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"Hay que bajar los precios un 30%", fue la tajante
conclusión de la reunión de directores.
La respuesta no podía esperar. El gerente comercial
había irrumpido en la sala, informando acerca del
último movimiento del principal competidor: una
reducción de precios del 30% en su línea
de productos. Todos los caminos conducían a una
inevitable guerra de precios.
Sin embargo, la información del gerente comercial
no era completa. El competidor efectivamente había
reducido sus precios, pero se trataba de una oferta
por pago anticipado, para agotar el remanente de stock
de una línea de productos que sería discontinuada
en breve.
Al mismo tiempo, el competidor había anunciado
el lanzamiento de una nueva línea, que se posicionaba
incluso un 5% por encima del precio original de la línea
anterior. Sin embargo, cuando la empresa afectada descubrió
estos detalles adicionales, ya era tarde. La guerra
de precios ya había comenzado.
Los riesgos de un diagnóstico
incorrecto
Una investigación realizada por la consultora
Simon-Kucher & Partners, junto a un grupo de escuelas
de negocios, determinó que más de la mitad
de las empresas europeas estuvo involucrada en una guerra
de precios en el año 2009.
El dato curioso es que, en 95% de estos casos, las
empresas declararon que un competidor había sido
el culpable del inicio de las hostilidades.
Pero, ¿realmente siempre la culpa la tiene otro?
Probablemente no. Los errores de diagnóstico,
como hemos visto en el ejemplo, pueden generar una reacción
de precios desmedida, que luego se vuelve muy difícil
de revertir.
Realizar las preguntas adecuadas, en el momento justo,
puede ayudar a prevenir errores de lectura de la situación,
evitando lamentables consecuencias.
Entonces, antes de reaccionar, es
conveniente indagar los siguientes aspectos:
- ¿El nuevo precio es una
condición de venta permanente o se trata sólo
de una liquidación u oferta temporaria o limitada?
- ¿El competidor está
enfocado en el mismo segmento de clientes?
- ¿La reducción ha
sido generalizada o sólo afecta a una parte
de los clientes, regiones o productos?
- ¿La acción de precios
ha sido acompañada de recortes de servicios
de valor agregado o restricciones en las condiciones
de pago?
Los recortes de precios y sus
costos
Ante un movimiento de la competencia, las empresas
recurren frecuentemente a los drásticos recortes
de precios. Al fin y al cabo, ésta parece una
respuesta sencilla y efectiva para revertir rápidamente
la caída en las ventas.
Sin embargo, considerando que el precio es la variable
con mayor impacto en los resultados, el costo de defender
un cierto nivel de participación en el mercado,
en general, se realiza a expensas de un gran impacto
negativo en la rentabilidad.
Adicionalmente, se alteran los precios de referencia
de los clientes, quienes no aceptarán fácilmente
retornar al nivel anterior.
En definitiva, todo confirma la profecía que
las guerras de precios "nivelan hacia abajo",
reduciendo la rentabilidad para todas las empresas del
mercado, por un período generalmente sostenido.
¿Cómo evitar
las guerras de precios?
La única manera de "blindar los precios"
consiste en crear una propuesta de valor especial.
Así, al menos dentro de cierto rango, no habrá
precio capaz de tentar a un cliente que percibe que
nuestro producto o servicio excede sus expectativas.
Siempre las empresas más expuestas a una guerra
de precios son aquellas cuyos productos no se encuentran
lo suficientemente diferenciados de lo ofrecido por
los competidores.
La construcción de una sólida marca es
una herramienta muy importante para alcanzar este objetivo.
¿Acaso Rolex se preocupa por la cantidad de relojes
que se ofrecen a precios irrisorios?
¿Cómo enfrentar
una guerra de precios?
Una vez anunciada la importante reducción de
precios de un competidor, particularmente si se trata
de un producto escasamente diferenciado, la empresa
debe asumir que el objetivo será minimizar el
impacto negativo en los resultados, entendiendo que
será imposible neutralizarlo totalmente.
Dentro de las acciones posibles se recomienda evitar
reducciones lisas y llanas de precios.
Una opción es simplemente mantener los precios
sin cambios, aceptando una cierta caída en los
volúmenes, pero minimizando el impacto en los
resultados.
Otra alternativa es elevar el nivel de servicio (por
ejemplo, el servicio al cliente, las condiciones de
entrega, o la garantía) para un precio dado o
bien realizar promociones ligadas a volumen (por ejemplo,
lleve 3, pague 2).
Estas acciones ayudan a minimizar el impacto negativo,
preservando los precios de referencia de los clientes
y resignando una menor porción de margen.
Polémicas contradicciones
La teoría de los juegos permite entender algunos
de los enormes dilemas que enfrentan las empresas inmersas
en guerras de precios.
El hecho más difícil de digerir para
las compañías afectadas es que, adoptando
alguna de las medidas de contención anteriores,
se reducirá el impacto negativo en sus resultados
y se preservará la rentabilidad de todo el mercado.
Sin embargo, esto permitirá que el competidor
que inició el recorte de precios cumpla su objetivo
de expandir su participación de mercado, y quizás
también sus resultados.
En definitiva, quienes se "han portado mal"
no reciben su castigo, dado que aplicarlo (es decir,
imitar la reducción de precios), significaría
deteriorar aún más la situación
de las empresas afectadas.
Por lo tanto, utilizando la lógica de la teoría
de los juegos, aún cuando indirectamente se favorezca
al competidor que inició el recorte de precios,
lo mejor que pueden hacer las empresas afectadas es
explorar medidas alternativas (mantener precios, incrementar
servicio o promociones por cantidad) que minimicen el
impacto en sus propios resultados.
Alguien dijo que la venganza es el placer de los dioses,
aunque en materia de precios suele ser un placer demasiado
caro. |