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Por Alejandro Franco : mail : info@datacraft.com.ar
Lanzar nuevos productos (o servicios) es siempre, para una empresa,
un acontecimiento.
Sin embargo, no siempre los lanzamientos son exitosos. Especialmente
si se tratan de productos revolucionarios o totalmente nuevos en
el mercado. Su empresa puede apoyarse en el trabajo de innumerables
asesores de calidad, o de estudios de mercado impresionantes, y
aún así fallar el elemento más importante en
la ecuación, que es la lógica. Datos, estadísticas,
números... no aseguran siempre el éxito de un lanzamiento.
¿Por qué fallan los lanzamientos
de productos?
Hay muchas razones por las cuales un producto exitoso "en
laboratorio" fracasa al llegar a la calle. Uno de los problemas
suele ser la marca : si se trata de un producto realmente diferente
a los que su empresa produce, su marca tiene asociada una imagen
que no se condice con lo que usted desea comercializar. Dicho de
otro modo, si los usuarios tienen asociado su marca a una linea
específica de productos y usted lanza otro totalmente distinto
bajo el paraguas de dicha marca, el efecto puede ser todo lo contrario.
Su marca puede ser popular, pero la idea que se han hecho los usuarios
de la misma no es la apropiada para un producto totalmente distinto.
Por ejemplo, Toyota ha asociado su marca al concepto de productos
de clase media, confiables y utilitarios. Cuando decidió
lanzar sus productos de lujo, decidió no caer bajo el paraguas
de su marca habitual, sino que creó una (Lexus), y
tuvo que trabajar en crear la nueva imagen.
Esto suele darse por lo que se denomina en marketing, ocupar
un lugar en la mente del consumidor. Toyota había
ocupado un lugar en la mente de los clientes, se había asociado
a una serie de conceptos. Intentar ampliar esos conceptos (Toyota
es sinónimo de...) con el de autos de lujo, sería
contraproducente. Perdería tanto lo ganado por Toyota
para posicionarse "mentalmente" como lo que costaría
- y seguramente fallaría - lanzar y vender autos de lujo
bajo el mismo signo. Por ello es también que muchas multinacionales
compran empresas locales y mantienen su nombre y sus marcas : ya
tienen un lugar ganado en la mente del público. Decir que
la galletita X pasa a llamarse galletita Y no sólo es un
error de marketing y confunde al publico; es también una
pérdida de dinero porque mata una marca que ya era
conocida entre los consumidores.
Pero no sólo hay una cuestión de imágenes,
marcas y conceptos asociados a ellas; también está
el tema de que el mercado comprenda de qué se trata. La
marca debe representar al producto y, en muchos casos, si se trata
de algo realmente novedoso, debe demostrarse para qué sirve.
Incluso en mercados selectos, cuando se apunta a una clientela realmente
inteligente - por ejemplo, los sectores de negocios, el management
-, a pesar de que el público es reducido y capacitado, la
comprensión de las bondades del producto no suelen asimilarse
a menos que se haga una demostración del mismo. Los americanos
suelen resolver este tema, haciendo tours de demostración
de sus productos : como veremos en los ejemplos que citaremos, existen
casos en que la gente entiende la idea pero no se le ocurren otros
usos - si no se lo demuestran -; y en otros casos, se trata del
interlocutor de ventas - la gente compra la idea si se la demuestra
un par -. En este último caso, es clarísimo el ejemplo
de Tupperware, donde las amas de casa se encargan de vender
a sus pares, demostrándole todas las utilidades posibles
de un recipiente hermético.
También existen ejemplos de ideas brillantes que fracasan
de entrada, y que sólo la tenacidad de los empresarios -
el convencimiento de que se trata de una buena idea - consigue,
con el tiempo y el esfuerzo, encontrar la vía real de cómo
comercializar dichos productos. Veremos a continuación tres
ejemplos de casos de comercialización de nuevos productos
donde la tenacidad y la búsqueda de caminos alternativos
llevaron a los mismos al éxito.
Ejemplo 1 : Tupperware
La postguerra, fue un momento glorioso para los fabricantes de
muebles y de enseres domésticos, conforme las parejas, nuevamente
reunidas compraban viviendas o se mudaban a otras más espaciosas.
En medio de esta coyuntura, sin embargo, el inventor de un original
recipiente de plástico se encontró cerca del desastre
financiero, hasta que una mujer emprendedora le convenció
de que, cuando se trata de vender artículos para la casa,
ningún lugar mejor que la misma casa.
Tupper tomó una sustancia semejante a la parafina, la llamó
Poly-T (hoy la llamamos polietileno) y la convirtió
en un material irrompible y casi indeformable. Resistía temperaturas
elevadas y se podía moldear para fabricar cacharros de cualquier
forma que no se rompían ni agrietaban ; Tupper lo mejoró
todavía más inventando un cierre hermético
a los líquidos y al aire.
En 1948, su proceso se aplicaba a la fabricación del vaso
interior de los termos ; también se hacían bandejas
para "tapas", y se fabricaron 300.000 cigarreras baratas
para Camel.
Aparte, y yendo más lejos de la obvia utilización
para el envase, Tupper ideó otras, como cubiletes de pared
de doble pared para cubitos de hielo, fichas de póquer y
tarros con tapadera hermética. Éstos fueron muy bien
recibidos .
Tupper contó a la revista Time que confiaba en facturar
5 millones de dólares al año, lo que posiblemente
habría logrado si no se hubiera empeñado en venderlos
como enseres domésticos de plástico.
Tupper pensaba que el cierre hermético proporcionaba el
sistema lógico para guardar las sobras, pero el público
no opinaba igual.
Los consumidores estaban acostumbrados a guardar los alimentos
en recipientes de cristal o de metal, y además el cierre
les parecía difícial de manejar. Muchos de los recipientes
vendidos fueron devueltos en función de que no funcionaban
"como el del hombre que me hizo la demostración".
Por otra parte, los detallistas no querían perder el tiempo
en hacer (gratis) demostraciones para Tupper, así que los
tarros y las fuentes empezaron a cubrirse de polo en las estanterías
de los almacenes.
En 1951, Tupper había abandonado ya la venta de artículos
de plástico al comercio detallista ; pero entonces conoció
a la señora Brownie Humphrey Wise.
Esta veterana del sitema de visitas, había vendido los artículos
para la Stanley Home Products con la ambición de llegar
a ser concesionaria. Pero la Stanley no tenía una
línea completa de enseres domésticos, y por eso Wise
solía llevar también los Tupperware para completar
el surtido. Así descubrió que, cuando se disponía
de tiempo suficiente para explicar los trucos de cierre hermético
en un ambiente relajado, las amas de casa comprendían perfectamente
la utilidad práctica de los artículos Tupperware
para el hogar.
Solicitó una entrevista con Tupper y le señaló
cómo el sistema de reuniones de vecinas significaba la posibilidad
de disponer de dos horas, como promedio, para familiarizar a la
posible compradora con los Tupperware y despejar toda sensación
de dificultad y extrañeza frente a la novedad. Además,
el ambiente cordial y relajado eliminaba prevenciones y facilitaba
las ventas, ya que en una situación "festiva",
las amas de casa quedaban mejor dispuestas para gastar.
En abril de 1951 se creó la Tupperware House Parties,
Inc.,y según la revista Business Week, "la
empresa abandonó todos los puntos de venta al por menor para
fiarlo todo a las reuniones de amigas como único canal comercial".
Una vez establecido el programa, se asignó a las distribuidoras
de Tupperware (que eran amas de casa en un 95 %), el 35%
de la facuración bruta de cada reunión (que solía
ser de 56 dólares en promedio). Cuando un agente lograba
captar a cuatro compañeras, quedaba nombrada jefe de unidad
y percibía un pequeño porcentaje sobre lo facturado
por las demás, y las que alcanzaban el rango de distribuidoras,
cobraban una comisión mayor, pero a cambio debían
mantener una existencia de mercancía.
Partiendo de una cifra de ventas insignificante en 1950, para 1954
la idea de reuniones domésticas había producido 25
millones de dólares de ventas.
En 1958, Tupper vendió su empresa por una cifra superior
a los 9 millones de dólares.
Tupper falleció en 1983 ; para entonces se celebraban en
el mundo, un promedio de 75.000 reuniones diarias de amigas por
cuenta de Tupperware, y hoy día siguen siendo populares.
Conclusión : Los dependientes de los comercios no querían
perder el tiempo actuando como demostradores para Tupperware. Llevado
el producto a las casas y demostradas sus características
entre amigas, se estableció con rapidez. La atmósfera
festiva convertía la banal compra de un cacharro en un evento
social, y además en un hecho divertido, reduciendo así
la resistencia a la compra.
Ejemplo 2 : las notas Post It de 3M
Si alguna compañía puede pretender el título
de hogar espiritual del re-marketing, esa no es otra sino la 3M
Corporation. En sus 88 años de historia, la 3M
se ha tropezado con artículos invendibles y los ha convertido
en éxitos. Esto sucedió con las notas Post-It,
un producto bien sencillo.
Incluso la fundación de la compañía en otro
tiempo llamada Minnesota Mining & Manufactoring, tuvo
su origen en un error. Sus principales creyeron haber descubierto
un yacimiento de coridón, mineral que se utiliza para fabricar
abrasivos de gran calidad. Pero el hallazgo ser sólo una
mina de anortosita, mineral de valor relativamente escaso, pero
que les sirvió a los de la 3M para fabricar papel
de lija y asentar los fundamentos de una próspera compañía
industrial. Años más tarde, la compañía
intentó fabricar una cinta enmascaradora para los fabricantes
de coches que deseaban añadir franjas decorativas a dos colores
en sus carrocerías. La cinta fracasó como tal, pero
la tonalidad de celofán transparente se convirtió
en los rollos Scotch, la cinta adhesiva más famosa
del mundo.
Teniendo en cuenta estos antecedentes, en 1973 algunos técnicos
de la 3M le mostraron a Geoffrey Nicholson un curioso adhesivo
nuevo que había fracasado en todos los ensayos normales de
los laboratorios de la compañía. Como Nicholson era
uno de los directores técnicos de ésta, la idea del
adhesivo totalmente imperfecto le hacía gracia. Pero aunque
trató de imaginar qué aplicación podría
tener, no se le ocurrió ninguna. Pero sí se le ocurrió
a otro miembro de su personal.
Una mañana de domingo, mientras cantaba en el coro de la
iglesia, Art Fry quiso marcar la página en su libro de himnos
con un pedazo de papel, pero el provisional índice se le
caía al suelo una y otra vez. Después de varios intentos
más, siempre con resultado negativo, analizó el problema
y llegó a la conclusión de que hacía falta
un marcador que permaneciese pegado en la página mientras
hiciese falta, pero que luego pudiese quitarse del libro sin rasgar
la hoja. Es decir, que Fry necesitaba un nuevo tipo de adhesivo,
uno que fuese, por decirlo de alguna manera, "permanentemente
temporal". Entonces se acordó de que Geoffrey Nicholson
le había hablado de un adhesivo que fracasaba en todos los
puntos.
A la mañana siguiente, Fry se hizo con una muestra del pegamento
en los laboratorios, empapó un trozo de papel y se halló
al instante con una primitiva versión de la nota "permanentemente
temporal".
Más adelante, Fry solicitó una entrevista con el
jefe de productos de la división de cintas adhesivas de la
3M, y fue autorizado a continuar sus investigaciones durante
el horario laboral, es decir, por cuenta de la empresa. La obtención
de un producto viable se evidenció bastante difícil,
sin embargo, y en el departamento comercial pocos creían
que aquellos blocs de notas tuviesen mucha utilidad. Sin embargo
Fry perseveró, de forma que el jefe de la división
de cintas adhesivas le apoyó y, siguiendo una práctica
corriente en la 3M, permitió que se "distrajeran"
fondos de presupuestos oficiales destinados a otras investigaciones.
Pese al apoyo, Fry tuvo mala suerte en un aspecto, y fue que su
concepto del producto era contrario a la experiencia de la 3M
en un detalle significativo : hacía más de 70 años
que la empresa tenía éxito fabricando productos adhesivos
en rollos. En consecuencia, todas sus máquinas estaban concebidas
para fabricar rollos, papel adhesivo, celofán o fibras no
textiles. Pero Fry había concebido su producto como un bloc
de hojas separables, lo que reclamaba técnicas de fabricación
totalmente distintas.
El inconveniente se puso de manifiesto cuando Fry tuvo que entrar
en contacto con otros departamentos de la 3M a fin de discutir
la eventual puesta en producción de los tacos de notas :
nadie le contestó definitivamente que no, pero tampoco había
un sí incondicional.
Fry decidió tirar por la calle de en medio y construir de
todos modos un prototipo en el sótano de su propia casa.
Al cabo de bastantes meses, logró fabricar por fin varios
tacos, e invitó al jefe de la sección de cintas adhesiva,
a Nicholson y a otros personajes clave de varios departamentos de
desarrollo de la compañía, para que viesen la máquina
en su casa. Todos quedaron impresionados e inmediatamente quisieron
llevársela a la fábrica, pero resultó que era
demasiado grande y no podían subirla por las escaleras, así
que una brigada de obras de la 3M rompió la pared
de la casa para sacar la máquina y luego la reparó.
Se fabricó una serie piloto para uso interno y Fry repartió
las notas, entonces llamadas Press´n Peel, entre los
mandos intermedios de la empresa, no sin anotar los nombres de quienes
las hubiesen recibido y cuánto tardaban en solicitar reposición.
Nicholson adoptó una política similar y repartió
muestras entre los altos directivos ; hoy cuenta que "mi secretaria
empezó a recibir tantas peticiones, que mi despacho parecía
un almacén distribuidor". Esta reacción interna
animó a los del departamento comercial, que organizaron campañas
piloto en 1977 eligiendo varias ciudades.
Antes del lanzamiento, los de la 3M visitaron los establecimientos
de estas ciudades provistos de las notas Press´n Peel
en los formatos de 8 ½ por 11 pulgadas y todos los submúltiplos
habituales en papel de oficina.
La compañía publicó anuncios en las revistas
de circulación local o regional especializadas en suministros
para oficinas para oficinas, y envió prospectos descriptivos
y muestras a los abonados.
Los resultados fueron buenos en dos de las ciudades, pero catastrófico
en otras dos. El director de marketing explica que "nadie sabía
exactamente para qué servían".
Las Press´n Peel eran un desastre sin paliativos.
Nicholson y el nuevo director general de marketing fueron a estas
ciudades para averiguar qué había salido mal.
Ambos visitaron despachos y efectuaron rondas telefónicas
en las ciudades piloto, lo que sirvió para descubrir en seguida
lo que había fallado. No bastaba con suministra los tacos
; por sencilla que pareciese la idea, hacía falta una demostración
para que resultase efectiva. Las campañas de prueba habían
repartido relativamente pocas muestras y no habían previsto
la necesidad de realizar demostraciones, lo que significó
que Nicholson y el director de marketing tuvieron que visitar personalmente
cada oficina bancaria y cada despacho particular para dar la explicación
; pero valió la pena, porque rellenaron montones de formularios
de pedido en cada escala de aquella gira.
En el análisis retrospectivo, el en aquel entonces director
de marketing confiesa que "nuestro paquete de comunicaciones
estuvo muy mal estudiado, y los consumidores no entendían
qué era en realidad el producto. Para motivarlos a comprarlo
era preciso poner una muestra en sus manos."
Después de entrevistar a los representantes, descubrieron
que en las dos ciudades piloto en las que las notas fueron un fracaso,
había faltado además la colaboración de los
comerciantes, por falta de entusiasmo y de promoción, pero,
sobre todo, por falta de demostraciones acerca de cómo utilizar
las notas, para que se viese en qué consistía la idea.
Llegados a este punto, retiraron el artículo de los mercados
piloto y los comerciales diseñaron nuevos materiales.
Todavía bajo el nombre de Press´n Peel, anunciaron
las notas mediante 8 inserciones a dos tintas en los periódicos,
suministraron material de exposición en escaparate, mostrador
y carteles colgantes, y ofrecieron un premio especial de promoción.
El detalle definitivo fue la contratación de un gran número
de eventuales, para ponerlos a repartir muestras y realizar demostraciones
en todos los despachos de los barrios de negocios.
Así que en contra de lo que siempre había mantenido
Fry, "basta con poner un taco de notas en manos de una persona
para que sepa lo que se hace con ellas", la campaña
relámpago demostró que ni siquiera un eslogan sencillo
y descriptivo : "aprieta para ponerlo, estira para quitarlo"
era suficiente, mientras el público no hubiese visto con
sus propios ojos cómo funcionaban aquellas notas y lo útiles
que podían ser. El nuevo coordinador de marketing comentaba
que "cuando la gente ve cómo se fija con apretón
y se desprende de un estirón, se les enciende la bombilla
en seguida".
Las notas Post-It, así rebautizadas en 1980, entraron
en distribución nacional ese año y se impusieron en
seguida. En 1984 se había convertido en el lanzamiento más
afortunado de un producto nuevo en la historia de la compañía,
y es uno de los cinco productos principales de todos los tiempos
en el sector de suministros de oficina, junto con la cinta Scotch,
el líquido corrector, el papel carbón y los archivadores.
Conclusión : El error comercial inicial fue que a nadie
se le ocurrió pensar que el artículo necesitara ser
demostrado. Cuando se hubieron repartido muestras y se hubo demostrado
su utilidad, las Post-It alcanzaron un éxito resonante.
Ejemplo 3 : los bolígrafos de PaperMate
Con relaciones públicas "se hace" a veces una
marca, pero otras veces, lo que la prensa hace, la prensa lo deshace.
El bolígrafo, por ejemplo, activamente promovido, apareció
en el mercado como un nuevo producto excepcional, pero desapareció
con la misma rapidez como lamentable fracaso. Es una historia de
premisas erróneas y de promesas rotas, que sólo se
corrigió cuando Paper Mate tuvo el valor de convertir
en amigos a los mayores críticos del bolígrafo.
A las nueve y media de la mañana del 29 de octubre de 1945,
5.000 neoyorquinas asaltaron las puertas de los almacenes para ser
los primeros en echar una ojeada a una de las maravillas de postguerra.
Montones de personas se desmayaron en medio del tumulto, y las
demás se abalanzaron sobre una barricada de 50 guardas jurado
estrujando en la mano fajos de billetes y suplicando que se les
permitiesen comprar un bolígrafo... a 12.50 dólares
cada uno !.
Era algo más que una estilográfica, era el primer
bolígrafo disponible en los Estados Unidos, y un héroe
de la guerra por añadidura. Cansados de estilográficas
que vomitaban la tinta a grandes altitudes, los tripulantes de los
bombarderos estadounidenses y británicos habían investigado
el recién inventado bolígrafo, que así participó
en todas las batallas aéreas de la guerra, hecho que fue
debidamente destacado por la prensa nacional.
El bolígrafo fue desarrollado por Laszlo Josef Biro, un
exiliado húngaro residente en Buenos Aires, y por su hermano
George, químico de profesión. En algunas versiones
anteriores, el bolígrafo se alimentaba por gravedad. Biro
invirtió 20 años en conseguir un bolígrafo
alimentado por capilaridad ; transcurrido tan largo período
de experimentos, lo consiguió y además ideó
la manera de fabricar una bola de metal perfecta que rodase con
suavidad en un alojamiento de latón.
En 1943, los pilotos de la RAF estacionados en Argentina empezaron
a utilizar los bolígrafos en sus misiones de combate, y se
los enseñaron a sus colegas estadounidenses. Un piloto estadounidense
envió un ejemplar de Biro´s Eterpen (es decir,
"pluma eterna") al servicio general de las fuerzas armadas,
que a su vez encargó a los fabricantes estadounidenses que
desarrollasen un utensilio similar, bajo las mismas condiciones
de funcionamiento sin problemas a cualquier altitud o bajo cualquier
clima, y secado rápido de la tinta.
Los fabricantes estadounidenses estudiaron el pliego de condiciones
; algo después Biro vendió los derechos para los Estados
Unidos a la Eberhard Faber, que a su vez cedió una
participación a la Eversharp Pen Company. Los directivos
de ésta se entregaron al nuevo producto de pies a cabeza,
pese a las protestas de algunos técnicos que habían
advertido que a veces se derramaba la tinta. Convencidos de que
tenían entre manos una innovación importante (con
la promesa de altos márgenes que siempre supone un producto
innovador), los jefes de la Eversharp destinaron 2 millones
de dólares a un programa de investigación y comenzaron
a divulgar detalles acerca del nuevo utensilio de escribir entre
sus clientes principales, al tiempo que cumplían los contratos
militares con el Tío Sam.
El bolígrafo, adoptado al principio por los aviadores, se
divulgó en los departamentos administrativos y fue utilizado
para la firma del armisticio con el Japón, que puso fin a
la Segunda Guerra Mundial. Algunas anécdotas acerca de él
y de sus servicios durante la guerra empezaron a filtrarse a la
prensa, y la Eversharp dio por descontado que el lanzamiento
comercial del nuevo producto podría contar con una oleada
previa de publicidad favorable.
Publicidad sí que la tuvo, pero no a favor de la Eversharp,
según se vio luego.
El rey de la venta, Milton Reynolds, tres veces millonario y tres
veces arruinado, vio el Eterpen de Biro en Argentina y decidió
que serviría perfectamente como artículo de novedad
para la primera campaña de Navidad de postguerra. Tras realizar
algunas investigaciones en materia de bolígrafos, averiguó
que en 1888 un norteamericano llamado Loud había patentado
una especie de bolígrafo para rotular sobre cuero y otras
superficies ásperas. Y aunque luego el producto de Loud desapareció
de los mercados sin haber llegado a ser utilizado nunca para escribir
sobre papel, su patente respondía a una especificación
más concreta que el invento de Biro, por lo que Reynolds
no tuvo más que patentar un sistema de alimentación
de tinta por gravedad para eludir la patente de aquél.
Mientras la Eversharp todavía investigaba la manera
de evitar los derrames de tinta del sistema capilar, Reynolds montaba
a toda prisa su campaña para promocionar el bolígrafo
alimentado por gravedad, y al mismo tiempo, trataba de perfeccionar
su presentación comercial. Una noche y mientras escribía
con su bolígrafo sobre una servilleta húmeda, se le
ocurrió la frase brillante que necesitaba : "Escribe
incluso debajo del agua".
Gimbels asumió el eslogan y por añadidura superó
los más extravagantes sueños de Reynolds con una ofensiva
de anuncios a toda plana en los principales periódicos neoyorquinos,
llenos de hipérboles inauditas en aquella época :
"La ganga más increíble del siglo... garantizamos
dos años de uso continuado sin necesidad de recargar".
Pero algunos bolígrafos, literalmente explotaron. Otros
vomitaron tinta sobre faldas y camisas.
Además, aquel invento que según los anuncios escribía
lo mismo debajo del agua que a 6.000 metros de altitud, padecía
algunas dificultades para escribir sobre papel normal al nivel del
mar. E incluso los pocos ejemplares que lograban depositar la tinta
sobre el papel sin rayar en blanco ni manchar, decepcionaron a sus
propietarios porque lo escrito palidecía al poco de secarse.
Increíblemente, ninguno de estos inconvenientes atenuó
al principio el entusiasmo del público.
Pero llegada la primavera, la gran fiebre del bolígrafo
había remitido siete meses después de su lanzamiento.
La Eversharp recibió una devolución e 104.000
unidades, que los compradores juzgaron defectuosas. Además
de los problemas propios del sistema de alimentación por
gravedad, la tinta de baja calidad que usaban entonces los bolígrafos
contenía partículas metálicas que con el tiempo
atacaban el cartucho de la carga o corroían la bola, produciéndose
el derrame del contenido.
Los consumidores normales no fueron los únicos defraudados.
Los bancos empezaron a condenar públicamente el bolígrafo
porque al palidecer la tinta de las firmas, quedaba comprometida
la validez de las firmas.
Los falsificadores podían sacar y fácilmente una copia
de la firma mediante un tampón húmedo y transferirla
a otros papeles. Los maestros también se negaron a aceptar
trabajos escritos con bolígrafo, porque manchaban. Y dada
esta oposición de tan respetables instituciones, la opinión
pública empezó a volverse contra el bolígrafo.
Al crear grandes expectativas alrededor de un producto que aún
no estaba suficientemente perfeccionado, Reynolds, Gimbels y los
demás obviamente lo habían condenado a una muerte
prematura.
Por suerte, un químico de Los Ángeles llamado Fran
Seech (también de origen húngaro) había experimentado
una tinta que no se derramaba, ni podía formar burbujas que
resecasen la bola, ni explotaba. Después de varios meses
de experimentar en su laboratorio, descubrió una solución
viable, y comunicó su descubrimiento a un fabricante local
de bolígrafos. Éste solicitó un crédito
para pagar a Seech, pero luego no pudo devolverlo y se vio obligado
a vender su compañía a un tal Patrick Joseph Frawley
hijo, de 28 años de edad.
La Frawley Pen Company había sobrevivido vendiendo
bolígrafos en países donde todavía se les consideraba
la "pluma milagrosa". En seguida comprendieron las ventajas
de la fórmula de Seech, asignaron 35.000 dólares a
su perfeccionamiento y en 1948, Seech logró una fórmula
totalmente a prueba de derrames. Además Frawley, propuso
otra mejora consistente en que la punta fuese retráctil,
para el caso de que se derramase algo de tinta a pesar de todo.
Por desgracia para Frawley, era más fácil encontrar
la fórmula de un bolígrafo que no manchase, que encontrar
la fórmula para comercializarlo. Los comerciantes, quemados
por la experiencia con Reynolds y otros fabricantes de bolígrafos,
no quisieron aceptar los Paper Mate de ninguna manera.
Frawley estaba convencido de que el Paper Mate acabaría
por superar su mala reputación e imponerse, dadas sus ventajas,
pero comprendió que un par de perfeccionamientos menores
no serían suficientes para que cambiasen de opinión
los decepcionados compradores, que consideraban el bolígrafo
como un artículo "inviable". Lo que necesitaba,
era una manera espectacular de invertir la imagen negativa del producto,
tanto de cara al comerciante como frente al consumidor. Basándose
en la premisa de que no hay mejor propagandista que un converso,
se planteó convencer a los principales detractores del invento,
es decir, los dueños de papelerías, los funcionarios
de banca y los maestros.
Para ganarse a los comerciantes les regaló bolígrafos,
concedió depósitos en aplicación de la técnica
normal, y añadió a esta un nuevo truco de persuasión,
el pago del beneficio por adelantado, con el fin de asegurar las
reposiciones de los Paper Mate y la presencia de éstos
en los escaparates.
Cuando los detallistas se mostraron tercos incluso ante el beneficio
garantizado, Frawley ideó el llamado Proyecto Normandía.
Los representantes entraban en las tiendas, se plantaban delante
de los sorprendidos vendedores y se ponían a garabatearles
la pechera de las camisas. Ante la natural reacción iracunda,
el representante ofrecía 15 dólares si la tinta no
desaparecía al primer lavado. Que sí lo hacía,
con lo que resultaba demostrado, y del modo más espectacular,
que la tinta no era problema aun en el supuesto de que el bolígrafo
llegase a manchar. Así se salvaguardaban las relaciones entre
el tendero y su clientela.
Después de este audaz golpe táctico, Frawley abrió
un segundo frente de la Batalla del Bolígrafo mediante el
reparto gratuito de ejemplares entre los maestros y los directores
de escuela de San Francisco. Este regalo se hacía sin compromiso,
pero un mes más tarde, los representantes de Paper Mate
llamaban a los sorprendidos pedagogos para consultarles su opinión,
y vale la pena recordar que por aquel entonces, jamás se
había recurrido a la opinión de los maestros para
nada. Muchos admitieron que, en efecto, los Paper Mate habían
logrado evitar las características objetables de sus predecesores.
Luego Frawley solicitaba el permiso de los educadores para citar
aquellos testimonios orales, que convirtió en anuncios a
través de la prensa local diciendo : "¡todos los
profesores están de acuerdo !".
Cuando Frawley logró convencer a dos banqueros de la localidad
para que aceptasen los cheques extendidos usando Paper Mate,
su departamento de publicidad orquestó la inserción
de publirreportajes que sugerían que aquél era un
producto superior y que "los banqueros estaban de acuerdo".
La estrategia de Frawley fue afortunada. Al lograr que cambiasen
de opinión los principales críticos del bolígrafo,
consiguió invertir la tendencia de la opinión pública,
como quien dice, de la noche a la mañana.
En 1949, año inicial de aquellas inusuales campañas
de opinión, las ventas de Paper Mate alcanzaron los
300.000 dólares ; cinco años después, y tras
haber extendido la operación al ámbito nacional, la
facturación llegó a 30 millones de dólares.
Diez años después del auge y caída del bolígrafo
en manos de Reynolds, Frawley vendía su Paper Mate
a la Gillette por 15.5 millones de dólares pagaderos
al contado.
Su campaña benefició también a los demás
fabricantes. En 1951 se vendieron bolígrafos por 13´4
millones de dólares (al precio de fábrica). En 1986,
según las estadísticas de la Writing Instrument
Manufactures Association, el sector de las estilográficas
era diez veces más pequeño que el de los bolígrafos
y éste tenía un volúmen de 500 millones al
año.
Conclusión : La campaña de Frawley silenció
a sus críticos más enconados, los educadores y los
banqueros, y el favor de éstos sirvió para crear opinión.
La teatral demostración en el punto de venta ideada por Frawley
convencía a los detallistas de que no tendrían reclamaciones
por parte de los consumidores; convertidos en aliados, éstos
a su vez persuadieron a los clientes. |