| Por
Giselle Uset : gismia@hotmail.com
Entre los muchos misterios que encierra el tango, el primero es el
de su propia denominación. La voz tango se encuentra
en las culturas africanas, hispánica y colonial. Según
algunas teorías, tango deriva de tang. Que en una de
las lenguas habladas en el continente negro significa palpar, tocar
y acercarse. Entre los bantúes, además hay dos idiomas
que se denominan tanga y tangui. Y entre las lenguas
sudanoguineanas figura la tangalé. Curiosamente, el
contenido hispánico de la palabra se acerca a la africana
tang. Tango en castellano es considerada una voz derivada
de tangir, que en español antiguo equivale a tañer,
y de tangere, o sea, tocar en latín. En la colonia,
a su vez, tango era la denominación que los negros daban
a sus parches de percusión. Ellos la pronunciaban como palabra
aguda: tangó. Y tangó era también los bailes
que organizaban los africanos llevados a la fuerza al Rió
de la Plata. En esas reuniones se creaban tales desordenes que los
Montevideanos ricos, y autoconsiderados respetables, llegaron a
pedir al Virrey Francisco Javier Elio que prohibiese "los tangó
de los negros".
La acepción hondureña que brinda el diccionario,
referida a una especie de tambor que fabrican los indígenas,
parece acercarse al sentido africano de la palabra. Es difícil
saber si se trata de una casualidad o de una trasculturación.
Sólo como curiosidad, por que en principio no tienen vinculación
con el origen del tango rioplatense, cabe mencionar que una región
de Japón se llama Tango, al igual que una fiesta infantil
de ese País, y que antiguamente en Brasil tango era sinónimo
de zamba.
Si el origen de la palabra Tango, cuando hace referencia al tango
rioplatense, es incierto y generador de arduas polémicas,
el camino se desbroza bastante cuando se trata de descubrir las
raíces musicales.
Pero no fue fácil llegar a conclusiones, por que al principio
los autores creyeron descubrir cuatro posibles raíces - el
candombe, la milonga, el tango andaluz y la habanera- y defendían
una de ellas en exclusiva. En la actualidad se admite sin grandes
discusiones las múltiples paternidad, con distintas gradaciones
según los estudiosos, obviamente, y hasta se acepta que otros
géneros musicales, como la zarzuela, confluyeron en el nacimiento
del tango, una expresión cultural que termina siendo típica
y orgullosamente rioplatense.
Las habaneras, las milongas criollas y los tangos andaluces son
las principales expresiones musicales populares de la segunda mitad
del siglo XIX. La música campera, llegada a las urbes en
ancas de los inmigrantes rurales, también se asocia a las
fiestas y a los bailes del pueblo, a través de zambas, vidalitas,
tristes, chacareras, gatos, cuecas, malambos y estilos. Los marineros
de paso y los europeos que llegaban para quedarse en el Río
de la Plata aportaban, a su vez, valses, pasodoble, polca, mazurcas
y chotis.
Las pequeñas ciudades que entonces eran Buenos Aires, Rosario
y Montevideo se transformaron no solo en el receptáculo de
innumerables manifestaciones culturales, sino también en
el alambique del que salían, destilados, nuevos productos.
Como se trataba de pueblos jóvenes y de la construcción
de nuevos países, como hombres y mujeres ávidos de
fortuna rápida, el ambiente era fermental y propicio para
la creación. A medida que pasaban los años y se acercaba
el nuevo siglo, ese optimismo vital muchos lo transformaron en la
frustración de los sueños no concretados y en pesimismo.
Esta ultima veta, la del dolor, también mostró un
enorme dolor potencial creativo.
Pero entre esfuerzo y sudores, penas y alegrías, progreso
económico y social o pobreza - según la suerte de
cada uno - los pujantes moradores de ambas orillas del Rió
de la Plata nunca dejaron de divertirse.
Los patios de los conventillos y las calles en los días
de fiestas, la salidas de las fabricas, de las obras en construcción
o de los cuarteles, los bares donde despuntaba la nueva sociabilidad,
pequeños teatros los circos y por supuesto, los prostíbulos
eran los lugares donde gente llegada de todo el mundo y del campo
de Argentina y de Uruguay se divertían, cantaban y bailaban
al son de pequeños conjuntos de guitarra, violín y
flauta, que algunas veces agregaban clarinete y armonio.
Uno de los antecedentes del Tango hay que buscarlo en la música
afroamericana, sobre todo el candombe, que tuvo un gran desarrollo
en Montevideo.
La transmisión de la cultura musical del pueblo rioplatense
se hacia de boca a oído, cantando, de fiesta en fiesta y
de farra en farra. No existían radios, ni televisión,
ni discos, ni cassettes. Actualmente los grandes protagonistas de
la música son los autores, los ejecutantes y los cantores.
El pueblo tiene una actitud fundamentalmente pasiva y receptora.
Sin embargo, en las últimas décadas del siglo XIX,
el registro y la permanencia de la creatividad correspondían
a los autores que estampaban notas y poemas en el papel, pero también
y fundamentalmente al pueblo que recordaba, repetía y transmitía
las obras a través del canto.
No debe llamar la atención, entonces, que muchas composiciones
tuviesen dos o mas letras. Los interpretes que recorrían
pequeñas salas, patios de conventillos, cafetines, cabaret
y prostíbulos jugaban con la imaginación y la picardía,
se adaptaban a cada público y hasta ponían altas cuotas
de improvisación en sus actuaciones. Del mismo público
que los escuchaba también surgían letras picarescas
y zafadas que después serian repetidas en otros lugares.
De esas mezclas de géneros diversos, pero también
de culturas y de psicologías sociales diferentes, de anhelos,
de esperanzas, de sueños, de frustraciones y en definitiva
de variados sentidos de la vida, surgió el tango.
De la habanera aceptó el sentimentalismo lánguido;
del tango andaluz; el ritmo binario que también tiene la
habanera; el ritmo machacón proviene de la milonga y, sobretodo
en Montevideo, del candombe. Es obvio que el tango no nació
de un día para el otro. Fue un proceso que algunos autores
ubican su inicio hasta en 1830, aunque la mayoría de los
estudiosos encuentra raíces tangueras a partir de 1850 -
1860. A mediados del siglo XIX se bailaban chotis valses y mazurcas
en las piezas de las chinas cuarteleras, que eran vestidas por milongueros,
payadores y cantores que traían el repertorio poético
y musical del ámbito rural. La presencia de esos milongueros
llevo a que se conociese esos sitios como milonga, con lo cual la
palabra se asocio a ese tipo de música y al mismo lugar del
arrabal donde se bailaba.
También se danzaba en la zona portuaria, en cuyos centros
de diversión los marineros extranjeros difundían habaneras
y tangos andaluces. Fue en estos locales y con esa música
que nacieron el corte y la quebrada como parte de la danza.
En ese crisol de culturas que eran las principales ciudades rioplatenses,
surgió la necesidad de afincarse. El arribo desde lejanas
tierras para la inmensa mayoría no tenia retorno. Estos lares
se convertían, a pesar de las nostalgias, en una nueva patria.
Había que echar raíces y casi crear un "ser nacional".
Seguramente, esta necesidad podría no estar presente en muchas
conciencias individuales, pero si lo estaba en la conciencia colectiva.
Esos sentimientos hicieron eclosión alrededor de 1895, cuando
las diferentes raíces confluyeron en valores estéticos
y artísticos de una misma naturaleza. En pocas palabras,
y con toda su reconocida autoridad, lo explica Horacio Ferrer en
su notable el siglo de oro del tango. A juicio de Ferrer, con el
tango ocurrió algo similar a lo que sucedió con las
costumbres, la forma de hablar y de contar, la narrativa y el teatro
rioplatense. Se trata de un hecho cultural que "determina en
la inspiración de los músicos en el fin de la génesis
y el rotundo nacimiento de una nueva manera de componer que hacen
al espíritu, a la estampa, al inconfundible magnetismo y
al destino del tango como un arte musical independiente y distinto
por entero". El especialista uruguayo sostiene que "ese
echo (cultural) es que los jóvenes tanguistas de la generación
de 1895 se liberan casi por completo de elementos rítmicos,
melódicos, de concepción estética que son atributos
típicos, esenciales y definidores de las otras culturas presentes
en la Plata. Muy en particular la afroamericana y la española,
encaminando su inspiración a la estética innovadora
que es, por fin, la estética independiente y rotunda del
tango. Nada de tamboriles o de panderetas abra en el tango. Y todo
lo demás que en este comienzo de la historia procede de otras
culturas - como los instrumentos musicales o la armonía que
son de procedencia europea - , lo someterá el tango desde
entonces y para siempre a la poderosa y venturosa personalidad que
adquiere nada menos que para nacer y tener ser real y existir, personalidad
enteramente criolla conquistada gracias al talento de sus músicos
también criollos."
El pretango, los géneros musicales y los intérpretes
que sirvieron de antecedentes al tango se refugiaban en bares de
marineros, en cuartos de chicas cuarteleras, en milongas de mala
fama, en dudosos cabaret y en prostíbulos.
El tango como tal, sin embargo, tuvo desde el principio vocación
de gran torrente y busco los espacios abiertos hasta alcanzar la
universalización. Prudencio Aragón con El talar (1895),
Rosendo Mendizábal con El entrerriano (1897), Ernesto Ponzio
con Don Juan (1898) y Manuel Campoamor con El Sargento Cabral (1899),
autores de los primeros "tangazos" de la historia, construyeron
los cimientos sobre los que se asentaría el nuevo y recién
nacido edificio musical. Su independencia, su personalidad, esta
dada por la coincidencia de cómo cada uno de ellos calificó
su respectiva obra:" Tango criollo para piano ".
Con el adjetivo "criollo" se revindicaba una creación
autóctona. Y con la mención del piano se esta informando
que ya entonces el tango se había enriquecido instrumentalmente
y que había pasado a ser interpretado en los salones.
Con anterioridad, en los últimos tramos de su gestión,
y en Buenos Aires, los italianos le habían agregado el acordeón
y el organito con los que daban al tango su tono plañidero,
quejumbroso, que sin duda influirá en posteriores letras
lacrimógenas. Por que es difícil encontrar otra combinación
instrumental tan apropiada para reflejar poéticamente la
tristeza y el sufrimiento ante la traición o ante la pobreza
que no remedian ni el trabajo ni la honradez.
El producto no quedo confinado a lugares de dudosos prestigios,
sino que reflejó el alma de las clases populares, de los
laburantes, de los que día a día peleaban por la subsistencia
y de toda la gente sencilla que habitaba en las periferias de las
principales ciudades rioplatenses. Ese pueblo llenaba en Buenos
Aires los piringundines (derivado del término Genovés:
piringundín) y las academias de Montevideo. Peringundines
y academias eran modestísimos locales de baile que, a fines
del siglo XIX, fueron factores fundamentales tanto para la expansión
del tango como para el desarrollo de su coreografía, y para
que las parejas aprendieran a bailarlo.
Generalmente, la evolución cultural muestra una cadencia,
una continuidad, que lleva a que expresiones de una época
reflejen sus raíces en manifestaciones de otras muy anteriores.
La historia de la cultura, como la historia de toda la humanidad
es, salvo excepciones, una cadena en la que cada eslabón
encuentra su explicación en los anteriores y en otras cadenas
que se habían enganchado antes a la primera.
Las excepciones se producen con los grandes acontecimientos históricos
con los cataclismos que producen un corte abrupto en la continuidad
de la historia y hacen surgir sociedades diferentes y más
o menos desligadas del pasado.
Con el tango ocurrió un fenómeno semejante. Son reconocibles
sus raíces, es posible detectar de dónde vino, pero
como hecho cultural es totalmente independiente de sus orígenes.
Es una de las excepciones que producen los cataclismos. En este
caso, el "cataclismo "fueron los miles y miles de inmigrantes
de distintos puntos de Europa que llegaron al Río de la Plata.
Que querían escapar de la miseria en la que vivían
en sus países y buscaban la fortuna en la patria de adaptación.
Unos pocos, proporcionalmente, lo consiguieron y se transformaron
en grandes nombres de las finanzas, la industria y el agro rioplatenses,
sumándose en el terreno económico a los apellidos
patricios. En otro escalón, la gran mayoría de esos
inmigrantes y sus descendientes conformaron las extendidas clases
medias de la región, sector social imprescindible para comprender
la evolución económica y social del Río de
la Plata. La minoría que no logró alcanzar los sueños
que la impulsaron a emigrar, aunque muy importante numéricamente,
constituyó los cinturones proletarios de Buenos Aires y de
Montevideo, fundamentalmente. Eran decenas y decenas de miles de
familias que vivían del incipiente desarrollo industrial,
apenas con los justo para tener una existencia algo menos que decorosa,
pero con valores morales firmemente arraigados y con ansias de progreso
económico latente aunque insatisfechas.
Ese mundo efervescente fue el partero del tango, el que le cortó
el cordón umbilical, pero también al que se llevó
al hijo lejos de sus padres, para que no se encontrasen.
Así, el componente negro desapareció del tango. No
hay en el nuevo género los elementos de percusión
propios de la cultura afroamericana, como el tambor o el tamboril,
ni el ritmo melódico, ni las formas de cantar y dividir las
frases. El tango tiene grandes protagonistas negros como Rosendo
Mendizábal, Carlos Posadas, Leopoldo Thompson, Celedonio
Flores y Joaquín Mora, entre otros formidables personajes
de su raza. Pero ellos fueron tangueros por ser hombres y no por
ser negros. Como lo afirma Ferrer, el tango, "en todas sus
artes - música, danza, poesía y canto - tiene definiciones
sociales, éticas, estéticas pero no étnicas".
Como retrogusto de lo afoamericano solo queda la milonga y su subgénero
el tango milonga, de corta existencia a pesar de piezas memorables
como: El porteñito, El Esquinazo y El Torito de Ángel
Villoldo. El que el tango haya dejado de lado la ascendencia africana
no quiere decir que ésta se perdiese. Por el contrario, sobrevive
con gran fuerza en la misma milonga, en los milongueros y en el
candombe, géneros con gran arraigo en Montevideo, donde la
raza negra continua teniendo una fuerte y creadora presencia.
Algo similar ocurre con la influencia de la habanera y del tango
español, cuyas características desaparecen del tango
independientemente y con personalidad propia. Las formas musicales
de esos géneros, así como los temas de las letras
y los modos de cantarlas -sustituidos por el particular español
hablado en el Río de la Plata - ya no se encuentran en los
maduros productos tangueros de comienzo del siglo XIX.
Como símbolo de sus raíces en las tierras rioplatenses,
el tango solo conservo el influjo campero, tanto de la pampa Argentina
como del territorio Uruguayo, muchos de cuyos estilos y vidalitas
se transformaron en verdaderas obras de arte en el marco de los
compases de un tango.
Al comenzar el siglo XIX, entonces el tango ya era un arte vigoroso
e independiente, con cuatro vertientes bien identificables, dominantes
algunas de ellas en ciertas épocas, pero unidas - música,
danza, poesía y canto - por la creatividad del pueblo de
las urbes rioplatenses.
La base humana del tango es, precisamente, uno de los puntos de
mayor polémica al tratar de dilucidar su historia. ¿Es
esta nueva manifestación cultural el producto de la creatividad
de los bajos fondos, de los delincuentes, de los marginados que
pululaban por los ámbitos portuarios, de los malevos y de
las prostitutas, o es un género nacido auténticamente
del pueblo? Los autores se dividen y discuten agriamente. Hay argumento
para todos los gustos. Quizá la pregunta fundamental que
deba contestarse es si el tango pudo tener su notable vitalidad
con el solo sustento de la gente de mal vivir, o si le fue necesario
la fuerza que surge del trabajo, del sacrificio de las alegrías
simples y del dolor de los miles y miles de hombres que llegaron
a las ciudades rioplatenses buscando mejores condiciones de existencia.
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