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Por Alejandro Franco / e-mail: info@datacraft.com.ar
Veamos una serie de ejemplos :
1 - un joven decide trabajar en vez de
continuar una carrera universitaria
2 - una persona decide adquirir mercaderías
a altas horas de la noche en un negocio abierto las 24 horas, aún
sabiendo que el precio que abonará es más caro.
3 - un negocio mantiene invariablemente
su política de ventas a lo largo del tiempo
4 - un hombre deja sus actividades por
un lapso de dos horas para cumplir determinados trámites
(en bancos, instituciones, etc.)
¿Qué es lo que tienen en común
todos los casos?. La respuesta es : el costo de oportunidad.
¿Qué es el costo de oportunidad?
Podríamos comenzar por definir provisoriamente
al costo de oportunidad, como el costo que usted paga por tomar
una decisión determinada... y no haber tomado otras decisiones
alternativas. En la mayoría de los casos este costo es
mensurable; el caso mas simple es el nro 4 : el hombre que abandona
sus actividades para realizar otras (no lucrativas)y que incurre
en una pérdida. Dos horas de trámites bancarios significan
dos horas sin generar ingresos (hablemos de profesionales independientes
o empresarios, no de gente asalariada para la cual, perder dos horas
no altera el resultado final que es su sueldo mensual). Esto
no implica que sean dos horas con ingreso cero, sino que son dos
horas con ingresos negativos (pérdidas). El hombre del ejemplo
sacrifica dos horas de ganancia - como si las abonara de su bolsillo
- por incurrir en otra actividad que no le genera beneficios.
El concepto de costo de oportunidad es bastante
simple, pero sus ramificaciones pueden ser mucho mas complejas.
Cada vez que usted decide y toma un determinado rumbo, existe un
sacrificio de vías, decisiones y beneficios posibles. En
el caso 4, el hombre de los trámites (salvo que estos deban
ser realizados por la misma persona) podría haber contratado
a un cadete o, bien, enviar a un empleado - cuyo costo horario fuera
menor al suyo - a cubrir dichas actividades mientras que él
permanecía en la suya. No sólo dos horas de trabajo
le permiten reportar ingresos, sino que también le sirven
para cubrir los costos de la decisión tomada - contratar
a alguien para realizar los trámites - y obtener una ganancia,
aunque sea menor, pero sin incurrir en una pérdida total.
Para llegar al núcleo del concepto
de costo de oportunidad, debemos partir de la posibilidad de mensurar
el costo de su tiempo. Usted (o su empresa, según el
caso donde desee aplicar la premisa) tienen un ingreso determinado
en un lapso de tiempo (aproximado, promedio, etc.). Desde ese punto
de vista, esos ingresos en X tiempo pueden ser fraccionables o multiplicables.
Y de este modo, usted puede estimar un ingreso por hora, por día,
por semana, o por el tiempo que desee. Cada vez que usted deje de
desarrollar una tarea para dedicarse a otra - y disponiendo del
cálculo previo de sus ingresos - , usted puede estimar la
pérdida en la que incurre por haber tomado ese camino alternativo.
El ejemplo del caso 2 es precisamente una
muestra de costo de oportunidad desde dos vías : la primera,
es la del cliente que no desea sacrificar más de su tiempo
en buscar una alternativa de compra menos costosa. Y la segunda,
la de un negocio que explota una virtud o privilegio - el estar
abierto y accesible las 24 horas -, sabiendo que los clientes potenciales
prefieren abonar más a cambio de evitar pérdidas de
tiempo. Explota el costo de oportunidad de los potenciales consumidores.
Este concepto de brindar eficiencia, comodidad, accesibilidad a
un costo superior es la premisa básica de una inmensa mayoría
de servicios (las cadenas de cobro de servicios e impuestos, las
cadenas de farmacias abiertas las 24 horas, los delivery, etc.)
que saben que las esperas (o los tiempos para cubrir distancias)
representan dinero.
Pero, si bien el concepto mismo involucra
la palabra costo (y en un principio, debería relacionarse
con todo lo mensurable), es posible relacionarlo con el concepto
de calidad. La gente no siempre adquiere los bienes o servicios
más económicos, sino que elige intermedios o los más
caros. Cuando una persona decide comprar un bien (o servicio) de
precio medio o alto en vez del barato, es porque su perspectiva
va más alla del corto plazo. Asume que abonar un sobre precio
le implicará a futuro menores (o ningun) dolor de cabeza.
Si compra un bien más caro que el básico, es porque
asume que no se romperá, que gastará menos en el futuro
en service del mismo... que el sobreprecio inicial redundará
en un ahorro de costos a mediano y largo plazo (que es lo que debería
ocurrir siempre, salvo que el bien no posea controles de calidad
adecuados, el precio sea caprichoso, o bien forme parte de una estrategia
comercial de diferenciación pero sin el respaldo de calidad
debido para el importe de venta). La gente abona más, pensando
en seguridad, estabilidad y, especialmente, calidad.
Costo, calidad... ¿por que no eficiencia?.
Eficiencia y calidad no son necesariamente la misma cosa. Usted
puede comprar un ventilador barato chino; puede comprar un ventilador
de oro y piedras preciosas hecho en Suiza; o simplemente puede comprar
un buen ventilador que tire aire con potencia (y tenga un precio
intermedio). Como todo en la vida, existen los extremos y los intermedios.
Ni lo precario ni lo más caro representa lo mejor... o lo
que usted realmente precisa. Cada vez que usted decide, deja
a su vez de tomar otras decisiones. Y cuando decide, en la ecuación
ingresan muchas variables, pero el objetivo final es que usted debe
decidir por lo que usted realmente necesita. Lo mejor no siempre
es lo óptimo, o lo que usted requiere. Si dispone de
medios, el abanico de alternativas estará a su disposición
por completo - no hay limites para su toma de decisiones -, y cada
opción tendrá sus beneficios y desventajas, pero debe
primar el objetivo de la decisión : ¿por qué
estoy decidiendo esto?; ¿por cuáles circunstancias
he llegado a esta instancia en que debo decidir?.
El costo de oportunidad es una herramienta
lógica que ayuda a la toma de decisiones, pero de ningún
modo debe tomarse como una política rectora de nuestras acciones.
Es un elemento decisorio más que debe tenerse en cuenta.
En el caso de los ventiladores (el barato, el de oro, el funcional),
usted puede perfectamente decidirse por el económico, sabiendo
que tendrá una vida útil corta - eventualmente - y
estimando que, cuando se rompa, su situación económica
futura será mejor para acceder a un ventilador de mejor calidad.
Sabe los riesgos, y decide tomar una opción que resulte provisoria.
Quizás lo haga porque, con la diferencia de precio de compra,
usted puede adquirir más bienes. Y, de ser así, lo
que usted ha sopesado es que debe tomar una decisión eficiente
para este momento. Otras decisiones quizás le hubieran salido
mas costosas ahora (y con un ahorro de pérdidas al futuro)
pero, al día de hoy, esta decisión es la que le ha
reportado mayores beneficios. Ha entendido que, en este momento,
ha optado por el camino más eficiente de acuerdo a sus recursos.
Costo, calidad, eficiencia. Veamos el caso
1 : obviamente existen muchos factores que pueden influir en una
decisión así (trabajar y no estudiar), pero establezcamos
un escenario en el cual todos los factores son positivos (un escenario
ideal de decisión). Por ejemplo, que la decisión es
meditada y libre de presiones (costo de la vida, costo de los estudios,
etc.). Decidir ese camino - trabajo - y no acceder a una carrera
universitaria implica en el futuro, tener un ingreso menor. O no.
Si la persona decide que es buena en su trabajo y puede progresar
en él, abandonando la idea de la carrera universitaria, entonces
es una decisión mejor que lo que a simple viste parece. Las
personas rinden mucho más en aquello que disfrutan y entienden,
son más eficientes y progresan. Existe el costo de oportunidad
- todos los ingresos y nivel de vida que se podría alcanzar
a través de un estudio universitario -, pero esos objetivos
pueden ser alcanzados por otras vías - como la de realizar
un trabajo acorde al talento del individuo, con posibilidades de
expandirse y crecer a nivel personal / monetario / etc -.
El proceso de toma de decisiones
Es que, en realidad, el costo de oportunidad
es un ingrediente más de la compleja receta que involucra
una toma de decisiones eficiente. ¿Cuál es la mejor
decisión?. La que está mejor pensada (y fundamentada).
Las malas decisiones son aquellas en las cuales usted no pensó
(no consideró alternativas, no averiguó mayores datos).
Que es diferente a tomar decisiones erróneas. Si usted en
un determinado momento, consideró todas las alternativas
y optó por una (y las cosas salieron mal), no ha tomado una
mala decisión. En ese momento, usted estimó que esa
era la mejor vía para resolver el acertijo. Eso es muy diferente
a considerar poco y nada a la hora de decidir.
El tema está en armar un esquema mental
de consideraciones; una serie de cuestionarios y procedimientos
que establezcan las premisas básicas para evaluar y tomar
la decisión que, en ese momento, consideremos correcta. Considerar
las pérdidas posibles por tomar otras decisiones (y la presente),
definir qué es lo que resulta adecuado para nosotros - a
este momento y a futuro -, medir los recursos y el impacto de la
decisión... resolver el problema con la mayor o mejor ganancia
y el menor costo posible, pero que satisfaga de modo eficiente las
necesidades.
Incluso el no decidir es una decisión
: es el caso del punto 3. Cuando una empresa o negocio no innova
y se mantiene firme en una determinada política comercial,
incurre en costos de oportunidad. No aplica o evalúa otros
caminos que pueden llevar a una mayor o menor ganancia. Lamentablemente
en Argentina existen demasiados casos de estos. El estatismo suele
darse porque... la gente no considera, siquiera, alternativas. Mantener
el status quo (si esto ahora reporta ganancias,¿para
qué alterarlo?) es caer en la rutina de la inercia. La operatoria
comercial ocurre porque alguien, en algun momento, la creó
así, y funciona maquinalmente. Y eso implica el atrofiamiento
de los músculos decisorios, que es lo peor que puede pasar,
ya que cuando se alteran las condiciones de mercado (crisis en la
economía, cambios de gustos de la gente, nuevas tecnologías
aplicadas por la competencia), los empresarios no están capacitados
para reaccionar.
En todo momento se debe innovar; siempre
hay que correr riesgos, siempre hay que estar decidiendo y siempre
hay que estar fijando políticas comerciales. Lo que funciona
de una manera hoy, mañana debe funcionar de modo más
eficiente. Siempre hay que evaluar otros caminos (y el costo
de ellos), de modo de formar planes y vias alternativas. Y, si surgieran
emergencias, tener previstas variantes de los esquemas comerciales
presentes.
El mayor problema de la inmensa mayoría
del empresariado (en especial, el pyme) está en que no se
plantea caminos alternativos. Siguen fijos hacia un determinado
objetivo sin ver a los costados. Parte de esto tiene que ver con
la comodidad de la rutina, con el miedo al cambio, con la rigidez
de los esquemas mentales y con la falta de ejercicio en la toma
de decisiones. Si usted plantea instalar una heladería en
vez de una mercería, usted ha evaluado el costo de oportunidad
de dicha decisión (ingresos, costos). Si usted decide mantener
a heladería abierta todo el año o cerrarla en invierno,
es porque usted ha sopesado los pros y contras (cubrir los costos
fijos con una minima ganancia o soportar sus pérdidas ante
la falta de ingresos). Si usted decide vender helado industrializado
o helado artesanal es porque ha considerado sus implicancias a nivel
comercial (prestigio, nivel adquisitivo de los clientes, mayores
ingresos pero mayores costos). Usted elige instalarla en el centro
o en el barrio. Si usted gana dinero, elige comprar una casa o abrir
sucursales de su negocio. Usted decide manejar el negocio de modo
personalista, o crear un cuerpo de subalternos capacitados, que
eventualmente sean sus lugartenientes en las sucursales. Cada
decisión marca un rumbo, a su vez es la pérdida de
uno o varios caminos alternativos. Y como una casa, son ladrillos
sobre los cuales usted va apoyando otros para seguir construyendo.
Si los cimientos están mal diseñados, la casa se derrumbará.
Si están bien construidos, no sólo la construcción
se mantendrá, sino que también le irá brindado
nuevas alternativas (construir más habitaciones que las pensadas
inicialmente, hacer varios pisos). Si usted utiliza un buen esquema
decisorio, las oportunidades tenderán a generarse por sí
solas (la inercia de la eficiencia). Pero, lamentablemente,
no todos razonan del mismo modo, y muchas veces se toman decisiones
sin pensar, simplemente porque asumiendo que si todos - en un determinado
rubro - han hecho lo mismo, es porque está bien y es una
verdad indiscutible.
Cualquier premisa comercial debe ser cuestionada,
y debe buscarse la forma de hacerla más eficiente y rentable.
No existen verdades absolutas, sino el mejoramiento de ideas y la
busqueda de nuevos caminos. El tema es que muy pocos piensan diferente
(o se animan a pensar diferente), pergueñando alternativas
o probando nuevas maneras de hacer una cosa. Quizás pase
por un tema sicológico - las personas precisan una base
de premisas inalterables para sentirse seguras -. Pero lo cierto
es que usted debe pensar siempre en innovar, en caminos alternativos,
y en cómo medir el impacto de estos. Cuando el joven decide
ser independiente y no profesional universitario (sin limites de
horarios de trabajo ni de ingresos posibles), cuando la persona
decide no gastar en tiempo ni nafta para buscar una tienda más
económica que la que tiene enfrente, cuando un negocio decide
probar nuevas políticas comerciales para aumentar sus ingresos
(o disminuír sus costos), o cuando el profesional decide
enviar a un cadete para que haga sus trámites particulares,
... todos ellos han medido variantes y riesgos, beneficios y costos,
la eficiencia de los métodos, y han tomado buenas decisiones
por una razón muy simple : su conclusión está
ampliamente fundamentada por una serie de razonamientos y medición
de consecuencias (reales y posibles). Es muy probable que, a futuro,
haya consecuencias imprevistas o que el plan no resulte como el
esperado (es imposible prever todas las variables, especialmente
aquellas que no dependen de nosotros). Pero, al momento de la toma
de decisiones, estas resultaron las mejores con la información,
experiencia y consideraciones que se disponían al día
de hoy. |