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Pocos términos en la Administracion de Empresas
y en el estudio del comportamiento organizacional inspiran
menos acuerdo que la definición de liderazgo. Como
dijo un experto: “Hay casi tantas definiciones de
liderazgo como el número de personas que han intentado
definir el concepto.” Utilizaremos una definición
amplia de liderazgo, que pueda abarcar todos los enfoques
actuales sobre el tema. De manera que definimos el liderazgo
como la habilidad para influir en un grupo y lograr
la realización de metas. El origen de esta influencia
puede ser formal, como la que proporciona el desempeñar
un puesto de administrador en una organización.
Puesto que el cargo de administrador confiere cierto
grado de autoridad formalmente diseñada, una
persona puede asumir un papel de liderazgo a causa de
la posición que ocupa en la organización.
Pero no todos los líderes son administradores;
y tampoco, es preciso decirlo, no todos los administradores
son líderes. El que una organización dé
a sus administradores ciertos derechos formales no proporciona
la seguridad de que la puedan dirigir con eficacia.
Encontramos que el liderazgo no autorizado — esto
es, la habilidad para influir que surge fuera de la
estructura formal de la organización— es
tan importante o más que la influencia formal.
En otras palabras, los líderes pueden surgir
naturalmente dentro de un grupo, lo mismo que mediante
el nombramiento formal para dirigirlo.
Teorías de liderazgo
Es abundante la literatura sobre el liderazgo, y gran
parte de ella es confusa y contradictoria. Con el fin
de penetrar en este bosque, consideraremos cuatro enfoques
para explicar lo que constituye un líder eficaz.
El primero de ellos buscaba determinar aquellos rasgos
universales de personalidad que los líderes tenían
en mayor medida que los no líderes. El segundo
enfoque procuraba explicar el liderazgo en términos
del comportamiento de una persona. El tercero utilizaba
modelos de contingencia para explicar lo inadecuado
de las anteriores teorías de liderazgo para conciliar
e integrar la diversidad de resultados de las investigaciones.
Más recientemente, la atención ha regresado
a los rasgos de los líderes, pero desde una perspectiva
diferente. Los investigadores están tratando
ahora de identificar el conjunto de rasgos a los que
la gente se refiere de manera implícita cuando
caracterizan a alguna persona como líder.
Teorías de los rasgos
Cuando Margaret Thatcher era primera ministra de Gran
Bretaña, se le señalaba regularmente a
causa de su liderazgo. Se la describía como una
persona que tenía confianza en si misma, con
una voluntad de hierro, con determinación y decisión.
Esos términos son rasgos de personalidad, y ya
fuera o no que los partidarios y críticos de
la Thatcher lo reconocieran en ese momento, cuando la
describían en tales términos se estaban
apoyando en la teoría de los rasgos.
Los esfuerzos de investigación para aislar los
rasgos del liderazgo condujeron a varios callejones
sin salida. Por ejemplo, un examen de 20 estudios diferentes
identificó casi 80 rasgos de liderazgo, pero
sólo cinco de esos rasgos eran comunes a cuatro
o más de las investigaciones. Si la búsqueda
tenía la intención de identificar un conjunto
de rasgos que diferenciara siempre a los líderes
de sus seguidores, y a los líderes eficaces de
los ineficaces, la búsqueda fracasó. Sin
embargo, si la búsqueda tenía la intención
de identificar rasgos que estuvieran asociados consistentemente
con el liderazgo, dichos resultados se pueden interpretar
desde una mejor perspectiva. Por ejemplo, seis rasgos
en los que los líderes tienden a diferenciarse
de los no líderes son la ambición y energía,
el deseo de dirigir, la honradez e integridad, confianza
en sí mismos, inteligencia y conocimientos adecuados
para sus puestos. Más aún, la investigación
reciente proporcionó gran evidencia de que es
mucho más probable que las personas dueñas
de un gran autocontrol — es decir, son muy flexibles
para ajustar su comportamiento a diferentes situaciones—
surjan como líderes en grupos que los que tienen
poco autocontrol. De manera global, los resultados acumulativos
de más de medio siglo de búsqueda conducen
a la conclusión de que algunos rasgos incrementan
las probabilidades de tener éxito como líder,
pero ninguno de los rasgos garantiza el éxito.
¿Por qué no ha tenido más éxito
el enfoque de los rasgos para explicar el liderazgo?
Podemos sugerir por lo menos cuatro razones. Ignorar
la necesidad de seguidores, generalmente no aclara la
importancia relativa de los diversos rasgos, no separa
la causa del efecto (por ejemplo, ¿tienen los
líderes confianza en si mismos, o el éxito
como líder es lo que les permite establecer la
confianza en sí mismos?) y pasa por alto los
factores situacionales. Estas limitaciones han llevado
a los investigadores a buscar en otras direcciones.
Teorías del comportamiento
La incapacidad para encontrar “oro”
en las “minas” de los rasgos llevó
a los investigadores a observar el comportamiento que
mostraban líderes específicos. Se preguntaron
si había algo peculiar en la forma como se comportaban
los líderes eficaces.
Si tuviera éxito el enfoque conductista sobre
el liderazgo, tendría implicaciones muy diferentes
a las del enfoque de los rasgos. Si el enfoque de los
rasgos hubiera tenido éxito, hubiera proporcionado
una base para seleccionar la persona “correcta”
que tomara puestos formales en grupos y organizaciones
que requieren de liderazgo. En contraste, si los estudios
del comportamiento son los que nos permiten encontrar
los elementos determinantes y cruciales del liderazgo,
podríamos capacitar a las personas para que fueran
líderes. Si fueran válidas las teorías
de los rasgos, entonces se nace básicamente con
el liderazgo: lo tiene uno o no lo tiene. En cambio,
si hubiera comportamientos específicos que identificaran
a los líderes, entonces podríamos enseñar
el liderazgo y estaríamos en posibilidad de diseñar
programas que implantaran estos patrones conductuales
en individuos que desearan ser líderes eficaces.
Ej: Estudios de la University of Michigan
Los estudios sobre liderazgo realizados en el Survey
Research Center de la University of Michigan tenían
como objetivo de investigación localizar las
características de comportamiento de los líderes
que parecían tener relación con las medidas
de eficacia en el desempeño.
El grupo de Michigan encontró dos dimensiones
del comportamiento de liderazgo: el orientado al empleado
y el orientado a la producción.Se describía
a los líderes orientados a los empleados como
sujetos que ponían énfasis en las relaciones
interpersonales; tenían un interés personal
en las necesidades de sus subordinados y aceptaban las
diferencias individuales entre los miembros. En contraste,
el líder orientado hacia la producción
tendía a enfatizar los aspectos técnicos
o de tarea del trabajo: su preocupación principal
se centraba en el desarrollo de las tareas del grupo,
y sus miembros eran un medio para ese fin.
Las conclusiones a las que llegaron los investigadores
de Michigan favorecían fuertemente a los líderes
que estaban orientados en su comportamiento hacia los
empleados. Se asoció a los líderes orientados
a los empleados con una mayor productividad del grupo
y una mayor satisfacción del puesto. Se tendía
a asociar a los líderes orientados a la producción
con una baja producción del grupo y con menor
satisfacción con el puesto.
En general, los investigadores han tenido un éxito
modesto en la identificación de relaciones consistentes
entre los patrones de comportamiento del liderazgo y
el desempeño del grupo. Lo que parece que falta
es la consideración de los factores situacionales
que influyen en el éxito o el fracaso. Por ejemplo,
Robert Crandalí y Herb Kelleher han sido líderes
eficaces de líneas aéreas. Sin embargo,
sus estilos son casi diametralmente opuestos. ¿Cómo
puede ser eso? La respuesta es que American y Southwest
son compañías muy diferentes y operan
en mercados distintos con fuerzas de trabajo muy diferentes.
Las teorías del comportamiento no toman esto
en cuenta. Jesse Jackson ciertamente es un líder
eficaz de las causas negras en los años 90, pero
¿habría tenido su estilo igual eficacia
en 1890? ¡Probablemente no! Las situaciones cambian,
y los estilos de liderazgo necesitan cambiar con ellas.
Por desgracia, los enfoques conductuales no reconocen
el cambio en las situaciones.
Teorías de contingencia
Cada vez quedaba más claro para los que estudiaban
el fenómeno del liderazgo que la predicción
del éxito en el liderazgo era algo más
complejo que la simple identificación de unos
cuantos rasgos o comportamientos preferidos. El fracaso
en obtener resultados consistentes condujo a enfocarse
en la influencia que ejercen las situaciones. La relación
entre el estilo de liderazgo y su eficacia sugirió
que en la condición a, el estilo x seria más
apropiado, mientras que el estilo y seria más
apropiado para la condición b, y el estilo z
para la condición c. Pero, ¿cuáles
eran las condiciones a, b, c, y así sucesivamente?
Una cosa es decir que la eficacia del lide¬razgo
depende de la situación, y otra es ser capaz
de aislar esas condiciones situacionales.
No han faltado estudios que han tratado de aislar los
factores situacionales cruciales que afectan la eficacia
del liderazgo. Por ejemplo, las populares variables
moderadoras utilizadas en el desarrollo de las teorías
de contingencia incluyen el grado de estructura de la
tarea que se está desarrollando, la calidad de
las relaciones líder-miembro, la posición
de poder del líder, la claridad del papel de
los subordinados, las normas del grupo, la disponibilidad
de información, la aceptación de las decisiones
del líder por parte de los subordinados y la
madurez de éstos.
Algunos enfoques para aislar las variables situacionales
clave han tenido más éxito que otros y,
como resultado, han obtenido mayor reconocimiento. Cinco
de estos son: el modelo de Fiedler, la teoría
situacional de Hersey y Blanchard, la teoría
de intercambio líder-miembro y los modelos de
trayectoria-meta y de participación en el liderazgo. |