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Ya hemos hablado de los experimentos del Dr. Demikhov que suponían
el transplante de cabezas de perros.
En su caso se trató de un trabajo pionero para lo que después
serían los transplantes de organos. Pero buscando en la misma
temática, nos hemos encontrado con otros experimentos científicos
que frecuentemente rayan en lo bizarro. Aquí damos una reseña
de ellos :
Elefantes y LSD: En 1962 en el
zoológico de Oklahoma, decidieron experimentar aplicando
LSD a los elefantes cautivos del establecimiento. La dosis utilizada
fue de 297 miligramos, tres mil veces superior a la cantidad tipica
utilizada en seres humanos.
El propósito de los científicos era inducir a los
elefantes en un estado de frenesí similar al que suelen sufrir
en estado de celo. En esos casos los machos despiden un olor desagradable
y se vuelven extremadamente agresivos.
El tema es que el experimento no salió como lo habían
planeado. El elefante, en vez de ponerse eufórico, cayó
de rodillas y no se pudo levantar. Una hora más tarde el
animal estaba muerto.
Hubo una gran controversia acerca de la prueba. Al parecer el LSD
no fue administrado como debía, y la mezcla con las sustancias
utilizadas para revivir al animal fue fatal. Años después
se repetiría la prueba en Los Angeles, administrando el LSD
disuelto en agua. Pero de todos modos los resultados fueron completamente
distintos a los previstos: los elefantes de la última prueba
sobrevivieron pero se pasearon en un estado de borrachera durante
horas, en vez de la euforia inducida que era de esperarse.
El experimento de obediencia de Stanley
Milgram: En los 60 en la universidad de Yale se produjo una
extraña prueba: suponiendo a una persona corriente pedirle
que asesinara a otro, lo usual es que el individuo rechace la propuesta.
Pero la teoría de Milgram decía que, en determinadas
condiciones y planteado de la manera adecuada, un ser humano común
puede transformarse en un asesino obediente.
Milgram reunión un grupo de voluntarios, entre los cuales
se mezclaron actores que cooperaban con el científico. Mientras
que los actores interpretaban el rol de alumnos, los sujetos reales
del experimento hacian las veces de maestros. Los maestros daban
conceptos a los alumnos para que éstos memorizaran y dibujaran.
A cada error cometido, se aplicaría una descarga electrica
- suministrada supuestamente por el maestro presionando un botón,
mientras el actor / alumno fingiría el shock -, la cual iría
en aumento mientras se acumulan respuestas erróneas.
Lo que terminó por sorprender a Milgram es que las proporciones
reales superaron holgadamente a lo esperado. Mientras que el científico
esperaba que el 1 o 2 % se portara de manera sádica y llegara
con el experimento hasta el final - terminando por aplicar una supuesta
descarga letal de 450 volts al alumno -, el 60% de los individuos
llegaron al punto de liquidar (teoricamente) al otro sujeto. Entre
lloros y gritos, escuchando las reacciones de dolor proveniente
de la habitación contigua, no cesaron en aplicar descargas
mortales al otro individuo, siempre que fueran presionados con las
premisas del cientifico de que "el experimento debía
continuar".
En 1974 Milgram publicó su libro Obediencia a la Autoridad:
Una Visión Experimental, relatando los resultados de
la prueba. La misma ha sido repetida en múltiples ocasiones,
siempre con enorme cantidad de individuos llegando al punto final
del experimento: el aplicar una descarga mortal al otro sujeto.
Conversión inducida de un homosexual
a conductas sexuales heterosexuales: En los años cincuenta
el científico James Olds descubrió el centro del placer
en el cerebro, y realizó una prueba, conectando finos cables
entre esa zona y un pedal que enviaba impulsos eléctricos
al mismo. Los sujetos del experimento terminaban por presionar compulsivamente
el pedal (más de dos mil veces por hora), proporcionándose
placer.
En 1979 realizó una variante del mismo experimento. Tomando
a un sujeto homosexual, conectando los cables y utilizando el pedal,
el científico realizó un envío masivo de descargas
de placer a su cerebro. Con la líbido ultra potenciada después
de tres horas de sesión, el científico desconectó
al individuo y lo reunió en un cuarto con una prostituta.
Al principio no pasó nada, pero después que la prostituta
tomó la iniciativa, la pareja mantuvo relaciones sexuales
exitosas. Después del experimento el individuo volvería
a su conducta gay habitual.
La cabeza de perro : En 1920 Sergei
Bryukhonenko concibió una máquina primitiva que hacía
las veces de estómago y corazón, y conectó
a ella la cabeza cercenada de un cachorro. El animal pudo permanecer
vivo durante mucho tiempo, respondiendo a estímulos de comida
que Bryukhonenko le hacía, así como reflejos ante
la luz sobre sus ojos o la atención ante ruidos que el científico
hacía frente a la cabeza viviente.
El hibrido entre simio y humano:
En los años 20 el cientifico Ilya Ivanov realizó complejos
y polémicos estudios acerca de la factibilidad de producir
un hibrido de manera artificial. Mientras trabajaba en el instituto
Pasteur de Paris obtuvo el permiso para utilizar la estacion de
pruebas sobre simios que el mismo tenía en la Guinea Francesa.
Mientras tanto Ivanov mantuvo numerosos contactos con el gobierno
soviético, los cuales contribuyeron a darle fondos. Por fin
en 1927 pudo capturar dos chimpancés hembras adultas a las
cuales inseminó con esperma humano. Pero en ningún
caso el experimento resultó exitoso. Posteriormente Ivanov
volvió a la URSS y quiso hacer la prueba inversa, obteniendo
cinco voluntarias a las cuales inseminaria con esperma de simios.
Pero los experimentos fueron clausurados e Ivanov sería enviado
a un campamento de prisioneros, donde acabaría el resto de
sus días.
Expresiones faciales : En 1924
Carney Landis, de la Universidad de Minnesota, quiso investigar
las expresiones faciales de disgusto. Para poder exagerar las expresiones,
dibujó líneas en los rostros de los voluntarios con
un corcho quemado, antes de pedirles que olieran amoníaco,
escucharan jazz, mirasen fotografías pornográficas
o pusieran la mano en un balde lleno de sapos.
Pero la culminación del experimento era pedirle al voluntario
que decapitara una rata blanca. A pesar de que todos dudaban, y
algunos maldecían o lloraban, dos tercios de los voluntarios
aceptaron hacerlo, mostrando lo fácil que mucha gente se
inclina ante la autoridad. Si bien Landis sólo se interesó
en el tema de las expresiones, estaba realizando una prueba similar
a la de Milgram, 40 años antes de dichos experimentos.
El medico que tomaba vómito :
Según Stubbins Ffirth, médico de Filadelfia en el
1800, la fiebre amarilla no era una enfermedad infecciosa, y lo
probó en sí mismo. Primero se echó vómito
(de individuos enfermos) en heridas abiertas y se lo refregó
sobre los ojos, luego lo tomó. No cayó enfermo, pero
no porque la fiebre amarilla no fuese infecciosa. Luego fue descubierto
que debía ser inyectada a la corriente sanguínea,
que solía suceder por la picadura de un mosquito.
El lavado de cerebro: Ewen Cameron
estaba buscando una cura para la esquizofrenia, y su teoría
se basaba en que los individuos inmóviles, escuchando mensajes
durante horas y días enteros, podían alterar su conducta.
De este modo podría reprogramar nuevos padrones de conducta.
Pero entre 1957 y 1964 la CIA demostraría gran interés
por dichos experimentos y lo financiaría bajo el proyecto
MK ULTRA. Utilizando drogas, induciendo estados de coma, Cameron
insertaría patrones de conducta en los individuos. Pensar
que Cameron había sido miembro del tribunal de Nuremberg
y había juzgado a los científicos nazis por experimentos
similares a los que había realizado él mismo en USA...
El toro a control remoto: Jose
Manuel Rodriguez Delgado realizó un experimento a principios
de los años 60, implantando un chip en el cerebro de un toro.
Reunidos en un redil el toro y Delgado, el animal se lanzó
a atacarlo cuando el científico sacó un control remoto
y envió una descarga al cerebro, logrando detener al animal.
Mensajes subliminales para evitar comerse
las uñas: En 1942, Lawrence LeShan intentó
influenciar a un grupo de jóvenes de forma subliminal para
que dejasen de comerse las uñas. Mientras dormían,
les pasaba un disco con una voz diciendo: Mis uñas saben
terriblemente amargas”. Pasó que el tocadiscos se rompió,
así que él mismo decía el diálogo todas
las noches.
Y pareció funcionar, ya que para el final del verano el
40 por ciento de los niños dejó de comerse las uñas.
Aunque la explicación de LeShan suena más interesante,
según él los niños pensaban “Si dejo
de comerme las uñas el hombre raro se irá lejos”.
Cadaveres revividos : El sobrino
de Luigi Galvani (inventor del proceso del mismo nombre), Giovanni
Aldini, viajo por toda Europa ofreciendo demostraciones de que la
electricidad podía mover los músculos en animales
muertos. El 17 de enero de 1803 realizó su demostración
más famosa, aplicando 120 volts sobre el cuerpo de George
Forster, un asesino que había sido ejecutado.
Cuando Aldini introdujo los polos en la boca y las orejas del muerto,
los músculos de su mandíbula se agitaron hasta que
su rostro contrajo una expresión de dolor. Sus ojos se abrieron
de par en par. Pero el gran final fue cuando Aldini puso los polos
en la oreja y otro en el recto del cadaver. El cuerpo de Forster
comenzó una danza macabra totalmente shockeante. El suceso
fue documentado por el London Times de dicha época.
Viendo a través de los ojos de
un gato: En 1999 los dres Yang Dan y Fei Li experimentaron
con gatos en la Universidad de California. Conectaron un computador
al cerebro del felino mientras unos receptores eran aplicados sobre
los ojos del animal. El resultado fue la grabación de lo
que el gato podía ver a través de sus propios ojos.
Frente al peloton de fusilamiento:
En 1938 el doctor Stephen Besley convenció al condenado a
muerte John Deering para registrar sus pulsaciones cardíacas
al momento de su ejecución frente a un pelotón de
fusilamiento. A pesar de la aparente calma de Deering su pulso estaba
en 120 latidos por minutos en presencia de los tiradores. Y cuando
la orden de disparo llegó, los latidos subieron hasta 180
por minuto.
Perros revividos : Robert E. Cornish
(1894-1963), un biologo de California, logró revivir a dos
perros (Lazarus IV y V) que habían sido sacrificados por
una sobredosis de eter en 1935. Cornish los había revivido
poniendolos en un sube y baja mientras le inyectaba adrenalina y
anticoagulantes. |