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Por Alejandro Franco : info@datacraft.com.ar
Año 1978, los años duros de la dictadura
militar. El intendente de la ciudad de Buenos Aires
de aquel entonces, Osvaldo Cacciatore, tenía
grandes planes para la ciudad. Uno era el proyecto de
nueve autopistas urbanas para desagotar los problemas
de tráfico de Buenos Aires, algo que terminaría
por concretarse por la mitad durante los siguientes
treinta años (Cacciatore sólo llegaría
a inaugurar dos de las nueve autopistas planeadas).
La otra era construir un mega emprendimiento turístico
y de diversiones. Así fue como nació el
"parque Zoofitogeografico y de Diversiones",
que iría emplazado entre las Avenidas Escalada,
Lacarra, Coronel Roca y Castañares. Era un gigantesco
baldío de suelo irregular, plagado de basura
y casillas precarias, que terminó siendo expropiado
y asignado a una concesión conocida como Parque
Interama S.A. Dicha sociedad estaba conformada por
civiles y militares de la época. E inmediatamente
pusieron manos a la obra.
La construcción del parque no reparó
en gastos. Llamaron a Richard Battaglia, un ingeniero
norteamericano que participó en el diseño
de Disneylandia, para que hiciera el trazado
del parque. Removieron 1 millón de metros cúbicos
de tierra para nivelar el suelo. Se reclutaron firmas
europeas para la instalación de juegos de última
generación. Incluso se construyó la torre
espacial (en 1980), un diseño único y
exclusivo para el parque, que contemplaba un mirador
y restaurant a 176 metros de altura, y que tenía
35 metros de cimientos asentados en las capas subterráneas
más duras del terreno.
Y hasta se pusieron los cimientos para un cine IMAX,
uno de los primeros en todo el mundo... el cual nunca
llegó a inaugurarse.
En un día de actividad a pleno, Interama
se llenaba con 35.000 personas. Y contaba tan sólo
con cuatro baños y escasos lugares de refugio para
en caso de lluvia.
El proyecto contemplaba incluso la construcción
de un hospital interno, algo que nunca se realizó.
Y de las 60 atracciones, sólo funcionaron 12.
Incluso está instalada la montaña rusa
de doble carril más grande de Latinoamérica,
y la séptima del mundo, llamada "Vertigorama",
la cual jamás llegó a funcionar por un
sabotaje interno.
En 1982 el parque abrió las puertas al público.
Y pronto comenzaron los problemas.
En 1983 el intendente radical Julio César Saguier
decidió cancelar el contrato con la empresa Interama,
con lo cual, la administración del parque pasó
a manos del Estado porteño. El motivo:
una investigación de la Procuración había
detectado una serie de irregularidades, entre ellas,
la presentación de balances falsos. Como consecuencia
de la decisión de Saguier, todos los bienes incorporados
al parque pasaron a ser “propiedad exclusiva”
de la entonces municipalidad. Nació entonces
el Parque de la Ciudad.
La estatización del parque originó una
serie de demandas judiciales contra el Estado: una,
presentada por la sociedad Parques Interama S.A.,
reclamando la ilegitimidad del decreto de Saguier que
canceló la concesión y el consiguiente
pedido de indemnización por lucro cesante, ante
la Justicia Civil, ya que la concesión tenía
un plazo de 30 años. Otra, después de
la quiebra de Interama, fue iniciada por los
acreedores de la concesionaria en el fuero comercial:
las empresas que hicieron las construcciones y realizaron
las importaciones de los equipos, entre otras.
Todo el problema judicial llegaría hasta el
2011, cuando la Corte Suprema de Justicia le puso punto
final a la demanda por un monto que, actualizado, alcanzaba
los cuatro mil millones de pesos, casi la mitad del
presupuesto anual de la ciudad. La ciudad de Buenos
Aires ya había perdido el juicio en primera y
segunda instancia, pero la Corte, con el voto unánime
de sus siete miembros, consideró ahora que
“la condena dictada contra el municipio carece
completamente de sustento legal”.
Pero la triste suerte del parque no se restringió
a sus problemas legales.
Luego que dos técnicos fallecieran en el 2001
(en accidentes sufridos por problemas de seguridad de
las atracciones, se resolvió clausurar el parque
en el 2003. Y si bien en el 2007 hubo una tibia reapertura
y comenzó a restaurarse, la gestión Macri
decidió volver a clausurarlo en el 2008, debido
a la edad de las atracciones mecánicas.
Ahora se puede pasear por él (aunque todos los
juegos están abandonados), abonando un peso en
la entrada. Pero hoy por hoy, el Parque de la Ciudad
(ex Interama) es un gigantesco cementerio,
un monumento a la corrupción que ocupa 120 hectáreas
y cuya visión resulta mortificante. |