| EN
CARTELERA :
TERROR CAMP
"Terror a bordo" comienza seria,
empieza a crecer en delirio y se transforma en un festival de la
comedia ridícula. No será nominada al Oscar, pero
garantiza 100 minutos de continua diversión.
Por Alejandro Franco -
info@datacraft.com.ar
Snakes on a Plane (EUA
2005); Intérpretes: Samuel L. Jackson, Julianna Margulies,
Nathan Phillips, Rachel Blanchard, Flex Alexander, Kenan Thompson,
Sunny Mabrey ; dirigidos por David R. Ellis
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En general, un film de culto suele tener
dos orígenes : estar basado en una novela / comic de culto
(lo cual no siempre garantiza el éxito de la película,
si la adaptación es mala), y ser una gema escondida que suele
juntar polvo en la estantería de algún video club,
hasta que un montón de gente la descubre, la adora, comienza
a escribir libros y web sites, y desarrolla una enorme campaña
de publicidad boca a boca. En algunos casos un film de culto es
un éxito comercial, pero por definición, es una obra
reverenciada por una minoría. Los motivos de esta adoración
suelen ser varios : puede que el film sea terriblemente bizarro
(pero enormemente divertido), o que contenga una infinidad de formidables
ideas - que por un error de marketing, la película ha sido
mal vendida comercialmente -. No interesa si es un film bueno o
malo; lo importante es que haya dejado una fuerte impresión
en la retina del espectador, y que recuerde de memoria escenas y
parlamentos de la película.
Ejemplos de cine de culto van desde los films
de Batman hasta obras de Ed. Wood Jr. o las películas
de Godzila. Y específicamente sobre los últimos
casos, es usual que los malos filmes tengan potencial de convertirse
en obras de culto, por aquello que "es tan malo que resulta
divertido". Han habido ejemplos recientes de intentos de
hacer malos films ex profeso, como para desarrollar obras
de culto "de incubadora", pero estos experimentos suelen
fallar miserablemente. Desde I Woke Up Early the Day I Died (con
Billy Zane, basado en un libreto del mismísimo Ed. Wood)
hasta las cintas de Uwe Boll, resultaron en sendos fracasos comerciales
(y en conseguir status de culto). Simplemente porque una película
de culto proviene de lo espontáneo, y en estos casos, la
impericia de directores o guionistas debe ser natural y no fingida.
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Pero sin duda, Terror a Bordo es un film
de incubadora que merece el status de culto. Es un raro experimento
en lo bizarro. Para empezar, un grupo de guionistas hizo una apuesta
sobre cuál podría ser el peor libreto que podían
escribir. El guión ganador - llamado Veneno - atrajo
la atención de un productor de Dreamworks. John Heffernan
y Sebastian Gutierrez terminaron por expandir la idea, mientras a
Samuel L. Jackson se le ofrecía participar en el film - a esa
altura, renombrado como Serpientes en un Avión, título
original en inglés -. Jackson firmó contrato sin haber
leído una línea del guión - aún en desarrollo
- y solo conociendo el título del film. Y cuando el rumor se
corrió en Hollywood - y fundamentalmente en la Web - de que
Samuel L. Jackson iba a protagonizar una película con semejante
nombre ridículo, un montón de fans comenzaron a desarrollar
espontáneamente ideas y parodias sobre lo que podría
ser el film. Increíblemente todos estos delirios desarrollados
por personas comunes - que ni sabían lo que tenían en
la cabeza los guionistas - produjeron una suerte de feedback
natural, donde muchos conceptos terminaron incorporados al libreto
definitivo. Como, por ejemplo, que Jackson dijera algún descomunal
insulto, o que las serpientes terminaran por atacar los genitales
de los pasajeros. Lo que terminó
por redondear la forma del film, llevado al terreno del humor camp
y tomando al terror en clave de parodia. El argumento es pura rutina
: un turista presencia el asesinato de un fiscal por parte de un
mafioso, y el FBI lo contacta para que atestigüe en su contra.
Están en Hawaii y el proceso se llevará a cabo en
Los Angeles, por lo que deciden tomar un avión. El disparate
comienza cuando, decidido a acabar con el testigo, el mafioso no
tiene mejor idea que incluir un cargo oculto con 400 de las serpientes
más venenosas del planeta en la bodega del avión,
que termina por liberarse a determinada altura y provocar el horror
en toda la tripulación.
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Esto podría dar lugar a un tipico
producto clase B, de esos films que van directo a video. Pero por
el contrario, el director Ellis comienza a tomárselo en solfa,
en especial cuando el espectador presencia los atroces (y ridículos)
ataques de las serpientes, además de ver a un montón
de personajes tipo - propio de las peliculas Aeropuerto :
los recién casados, la estrella de rock, la pareja de niños
que viajan solos -, que como buenos caracteres de relleno, empiezan
a ser perseguidos, mordidos y corridos por todo el avión,
con un enorme número de bajas. Y lo que podría haber
sido un mal film de terror, o una mala comedia negra, termina resultando
un espectáculo entretenido en su exageración, con
un ritmo que no para y gracias a la fluída imaginación
del director, que no baja nunca la intensidad de la acción.
No es un film demasiado sangriento; hay muchas
escenas graciosas atroces, y pura adrenalina. El centro es obviamente
Jackson, que repite su festival de clisés hasta el paroxismo
- que son su marca desde Pulp Fiction -, y un montón
de secundarios que son carne de cañón para las serpientes.
Pero aunque no sea un film de calidad, garantiza 100 minutos de
puro entretenimiento, y algunas escenas que le darán un justificado
status de culto. Es muy divertida, lo cual ya es mucho decir respecto
de lo último que nos viene ofreciendo Hollywood en la taquilla. |