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Lanzar nuevos productos (o servicios) es siempre, para
una empresa, un acontecimiento.
Sin embargo, no siempre los lanzamientos son exitosos.
Especialmente si se tratan de productos revolucionarios
o totalmente nuevos en el mercado. Su empresa puede
apoyarse en el trabajo de innumerables asesores de calidad,
o de estudios de mercado impresionantes, y aún
así fallar el elemento más importante
en la ecuación, que es la lógica. Datos,
estadísticas, números... no aseguran siempre
el éxito de un lanzamiento.
¿Por qué fallan los lanzamientos de
productos?
Hay muchas razones por las cuales un producto exitoso
"en laboratorio" fracasa al llegar a la calle.
Uno de los problemas suele ser la marca : si se trata
de un producto realmente diferente a los que su empresa
produce, su marca tiene asociada una imagen que no se
condice con lo que usted desea comercializar. Dicho
de otro modo, si los usuarios tienen asociado su marca
a una linea específica de productos y usted lanza
otro totalmente distinto bajo el paraguas de dicha marca,
el efecto puede ser todo lo contrario. Su marca puede
ser popular, pero la idea que se han hecho los usuarios
de la misma no es la apropiada para un producto totalmente
distinto. Por ejemplo, Toyota ha asociado su
marca al concepto de productos de clase media, confiables
y utilitarios. Cuando decidió lanzar sus productos
de lujo, decidió no caer bajo el paraguas de
su marca habitual, sino que creó una (Lexus),
y tuvo que trabajar en crear la nueva imagen.
Esto suele darse por lo que se denomina en marketing,
ocupar un lugar en la mente del consumidor. Toyota
había ocupado un lugar en la mente de los clientes,
se había asociado a una serie de conceptos. Intentar
ampliar esos conceptos (Toyota es sinónimo
de...) con el de autos de lujo, sería contraproducente.
Perdería tanto lo ganado por Toyota para
posicionarse "mentalmente" como lo que costaría
- y seguramente fallaría - lanzar y vender autos
de lujo bajo el mismo signo. Por ello es también
que muchas multinacionales compran empresas locales
y mantienen su nombre y sus marcas : ya tienen un lugar
ganado en la mente del público. Decir que la
galletita X pasa a llamarse galletita Y no sólo
es un error de marketing y confunde al publico; es también
una pérdida de dinero porque mata una
marca que ya era conocida entre los consumidores.
Pero no sólo hay una cuestión de imágenes,
marcas y conceptos asociados a ellas; también
está el tema de que el mercado comprenda de qué
se trata. La marca debe representar al producto y,
en muchos casos, si se trata de algo realmente novedoso,
debe demostrarse para qué sirve. Incluso
en mercados selectos, cuando se apunta a una clientela
realmente inteligente - por ejemplo, los sectores de
negocios, el management -, a pesar de que el público
es reducido y capacitado, la comprensión de las
bondades del producto no suelen asimilarse a menos que
se haga una demostración del mismo. Los americanos
suelen resolver este tema, haciendo tours de demostración
de sus productos : como veremos en los ejemplos que
citaremos, existen casos en que la gente entiende la
idea pero no se le ocurren otros usos - si no se lo
demuestran -; y en otros casos, se trata del interlocutor
de ventas - la gente compra la idea si se la demuestra
un par -. En este último caso, es clarísimo
el ejemplo de Tupperware, donde las amas de casa
se encargan de vender a sus pares, demostrándole
todas las utilidades posibles de un recipiente hermético.
También existen ejemplos de ideas brillantes
que fracasan de entrada, y que sólo la tenacidad
de los empresarios - el convencimiento de que se trata
de una buena idea - consigue, con el tiempo y el esfuerzo,
encontrar la vía real de cómo comercializar
dichos productos. Veremos a continuación tres
ejemplos de casos de comercialización de nuevos
productos donde la tenacidad y la búsqueda de
caminos alternativos llevaron a los mismos al éxito.
Ejemplo 1 : Tupperware
La postguerra, fue un momento glorioso para los fabricantes
de muebles y de enseres domésticos, conforme
las parejas, nuevamente reunidas compraban viviendas
o se mudaban a otras más espaciosas.
En medio de esta coyuntura, sin embargo, el inventor
de un original recipiente de plástico se encontró
cerca del desastre financiero, hasta que una mujer emprendedora
le convenció de que, cuando se trata de vender
artículos para la casa, ningún lugar mejor
que la misma casa.
Tupper tomó una sustancia semejante a la parafina,
la llamó Poly-T (hoy la llamamos polietileno)
y la convirtió en un material irrompible y casi
indeformable. Resistía temperaturas elevadas
y se podía moldear para fabricar cacharros de
cualquier forma que no se rompían ni agrietaban
; Tupper lo mejoró todavía más
inventando un cierre hermético a los líquidos
y al aire.
En 1948, su proceso se aplicaba a la fabricación
del vaso interior de los termos ; también se
hacían bandejas para "tapas", y se
fabricaron 300.000 cigarreras baratas para Camel.
Aparte, y yendo más lejos de la obvia utilización
para el envase, Tupper ideó otras, como cubiletes
de pared de doble pared para cubitos de hielo, fichas
de póquer y tarros con tapadera hermética.
Éstos fueron muy bien recibidos .
Tupper contó a la revista Time que confiaba
en facturar 5 millones de dólares al año,
lo que posiblemente habría logrado si no se hubiera
empeñado en venderlos como enseres domésticos
de plástico.
Tupper pensaba que el cierre hermético proporcionaba
el sistema lógico para guardar las sobras, pero
el público no opinaba igual.
Los consumidores estaban acostumbrados a guardar los
alimentos en recipientes de cristal o de metal, y además
el cierre les parecía difícial de manejar.
Muchos de los recipientes vendidos fueron devueltos
en función de que no funcionaban "como el
del hombre que me hizo la demostración".
Por otra parte, los detallistas no querían perder
el tiempo en hacer (gratis) demostraciones para Tupper,
así que los tarros y las fuentes empezaron a
cubrirse de polo en las estanterías de los almacenes.
En 1951, Tupper había abandonado ya la venta
de artículos de plástico al comercio detallista
; pero entonces conoció a la señora Brownie
Humphrey Wise.
Esta veterana del sitema de visitas, había vendido
los artículos para la Stanley Home Products
con la ambición de llegar a ser concesionaria.
Pero la Stanley no tenía una línea
completa de enseres domésticos, y por eso Wise
solía llevar también los Tupperware
para completar el surtido. Así descubrió
que, cuando se disponía de tiempo suficiente para
explicar los trucos de cierre hermético en un ambiente
relajado, las amas de casa comprendían perfectamente
la utilidad práctica de los artículos Tupperware
para el hogar.
Solicitó una entrevista con Tupper y le señaló
cómo el sistema de reuniones de vecinas significaba
la posibilidad de disponer de dos horas, como promedio,
para familiarizar a la posible compradora con los Tupperware
y despejar toda sensación de dificultad y extrañeza
frente a la novedad. Además, el ambiente cordial
y relajado eliminaba prevenciones y facilitaba las ventas,
ya que en una situación "festiva",
las amas de casa quedaban mejor dispuestas para gastar.
En abril de 1951 se creó la Tupperware House
Parties, Inc.,y según la revista Business
Week, "la empresa abandonó todos los
puntos de venta al por menor para fiarlo todo a las
reuniones de amigas como único canal comercial".
Una vez establecido el programa, se asignó a
las distribuidoras de Tupperware (que eran amas
de casa en un 95 %), el 35% de la facuración
bruta de cada reunión (que solía ser de
56 dólares en promedio). Cuando un agente lograba
captar a cuatro compañeras, quedaba nombrada
jefe de unidad y percibía un pequeño porcentaje
sobre lo facturado por las demás, y las que alcanzaban
el rango de distribuidoras, cobraban una comisión
mayor, pero a cambio debían mantener una existencia
de mercancía.
Partiendo de una cifra de ventas insignificante en
1950, para 1954 la idea de reuniones domésticas
había producido 25 millones de dólares
de ventas.
En 1958, Tupper vendió su empresa por una cifra
superior a los 9 millones de dólares.
Tupper falleció en 1983 ; para entonces se celebraban
en el mundo, un promedio de 75.000 reuniones diarias
de amigas por cuenta de Tupperware, y hoy día
siguen siendo populares.
Conclusión : Los dependientes de los comercios
no querían perder el tiempo actuando como demostradores
para Tupperware. Llevado el producto a las casas y demostradas
sus características entre amigas, se estableció
con rapidez. La atmósfera festiva convertía
la banal compra de un cacharro en un evento social,
y además en un hecho divertido, reduciendo así
la resistencia a la compra.
Ejemplo 2 : las notas Post It de 3M
Si alguna compañía puede pretender el
título de hogar espiritual del re-marketing,
esa no es otra sino la 3M Corporation. En sus
88 años de historia, la 3M se ha tropezado
con artículos invendibles y los ha convertido
en éxitos. Esto sucedió con las notas
Post-It, un producto bien sencillo.
Incluso la fundación de la compañía
en otro tiempo llamada Minnesota Mining & Manufactoring,
tuvo su origen en un error. Sus principales creyeron
haber descubierto un yacimiento de coridón, mineral
que se utiliza para fabricar abrasivos de gran calidad.
Pero el hallazgo ser sólo una mina de anortosita,
mineral de valor relativamente escaso, pero que les
sirvió a los de la 3M para fabricar papel
de lija y asentar los fundamentos de una próspera
compañía industrial. Años más
tarde, la compañía intentó fabricar
una cinta enmascaradora para los fabricantes de coches
que deseaban añadir franjas decorativas a dos
colores en sus carrocerías. La cinta fracasó
como tal, pero la tonalidad de celofán transparente
se convirtió en los rollos Scotch, la
cinta adhesiva más famosa del mundo.
Teniendo en cuenta estos antecedentes, en 1973 algunos
técnicos de la 3M le mostraron a Geoffrey
Nicholson un curioso adhesivo nuevo que había
fracasado en todos los ensayos normales de los laboratorios
de la compañía. Como Nicholson era uno
de los directores técnicos de ésta, la
idea del adhesivo totalmente imperfecto le hacía
gracia. Pero aunque trató de imaginar qué
aplicación podría tener, no se le ocurrió
ninguna. Pero sí se le ocurrió a otro
miembro de su personal.
Una mañana de domingo, mientras cantaba en el
coro de la iglesia, Art Fry quiso marcar la página
en su libro de himnos con un pedazo de papel, pero el
provisional índice se le caía al suelo
una y otra vez. Después de varios intentos más,
siempre con resultado negativo, analizó el problema
y llegó a la conclusión de que hacía
falta un marcador que permaneciese pegado en la página
mientras hiciese falta, pero que luego pudiese quitarse
del libro sin rasgar la hoja. Es decir, que Fry necesitaba
un nuevo tipo de adhesivo, uno que fuese, por decirlo
de alguna manera, "permanentemente temporal".
Entonces se acordó de que Geoffrey Nicholson
le había hablado de un adhesivo que fracasaba
en todos los puntos.
A la mañana siguiente, Fry se hizo con una muestra
del pegamento en los laboratorios, empapó un
trozo de papel y se halló al instante con una
primitiva versión de la nota "permanentemente
temporal".
Más adelante, Fry solicitó una entrevista
con el jefe de productos de la división de cintas
adhesivas de la 3M, y fue autorizado a continuar
sus investigaciones durante el horario laboral, es decir,
por cuenta de la empresa. La obtención de un
producto viable se evidenció bastante difícil,
sin embargo, y en el departamento comercial pocos creían
que aquellos blocs de notas tuviesen mucha utilidad.
Sin embargo Fry perseveró, de forma que el jefe
de la división de cintas adhesivas le apoyó
y, siguiendo una práctica corriente en la 3M,
permitió que se "distrajeran" fondos
de presupuestos oficiales destinados a otras investigaciones.
Pese al apoyo, Fry tuvo mala suerte en un aspecto,
y fue que su concepto del producto era contrario a la
experiencia de la 3M en un detalle significativo
: hacía más de 70 años que la empresa
tenía éxito fabricando productos adhesivos
en rollos. En consecuencia, todas sus máquinas
estaban concebidas para fabricar rollos, papel adhesivo,
celofán o fibras no textiles. Pero Fry había
concebido su producto como un bloc de hojas separables,
lo que reclamaba técnicas de fabricación
totalmente distintas.
El inconveniente se puso de manifiesto cuando Fry tuvo
que entrar en contacto con otros departamentos de la
3M a fin de discutir la eventual puesta en producción
de los tacos de notas : nadie le contestó definitivamente
que no, pero tampoco había un sí incondicional.
Fry decidió tirar por la calle de en medio y
construir de todos modos un prototipo en el sótano
de su propia casa. Al cabo de bastantes meses, logró
fabricar por fin varios tacos, e invitó al jefe
de la sección de cintas adhesiva, a Nicholson
y a otros personajes clave de varios departamentos de
desarrollo de la compañía, para que viesen
la máquina en su casa. Todos quedaron impresionados
e inmediatamente quisieron llevársela a la fábrica,
pero resultó que era demasiado grande y no podían
subirla por las escaleras, así que una brigada
de obras de la 3M rompió la pared de la
casa para sacar la máquina y luego la reparó.
Se fabricó una serie piloto para uso interno
y Fry repartió las notas, entonces llamadas Press´n
Peel, entre los mandos intermedios de la empresa,
no sin anotar los nombres de quienes las hubiesen recibido
y cuánto tardaban en solicitar reposición.
Nicholson adoptó una política similar
y repartió muestras entre los altos directivos
; hoy cuenta que "mi secretaria empezó a
recibir tantas peticiones, que mi despacho parecía
un almacén distribuidor". Esta reacción
interna animó a los del departamento comercial,
que organizaron campañas piloto en 1977 eligiendo
varias ciudades.
Antes del lanzamiento, los de la 3M visitaron
los establecimientos de estas ciudades provistos de
las notas Press´n Peel en los formatos
de 8 ½ por 11 pulgadas y todos los submúltiplos
habituales en papel de oficina.
La compañía publicó anuncios en
las revistas de circulación local o regional
especializadas en suministros para oficinas para oficinas,
y envió prospectos descriptivos y muestras a
los abonados.
Los resultados fueron buenos en dos de las ciudades,
pero catastrófico en otras dos. El director de
marketing explica que "nadie sabía exactamente
para qué servían".
Las Press´n Peel eran un desastre sin
paliativos.
Nicholson y el nuevo director general de marketing
fueron a estas ciudades para averiguar qué había
salido mal.
Ambos visitaron despachos y efectuaron rondas telefónicas
en las ciudades piloto, lo que sirvió para descubrir
en seguida lo que había fallado. No bastaba con
suministra los tacos ; por sencilla que pareciese la
idea, hacía falta una demostración para
que resultase efectiva. Las campañas de prueba
habían repartido relativamente pocas muestras
y no habían previsto la necesidad de realizar
demostraciones, lo que significó que Nicholson
y el director de marketing tuvieron que visitar personalmente
cada oficina bancaria y cada despacho particular para
dar la explicación ; pero valió la pena,
porque rellenaron montones de formularios de pedido
en cada escala de aquella gira.
En el análisis retrospectivo, el en aquel entonces
director de marketing confiesa que "nuestro paquete
de comunicaciones estuvo muy mal estudiado, y los consumidores
no entendían qué era en realidad el producto.
Para motivarlos a comprarlo era preciso poner una muestra
en sus manos."
Después de entrevistar a los representantes,
descubrieron que en las dos ciudades piloto en las que
las notas fueron un fracaso, había faltado además
la colaboración de los comerciantes, por falta
de entusiasmo y de promoción, pero, sobre todo,
por falta de demostraciones acerca de cómo utilizar
las notas, para que se viese en qué consistía
la idea.
Llegados a este punto, retiraron el artículo
de los mercados piloto y los comerciales diseñaron
nuevos materiales.
Todavía bajo el nombre de Press´n Peel,
anunciaron las notas mediante 8 inserciones a dos tintas
en los periódicos, suministraron material de
exposición en escaparate, mostrador y carteles
colgantes, y ofrecieron un premio especial de promoción.
El detalle definitivo fue la contratación de
un gran número de eventuales, para ponerlos a
repartir muestras y realizar demostraciones en todos
los despachos de los barrios de negocios.
Así que en contra de lo que siempre había
mantenido Fry, "basta con poner un taco de notas
en manos de una persona para que sepa lo que se hace
con ellas", la campaña relámpago
demostró que ni siquiera un eslogan sencillo
y descriptivo : "aprieta para ponerlo, estira para
quitarlo" era suficiente, mientras el público
no hubiese visto con sus propios ojos cómo funcionaban
aquellas notas y lo útiles que podían
ser. El nuevo coordinador de marketing comentaba que
"cuando la gente ve cómo se fija con apretón
y se desprende de un estirón, se les enciende
la bombilla en seguida".
Las notas Post-It, así rebautizadas en
1980, entraron en distribución nacional ese año
y se impusieron en seguida. En 1984 se había
convertido en el lanzamiento más afortunado de
un producto nuevo en la historia de la compañía,
y es uno de los cinco productos principales de todos
los tiempos en el sector de suministros de oficina,
junto con la cinta Scotch, el líquido
corrector, el papel carbón y los archivadores.
Conclusión : El error comercial inicial fue
que a nadie se le ocurrió pensar que el artículo
necesitara ser demostrado. Cuando se hubieron repartido
muestras y se hubo demostrado su utilidad, las Post-It
alcanzaron un éxito resonante.
Ejemplo 3 : los bolígrafos de PaperMate
Con relaciones públicas "se hace"
a veces una marca, pero otras veces, lo que la prensa
hace, la prensa lo deshace.
El bolígrafo, por ejemplo, activamente promovido,
apareció en el mercado como un nuevo producto
excepcional, pero desapareció con la misma rapidez
como lamentable fracaso. Es una historia de premisas
erróneas y de promesas rotas, que sólo
se corrigió cuando Paper Mate tuvo el
valor de convertir en amigos a los mayores críticos
del bolígrafo.
A las nueve y media de la mañana del 29 de octubre
de 1945, 5.000 neoyorquinas asaltaron las puertas de
los almacenes para ser los primeros en echar una ojeada
a una de las maravillas de postguerra.
Montones de personas se desmayaron en medio del tumulto,
y las demás se abalanzaron sobre una barricada
de 50 guardas jurado estrujando en la mano fajos de
billetes y suplicando que se les permitiesen comprar
un bolígrafo... a 12.50 dólares cada uno
!.
Era algo más que una estilográfica, era
el primer bolígrafo disponible en los Estados
Unidos, y un héroe de la guerra por añadidura.
Cansados de estilográficas que vomitaban la tinta
a grandes altitudes, los tripulantes de los bombarderos
estadounidenses y británicos habían investigado
el recién inventado bolígrafo, que así
participó en todas las batallas aéreas
de la guerra, hecho que fue debidamente destacado por
la prensa nacional.
El bolígrafo fue desarrollado por Laszlo Josef
Biro, un exiliado húngaro residente en Buenos
Aires, y por su hermano George, químico de profesión.
En algunas versiones anteriores, el bolígrafo
se alimentaba por gravedad. Biro invirtió 20
años en conseguir un bolígrafo alimentado
por capilaridad ; transcurrido tan largo período
de experimentos, lo consiguió y además
ideó la manera de fabricar una bola de metal
perfecta que rodase con suavidad en un alojamiento de
latón.
En 1943, los pilotos de la RAF estacionados en Argentina
empezaron a utilizar los bolígrafos en sus misiones
de combate, y se los enseñaron a sus colegas
estadounidenses. Un piloto estadounidense envió
un ejemplar de Biro´s Eterpen (es decir,
"pluma eterna") al servicio general de las
fuerzas armadas, que a su vez encargó a los fabricantes
estadounidenses que desarrollasen un utensilio similar,
bajo las mismas condiciones de funcionamiento sin problemas
a cualquier altitud o bajo cualquier clima, y secado
rápido de la tinta.
Los fabricantes estadounidenses estudiaron el pliego de
condiciones ; algo después Biro vendió los
derechos para los Estados Unidos a la Eberhard Faber,
que a su vez cedió una participación a la
Eversharp Pen Company. Los directivos de ésta
se entregaron al nuevo producto de pies a cabeza, pese
a las protestas de algunos técnicos que habían
advertido que a veces se derramaba la tinta. Convencidos
de que tenían entre manos una innovación
importante (con la promesa de altos márgenes que
siempre supone un producto innovador), los jefes de la
Eversharp destinaron 2 millones de dólares
a un programa de investigación y comenzaron a divulgar
detalles acerca del nuevo utensilio de escribir entre
sus clientes principales, al tiempo que cumplían
los contratos militares con el Tío Sam.
El bolígrafo, adoptado al principio por los
aviadores, se divulgó en los departamentos administrativos
y fue utilizado para la firma del armisticio con el
Japón, que puso fin a la Segunda Guerra Mundial.
Algunas anécdotas acerca de él y de sus
servicios durante la guerra empezaron a filtrarse a
la prensa, y la Eversharp dio por descontado
que el lanzamiento comercial del nuevo producto podría
contar con una oleada previa de publicidad favorable.
Publicidad sí que la tuvo, pero no a favor de
la Eversharp, según se vio luego.
El rey de la venta, Milton Reynolds, tres veces millonario
y tres veces arruinado, vio el Eterpen de Biro
en Argentina y decidió que serviría perfectamente
como artículo de novedad para la primera campaña
de Navidad de postguerra. Tras realizar algunas investigaciones
en materia de bolígrafos, averiguó que
en 1888 un norteamericano llamado Loud había
patentado una especie de bolígrafo para rotular
sobre cuero y otras superficies ásperas. Y aunque
luego el producto de Loud desapareció de los
mercados sin haber llegado a ser utilizado nunca para
escribir sobre papel, su patente respondía a
una especificación más concreta que el
invento de Biro, por lo que Reynolds no tuvo más
que patentar un sistema de alimentación de tinta
por gravedad para eludir la patente de aquél.
Mientras la Eversharp todavía investigaba
la manera de evitar los derrames de tinta del sistema
capilar, Reynolds montaba a toda prisa su campaña
para promocionar el bolígrafo alimentado por
gravedad, y al mismo tiempo, trataba de perfeccionar
su presentación comercial. Una noche y mientras
escribía con su bolígrafo sobre una servilleta
húmeda, se le ocurrió la frase brillante
que necesitaba : "Escribe incluso debajo del agua".
Gimbels asumió el eslogan y por añadidura
superó los más extravagantes sueños
de Reynolds con una ofensiva de anuncios a toda plana
en los principales periódicos neoyorquinos, llenos
de hipérboles inauditas en aquella época
: "La ganga más increíble del siglo...
garantizamos dos años de uso continuado sin necesidad
de recargar".
Pero algunos bolígrafos, literalmente explotaron.
Otros vomitaron tinta sobre faldas y camisas.
Además, aquel invento que según los anuncios
escribía lo mismo debajo del agua que a 6.000
metros de altitud, padecía algunas dificultades
para escribir sobre papel normal al nivel del mar. E
incluso los pocos ejemplares que lograban depositar
la tinta sobre el papel sin rayar en blanco ni manchar,
decepcionaron a sus propietarios porque lo escrito palidecía
al poco de secarse.
Increíblemente, ninguno de estos inconvenientes
atenuó al principio el entusiasmo del público.
Pero llegada la primavera, la gran fiebre del bolígrafo
había remitido siete meses después de
su lanzamiento. La Eversharp recibió una
devolución e 104.000 unidades, que los compradores
juzgaron defectuosas. Además de los problemas
propios del sistema de alimentación por gravedad,
la tinta de baja calidad que usaban entonces los bolígrafos
contenía partículas metálicas que
con el tiempo atacaban el cartucho de la carga o corroían
la bola, produciéndose el derrame del contenido.
Los consumidores normales no fueron los únicos
defraudados. Los bancos empezaron a condenar públicamente
el bolígrafo porque al palidecer la tinta de
las firmas, quedaba comprometida la validez de las firmas.
Los falsificadores podían sacar y fácilmente
una copia de la firma mediante un tampón húmedo
y transferirla a otros papeles. Los maestros también
se negaron a aceptar trabajos escritos con bolígrafo,
porque manchaban. Y dada esta oposición de tan
respetables instituciones, la opinión pública
empezó a volverse contra el bolígrafo.
Al crear grandes expectativas alrededor de un producto
que aún no estaba suficientemente perfeccionado,
Reynolds, Gimbels y los demás obviamente lo habían
condenado a una muerte prematura.
Por suerte, un químico de Los Ángeles
llamado Fran Seech (también de origen húngaro)
había experimentado una tinta que no se derramaba,
ni podía formar burbujas que resecasen la bola,
ni explotaba. Después de varios meses de experimentar
en su laboratorio, descubrió una solución
viable, y comunicó su descubrimiento a un fabricante
local de bolígrafos. Éste solicitó
un crédito para pagar a Seech, pero luego no
pudo devolverlo y se vio obligado a vender su compañía
a un tal Patrick Joseph Frawley hijo, de 28 años
de edad.
La Frawley Pen Company había sobrevivido
vendiendo bolígrafos en países donde todavía
se les consideraba la "pluma milagrosa". En
seguida comprendieron las ventajas de la fórmula
de Seech, asignaron 35.000 dólares a su perfeccionamiento
y en 1948, Seech logró una fórmula totalmente
a prueba de derrames. Además Frawley, propuso
otra mejora consistente en que la punta fuese retráctil,
para el caso de que se derramase algo de tinta a pesar
de todo.
Por desgracia para Frawley, era más fácil
encontrar la fórmula de un bolígrafo que
no manchase, que encontrar la fórmula para comercializarlo.
Los comerciantes, quemados por la experiencia con Reynolds
y otros fabricantes de bolígrafos, no quisieron
aceptar los Paper Mate de ninguna manera.
Frawley estaba convencido de que el Paper Mate
acabaría por superar su mala reputación
e imponerse, dadas sus ventajas, pero comprendió
que un par de perfeccionamientos menores no serían
suficientes para que cambiasen de opinión los
decepcionados compradores, que consideraban el bolígrafo
como un artículo "inviable". Lo que
necesitaba, era una manera espectacular de invertir
la imagen negativa del producto, tanto de cara al comerciante
como frente al consumidor. Basándose en la premisa
de que no hay mejor propagandista que un converso, se
planteó convencer a los principales detractores
del invento, es decir, los dueños de papelerías,
los funcionarios de banca y los maestros.
Para ganarse a los comerciantes les regaló bolígrafos,
concedió depósitos en aplicación
de la técnica normal, y añadió
a esta un nuevo truco de persuasión, el pago
del beneficio por adelantado, con el fin de asegurar
las reposiciones de los Paper Mate y la presencia
de éstos en los escaparates.
Cuando los detallistas se mostraron tercos incluso
ante el beneficio garantizado, Frawley ideó el
llamado Proyecto Normandía. Los representantes
entraban en las tiendas, se plantaban delante de los
sorprendidos vendedores y se ponían a garabatearles
la pechera de las camisas. Ante la natural reacción
iracunda, el representante ofrecía 15 dólares
si la tinta no desaparecía al primer lavado.
Que sí lo hacía, con lo que resultaba
demostrado, y del modo más espectacular, que
la tinta no era problema aun en el supuesto de que el
bolígrafo llegase a manchar. Así se salvaguardaban
las relaciones entre el tendero y su clientela.
Después de este audaz golpe táctico,
Frawley abrió un segundo frente de la Batalla
del Bolígrafo mediante el reparto gratuito de
ejemplares entre los maestros y los directores de escuela
de San Francisco. Este regalo se hacía sin compromiso,
pero un mes más tarde, los representantes de
Paper Mate llamaban a los sorprendidos pedagogos
para consultarles su opinión, y vale la pena
recordar que por aquel entonces, jamás se había
recurrido a la opinión de los maestros para nada.
Muchos admitieron que, en efecto, los Paper Mate
habían logrado evitar las características
objetables de sus predecesores. Luego Frawley solicitaba
el permiso de los educadores para citar aquellos testimonios
orales, que convirtió en anuncios a través
de la prensa local diciendo : "¡todos los
profesores están de acuerdo !".
Cuando Frawley logró convencer a dos banqueros
de la localidad para que aceptasen los cheques extendidos
usando Paper Mate, su departamento de publicidad
orquestó la inserción de publirreportajes
que sugerían que aquél era un producto
superior y que "los banqueros estaban de acuerdo".
La estrategia de Frawley fue afortunada. Al lograr
que cambiasen de opinión los principales críticos
del bolígrafo, consiguió invertir la tendencia
de la opinión pública, como quien dice,
de la noche a la mañana.
En 1949, año inicial de aquellas inusuales campañas
de opinión, las ventas de Paper Mate alcanzaron
los 300.000 dólares ; cinco años después,
y tras haber extendido la operación al ámbito
nacional, la facturación llegó a 30 millones
de dólares.
Diez años después del auge y caída
del bolígrafo en manos de Reynolds, Frawley vendía
su Paper Mate a la Gillette por 15.5 millones
de dólares pagaderos al contado.
Su campaña benefició también
a los demás fabricantes. En 1951 se vendieron
bolígrafos por 13´4 millones de dólares
(al precio de fábrica). En 1986, según
las estadísticas de la Writing Instrument
Manufactures Association, el sector de las estilográficas
era diez veces más pequeño que el de los
bolígrafos y éste tenía un volúmen
de 500 millones al año.
Conclusión : La campaña de Frawley
silenció a sus críticos más enconados,
los educadores y los banqueros, y el favor de éstos
sirvió para crear opinión. La teatral
demostración en el punto de venta ideada por
Frawley convencía a los detallistas de que no
tendrían reclamaciones por parte de los consumidores;
convertidos en aliados, éstos a su vez persuadieron
a los clientes. |