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En repetidas ocasiones, al hablar con altos directivos
de las empresas familiares de Latinoamérica, he
encontrado que en este tipo de organizaciones no existe
una estrategia clara, explícita y conocida por
todo el cuerpo directivo y sus colaboradores.
Una de las características de las empresas familiares
es la concentración del poder en pocos propietarios
y el hecho de que éstos suelen trabajar como
directivos en la organización los hace más
propensos a caer en las obligaciones del día
a día y no a pensar en una estrategia que impulse
el crecimiento de la empresa, lo cual se facilita mucho
con la instauración de una Junta Directiva.
Hace un par de años conocí una empresa
en la que el propietario-directivo le indicaba al resto
de la organización lo que debía hacer
siguiendo un instinto que le permitió alcanzar
muchos triunfos. Esta persona no creía en los
beneficios de una Junta Directiva y siempre decía
que esto era para grandes organizaciones y no para las
pequeñas empresas.
Cinco años después de realizar mensualmente
sesiones de Junta Directiva con externos independientes
de diferentes sectores y amplia trayectoria, así
como de realizar ejercicios de planeación estratégica
con sus directivos, su patrimonio logró quintuplicarse.
El sector en el que se encontraba esta empresa no sólo
tenía oportunidades de crecimiento en su actividad
comercial sino también había una coyuntura
que permitía realizar una integración
vertical. La Junta Directiva identificó estas
oportunidades y como resultado se obtuvo este sorprendente
crecimiento.
En ocasiones he visto que las mejores ideas respecto a
nuevos productos surgen desde los colaboradores que atienden
a los clientes, puesto que ellos son quienes conocen de
cerca las necesidades del mercado, por esto es tan importante
abrir canales de comunicación en doble vía,
tanto para informarles la estrategia, como para que ellos
aporten en su mejora continua.
También conozco otros casos en que estas valiosas
ideas se terminan desvaneciendo en los pasillos, desmotivando
a aquellos que tienen iniciativa o haciendo que se adapten
a una burocracia en la que no están informados
del norte a seguir en la empresa y se limitan a cumplir
sus obligaciones en cargos vitalicios.
Como vemos las empresas pueden funcionar sin problemas
en el corto plazo sin una estrategia, aunque en el largo
plazo se corre el riesgo de estancarse y de gastar valiosos
recursos en el día a día, que podrían
ser invertidos estratégicamente para obtener
mejores beneficios y hacer crecer a la organización.
Cuando hay una estrategia conocida por todos y que se
adapta a los cambios del entorno, las empresas comienzan
a generar una cultura de dinamismo, con equipos de trabajo
que estimulan la innovación en las personas.
Estás características han sido identificadas
en las empresas familiares exitosas. Espero que sus
compañías puedan hacer parte de este selecto
grupo. |