Por
Alejandro Franco ( info@datacraft.com.ar
)
Capítulo 2 - Cavando en La
Cava
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El viejo Chevy 240 super sport volaba por el Camino
de Cintura,una ruta provincial en estado más
o menos lamentable que atravesaba varios partidos del
gran Buenos Aires.Ahora estaban a la altura de San Justo
y tenían una hora más de viaje,al menos
con aquél tráfico,hasta llegar a su destino
final en San Andrés.
El Chevy estaba casi impecable;el auto era de Chico
y él era fanático de los fierros.Lo había
rescatado entre los restos de un desarmadero al cual
había llegado mediante un operativo;lo había
puesto a nuevo en el taller de su casa de Quilmes Oeste,en
un trabajo artesanal que le había llevado un
año;y siempre que le sobraba algún peso,le
agregaba algún chiche nuevo.Lo había potenciado,pintado
de azul metalizado,polarizado los vidrios (aunque estuviese
penado,pero siempre que lo detenían mostraba
la chapa y hacían la vista gorda),le había
puesto llantas cobreadas y restaurado el techo de vinilo
y los asientos de cuero.Era una pinturita envidiable;y
ya que no tenía familia,hijos ni mujer,todo su
amor estaba puesto en aquel pedazo enorme de metal restaurado,que
bramaba la potencia de sus dos litros y medio por aquella
ruta áspera y poceada.
Chico era el más cerebral del dúo.Se había
hecho policía porque el cerebro no le daba para
estudiar algo más serio,porque era medio vago,y
porque quería plata fácil y rápido.Pocas
veces había disparado un arma;sabía que
los balazos terminaban en líos,y por eso prefería
los puños que dejaban marcas más fáciles
de borrar con el tiempo.Con esas condiciones,paró
un día en uno de los negocios de Sócrates,
donde le habían ofrecido plata y mujeres...¡cómo
rechazar esa propuesta!...Putañero viejo,sin
nadie a cargo,sólo pensaba en vivir el momento
con el menor esfuerzo posible.A final de cuentas,el
año de academia y la chapa (que le había
costado romperse el traste conseguirlo),debían
tener un buen valor,más que el sueldo miserable
en bonos que le pagaba la provincia.
En cambio,la historia del Chueco era bastante más
radical.Siempre vivió en la calle,robando o rapiñando
todo lo que pudiera.No tenía,sin embargo,talento
para casi nada,excepto para apretar gente y para manejar
las armas.Era excelente tirador,y entendía de
calibres,municiones y modelos más que un militar
especializado;eran su pasión y su forma de vida
y defensa.A pesar de su apariencia débil e inofensiva,era
un tipo brutal cuando era necesario.Pero también
era otro solitario,sin hombro donde apoyarse ni lugar
donde caerse muerto.La vida de un huérfano que
fue tan dura como pudo haber sido,de numerosas correccionales...
toda esa mala vida que ahora lo hacía ver diez
años más viejo de lo que era.Y que en
sus largas y solitarias noches sólo consolaba
con una jeringa.
Sabía que eso era malo.Sabía que si se
regaba el dato,lo iba a pasar mal.Cuando uno se droga,empieza
a cometer errores.Por el momento,lo controlaba - o al
menos, estaba convencido de esa mentira - ,pero sabía
que,con el tiempo,lo iba a terminar matándo.Aunque
quizás él no le tuviera demasiado amor
a la vida como para tener un propósito por el
cual seguir respirando.
Chico puso un cambio;el motor tosió y el auto
dio un repingo,acelerando.
- Esto está mal.- murmuró Chico.
El Chueco permanecía callado.Era su costumbre.
- Fue una buena cama...no sé quién tiene
los huevos suficientes para meterse con el quía...¿Pero,sabés?.Lo
que no me gusta es que están saliendo muchas
cosas a la luz.Y el brasuca siempre está enterado
lo que se cocina debajo de la alfombra,pero esta vez
no.- su mente parecía buscar respuestas en la
vista del camino - Algo muy grande;alguien con mucha
guita hay detrás para armar todo esto sin que
el otro se entere.
Chico estaba en lo cierto.Estuvieron en La Plata,buscando
a Pedriel.El comisario se fue,estaba en un operativo,les
dijeron.El ayudante,sin embargo,les había entregado
el expediente del Cholo Chavez.Su foto mostraba a un
tipo cuarentón, ojeroso, entrecano, fuera de
forma,con pinta más de chanta que de policía.Era
un cana de segunda,sin mérito,asignado a Vicios,que
operaba mayormente en la zona norte del gran Buenos
Aires,donde se concentra la gente de más dinero
que odia vivir en la ciudad.Edificios lujosos,chalets
descomunales,barrios privados...toda la gente de plata
que,ociosa,cae en la falopa.O que vive de ella.Por supuesto,habían
empresarios,profesionales de fortuna y...estancieros,que
tenían una casa cerca de la city,para arreglar
sus grandes negocios:la venta de cosechas,de ganado,las
exportaciones...Todo apuntaba a que en esa zona Chávez
hubiera contactado al dueño de la pista de aterrizaje.
El tipo en cuestión se llamaba Romualdo Pérez
Costas;nombre ridículo si los hay,para un tipo
que va en una Mercedes 4 x 4 a ver sus vaquitas.Don
Romualdo se había hecho fama de criar toros reproductores
de calidad,pero parece que con esa entrada de plata
no le alcanzaba.Y puso un kiosco con los colombianos.Dato
que ellos conocían pero que no figuraba en ningún
expediente.Así que las influencias debieron ser
importantes como para no figurar escrachado en ningún
lado.Salvo,claro está,por una bala 9 mm incrustada
en su cráneo.
El reporte de la matanza era reservado;sin embargo,un
par de llamadas de Chico les abrieron las puertas para
acceder a él.Si bien toda la historia no había
llegado a la prensa,sólo era cuestión
de tiempo.El dinero abre puertas para un lado y para
otro,y siempre de la segunda línea para bajo
había bocones que ventilaban expedientes al periodismo
por algunas monedas.Por eso debían ir rápido.
El informe detallaba quince bajas,como había
dicho Sócrates.Tres colombianos,el estanciero,cuatro
tipos más,y el resto era personal de servicio
de la estancia,como los caseros,algunos peones,el capataz,el
chofer de Pérez Costas y la mucama.Salvo vacas
y toros,el resto de los seres vivos que estuvo esa noche
falleció violentamente.Así que no había
testigos de ninguna clase.
La primera aproximación del forense,indicaba
que al menos la mitad del servicio fue la que mataron
primero.Como la operación era a la madrugada,estaban
durmiendo. Alguien entró en el caserón
del personal,y los fue liquidando uno a uno,en la cama.Para
que nadie en la casa se enterara de aquella matanza
sistemática en los dormitorios,debían
haber usado un silenciador.Algo caro,difícil
de conseguir,que reflejaba claramente un plan preconcebido
y no una jugada improvisada.
Como dicho caserón estaba a medio kilómetro
del casco principal de la estancia,aunque saliera algo
mal y alguien gritara,ni se hubieran enterado. Siguiendo
por el orden de las muertes,continuaron con el personal
de la estancia, siendo los últimos Pérez
Costas y los colombianos.Todos asesinados con balas
9 mm de pistola,incluso los traficantes que venían
artillados con UZIs. Aparentemente cuando la avioneta
tocaba pista,hacía rato que estaban todos muertos
en tierra.Y ni bien descendieron,la bienvenida fue un
racimo de balas que los alcanzó,a dos de ellos
en la escalerilla,y al otro,en la cabina de vuelo.
- Todos los que estaban en tierra no dispararon ni una
bala.- continuaba monologando Chico - O estaban dormidos,o
los sorprendieron por detrás,o bien era alguien
en quien tenían confianza.Fijate que los cuatro
guardias eran tipos que estaban despiertos y armados
- mal armados,sólo con pistolas Ballester Molina
11.25,armas que tenían fama de atascarse cuando
los usaba la policía federal - ,y fueron sorprendidos.Y
debió ser muy rápido,para que Perez Costas
no alertara a los colombianos que venían volando.
El estanciero había aparecido apoyado sobre un
escritorio donde había un equipo de comunicaciones.Debía
darle las últimas instrucciones de aproximación
a la avioneta cuando lo balearon.
También se había encontrado la avioneta
a un kilómetro de la estancia,en dirección
diametralmente opuesta a la casa del personal de servicio.El
terreno de aterrizaje era una supuesta cancha de golf
en construcción,de manera que estaba desmalezada,libre
de arboles,y lo suficientemente plana como para que
el Cessna Piper donde venían los colombianos
rodara sin problemas.Se encontraron dos hileras de tanques
cortados a la mitad,llenos de aceite prendido fuego,que
hacían las veces de luces de pista.
Y,en toda esta puesta en escena,faltaba el Cholo Chavez.
- Sí, - acertó a decir el Chueco - fueron
muy rápidos.
Chico se volvió hacia su compañero.
- Pensé que estaba solo.
El Chueco ni replicó.Solo dirigió una
mirada defensiva.
- Más te vale que largues esa mierda...No te
quiero falopeado,especialmente si nos toca cagarnos
a tiros alguna vez.- sentenció Chico - Además,al
brasilero no le gusta que su personal..
- Lo que haga su personal no es asunto de él.
Era una contestación desafiante...infantilmente
desafiante
- Vos sabrás el veneno que más te gusta
meter en las venas.Son tus venas,no las mías.-
su mirada se endureció y la apartó del
camino,clavándola en la mirada vidriosa del Chueco
- Pero,como te decía antes de la interrupción,si
me pasa algo cuando nos estemos enfrentando con alguien...y
si lo que me pasa es porque vos estás en bavia...te
juro que yo mismo me voy a encargar de rellenarte de
plomo por el culo.Preciso un compañero,no una
carga.
El Chueco asintió para dar por recibido el mensaje.Bien
poco que le importaba.
- Ahora,si me atendías un poco,te decía
que vamos a ver a Pedriel.Trabajaron juntos así
que él debe saber como es el tipo,las costumbres
que tiene...nos tiene que dar pistas de donde ubicarlo.
Giró el volante.Ahora estaban en Morón.
- Porque todo parece indicar que él,solito,se
cargó al resto.- terminó por agregar.
Y por eso,ahora,se estaban yendo a San Andrés.El
dichoso operativo tenía lugar en una villa,una
de las más conocidas como era La Cava.Y la pareja
despareja devoraba kilómetros,hasta llegar hasta
ella.
La Cava toma su nombre de su origen;se trata de una
gran villa miseria que cubre un radio de alrededor de
diez cuadras en la zona norte del Gran Buenos Aires,entre
las localidades de San Andrés y San Isidro,y
que se formó a fines de los ´50,cuando
la empresa de Obras Sanitarias (entonces,del Estado),realizó
obras en dicho predio que quedaron inconclusas.Así
que en aquel hueco se habían hacinado miles de
personas,cuya cifra se había triplicado desde
fines de la decada del ´70.En La Cava había
de todo;generalmente,las villas miseria se forman con
inmigración interna que,sin recursos,arman ranchitos
aquí y allá con los materiales que puedan
conseguir;desde ladrillos y chapas,hasta cartón
y madera.Gente pobre y de escasa educación,habitualmente
obreros y gente de oficio que prefiere sobrevivir mal
cerca de la ciudad capital antes que morir de hambre
en las provincias más pobres.Pero las ultimas
crisis económicas del país habían
hecho crecer a ésta y a otras tantas villas que
había en el Gran Buenos Aires;tanto provincianos
errantes como inmigrantes ilegales ya no podían
costear hoteles baratos o pensiones de mala muerte y
terminaban sus días en la villa,con la dudosa
esperanza de poder salir de allí.Eran muy contados
los casos en que se producían tales milagros;y
la inmensa mayoría se había resignado
a las viviendas precarias,las calles de tierra (que
en días de lluvia se transformaban en mares inexpugnables
de barro),las montañas de basura y escombros,el
bañarse con baldes de agua fría todo el
año,obtenidos después de caminar cientos
de metros hasta alguna de las pocas canillas públicas
de la zona.Increíble contraste,puesto que al
este,y a menos de cincuenta metros, empezaban a erigirse
los primeros chalets y edificios de San Isidro,la zona
de la clase acomodada por excelencia fuera de la capital.
La Cava resultaba,pues,el epitome de la incongruencia
social argentina.Extrema pobreza y extrema riqueza convivían
a metros de distancia.Y a todo esto,se debía
sumar la delincuencia.
Dado su carácter cerrado (el acceso por la villa,salvo
un par de entradas principales,se hacía por unos
estrechos corredores de cerca de metro y medio),lo transformaba
en laberinto y fortaleza a la vez,y mucho de la baja
criminalidad criolla pululaba en ella. Rateros, travestis,ladrones
de autos,vendedores de droga...la villa se constituía
en un claustro inaccesible incluso para la policía,salvo
que fuera artillada como si fuese la guerra.Eran frecuentes
las emboscadas,y los patrulleros ni se asomaban si no
era en convoy.Por ello,constituía un centro de
operaciones por excelencia;y si uno pertenecía
al ambiente,no había lugar más seguro
en el país que el interior de la villa.Así
pues,se montaban desarmaderos de autos,depósitos
de mercancias ilegales y cualquier otro tipo de establecimiento
del mismo estilo con total impunidad,a sabiendas de
la fama que se habían hecho.
Y en ese zoológico de chorros y obreros,se hacían
los repartos de zonas correspondientes,para evitar conflictos
entre pandillas y garantizar una convivencia, si no
pacífica,al menos estable.Era curioso ver a esa
clase de gente organizada como si fueran fundadores
de un pueblo y asignaran lotes para colonizar, seccionando
al terreno en barrios internos.
Pero tanto gente pobre como criminales no perdían
su identidad de pertenecer a la villa;y aún el
raterío en general,próspero o no en sus
negocios,vivía como vivió siempre.Por
eso,no debía sorprender encontrar la vivienda
de algún traficante hecha de chapas y madera,sin
agua corriente ni gas,pero (eso sí),con un equipamiento
de electrodomésticos de última generación
en su interior.Así que se contaban (y por cierto,bastantes)
ranchitos con televisores de 29 o más pulgadas,
equipos de DVD,costosos parlantes de audio y hornos
microondas apoyados en desbaratadas mesas de madera,posadas
sobre el suelo de tierra y contrastando con la endeblez
de las paredes y de los techos...¡Ah!:y debemos
contar las lujosas motos y autos que estaban estacionados
frente a dichas viviendas,pertenecientes a sus dueños.
Este grotesco cuadro conformaba el esquema de cualquier
villa.Pero,por supuesto, esa convivencia tenía
un precio;cualquier nuevo integrante que arribara tenía
un bautismo de fuego con el robo inicial de sus pertenencias.Por
lo menos,hasta que fuera conocido y pasara a formar
parte del grupo de vecinos y amigos.Y si el recién
llegado era pandillero,los problemas de límites
eran arreglados con cuchillos o balas.Total,los cuerpos
desaparecían con una facilidad pasmosa y todo
el mundo miraba para un costado.Nadie reclamaba nada,ni
siquiera la policía.Y cuando debía hacerlo,era
generalmente porque los políticos la empujaban,deseosos
de mostrar repuntes en las estadísticas sobre
seguridad,o porque algún caso policial había
pegado muy fuerte en el público y debían
arrojarse resultados.Caso contrario,la cana ni asomaba
la nariz.
Precisamente en el día de la fecha estaban montando
un operativo;en este caso,se trataba de prostitución
infantil.Como sucedía en los últimos tiempos,cámaras
ocultas de la TV habían demostrado la existencia
de una red que operaba basándose en La Cava;allí
reclutaban a chicos y chicas y los ponían a trabajar,generalmente
buscando clientes en las estaciones de trenes.Esto iba
más allá,ya que generalmente los proxenetas
obtenían de los chicos datos sobre los clientes,lo
que daba pie para chantajes en el menor de los casos,y
para robar las casas de los mismos en la gran mayoría.Recordemos
que los clientes potenciales eran de la zona adinerada
de San Isidro en su mayor parte.
Empujados por esas cricunstancias,el escuadrón
de Vicios había montado una caravana de patrulleros
y furgones celulares que se encontraba en estos momentos
en el centro de la villa:la cancha de fútbol,territorio
sagrado para los habitantes de la misma y único
lugar que estaba prohibido vender o edificar.
Y al grupo de autos policiales se acercó,dificultosamente
(gracias al barro),el Chevy en donde viajaban Chico
y el Chueco.
El auto se detuvo y se apearon.Chico fue hasta el baúl,lo
abrió y sacó un par de escopetas.Un oficial
se acercó y Chico le mostró la placa que
llevaba prendida en el bolsillo superior del saco.
- Chico Garmendia,Vicios.El es mi ayudante.- hizo un
gesto hacia el Chueco,que rellenaba el arma con cartuchos.
- Están demasiados desnudos.Póngase chalecos
antibalas.
Tomaron un par del baúl de un patrullero.Había
gente fuera de sus casas, mirando.Mientras se calzaban
los chalecos,Chico interrogó al oficial.
- Busco a Pedriel.
- Se metió con unos hombres por allá,donde
está la casilla roja.Se fue hace media hora.
- Gracias.Lo voy a buscar.
La pareja se fue caminando cansinamente hacia donde
les había indicado el oficial.Chico encendió
un cigarrillo en el camino.
- ¿Estuviste en una villa antes?
- Me crié cerca de ella.- escupió el Chueco.
- Bueno,tené ojo.Cuando encuentren lo que buscan,esto
va a ser una galería de tiro.Así que,despabiláte.
Ya en la puerta de las viviendas empezaron a abrirlas
a punta de escopeta, observando atentamente el interior.Chico
iba preguntando a los vecinos asustados si habían
visto policías por aquel corredor.
Después de ocho puertas,llegaron a una casilla
de chapas.Hubieran seguido avanzando,pero al Chueco
le pareció escuchar algo y le hizo gestos a su
compañero para que entrara.
La tierra del interior de la casilla era algo más
consistente que el barrial de afuera,pero no mucho.Debían
pisar con mucho cuidado para no resbalarse.Había
un TV de 20 pulgadas sobre una mesita de roble,y un
juego de comedor de igual madera.Había retratos
por todas partes,y una bandera de Boca colgada de la
pared.La habitación era pequeña,con un
par de rendijas que hacían de ventanas,y que
terminaba con una cortina de arpillera que ocultaba
el acceso al siguiente cuarto.La humedad se condensaba
sobre las placas de zinc que formaban las paredes y
chorreaban por todos lados,incluso encima de la cortina,oscureciendo
su natural color marrón.
A medida que se acercaban a ella,los ruidos se hicieron
más audibles.Eran jadeos y susurros.Chico empujó
lentamente el borde de la cortina,hasta hacer un hueco
suficiente por el cual pasar.Y entonces vió las
espaldas de la figura erguida que se movía rítimicamente
contra la pared opuesta.
Era un hombre alto,canoso,algo excedido de peso.A un
lado estaba una escopeta apoyada contra la pared.Del
otro lado,sobre una sillita,el cinturón de cuero
con municiones,un chaleco negro,y la pistolera con el
arma en su funda;el resto del cuarto se completaba con
un sucio catre a un costado de la ventana.
El hombre estaba absorto en lo suyo que ni siquiera
se percató de la luz que provenía de la
puerta,ni de la sombra de los dos hombres proyectada
sobre la pared y sobre su espalda.Chico escupió
el cigarrillo de su boca,y también un par de
palabras.
- Hola,Pedriel.
El meneo sistemático del hombre se cortó
en seco.Exclamó un grueso insulto,e hizo un movimiento
como para acomodar lo correspondiente en sus pantalones.Luego,el
chistido del cierre ziper daba por concluído
el acto y,recién entonces,se dio vuelta para
encarar a los recién llegados.
- Te encuentro trabajando.
Detrás del comisario salió,en cuatro patas,una
figura pequeña.Se movió rápidamente
hacia detrás de la sillita,escondiéndose
y tapándose la cara con las manos mientras sollozaba
sordamente.
- Veo que seguís molestando a los nenes.
El comisario estaba agitado,con su rostro rústico
enrojecido por el ejercicio,y también por la
bronca.Sus facciones eran redondeadas,sus ojos azules
como el cielo y su boca breve,casi sin labios,como si
fuera un tajo.Su cabeza terminaba en una pequeña
papada,de la cual colgaban gotas de sudor.
- Pibe,rajá de acá!.- gritó.
La figura saltó de su escondite,llevándose
la silla donde estaba el arma por delante,y salió
corriendo atravesando la cortina mojada.
- Me imaginé que iban a mandar a ustedes dos.
- Imaginaste bien.- replicó Chico.El Chueco,mientras,se
rescostó en el marco de la entrada,haciendo guardia.
- Todo lo que quieren saber está en los informes.No
hay gran cosa.
- Vamos,Pedriel.Vos sabés que no siempre se pone
todo en los informes.
- En este caso sí.- tomó la sillita del
suelo,la acomodó y se sentó en ella -
Matanza,sangre por todos lados,el Cholo desaparecido.
Chico puso en pose de descanso la escopeta.
- ¿A vos te parece que el Cholo es un tipo con
huevos como para esto?.
- Si hay muy buena guita,cualquiera tiene huevos para
cualquier cosa.El Cholo siempre vivió bien con
sus curros,pero últimamente se le estaban terminando,así
que andaba endeudado...
- Dale,...en esto los curros nunca se acaban...
- Mirá que no es tan así.Estuvieron los
yanquis de la DEA hace poco,y anduvieron metiéndole
el dedo a todo el mundo.- sacó un pañuelo
y se secó el sudor - Dicen que se hartaron que
no nos movamos, y ya no nos consideran tan sólo
un país de paso para la falopa.Amenazaron con
quedarse la próxima vez que vinieran si no se
hacía limpieza.Así que medio mundo bajó
las persianas,arrestaron a algunos e hicieron ruido
como para que se vea movimiento,con esperanza de que
los yanquis estén tranquilos y no se queden.-
hizo una pausa - Y eso le bajó bastante el ingreso
al Cholo.Estaba cebado con lo que tenía,y no
quería volver a las viejas épocas de apretar
gente,cabarutes - hizo un gesto con la ceja,como para
entender que trataba de Sócrates - y todo eso.
- Precisamente,si estaba tan cebado,no lo veo errando
por ahí,sabiendo los quilombos que le va a traer
andar con ese palo verde.
- ¿Un palo?.¿Tanto?.
- Sip.
Pedriel bajó la cabeza y emitió un silbido.
- No imaginé que era tanta guita...Me vendría
bien para el retiro.
- Pero el que es cana hoy,es cana toda su vida...
El comisario se rió.
- ¡El muerto se ríe del degollado!
- Vos sabés que los vicios que uno agarra,no
los larga más.- dijo mientras le dirigía
una mirada al Chueco, desentendido totalmente del tema
- No lo veo a un tipo vago como éste,que no quiere
currar como antes,haciendo la gran Rambo.
- Es verdad...Pero el Cholo tenía entrenamiento
de la DEA.
El Chueco lanzó un silbido.
- Parece que los yanquis son puro blablablá,porque
entrenar justo a este tipo...
- Si,sonó a una movida rara...Quién sabe,quizás
así lo vigilaban más de cerca.
Chico seguía sin captar la escencia del Cholo;era
un tapado,un cobarde,...
- ¿Pensás que sea agente encubierto?
- Si lo es,hizo un arreglo.- dijo el comisario mientras
se rascaba la cabeza - Un arreglo muy turbio como para
que los yanquis lo dejen laburar para la DEA,y a su
vez,mantener sus negocios.Pero no lo creo..
- ¿Por qué estás tan seguro?
- Porque lo conocí bien al Cholo.
- Vos lo recomendaste.- replicó Chico.
El comisario guardó el pañuelo.
- Mirá,Chico...lo mismo que pasa con el brasilero,debe
haber pasado con Chávez.Cuando haces negocios
desde adentro de algún organismo,es porque tenés
alguien encima de ti que te apaña.
- ¿La DEA infiltrada por alguien?
- ¿Y por qué no?...El tipo montó
una operación comando él solito;debe haber
estudiado los planos,sabía como atacar...¡Le
dieron un silenciador!.
A él tambien le extrañaba eso.
- Vos sabés que los silenciadores son cosas de
película...de espías.Acá en el
país no hay.¿Para qué precisás
silenciador,si acá podés liquidar a alguien
en pleno centro de la ciudad y nadie te ve ni te acusa?.
La expresión arrancó una breve sonrisa
del petiso.
- No...ésta fue una operación planeada.
Chico seguía dudando.
- Vos sabés que creo que no...Sí que lo
planeó alguien,pero creo que él solito...
- Chico:la gente no se desvanece así porque sí.
- ¿Rastrearon el auto?
- Alquiló una 4x4...donde iban a hacer el trato
está en la concha de la lora,en medio del campo
y con auto común no se llega...Sacamos informes,nadie
lo vió. Ni la agencia que se la alquiló
tiene noticias...tampoco recibimos noticias de hoteles...ni
siquiera de los puestos de peaje.
- ¿Ni de los puestos de peaje?.- exclamó
sorprendido el matón.
- Tanto a la entrada como a la salida,revisamos los
videos,y hay gente montando guardia.Vos sabés
que el brasuca se puso muy inquieto y pidió que
selláramos la zona,como si fuera un chorro común...Y
hasta ahora nada.
- Hmmm...entonces,aún debe estar en la zona...
El comisario negaba con la cabeza.
- Sos terco...el tipo ya lo sacaron del país.No
lo vas a encontrar más.
- O anda yirando por ahí con las dos maletas...Lo
de la DEA infiltrada es ciencia ficción.
- ¿Se te ocurre otra cosa?
- Ehhh...- meditaba Chico - Tengo la impresión
que es un oportunista.Consiguió info y armas
de la DEA,y decidió arriesgarse a dar un buen
golpe.
El comisario adelantó la cabeza,como si fuera
a hablar una confidencia.
- ¿Acaso vos no lo darías si tuvieras
la oportunidad?- preguntó Pedriel.
- Ya creo que sí. - intervino el Chueco.
Chico se molestó con el flaco.
- Mirá tu amiguito,el que le habían comido
la lengua los ratones...Qué confianza que te
tiene...- bajó el tono de voz- Fumá,Chico;todos
nosotros lo haríamos...Está en nuestra
sangre.Si vemos una oportunidad,la tomamos.
El petiso se sintió molesto con el tono de esa
conversación.Decidió cambiar de tema.Eran
conversaciones peligrosas y lo último que faltaba
era que Sócrates se enterara que andaban conspirando...
- ¿Y esa estancia,queda lejos?
El comisario se rascó la cabeza,haciendo memoria.
- Queda a diez kilómetros de un pueblito en el
norte de la provincia...Roble Quemado.
Chico hizo gestos con la cabeza,como que no lo ubicaba.
- Buscálo,...figura en el mapa.En un mapa grande.Está
al norte de la provincia, sobre el Paraná.
- Pudo haber borrado para el Uruguay o para Entre Ríos...
- No,no.- Pedriel gesticuló con las manos,como
para hacer que se detuviera - La prefectura tampoco
tiene noticias.Y los uruguayos,que son más eficientes
que nosotros,tampoco notaron nada.- comenzó a
erguirse,como para terminar de vestirse y continuar
con lo suyo. - Además,hace como una semana que
llueve por aquella zona,el río está muy
picado como para irse en algo chico como una lanchita
o un bote,algo que pueda pasar desapercibido.Chico:al
tipo se lo llevaron alguien que labura desde adentro
de la DEA.Ya pasó todos los controles oficiales,y
quizás esté volando a Miami en primera
clase.
- No,Pedriel.- concluyó Chico.- Si no hubo movimientos
en la frontera,y si me lo imagino algo vago y ambicioso...laburó
solo y está esperando en alguna madrigue...
En ese momento,un trueno retumbó en el cuarto.Algo
caliente salpicó la mano de Chico e,incluso,el
Chueco se agachó cebando la escopeta,listo para
disparar. Mientras que todos estaban en pose de guardia,el
comisario se había desplomado sobre la silla,con
los ojos salidos por el asombro mientras su mirada bajaba,temerosa,hasta
su pecho que se teñía rápidamente
de bordó.Hizo una fuerte exhalación,sus
brazos no llegaron a tocarse la herida,y se desplomó
sobre su lado derecho,dando violentamente con la cara
contra el piso,y arrastrando a la silla en su caída.
Inmediatamente,empezó el canto de las armas.Ruidos
de ráfagas y balazos aislados se sucedían
por la calle,mientras el Chueco se lanzaba hacia la
ventana que había detrás del cadáver
del comisario.
Entre las corridas generales,vió una figura pequeña,sucia,similar
a la que había estado en el cuarto momentos antes,corriendo
despavorido.Y,sobre el sendero de tierra,una pistola
negra,salpicada de barro.Su mirada se volvió
instintivamente primero hacia la pared de chapa por
donde ahora pasaba la luz a través de un orificio;y
después miró hacia el chaleco y el cinturón
de Pedriel,tirados en el suelo donde estaba antes la
silla.La funda estaba vacía.
- Mierda.- susurró Chico.- Vámonos.
Los dos hombres salieron por la puerta,sin fijarse si
Pedriel agonizaba o no.Caminaron a paso rápido
hacia el Chevy.El oficial que los había atendido
antes corrió hacia ellos.
- ¿Que pasó?
- Pasó lo que debía pasar.
- ¿Encontraron a Pedriel?.
- Sí,pero estaba ocupado,así que nos despachó
rápido.Si va por allá - señaló
la casilla de la que venían - puede que lo encuentre.
El oficial llamó a otros dos agentes que salieron
prestos al lugar indicado. Mientras,los dos hombres
se desarmaban y ponían las cosas - incluyendo
el chaleco antibalas - en el baúl del Chevy.
- Un regalo de la policía.- murmuró el
Chueco.
Chico se limpiaba la mano y se miraba el traje.Tenía
la manga salpicada con sangre del comisario.
- Mierda...era un buen traje.
Cerraron el baúl,y se subieron al Chevy.Partieron
a toda velocidad de allí mientras Chico hacía
una llamada por celular y el Chueco revolvía
la guantera,buscando un mapa donde ubicar al pueblo.Afuera
del auto,el infierno se desataba en la villa. |