne.

Es por ello que los filmes de hace varias décadas suelen ser mucho más interesantes que los de ahora. Aún los ejemplares más baratos suelen mostrar signos de gran creatividad, con lo cual uno termina perdonando las limitaciones de producción… algo que no ocurre con los productos actuales directos a video, el 99% de los cuales bordea lo intragable.

En los 70s la televisión norteamericana era un hervidero de creativos. Pongan, por ejemplo, los filmes fantásticos que emitía la ABC como Killdozer, los especiales de Dan Curtis como Kolchak, The Night Stalker, o pilotos de TV como el que ahora nos ocupa (producido por Leslie Stevens, el mismo de la serie de culto The Outer Limits). Es que da la impresión de que – en los años previos a La Guerra de las Galaxias – lo fantástico y la ciencia ficción hubieran sido marginados como géneros menores, y hubieran quedado restringido a ámbitos en donde la rentabilidad no era un asunto vital, sino que lo que importaba era rodar una buena historia y de la manera mas económica posible. Aún cuando en esa época la sci fi venía imponiéndose en las taquillas con títulos como 2001, Odisea del Espacio o El Planeta de los Simios, daba la sensación de que la sociedad no terminaba de digerirlos… algo que ha cambiado de manera radical en los últimos 40 años, en donde el 90% de las carteleras de los cines actuales está ocupada por producciones que poseen – en mayor o menor medida – una presencia importante de efectos especiales.

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Es por ello que Probe vendría a ser un acercamiento racional (y hasta escéptico) a temas propios de la ciencia ficción. Hay un investigador dotado de un scanner que manda datos vitales a un cuartel central infestado de computadoras gigantes que lo analizan todo. Mientras que la premisa no es ni por asomo algo revolucionario, el libreto se toma su tiempo en demostrar didácticamente todas las posibilidades (y utilidades) del aparato en cuestión. Todo esto tiene como fin de que el público – desde el más intelectual hasta el más pachorro que se sienta frente a la TV, munido de un pack de cervezas – termine por aceptar como cierto y útil toda la fruta inventada por los creativos de la serie sobre las bondades del botoncito inteligente que Hugh O’ Brian carga para todos lados.

A mi juicio, Probe es un filme sorprendente. Si uno revisa la historia en sí – toda la conspiración montada para ocultar el paradero de una importante colección de diamantes – hay montones de cosas que no cuajan, e incluso el climax vomita en menos de cinco minutos una tonelada de razonamientos bastante traídos de los pelos. Pero, en realidad, el mayor encanto de Probe es su mecánica. En definitiva, éste no deja de ser otro típico show de los 70 con héroe munido de algún poder / gadget especial, al estilo de El Hombre Nuclear, El Hombre Invisible, o El Hombre Gemini. El protagonista es imbatible mientras usa sus dotes, pero los mismos son limitados y justo se agotan en el momento más crucial. El héroe es extremadamente simpático y carismático, y nos importa más verlo en acción y haciendo chistes que la trama que debe resolver, la cual siempre es mucho más simple de lo que parece. Hay una gran dosis de energía puesta en hacer que las cosas se vean creíbles, aún cuando la premisa de base sea disparatada; y todo esto daba como resultado una hora de aventuras que siempre dejaba sabor a poco en la boca y hacía pedir más. Cuánto de eso se ha perdido…

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Pero aquí Probe muestra ser excepcional. O´Brian se puede comunicar con la central (comandada por un cínico Burguess Meredith en uno de sus mejores papeles después del Pingüino de la serie Batman) mordiendo un implante en una muela; puede escanear el entorno y ver los signos vitales de quienes lo rodean para ver si están enfermos o si mienten; el dispositivo le da visión de rayos X e infrarroja para revisar el interior de objetos o visualizar el contenido de cuartos oscuros; e incluso la frecuencia del aparato puede ser interceptada por los perros, razón por la cual debe ser apagado para evitar que ataquen al poseedor del scanner. El piloto se da maña para probar todas las situaciones posibles de tensión que se pueden generar (o pueden ser resueltas por) el scanner, amén de generar sarcásticos idas y vueltas entre la estricta central y el poco disciplinado Hugh O´Brian, el cual no duda un segundo de esconder el dispositivo cuando debe irse a la cama en compañía de la damisela de turno.

Probe es un gran piloto, lástima que la trama tiene sus huecos. Daría origen a la serie Search, la cual duraría sólo dos temporadas (1972 – 1973), y en donde el protagonismo de O’ Brian estaría compartido por otros dos agentes encarnados por Anthony Franciosa (uno de mis actores favoritos) y Doug McClure (sí, ése Doug McClure!; el mismo de La Tierra Olvidada por el Tiempo, Humanoides de las Profundidades, y El Planeta de los Simios: El Musicalah!, ése último no!). Quizás ese liderazgo tripartito haya matado las posibilidades de la serie, o quizás no tuviera más trucos para exhibir mas allá de lo que se ve en el piloto. Como sea, Probe es una muestra de lo buena que era la TV de antes, en donde la gente inventaba cosas inteligentes y entretenidas… algo que, por lo visto, ha terminado por pasar de moda.