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Hoy me desperté
sobresaltado. Había tenido un sueño
inspirador, de esos que me dejan la cabeza caliente
y llena de inquietudes. Me encontraba a mí
mismo en companía de unos amigos, quienes
me decían que no había llegado un
consejero que habían solicitado para su
hijo. Verán: el chico tenía ganas
de lanzarse a crear su propio negocio, y quería
que alguien con experiencia le hablara cómo
formarlo, cómo organizarlo, redondear las
ideas de cómo encararlo.
Me encontré a mí mismo hablándole
al chico y dándole una perorata de aquellas.
El primer consejo es que desistiera de hacer cualquier
tipo de negocio si él mismo no podía
darse maña para resolver los problemas
iniciales del emprendimiento que quería
lanzar. Una cosa es solicitar el asesoramiento
de especialistas legales, contables, etc para
resolver cuestiones técnicas que están
fuera del ámbito que uno maneja - que
es el negocio en sí -, y la otra es
pedir a alguien que le dé todo armado para
una empresita que quiere formar con el
montón de dinero que tiene de antemano
en su bolsillo. Porque tener un capital de
inicio importante no le convierte necesariamente
en un emprendedor con posibilidades de éxito.
Muchos empresarios exitosos comenzaron con una
mano atrás y otra adelante, y tan sólo
guiados por una idea excitante y única
que se les había ocurrido.
Lo primero que se me vino a la mente es que
el ADN de Michelangelo no se puede transmitir
a través de una transfusión de sangre.
Tener talento para los negocios es algo innato,
y se basa en una cuestión de sagacidad.
Uno tiene que tener una idea - que puede ser
revolucionaria o simplemente standard, pero a
la cual se la va a encarar con un enfoque diferente
a lo usual -, tiene que tener empuje para
lidiar con los problemas que se van presentando,
y tiene que tener ingenio para irlos resolviendo.
El emprendedor de raza es un tipo que
desea el control total de su negocio: es por ello
que no delega en otros lo que él mismo
puede resolver. Y cuando se trata de un tema
que no maneja, prefiere darle ordenes al especialista
antes de dejar que éste implemente lo que
deba basándose en su criterio profesional.
Es muy simple: el emprendedor no hace todo lo
que dice el médico, sino que toma al médico
como si fuera un empleado especializado suyo -
lo cual es cierto - y, en base a las opciones
de decisión que le dá el médico,
marca los caminos a seguir.
El segundo punto - y quizás uno
de los más importantes - es la inquietud.
El emprendedor de raza nunca se queda con lo
establecido. El hombre busca, prueba, se da
contra un muro, retrocede y busca el camino alternativo.
Yo siempre comento lo mismo: he conocido a mucha
gente que ha juntado, con gran sacrificio, unos
dineros y se ha puesto un almacén de barrio.
Y, a los cuatro años, ha bajado las persianas.
Han decidido copiar un modelo de negocios tradicional
y han pensado que, por el solo hecho de seguirlo
a rajatabla, prosperarán (o no) de acuerdo
a una serie de factores externos que van desde
la suerte hasta la calle donde está instalado
y la situación económica del país.
Hubiera sido preferible que se ahorraran el dinero
y que buscaran otro tipo de ingreso - quizás,
como empleados en un trabajo tradicional -
en vez de arriesgar en algo para lo cual no tienen
idea. En ningún momento innovaron o
tomaron decisiones arriesgadas. En cambio,
conozco a otro emprendedor "barrial"
que, al menos, va por el buen camino. Este hombre
comenzó con una verdulería de barrio
y le fue mas o menos bien. Decidió expandirse
y salió a proponerle a los supermercados
chinos del barrio que él se encargaba de
sus respectivas verdulerías. Surgió
la oportunidad pero también surgió
uno de los inconvenientes más graves que
suele presentársele a los emprendedores
en expansión - el tema de cómo
formar lugartenientes, subordinados capaces y
honestos que sigan el lineamiento general del
proyecto y que no atenten contra él -
y, debido a ello, tuvo que cerrar en pocos meses
su "sucursal". Pero el verdulero no
se conformó con el fracaso: trajo una heladera
y armó una pollería en su negocio,
sumándola a la verdulería que ya
poseía. No sólo vendía pollo
sino sus derivados - milanesas, hamburguesas,
embutidos, etc -, y siguió expandiéndose.
Instaló un aire acondicionado y, en plena
tarde de verano, su negocio estaba abarrotado
de gente. Y si a eso le sumamos que sus horarios
de atención al público eran extremadamente
largos (hasta las 21.30 hs), pronto se descubrió
a sí mismo en una situación de prosperidad.
Había encontrado el camino correcto.
Ser un emprendedor exitoso no significa ser
un Donald Trump en potencia. Sólo un
0.01 % de los emprendedores puede llegar a tener
un negocio global exitoso del tipo Microsoft,
Apple o Ebay, y en dichos casos el
nivel alcanzado depende de la conjunción
de una serie de condiciones excepcionales -
la situación adecuada, el momento justo,
la idea brillante, el genio detrás de la
idea, capaz de manejarla, implementarla y expandirla,
etc -. El resto de ellos puede considerarse
exitoso si logran implementar su idea y vivir
de ella con comodidad. Se aplica tanto al caso
de mi amigo el verdulero como al dueño
de una cadena de supermercados establecida desde
hace 20 años y que posee perspectivas de
expandirse. Lo que importa es la permanencia -
que usted pueda vivir de su emprendimiento
varios años después de haberlo fundado,
sin perspectiva de cierre o de problemas terminales
- y la voluntad de cambio. Esa electricidad interna
que nos dice que lo que hay siempre puede mejorarse,
y que nos hace disparar ideas nuevas cuando vemos
algo que nos inspira. |