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Por Alejandro Franco
: info@datacraft.com.ar
Lo conocieron con el
apodo de "el hombre verde" -
una figura espectral que caminaba por las noches
por las calles de Pennsylvania -, y pronto
se transformó en una leyenda urbana. Sin
embargo la persona detrás del mito realmente
existió y escondía una historia
trágica. La de Raymond "Ray"
Robinson (1910 – 1985), un hombre marcado
a fuego por el destino.
A la edad de 8 años
Robinson fue victima de un terrible accidente.
Luego de tocar el cable electrificado de un tranvía
electrico - mientras estaba colgado de un árbol,
intentando alcanzar un nido de pájaros
-, la furia de miles de voltios descargados (casi
22.000!) en su cuerpo lo desfiguraron de manera
horrible. Las terribles quemaduras lo dejaron
en un estado muy delicado y las esperanzas eran
mínimas; un año antes otro chico
había tenido un accidente similar y habia
perecido en el acto. Sin embargo se dió
el milagro y, luego de un mes de agonía,
Robinson comenzó a recuperarse... a costa
de perder sus ojos, la nariz, una oreja y uno
de sus brazos.
El resto de su vida se
transformó en un duro calvario con el cual
lidió hasta el final de sus vidas. Viviendo
de prestado en casa de parientes, comenzó
a trabajar haciendo cinturones y billeteras, y permanecía
aislado del mundo exterior durante el día.
Sólo durante la noche avanzada se animaba
a salir, munido de un bastón y circulando
por las calles más oscuras. En raras ocasiones
Robinson se animaba a charlar con alguien - los
curiosos se agolpaban para verlo en sus rondas nocturnas
-, y accedía ocasionalmente a sacarse fotos
a cambio de cigarrillos o cerveza. Visto como una
rareza o como un engendro, pronto dio pie al origen
de leyendas urbanas, las que hablaban de él
como un espectro ambulante. Lo llamaron el
hombre verde y pronto surgieron las explicaciones
apócrifas - que se trataba de un fantasma
verde; que su piel quemada había tomado un
tinte verde luego del accidente -, cuando el
mote venía en realidad de una vieja charretera
militar que utilizaba para abrigarse durante sus
largas caminatas invernales. En
sus últimos años de vida Robinson
debió resignar sus caminatas y terminó
viviendo en un geriátrico en Beaver County,
en donde falleció en 1985.
En su Pennsylvania natal Robinson
se ha transformado en una leyenda local. Numerosas
historias han nacido de su figura, mutando el
origen y la naturaleza de sus cicatrices. Sin
embargo, mientras que para el resto era un fenómeno
o una curiosidad, para su familia era una excelente
persona cuya vida fue alterada por la desgracia.
Como recuerda uno de sus sobrinos en un tributo
publicado en el diario Beaver County Times:
"para nosotros era simplemente el tío
Ray. El nunca hablaba de sus cicatrices ni de
sus problemas. Era algo que simplemente ocurrió
y no había nada que hacer al respecto.
Y él lo tenía asumido hasta tal
punto que jamás le reprochó a la
vida por haberle ocurrido lo que le ocurrió". |