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Veamos una serie de ejemplos : 1 - un joven decide
trabajar en vez de continuar una carrera universitaria
2 - una persona decide adquirir mercaderías
a altas horas de la noche en un negocio abierto las
24 horas, aún sabiendo que el precio que abonará
es más caro.
3 - un negocio mantiene invariablemente su política
de ventas a lo largo del tiempo
4 - un hombre deja sus actividades por un lapso
de dos horas para cumplir determinados trámites
(en bancos, instituciones, etc.)
¿Qué es lo que tienen en común
todos los casos?. La respuesta es : el costo de oportunidad.
¿Qué es el costo de oportunidad?
Podríamos comenzar por definir provisoriamente
al costo de oportunidad, como el costo que usted
paga por tomar una decisión determinada... y
no haber tomado otras decisiones alternativas. En
la mayoría de los casos este costo es mensurable;
el caso mas simple es el nro 4 : el hombre que abandona
sus actividades para realizar otras (no lucrativas)y
que incurre en una pérdida. Dos horas de trámites
bancarios significan dos horas sin generar ingresos
(hablemos de profesionales independientes o empresarios,
no de gente asalariada para la cual, perder dos horas
no altera el resultado final que es su sueldo mensual).
Esto no implica que sean dos horas con ingreso cero,
sino que son dos horas con ingresos negativos (pérdidas).
El hombre del ejemplo sacrifica dos horas de ganancia
- como si las abonara de su bolsillo - por incurrir
en otra actividad que no le genera beneficios.
El concepto de costo de oportunidad es bastante simple,
pero sus ramificaciones pueden ser mucho mas complejas.
Cada vez que usted decide y toma un determinado rumbo,
existe un sacrificio de vías, decisiones y beneficios
posibles. En el caso 4, el hombre de los trámites
(salvo que estos deban ser realizados por la misma persona)
podría haber contratado a un cadete o, bien,
enviar a un empleado - cuyo costo horario fuera menor
al suyo - a cubrir dichas actividades mientras que él
permanecía en la suya. No sólo dos horas
de trabajo le permiten reportar ingresos, sino que también
le sirven para cubrir los costos de la decisión
tomada - contratar a alguien para realizar los trámites
- y obtener una ganancia, aunque sea menor, pero sin
incurrir en una pérdida total.
Para llegar al núcleo del concepto de costo
de oportunidad, debemos partir de la posibilidad de
mensurar el costo de su tiempo. Usted (o su empresa,
según el caso donde desee aplicar la premisa)
tienen un ingreso determinado en un lapso de tiempo
(aproximado, promedio, etc.). Desde ese punto de vista,
esos ingresos en X tiempo pueden ser fraccionables o
multiplicables. Y de este modo, usted puede estimar
un ingreso por hora, por día, por semana, o por
el tiempo que desee. Cada vez que usted deje de desarrollar
una tarea para dedicarse a otra - y disponiendo del
cálculo previo de sus ingresos - , usted puede
estimar la pérdida en la que incurre por haber
tomado ese camino alternativo.
El ejemplo del caso 2 es precisamente una muestra de
costo de oportunidad desde dos vías : la primera,
es la del cliente que no desea sacrificar más
de su tiempo en buscar una alternativa de compra menos
costosa. Y la segunda, la de un negocio que explota
una virtud o privilegio - el estar abierto y accesible
las 24 horas -, sabiendo que los clientes potenciales
prefieren abonar más a cambio de evitar pérdidas
de tiempo. Explota el costo de oportunidad de los
potenciales consumidores. Este concepto de brindar
eficiencia, comodidad, accesibilidad a un costo superior
es la premisa básica de una inmensa mayoría
de servicios (las cadenas de cobro de servicios e impuestos,
las cadenas de farmacias abiertas las 24 horas, los
delivery, etc.) que saben que las esperas (o los tiempos
para cubrir distancias) representan dinero.
Pero, si bien el concepto mismo involucra la palabra
costo (y en un principio, debería relacionarse
con todo lo mensurable), es posible relacionarlo con
el concepto de calidad. La gente no siempre adquiere
los bienes o servicios más económicos,
sino que elige intermedios o los más caros. Cuando
una persona decide comprar un bien (o servicio) de precio
medio o alto en vez del barato, es porque su perspectiva
va más alla del corto plazo. Asume que abonar
un sobre precio le implicará a futuro menores
(o ningun) dolor de cabeza. Si compra un bien más
caro que el básico, es porque asume que no se
romperá, que gastará menos en el futuro
en service del mismo... que el sobreprecio inicial
redundará en un ahorro de costos a mediano y
largo plazo (que es lo que debería ocurrir siempre,
salvo que el bien no posea controles de calidad adecuados,
el precio sea caprichoso, o bien forme parte de una
estrategia comercial de diferenciación pero sin
el respaldo de calidad debido para el importe de venta).
La gente abona más, pensando en seguridad, estabilidad
y, especialmente, calidad.
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Costo, calidad... ¿por que no eficiencia?.
Eficiencia y calidad no son necesariamente la misma cosa.
Usted puede comprar un ventilador barato chino; puede
comprar un ventilador de oro y piedras preciosas hecho
en Suiza; o simplemente puede comprar un buen ventilador
que tire aire con potencia (y tenga un precio intermedio).
Como todo en la vida, existen los extremos y los intermedios.
Ni lo precario ni lo más caro representa lo mejor...
o lo que usted realmente precisa. Cada vez que usted
decide, deja a su vez de tomar otras decisiones. Y cuando
decide, en la ecuación ingresan muchas variables,
pero el objetivo final es que usted debe decidir por lo
que usted realmente necesita. Lo mejor no siempre es
lo óptimo, o lo que usted requiere. Si dispone
de medios, el abanico de alternativas estará a
su disposición por completo - no hay limites para
su toma de decisiones -, y cada opción tendrá
sus beneficios y desventajas, pero debe primar el objetivo
de la decisión : ¿por qué estoy
decidiendo esto?; ¿por cuáles circunstancias
he llegado a esta instancia en que debo decidir?.
El costo de oportunidad es una herramienta lógica
que ayuda a la toma de decisiones, pero de ningún
modo debe tomarse como una política rectora de
nuestras acciones. Es un elemento decisorio más
que debe tenerse en cuenta. En el caso de los ventiladores
(el barato, el de oro, el funcional), usted puede perfectamente
decidirse por el económico, sabiendo que tendrá
una vida útil corta - eventualmente - y estimando
que, cuando se rompa, su situación económica
futura será mejor para acceder a un ventilador
de mejor calidad. Sabe los riesgos, y decide tomar una
opción que resulte provisoria. Quizás
lo haga porque, con la diferencia de precio de compra,
usted puede adquirir más bienes. Y, de ser así,
lo que usted ha sopesado es que debe tomar una decisión
eficiente para este momento. Otras decisiones quizás
le hubieran salido mas costosas ahora (y con un ahorro
de pérdidas al futuro) pero, al día de
hoy, esta decisión es la que le ha reportado
mayores beneficios. Ha entendido que, en este momento,
ha optado por el camino más eficiente de acuerdo
a sus recursos.
Costo, calidad, eficiencia. Veamos el caso 1 : obviamente
existen muchos factores que pueden influir en una decisión
así (trabajar y no estudiar), pero establezcamos
un escenario en el cual todos los factores son positivos
(un escenario ideal de decisión). Por ejemplo,
que la decisión es meditada y libre de presiones
(costo de la vida, costo de los estudios, etc.). Decidir
ese camino - trabajo - y no acceder a una carrera universitaria
implica en el futuro, tener un ingreso menor. O no.
Si la persona decide que es buena en su trabajo y puede
progresar en él, abandonando la idea de la carrera
universitaria, entonces es una decisión mejor
que lo que a simple viste parece. Las personas rinden
mucho más en aquello que disfrutan y entienden,
son más eficientes y progresan. Existe el costo
de oportunidad - todos los ingresos y nivel de vida
que se podría alcanzar a través de un
estudio universitario -, pero esos objetivos pueden
ser alcanzados por otras vías - como la de realizar
un trabajo acorde al talento del individuo, con posibilidades
de expandirse y crecer a nivel personal / monetario
/ etc -.
El proceso de toma de decisiones
Es que, en realidad, el costo de oportunidad es un ingrediente
más de la compleja receta que involucra una toma
de decisiones eficiente. ¿Cuál es la
mejor decisión?. La que está mejor pensada
(y fundamentada). Las malas decisiones son aquellas
en las cuales usted no pensó (no consideró
alternativas, no averiguó mayores datos). Que es
diferente a tomar decisiones erróneas. Si usted
en un determinado momento, consideró todas las
alternativas y optó por una (y las cosas salieron
mal), no ha tomado una mala decisión. En ese momento,
usted estimó que esa era la mejor vía para
resolver el acertijo. Eso es muy diferente a considerar
poco y nada a la hora de decidir.
El tema está en armar un esquema mental de consideraciones;
una serie de cuestionarios y procedimientos que establezcan
las premisas básicas para evaluar y tomar la
decisión que, en ese momento, consideremos correcta.
Considerar las pérdidas posibles por tomar otras
decisiones (y la presente), definir qué es lo
que resulta adecuado para nosotros - a este momento
y a futuro -, medir los recursos y el impacto de la
decisión... resolver el problema con la mayor
o mejor ganancia y el menor costo posible, pero que
satisfaga de modo eficiente las necesidades.
Incluso el no decidir es una decisión
: es el caso del punto 3. Cuando una empresa o negocio
no innova y se mantiene firme en una determinada política
comercial, incurre en costos de oportunidad. No aplica
o evalúa otros caminos que pueden llevar a una
mayor o menor ganancia. Lamentablemente en Argentina
existen demasiados casos de estos. El estatismo suele
darse porque... la gente no considera, siquiera, alternativas.
Mantener el status quo (si esto ahora reporta
ganancias,¿para qué alterarlo?) es caer
en la rutina de la inercia. La operatoria comercial
ocurre porque alguien, en algun momento, la creó
así, y funciona maquinalmente. Y eso implica
el atrofiamiento de los músculos decisorios,
que es lo peor que puede pasar, ya que cuando se alteran
las condiciones de mercado (crisis en la economía,
cambios de gustos de la gente, nuevas tecnologías
aplicadas por la competencia), los empresarios no están
capacitados para reaccionar.
En todo momento se debe innovar; siempre hay que correr
riesgos, siempre hay que estar decidiendo y siempre
hay que estar fijando políticas comerciales.
Lo que funciona de una manera hoy, mañana
debe funcionar de modo más eficiente. Siempre
hay que evaluar otros caminos (y el costo de ellos),
de modo de formar planes y vias alternativas. Y, si
surgieran emergencias, tener previstas variantes de
los esquemas comerciales presentes.
El mayor problema de la inmensa mayoría del
empresariado (en especial, el pyme) está en que
no se plantea caminos alternativos. Siguen fijos hacia
un determinado objetivo sin ver a los costados. Parte
de esto tiene que ver con la comodidad de la rutina,
con el miedo al cambio, con la rigidez de los esquemas
mentales y con la falta de ejercicio en la toma de decisiones.
Si usted plantea instalar una heladería en vez
de una mercería, usted ha evaluado el costo de
oportunidad de dicha decisión (ingresos, costos).
Si usted decide mantener a heladería abierta
todo el año o cerrarla en invierno, es porque
usted ha sopesado los pros y contras (cubrir los costos
fijos con una minima ganancia o soportar sus pérdidas
ante la falta de ingresos). Si usted decide vender helado
industrializado o helado artesanal es porque ha considerado
sus implicancias a nivel comercial (prestigio, nivel
adquisitivo de los clientes, mayores ingresos pero mayores
costos). Usted elige instalarla en el centro o en el
barrio. Si usted gana dinero, elige comprar una casa
o abrir sucursales de su negocio. Usted decide manejar
el negocio de modo personalista, o crear un cuerpo de
subalternos capacitados, que eventualmente sean sus
lugartenientes en las sucursales. Cada decisión
marca un rumbo, a su vez es la pérdida de uno
o varios caminos alternativos. Y como una casa,
son ladrillos sobre los cuales usted va apoyando otros
para seguir construyendo. Si los cimientos están
mal diseñados, la casa se derrumbará.
Si están bien construidos, no sólo la
construcción se mantendrá, sino que también
le irá brindado nuevas alternativas (construir
más habitaciones que las pensadas inicialmente,
hacer varios pisos). Si usted utiliza un buen esquema
decisorio, las oportunidades tenderán a generarse
por sí solas (la inercia de la eficiencia).
Pero, lamentablemente, no todos razonan del mismo modo,
y muchas veces se toman decisiones sin pensar, simplemente
porque asumiendo que si todos - en un determinado rubro
- han hecho lo mismo, es porque está bien y es
una verdad indiscutible.
Cualquier premisa comercial debe ser cuestionada,
y debe buscarse la forma de hacerla más eficiente
y rentable. No existen verdades absolutas, sino
el mejoramiento de ideas y la busqueda de nuevos caminos.
El tema es que muy pocos piensan diferente (o se animan
a pensar diferente), pergueñando alternativas
o probando nuevas maneras de hacer una cosa. Quizás
pase por un tema sicológico - las personas
precisan una base de premisas inalterables para sentirse
seguras -. Pero lo cierto es que usted debe pensar
siempre en innovar, en caminos alternativos, y en cómo
medir el impacto de estos. Cuando el joven decide ser
independiente y no profesional universitario (sin limites
de horarios de trabajo ni de ingresos posibles), cuando
la persona decide no gastar en tiempo ni nafta para
buscar una tienda más económica que la
que tiene enfrente, cuando un negocio decide probar
nuevas políticas comerciales para aumentar sus
ingresos (o disminuír sus costos), o cuando el
profesional decide enviar a un cadete para que haga
sus trámites particulares, ... todos ellos han
medido variantes y riesgos, beneficios y costos, la
eficiencia de los métodos, y han tomado buenas
decisiones por una razón muy simple : su conclusión
está ampliamente fundamentada por una serie de
razonamientos y medición de consecuencias (reales
y posibles). Es muy probable que, a futuro, haya consecuencias
imprevistas o que el plan no resulte como el esperado
(es imposible prever todas las variables, especialmente
aquellas que no dependen de nosotros). Pero, al momento
de la toma de decisiones, estas resultaron las mejores
con la información, experiencia y consideraciones
que se disponían al día de hoy. |