La
Consultora Prince & Cooke ha indicado que 16 millones
de argentinos dispondrán de Internet a fin del
2007, y que la cifra llegará a 18 millones en
el 2008. Sin embargo, la calidad del servicio ha desmejorado
en proporciones geométricas, gracias a un exceso
de demanda y soluciones improvisadas. Analizamos el
caso
por Alejandro Franco ; e-mail
: info@datacraft.com.ar
El auge de Internet en los últimos años
en Argentina es impresionante. La demanda de conectividad
ha aumentado un 30% anual en los últimos años,
con lo cual ahora la Argentina dispone de una base de
16 millones de usuarios conectados a la red de redes.
La estabilidad económica, el resurgimiento de
la financiación - que posibilita adquirir computadoras
en cuotas -, y planes promocionales de banda ancha a
precios muy baratos han posibilitado el boom. Sin
embargo, toda esta expansión carece del soporte
de infraestructura pertinente, lo cual convierte a a
todo el sistema en una enorme bomba de tiempo que puede
explotar en cualquier momento.
Algunos datos
La gran expansión vino por los clientes de banda
ancha. De ellos el 67 por ciento corresponden a conexiones
de tecnología ADSL, que es la que ofrecen las
operadoras de telefonía, mientras que el cable
módem tiene el 29 por ciento del mercado y el
resto corresponde a conexiones inalámbricas.
Por otorgar modems y meses gratis de servicio, una enorme
cantidad de usuarios accedió a instalar servicios
de internet residenciales, generando un boom que incluso
supera a la tasa del 21% de crecimiento que mantuvo
Brasil en este año.
El gran problema pasa por el ancho de banda ofrecido.
Hace 5 años la velocidad básica era de
256 kb para la banda ancha, pero las telefónicas
comenzaron una carrera de ofertas, duplicando anualmente
la potencia (nominal) del servicio. Hoy en día
el piso es de 640 kb para las promociones más
baratas, pero lo usual es que el servicio más
extendido se encuentre entre el 1.2 y 2.5 mb de velocidad.
Esto no sería un inconveniente si las empresas
telefónicas hubieran invertido en infraestructura
capaz de soportar la base de usuarios y el consumo de
banda que estos exigen. Por el contrario, redes
y servidores son los mismos que hace unos años.
Aún en las ciudades - medianas y grandes - existen
barrios enteros en los cuales no puede instalarse servicios
de internet simplemente porque las centrales son antiguas
y el cableado no soporta la digitalización de
líneas.
Pero la última novedad es que las telefónicas
están manipulando la velocidad de conexión
por software. Una conexión de 2.5 mb varía
enormemente su rendimiento real de acuerdo a la hora del
día, y a los requerimientos de los usuarios conectados.
Usted podrá disfrutar de su ancho de banda real
a las 3 o 4 de la madrugada, pero un sábado a las
8 de la noche - una hora pico donde todo el mundo ingresa
a chatear y navegar - posiblemente llegue al 20 o 30 %
de velocidad.
Los servidores han sido provistos con nuevo software
que administra la conexión de acuerdo a la demanda.
Comenzando por la poda generalizada de los servicios
P2P - las redes de intercambio de archivos como
Ares, Gnutella, etc - que han sido totalmente
filtrados y de manera ilegal, ya que constituyen una
poda al servicio contratado originalmente. Al impedir
el uso de descargas de archivos en las redes P2P, las
telefónicas (y otros ISP) han conseguido oxígeno
para distribuir potencia de conexión a la cantidad
masiva de usuarios que se conectan a sus servidores.
Pero las promos de internet barato continúan,
y ahora se suman los servicios 3GP de videoconferencia
telefónica, que no es más que una conexion
ADSL camuflada.
No tiene sentido ofrecer mayor ancho de banda si
el servicio no es capaz de soportarlo. En horas
pico, la visión de videos de servicios como YouTube
resulta imposible. La perfomance de download de archivos
y programas comunes también desciende estrepitosamente.
Y, como toda solución improvisada "argentina",
se ha sobrevendido un servicio que con el tiempo va
a ser imposible de soportar, a menos que de una vez
por todas se realiza una inversión grande y seria
en tecnología e infraestructura. Algo que en
Argentina directamente no existe. |