Ya hemos
hablado en su momento sobre el costo
de oportunidad. En resumen, lo que dijimos era que
cuando usted toma una decisión está dejando
de tomar otras decisiones, lo que implicaría
caminos alternativos que se han descartado (y costos
y ganancias posibles que no se concretan). En esta ocasión
hablaremos del costo de cambio.
He aquí algunos ejemplos:
Una persona alquila una casa. En la cuadra siguiente
se pone en oferta otra casa por un menor precio, mayores
dimensiones y comodidades.
Una persona debe decidir entre poner un almacén
(provisto básicamente) o un kiosco (muy bien
surtido). Una vez que ha instalado el almacén,
descubre que hubiera resultado más rentable instalar
el kiosco.
Una persona abandona sus estudios de abogacía
para hacer la carrera de contador público. Pero
un momento decide que ser contador es su verdadera vocación,
y realiza el cambio de carrera.
El costo de cambio se emparenta en numerosas
ocasiones con el costo de oportunidad. Es lo
que podría llamarse el costo del arrepentimiento:
uno ha tomado una decisión, descartado otras,
pero en un punto decide retomar alguna de las viejas
decisones abandonadas. Este es el caso del segundo y
tercer ejemplo: es posible que la falta de experiencia
nos haya motivado a tomar una decisión que -
en su momento - nos parecía más viable
que las otras para terminar descubriendo que no era
la óptima.
En muchos casos el retomar un viejo camino tiene
que ver con las vivencias experimentadas sobre la marcha.
El individuo puede realizar una valoración a
priori de los pros y de las contras de las variantes
existentes, pero recién cuando se pone en movimiento
puede percatarse de factores que no había considerado.
En el caso del almacén y del kiosco, elementos
como ubicación, competencia, población
de la zona, etc. tienen que ver con el éxito
de un negocio. Un empresario puede argumentar que un
tipo de negocio (almacen) tiene mayores probabilidades
de crecimiento que otro (el kiosco), pero el tema está
en la optimización del capital a invertir. El
almacen posee mayor cantidad de productos (y más
caros) que uno debe adquirir para tenerlo en un estado
medianamente funcional que un kiosco, que emplea menos
espacio, productos más baratos y más pequeños,
y que teóricamente genera un ingreso menor. Es
como decidir si uno quiere una mansión sin muebles
o una casa pequeña totalmente provista y con
todas las comodidades.
En esos casos, hay dos costos a considerar: tiempo
/ capital perdido y tiempo / capital para realizar la
reconversión. Los cambios de rubro (de contador
a abogado; de almacén a kiosco) implican pérdidas.
No siempre lo que se ha obtenido durante todo este tiempo
sirve para implementar la nueva decisión tomada
(que en realidad es una vieja decisión que habíamos
descartado). El tiempo / capital perdido es cosa del
pasado, puede medirse pero no cambiarse. En cambio el
tiempo / capital de reconversión es un factor
decisivo para saber si estamos a tiempo y si es posible
realizar el cambio.
Ya sea retomar viejas decisiones, o la presencia de
nuevas alternativas (como la de la casa en alquiler, más
cómoda y barata) implica una serie de costos que
no siempre se pueden afrontar. Allí es donde
debe evaluarse si los beneficios de elegir un nuevo camino
podrán compensar todos los gastos que supone el
cambio. En el caso del alquiler de la casa, la misma puede
costar $ 200.- menos por mes. Pero para poder realizar
la mudanza hay que hacer nuevos contratos, pagar un servicio
de mudanza, realizar la reinstalación de teléfonos
y otros servicios, etc. Hay tiempo y dinero que son necesarios
erogar para poder materializar esa supuesta ventaja. Si
usted para ahorrarse $ 200.- mensuales debe abonar $ 3.000.-
en los gastos que implican el cambio... ¿cuántos
meses de alquiler deberán correr para compensar
los mismos?. ¿15 meses serán suficientes
para recién dar beneficios?. ¿Usted dispone
de dichos $ 3.000.- ahora?. En estos casos es
muy probable que continuemos alquilando la casa cara.
El costo de cambio (o de arrepentimiento) es muy
alto, y como toda decisión tomada se precisa
tiempo para que sea rentable. Esto es algo muy común
en las empresas, en donde el retomar decisiones comerciales
descartadas suele ser imposible. Cuando usted toma
una decisión comercial precisa no sólo
el capital inicial sino también el capital de
soporte: este es la base financiera que sirve como colchón
hasta que la decisión tomada se convierta en
rentable. Del mismo modo que cuando usted pone un
negocio no lo puede hacer con el dinero justo sino que
precisa un colchón financiero de 6 meses (el
dinero de 6 meses de gastos ahorrados hasta que usted
pueda estar tranquilo de que el negocio está
en pleno funcionamiento y dando ganancias), cuando usted
elige retomar un viejo camino o tomar una alternativa
nueva precisa un colchón similar. Porque en definitiva
no deja de ser la misma situación que si usted
fundara un negocio desde cero. |