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El creador o sus herederos llevan el tema de los RRHH
a la vieja usanza y aquello de términos como ‘management‘,
‘competencias’, ‘gestión del
talento’,…, suenan a ‘otra dimensión’.
Pero es que el concepto de empresa familiar no tiene
porque ir relacionado con el tamaño. ¿Sabías
que Toyota, Esso, Texaco, IKEA, Banco Santander, son
empresas familiares? ¿En qué se parece
el concepto inicial al de estas organizaciones?
Etimológicamente la idea de empresa familiar
se refiere a que la propiedad o en su defecto, la toma
de decisiones dentro de una organización se transfiere
en lazos generacionales. El padre de Emilio Botín
fundó lo que es el Banco Santander que ahora
dirige él y que probablemente dirigirá
su hija Ana P. Ya son más de 3 generaciones los
que dirigen Toyota.
¿Alguno veía a cualquiera de estas empresas
llevando los RRHH a la antigua usanza?
Y es que el incremento de tamaño dentro de las
organizaciones es un elemento fundamental, que no el
único, para que de verdad se empleen herramientas
propias del management en la gestión de los RRHH.
La aplicación o no del management dentro de una
empresa familiar lo que debe de estar es acompañada
de un cambio de cultura organizacional. Es decir, una
empresa familiar debe de interiorizar que tiene unas
necesidades en la gestión del factor humano que
debe de cubrir y para ello debe de cambiar la forma
en la que lo venía haciendo hasta la fecha.
Si esto no se interioriza y se cree en ello, da igual
que crezca o no de tamaño la organización
que el éxito en la gestión de las personas
no ocurrirá.
En cierta ocasión hablé con el fundador
de una empresa a todas luces familiar con más
de 30 años de vida. El dueño era el presidente,
un hijo el director comercial y una hija la directora
financiera. Empezaron con 10 empleados y ya estaban
con más de 100 y una facturación de 42
millones de euros. Continuaban haciendo las entrevistas
para las incorporaciones ellos mismos, trabajando mucho
con el contacto directo de las recomendaciones de empleados
actuales para sopesar las nuevas incorporaciones. Me
indicaban que buscaban un perfil directivo para ser
la imagen y marca de la empresa en Europa del Este a
niveles institucionales y veían que no encontraban
la persona adecuada.
Mi pregunta inmediata fue: ¿quieres que te busque
una persona o quieres buscarla tú?. Se me quedó
un poco perplejo el presidente de la organización
y se lo explique brevemente. Que tú quieras buscar
un candidato implica que necesitará tú
aprobación, que se adapte a la perfección
a lo que buscas, que se identifique con la organización,
que se comprometa con el proyecto como si fueras tú
mismo. O sea un ‘clon’. Eso en los tiempos
que corren sería buenísimo pero casi imposible
de acometer.
Que te lo busque yo, implica que me dirás que
necesitas (si lo sabes), que habilidades y competencias
debe de tener, que expectativas y funciones se esperan
de ese puesto, cual es su desarrollo profesional o plan
de carrera que se le ofrece y como no, cual es su escala
retributiva. De esa forma yo te intentaré buscar
al candidato ideal.
Me insistió en que era la misma cosa, a lo que
le dije que no. En el primer caso el buscaría la
familiariedad o afinidad, mientras que en el segundo caso
buscaría la objetividad y la profesionalidad. El
decidiría por sensaciones con el candidato más
que por habilidades, mientras que yo le daría un
candidato de forma objetiva más por sus competencias.
Decidimos probar y el resultado fue que le propuse dos
candidatos finales (uno mi preferido y una segunda opción)
y ellos decidieron. Escogieron al primero que les propuse
y hasta la fecha, 6 años después no ha habido
ninguna queja.
Me dijeron a los dos años de este proceso que
ellos hubiesen elegido al segundo, el que no era mi
preferido, porque les daba mejores vibraciones. Podría
haber sido bueno también, no digo que no, pero
mi objetivo era facilitarle la mejor opción.
Tras esa experiencia no han vuelto a seleccionar a
un empleado sin la ayuda externa, ya que ellos no poseen
departamento de RRHH dedicado a selección. ¿Qué
ocurrió?
En esencia, se dieron cuenta de que una empresa familiar
posee ciertas limitaciones en la gestión de los
RRHH, que no se deben de llevar las cosas a la antigua
usanza, para hablar claro. La cultura organizacional
con respecto a los RRHH se fue cambiando (no la de la
organización en tareas productivas) y se adaptaron
a los nuevos aportes del management.
El mayor error está el identificar empresa familiar
con organización tradicional. Esto no tiene porque
pasar. Cierto que el fundador o sus herederos ven la
entrada externa como un ata que a sus competencias,
pero esto es lo que se debe de cambiar. Los aportes
externos son ayudas nunca recortes de autoridad.
Cuando una empresa familiar cambia su cultura organizacional,
lo que consigue es incrementar su profesionalidad y
competitividad sin dejar de ser en esencia una empresa
familiar esto es algo que nunca cambia aunque el management
en RRHH llame a su puerta. |