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Caso nro 1 :
un pequeño avión bimotor está
por aterrizar pero sus instrumentos súbitamente
fallan. Debido a que sólo se encuentra
a bordo el piloto, y a que la maniobrabilidad
del aparato resulta relativamente sencilla,
el avión aterriza sin problemas guiándose
sólo por referencias visuales.
Caso nro 2 :
un jumbo 747 se encuentra por aterrizar pero
su instrumental falla. No sólo lo vasto
del volumen del avión y su complejidad
lo convierten en una tarea descomunal para volar,
sino que el piloto además debe lidiar
con las presiones que implican su tripulación
de pasajeros en pánico al enterarse de
la situación presente. El avión
logra aterrizar pero los inconvenientes a superar
son mucho mayores que en el caso 1.
Todas las empresas nacen y se desarrollan.
Algunas simplemente mantienen su tamaño
mientras que otras crecen y evolucionan. No
es lo mismo tener un pequeño taller de
barrio en donde el dueño puede chequear
visualmente los stocks de repuestos y revisar
a mano deudas y créditos, que manejar una
cadena de locales de reparación de autos,
con gran cantidad de locaciones, stocks, personal
y responsabilidades repartidas.
Todas las empresas tienen una energía
inicial que se puede llamar fuerza de iniciativa.
La fuerza de iniciativa varía en todos
los casos, y es una suma de habilidades, oportunidades
y estrategias que hacen que un simple almacenero
dentro de diez años siga siendo almacenero
o tenga una cadena de hipermercados al estilo
Walt Mart. Mientras una empresa se encuentra
en sus etapas iniciales de desarrollo es relativamente
fácil controlarla y administrarla. Cuando
el o los dueños demuestran tener su talento
para los negocios, la empresa evoluciona y se
va transformando, sea en un microemprendimiento,
una pyme o una empresa de mayor importancia. Y
a medida que crece la empresa, los talentos iniciales
no bastan. La cuestión es bastante simple
: usted va pasando de un estrato de negocios a
otro, lo que significa que usted ahora compite
en otro mercado con otras empresas más
experimentadas que la suya y nuevas reglas de
juego.
Cuando la empresa crece, se hace más compleja.
Ya no es posible el recuento visual de los stocks,
o chequear obligaciones a mano. Obviamente se
instalan nuevos tipos de organización interna,
sean sistemas o una estructura jerárquica.
Lo que es obvio es que la realidad ahora es mucho
más vasta, y que la información
operativa comienza a acudir a raudales. Mientras
que los datos progresan a niveles geométricos,
la estructura pensante - los seres humanos que
dirigen la organización - no se multiplican
en la misma proporción. Con lo cual se
desarrolla un escenario en donde existe numerosa
información que precisa ser procesada por
los decisores... los pilotos de este jumbo 747
cargado de pasajeros y carentes de instrumentales
adecuados.
El problema de volar a ciegas
Todo tipo de sistema - informático
o administrativo - tiende a ordenar y procesar
la información, validar y depurar. Lo cual
no significa que toda la información que
llega a los niveles decisorios sea realmente entendible
por los individuos en puestos gerenciales.
Existe un parte que tiene que ver con el expertise
de los decisores - ellos deciden de acuerdo a
sus conocimientos adquiridos académicamente
o por experiencia -, y otra parte tiene que ver
con las capacidades intuitivas - descifrar, en
un mar de datos, cuáles son los que realmente
importan -.
El mayor problema de los sistemas tradicionales
de información tiene que ver con su cualidad
pasiva - la gente se entera de lo que ya ha pasado
-, con lo cual los decisores en realidad terminan
siendo víctimas de la realidad. Ellos
puede establecer algunos lineamientos generales
y trazar planes, pero su función mayoritaria
es la de ser bomberos prestos para tratar los incendios
que se presentes - minúsculos o gigantescos
y voraces - . Gran parte de este problema tiene
que ver con cierta ortodoxia de las funciones gerenciales
- el gerente administra y ocasionalmente genera
políticas - que atentan contra el crecimiento
de la empresa. Y cuando decimos atentan, es porque
los mismos esfuerzos que se utilizan para resolver
problemas pueden ser aplicados en anticiparlos y
tener respuestas preparadas.
La anticipación de respuestas genera
un entrenamiento gerencial más que saludable,
ya que los decisores disponen de tiempos más
flexibles y de una agilidad decisoria que los
prepara para todo tipo de situaciones. Mientras
que el esquema tradicional del gerente se inscribe
en la llamada Estrategia de Reacción
- el decisor sólo actúa frente a
estímulos externos -, la modalidad opuesta
- la Estrategia de Acción - tiende
a la anticipación de los problemas y a
la iniciativa. El gerente activo posee una actitud
mucho más positiva que el gerente pasivo,
simplemente porque ha previsto todo con tiempo,
anticipado todas las variables y dispone de mayores
posibilidades para realizar correcciones de rumbo
a último momento.
Es cierto que hasta ahora todo esto suena como
si el gerente activo dispusiera de una bola de
cristal mágica que le permitiera leer el
futuro. Lamentablemente ese dispositivo sólo
existe en la imaginación, pero lo cierto
es que un gerente con actitud estratégica
activa dispone de recursos que le permiten establecer
futuros posibles dentro de cierto grado de lógica
y probabilidad. Y no se tratan de recursos mágicos.
Existen muchas herramientas - tanto de sistemas
como de lógica - que ayudan a que el decisor
pueda anticipar futuros probables. Esto es, establecer
escenarios posibles. Como vimos, la información
operativa de la empresa a veces puede resultar
en un mar de datos que semeja a la torre de Babel
- todos los sectores reportan información
diferente que resulta extremadamente complejo
procesar o siquiera cruzar -. Pero para manejar
semejantes volúmenes de datos existen soluciones
como las de Business Intelligence. Sistemas
que mancomunan la información, la procesan,
la comparan y la traducen a otros términos
más manipulables.
La cualidad fundamental de las soluciones de
Business Intelligence reside en la posibilidad de
sondear en los datos desde perspectivas nunca antes
vistas. Una de esas alternativas es precisamente
establecer escenarios y realizar simulaciones con
los datos operativos, basándose en tendencias
que el Business Intelligence descubre - por ejemplo
la variación gradual de ventas y costos a
lo largo de meses y años, el descubrimiento
de factores fijos y variables en la operatoria de
la empresa, la velocidad de la capacidad de respuesta
de la organización ante cambios internos
y externos -, y con los cuales puede jugar en escenarios
virtuales donde el decisor implica cambios posibles
que puedan producirse en el futuro - cambios en
el mercado, la situación macroeconómica,
eventos de la competencia, etc -. Pero
no hay instrumento que pueda resultar útil
si el usuario no dispone de la preparación
mental suficiente para entenderlo y manejarlo.
Anticipar los hechos reduce la incertidumbre y
el nivel de stress - lo que habitualmente es un
factor que presiona a los decisores y los lleva
a elaborar procesos deductivos no siempre correctos
-, le brinda tiempo para la reflexión y
medición de resultados (en caso de ser
necesarios ajustes sobre la marcha) y, fundamentalmente
le permite ser creativo y obtener la iniciativa.
Con tiempo y pocas presiones, el decisor lo que
termina por hacer es ejecutar los escenarios que
había previsto y estar siempre adelantado
a los hechos que están por acontecer.
Lo recomendable es mantener una Estrategia
de Acción, anticipar y fundamentalmente
crear. En próximos artículos
veremos cómo se operan las herramentas
decisorias, esto es, saber leer las señales
que valgan la pena tener en cuenta para de ese
modo reconocer un cuadro de fortalezas, oportunidades,
debilidades y amenazas (conocido como FODA) y
poder establecer las premisas que se precisan
para la construcción de los escenarios
posibles de decisión. |