Por
Alejandro Franco ( info@datacraft.com.ar
)
Capítulo 3 - Roble Quemado
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Roble Quemado es un pueblo que se ubica a orillas del
Paraná,a doscientos kilometros al norte de la
ciudad de Buenos Aires,y habitado por poco más
de dos mil almas que viven en su mayoría gracias
a la cosecha,al molino local,a su pequeño puerto
y a la fábrica de cerveza que se erige sobre
una de sus suaves colinas.No era demasiado próspero,pero
si lo suficientemente simpático como para dedicarle
una hora a inspeccionarlo,si uno estaba de recorrida
turística o si debía desviarse de la ruta
por algún desperfecto mecánico.Yacía
en una zona de penillanuras poco habitual para aquella
parte del país,atestada de praderas y colinas;incluso
el pueblo mismo descansaba sobre una hondonada que descendía
suavemente hasta ser rebanado por el río de forma
violenta,formando una costa de irregulares barrancos,y
que le daba una vista espectacular de las islitas que
flotaban frente a él,tupidas de vegetación.
El nombre provenía del orgullo local,un roble
centenario ahora rodeado de vallas y plaquetas;se dice
que,en la época en que la zona era virgen,algún
prócer que nadie recuerda con exactitud vino
y se sentó bajo dicho árbol,reflexionando
sobre los planes para la batalla que debía mantener
al día siguiente,cerca de Rosario,uno de los
combates más vitales de la historia épica
argentina.Otras malas lenguas comentan en cambio,que
la única utilidad que le encontró el héroe
fue hacer sus necesidades a la vera del histórico
árbol.De todos modos se hizo objeto de culto
y el estanciero propietario de esas tierras fundó,a
metros de la reliquia,una iglesia lo que dio pie al
resto del pueblo.A los pocos años de iniciado
el asentamiento,un temporal - justo en la fecha que
se cumplía el aniversario de la visita del prócer
- descargó un rayo sobre su copa;y aún
los ingentes esfuerzos de los noveles colonizadores
no pudieron evitar,baldes de agua mediante,que medio
árbol se incendiara.Con el tiempo el pueblo creció,se
formó una comisión,se recaudaron fondos
y se contrataron especialistas incluso de Japón,para
mantener el resto del roble con vida.Aún así,las
cicatrices del incidente aún se ven a simple
vista sobre su corteza castigada por los años.
Como todos los pueblos,se empezó a erigir alrededor
de la iglesia y,en este caso,del roble mencionado.La
comisaría,la intendencia,la pequeña clínica
que hacía las veces de hospital en caso de urgencia,y
la escuela.Se hizo una plaza con el árbol como
figura principal y,de ahí en más,el resto
del pueblo empezó a crecer con forma de damero
como se acostumbraba en el siglo XIX,con callecitas
estrechas y adoquinadas,lo cual era un lujo para la
época ya que muchos pueblos (incluso más
grandes que Roble Quemado) solo tenían calles
de tierra,pedregullo o carbonilla; ese privilegio estaba
muy bien para la época de carros y caballos,pero
en la era del auto se transformaba en una maldición,especialmente
en los días de lluvia donde terminaba transformándose
en una pista de patinaje,siendo frecuentes los choques.
Pero retomemos la historia;el estanciero falleció,su
cuerpo se sepultó en la iglesia,y sus posesiones
se hicieron del erario público de modo que la
propiedad terminó siendo loteada a precios muy
bajos,favoreciendo el crecimiento de la localidad; crecimiento
lento,ya que no tenía un buen puerto natural
- el río es poco profundo en el brazo que empapa
sus costas - y sus tierras no eran tan ricas como localidades
ubicadas a pocos kilómetros tanto hacia el norte
como hacia el sur.Pero como eran tan baratas,algunos
chacareros se arriesgaron principalmente a cultivar
frutales,algo de trigo y,en los últimos tiempos
del ecologismo,la cultura light y los alimentos alternativos,
probar suerte con la soja.
Roble Quemado era un pueblito pintoresco;sus calles
adoquinadas y sus casonas de ladrillos rústicos
le daban ese aire,y hasta había quién
lo comparaba exageradamente con Colonia Del Sacramento,en
Uruguay;y los más exacerbados se imaginaban a
Roble Quemado nombrada como patrimonio de la humanidad.
Buena parte de esas ideas delirantes venía del
Movimiento de Guardianas de la Memoria Pública,pomposo
nombre que refería a un grupete formado por una
multitud de señoras ancianas,aburridas y obscenamente
atiborradas de plata,entre las cuales se contaban a
las mujeres de los terratenientes,del intendente,y de
los pocos profesionales que habitaban el pueblo.Este
movimiento también se encargaba del mantenimiento
del teatro local,una construcción antigua y que
en su momento fuera lujosa,aunque hoy estuviera en franca
decadencia.Obra que, también decían,fue
tan innovadora en su época como para que el teatro
Colón de Buenos Aires se hubiera basado en sus
planos.Como verán,ellas entendían que
al menos medio mundo se había construído
o basado en las maravillas locales del pueblo.
Roble Quemado cubría un poco más de dos
kilómetros de largo,atestado de casitas de una
planta,hechas en su mayoría por sus propios dueños.El
mirador de la ciudad - si se lo puede llamar tal - era
la intendencia,un enorme edificio...de tan sólo
tres pisos,pintado recientemente de amarillo patito
gracias a numerosas donaciones, bailes benéficos
y el auxilio de una empresa fabricante de pinturas que
donó los saldos de sus productos de menor venta.Como
la donación era una partida de pinturas distintas
y de distintos tonos de amarillo,el resultado de la
mezcla final fue ese tono amarillo furioso que dañaba
la vista y que incluso se podía divisar desde
la ruta en días de niebla.
Pero el cuadro no estaría completo si no mencionáramos
a sus habitantes; compuesto en su mayoría por
muchos inmigrantes italianos,bastantes provincianos
(generalmente de Santa Fe o de Córdoba),algunos
españoles,unos cuantos paraguayos,un puñado
de bolivianos y dos o tres coreanos.Esta mezcla racial
y generacional resultaba bastante explosiva,dando pie
a fuertes y frecuentes disputas familiares,dada la venalidad
de sus orígenes;y,debido al hecho que no eran
demasiados,todo el mundo resultaba ser pariente de todo
el mundo,con lo cual cuando había una pelea medio
pueblo no se hablaba durante días.De igual modo,todo
el mundo sabía vida,obra y color de calzones
de cada uno,con lo que cumplían de sobra aquello
de "pueblo chico,infierno grande".
Si bien el pueblo apenas sobrevivía con los
cultivos,no fue sino hasta los ´60 que tomó
algún empuje gracias a la fábrica de cerveza.En
ella trabaja la mitad de la población laboral
activa de Roble Quemado,y se había transformado
en otro (uno más) de los orgullos locales.Orgullo
que habían querido explotar de alguna forma,haciendo
una fiesta local de la cerveza que sin embargo,prosperó
muy poco en comparación a la de otras ciudades,fundamentalmente
porque la mayoría italiana no toma cerveza,y
porque no hay alemanes en el pueblo.Pero sí en
cambio, floreció el festival del Bagre; una semana
de bacanal de consumo del mencionado pescado bigotudo,
cocinado de mil maneras distintas,que acercaba unos
cientos de visitantes al menos una vez al año
al pueblo,y unos dinerillos extras a las alicaídas
arcas de la intendencia y negocios locales.Hacían
concursos de pesca, inmortalizaban al bagre más
grande en una foto y eligían a la Reina del Bagre
en siete días inolvidables para luego archivar
adornos y guirnaldas hasta el siguiente año.Una
semana de vida,y cuarenta y siete semanas restantes
de una apacible y agónica siesta.
En aquel contexto,eran raros los incidentes,por lo que
el cuerpo de policía era muy pequeño:apenas
un comisario y dos o tres ayudantes.Estaban básicamente
para meter preso a borrachos y pendencieros,que casi
siempre eran los mismos.Por eso,la matanza que había
sucedido hacía un par de días atrás
- que,si bien no había salido aún en los
diarios,por el correveidile pueblerino ya era vox populi
- había aterrorizado a los lugareños,y
eran constante tema de charla entre la chusma local.A
final de cuentas eran como una gran familia y,en aquel
pueblo,nadie acostumbraba cerrar con llave ni las puertas
de sus casas ni la de los autos.Por eso, un hecho tan
sangriento hacía entrar en pánico a la
pacífica población quemadense que,temerosos,acudían
en masa diariamente a la comisaria para saber si desde
la capital de la provincia iban a mandar refuerzos como
para garantizar su seguridad personal y la de sus bienes.Charlas
y mates mediante,los lugareños regresaban a sus
casas con desconfianza,a pesar de las palabras de consuelo
oficiales.
Porque,después de todo,ellos sabían lo
veraz y eficiente que era el comisario.
El cabo ,vestido con una capa improvisada hecha por
una bolsa de arpillera que lo protegía de la
llovizna constante que azotaba al pueblo desde hacía
días,dejó la bicicleta calzada en la armazón
de varillas destinada a tal fin,y caminó desganadamente
los metros que lo separaban hasta el viejo portón
de la casona situada a la vera de la ruta.Era alto,rubión
y desgarbado;y aunque sus facciones eran apuestas,tenía
un aire terriblemente aniñado gracias al acné
que maquillaba su rostro.Se paró delante de aquel
portón que,le habían dicho,era poco menos
que la entrada al cielo,y tocó el timbre.Mientras
aguardaba,se dedicó a inspeccionar la fachada
de la vivienda;era una construcción rústica,de
ladrillos a la vista y pequeños ventanales vestidos
por unos postigos bordó.No tenía nada
de sorprendente,excepto que quienes conocían
el lugar sabían que esos postigos nunca se abrían
y que el único indicio de vida era,a la noche,el
farolito rojo que se encendía a la entrada,y
la frecuente llegada de visitantes durante toda la noche.Visitantes
a pie,en camion,a caballo...de todos tipos y colores.
Volvió a tocar y el timbre sonó como una
chicharra desafinada,y varios perros comenzaron a ladrar.Una
ventanilla se abrió,y un ojo de iris irritado
pispeó con curiosidad al recién llegado.
- Busco a Santos.- dijo el cabo
Dichas las palabras mágicas,se sintió
el ruido de tres pasadores corriéndose;la puerta
se abrió con un lento chillido,típico
de las películas de terror,y el desgarbado cabo
pasó al interior.
La recepción era un patio de relucientes baldosas
blancas y negras que formaban un tablero de ajedrez
gigante,y estaba coronada por una sucia claraboya.El
tiempo tormentoso no ayudaba a la pobre claridad que
pasaba por ella.El recinto era hexagonal,y terminaba
cada lado en una puerta de madera con vidrios cubiertos
por cortinas floreadas.Sobre el centro había
tres bancos similares a los de la plaza,que formaban
un triángulo con un macetón en el medio
que albergaba un gomero de metro y medio de alto.Sobre
las paredes colgaban viejos avisos publicitarios de
la decada del ´50,de gaseosas,maquinas de afeitar
y otros productos de perfumería para hombre.Y
en un costadito,una mesita ratona tenía diez
o doce ejemplares del diario local,"El guardían
de Roble Quemado",que debían tener al menos
dos años de antigüedad.Total,los visitantes
no iban hasta allí precisamente a leer.
La puerta se cerró detrás de él,y
entonces el cabo volvió a sentir esa sensación
de incomodidad que siempre le asaltaba,sin importar
de que esa no era la primera vez que entraba al quilombo.A
fin de cuentas,ya tenía veinte años y
se consideraba un hombre,pero era muy fresco y tierno,y
veía los ojos de aquellas mujeres que lo espiaban
con curiosidad y líbido desde detrás de
las cortinas.Se sentía agobiado y acosado...si
supiera que la vida de aquellas mujeres era de hastío
y que solo miraban para ver si era alguien conocido...pero
el cabo sentía que lo desnudaban con la mirada.Y
se enrojeció.
Una vieja había cerrado la puerta.Debía
tener como ochenta años (o más),sin dientes
y caminaba con un bastón hecho con un palo de
escoba.Palo que en más de una vez se había
transformado en garrote cuando las cosas se ponían
espesas.
- Ya te lo llamo. - tosió la anciana.
La mujer se dirigió,con sus altibajos al caminar
y su lerdo paso,hacia la última habitación
de la izquierda.Golpeó fuertemente con el puño
cerrado,y con un vozarrón que no se acompañaba
con la estampa,gritó:
- ¡¡Yoli!!.¡¡Lo buscan a Santos!!.
Se sintió un murmullo que debía ser un
sí.La vieja miró hacia el cabo y le dirigió
una sonrisa desnuda de dientes.El cabo contestó
con una mueca nerviosa.
La anciana optó por retirarse con su paso atravesado.Se
fue pensando que el cabo estaba bueno para saltarle
encima y,de paso,sacarle la estampa de virgen bobo que
emanaba por todos los poros.
El cuarto que estamos viendo es cómodo y de
un lujo barato,pero funcional.Tenía una TV blanco
y negro,la que encendían ocasionalmente para
hacer compañía y ver eventualmente un
partido de fútbol,o ver alguna comedia mientras
las chicas se echaban un descanso y jugaban una partida
de truco;una pileta y un bidet, necesarios para la higiene
del negocio y hacer el control de calidad de los visitantes;un
par de cuadritos con flores,de los cuales el marco debía
salir más caro que el contenido;paredes revestidas
con un empapelado floreado descolorido;un espejo al
cual le había desaparecido la tercera parte del
azogue;un ropero y tres sillas de pino,teñidas
de marrón oscuro,y una cama de dos plazas de
baja altura.Precisamente en la cama había dos
cuerpos cubiertos apenas con un cubrecama bordó
adornado por más flores.
Uno de los cuerpos era el de una mujer;rubia oxigenada
de pelo corto,aunque se notaban ya las raíces
oscuras y unas pocas de color blanco.Era un cuerpo bastante
firme,a pesar de que su dueña ya había
pasado los cuarenta y le daba bastante maltrato.Sus
senos eran grandes y firmes,y su estómago robusto,pero
sus caderas eran algo fofas y estaban poceadas por el
inevitable avance de la celulitis.Sus manos eran grandes
como las de una trabajador,poco femeninas a pesar de
los kilos de anillos y pulseras que tenían.Su
rostro estaba ajado,contrastando con la piel lisa del
resto de su cuerpo;debió ser en su tiempo una
mujer bonita de ojos grandes y sensuales,y boca fina
y cruel,pero ahora era casí una caricatura de
aquella muchacha tierna que hacía veinte años
había parado en el pueblo, abandonada y golpeada
por un marido que nunca más volvió a ver.Esa
era la Yoli.
A su lado,había un hombre vestido solamente con
musculosa y medias.Debía tener un poco más
de los cincuenta,alto,flaco aunque con una barriguita
bastante prominente.Siempre lo cargaban con que parecía
una lombriz con un nudo.Era velludo y todo el pelo de
su cuerpo,incluso su cabellera,estaba entrecano.Tenía
unos bigotes espesos rodeando a una boca burlona que
cubrían una pequeña melladura de sus labios.Sus
cejas eran gruesas y despeinadas,su nariz ganchuda,y
tenía un par de orejas grandes y paradas como
dos radares.Su pelo estaba alborotado por las almohadas,contrariamente
a como usaba siempre,firmemente peinado con brillantina
en raya hacia el costado derecho.
Ese era el comisario Santos Aguilera.
Elías Santos Aguilera era un hombre maduro y de
rostro cuarteado como toda la gente que vive en el campo
y pasa la mayor tiempo a la intemperie. Era,contrariamente
a la mayoría,hijo de españoles;su padre,como
tantos otros, había salido a las corridas de España,huyendo
de la guerra civil que estaban perdiendo,y había
conocido a su madre en Portugal unos años antes
de embarcarse hacia América.Llegaron a Buenos Aires,los
estafaron un par de veces como buenos inmigrantes y,descantados,decidieron
migrar al interior donde la gente era más amable
y sincera.En un principio iban a ir a Rosario pero su
madre estaba embarazada de él,con lo cual debieron
hacer un parate de urgencia en Roble Quemado,y donde había
terminado naciendo.Y de allí en más,nunca
se fueron de allí.
Su padre era carpintero,y su madre hacía las veces
de lavandera y modista improvisada.Entre ambos sobrevivieron
veinte años de una relación áspera
y respetuosa a la vez,de un amor rústico como lo
eran ellos.Cuando Santos egresaba de la escuela de oficiales,falleció
ella del corazón.Y a los pocos meses,la parca también
se llevaría a su padre,quien no había podido
sobrevivir con el dolor de la ausencia de su esposa.
De allí en más,Santos se cuidaría
por su cuenta.Solitario en lo personal,siempre rodeado
de amigos,conoció a la hija del ferretero del
pueblo,con la que se casaría.Y si bien no tuvieron
hijos,vivieron felices hasta que ella falleció
en un accidente automovilístico hacía
diez años.Un golpe fortísimo para un hombre
que adoraba a su esposa,del cual se había repuesto
con no pocas cicatrices.
Precisamente con ella estaba soñando cuando se
escuchó el grito de la celadora.
- ...Santos...te buscan...
Aguilera pispeó de mala gana el reloj;eran las
tres y cuarto de la tarde.Nadie caía a molestar
a las tres y cuarto de la tarde;en ese pueblo todo se
paraliza entre las doce y las cinco para comer y dormir
la siesta,incluso los chorros y pendencieros. Allí
todos molestaban solamente en horario comercial.
- ¡¡Ya vaaa!!! - gritó la Yoli.
Santos se incorporó,y con el pie empezó
a tantear buscando los zapatos.
- Debe ser importante...tenés camisas lavadas
y planchadas en el ropero...
Santos asintió con la cabeza.Estaba bastante
dormido aún.
- ¿Quién cacho será ahora?
- Y...algo debe haber pasado...
La Yoli se levantó;estaba desnuda,salvo una tanga
atigrada que cubría su generoso trasero.Se fue
hacia la pileta,se enjuagó el rostro y lo secó
con una toalla tambien florida como el resto del cuarto.
A esa altura,Santos ya se había puesto los pantalones
azules,y había tomado una impecable camisa celeste
de la pila prolijamente acomodada en un estante del
ropero.Le sacó a su camisa usada las insignas
y empezó a agregarlas a la nueva.
- ¡Uy,Dios,que dormido que estás!.
- Vos me dejás así.- dijo mientras la
Yoli le saltaba encima para arreglar las insignas torcidas
y el nudo de la corbata negra.
- Apuráte...
- ¡Ya va,mujer!...Ustedes viven apurando a la
gente.
- Bien que cuando le pedís algo a alguien,lo
querés ahora.
- Sí,bueno...¡Pero acá,yo soy el
comisario!.
La Yoli lanzó una sonora carcajada.
- Ah,si,claro...te tienen que respetar...Dejáte
de joder,Santos,que todo el mundo ya te tiene conocido.
Aguilera le lanzó una mirada divertida.
- Bué...si todo el mundo sabe,será por
eso que me persiguen las mujeres...
La Yoli retrucó la mirada.
- Más te vale que no.
- ¿Y por qué no?.¿Que,solo estoy
yo reservado y vos no?
La mirada de la mujer se endureció,perdiendo
la picardía de hacía unos instantes.
- Ese tema ya lo hablamos...Vos sabés que lo
nuestro es distinto.
- Sí...vos no me cobrás.
La Yoli seguía peleando con el nudo de la corbata.Ahora
con más fuerza.
- No seas pelotudo.Vos sabés que no es eso,que
no es así.
- ¿Y entonces qué?.¿Me vas a decir
que estás enamorada?.
Detuvo su pelea con el nudo.Ahora sus ojos eran puñales.
- ¡Sos un hijo de puta!
Dejó la corbata como estaba y fue a buscarse
un batón para cubrirse.Santos cayó en
la cuenta de que había metido la pata.Ella estaba
en un rincón,anudando una y otra vez el cinturón
del batón,de espaldas a él.Se acercó
por atrás y la tomó de los hombros.
- Yoli...somos grandes.
- ¡Si no lo supiera!.
- ¡No!.Lo que digo es...que estamos grandes,viejos
y llenos de mañas.Nos llevamos bárbaro
así...otra cosa sería arruinarlo.
- Quizás porque te interesa seguir solo así.
- No...quizás porque a esta altura,..amar a alguien...eso
pasa cuando uno es pendejo...- dijo,entrecortado.Pero
vió que aún seguía dormido,que
no hilvanaba bien las ideas,y que el horno no estaba
para bollos.Decidió hacer mutis por el foro.-
¡Bué!,me tengo que ir a laburar.- le dio
un beso en la mejilla - Después te veo.
Salió presto por la puerta con la corbata a medio
anudar.Yoli se quedó mirando la entrada con los
ojos humedecidos.
- ...Para pendejos...eso es lo que vos creés..
Y permaneció contemplando la puerta una rato
largo,hasta que se dio cuenta que faltaba poco para
que ella también entrara al trabajo.
- ¡Caaabo!
El cabito se incorporó y le hizo la venia.
- ¿Quién puñeta viene a joder a
esta hora?
- De La Plata...vienen por lo del otro día.
Pasaron la puerta y se dirigieron a la camioneta del
comisario;una Rastrojero Diesel beige,llena de rayones
y manchones de antióxido por todos lados.Si bien
no era el vehículo oficial,desde la central de
La Plata nunca le mandaron un patrullero así
que tenía que arreglarse con su propio auto.
- ¿En qué vino?.¿A pata?.
- Allí,mi comisario.En bici.
- Veo...levante esa mierdita y póngala atrás.Nos
vamos en mi 4x4.A propósito...- hizo una pausa
- ¿sabe hacer un buen nudo de corbata?.
La comisaría era un caserón que databa
de más de 100 años de antigüedad;
inicialmente había sido una pulpería,y
el antiguo destacamento policial había estado
en un rancho de barro y tejas que se fue cayendo a pedazos
con el paso del tiempo.Cuando el dueño de la
pulpería emigró a Rosario (se comenta
que había dejado deudas de juego),el fundador
del pueblo lo compró y lo donó para hacer
la nueva comisaría del pueblo.Era un edificio
de ladrillos antiguos,casi deformes,con placas de musgo
que manchaban irregularmente las paredes externas.Una
planchada a una agua hecha con madera bien asentada
- no como la que viene ahora - había resistido
más que bien el paso del tiempo.Por dentro,el
rancho parecía un loft:pisos de quebracho laqueado
- viejos durmientes de tren,afanados de las vías
de un ramal que hacía rato no corría más
- ,el mostrador de roble y estaño reciclado y
renovado,y los viejos anaqueles donde iban las bebidas,transformados
en archivadores sin orden alguno.Había un escudo
de la provincia,una bandera argentina,una máquina
de escribir Remington negra a la que se le escapaba
la A a cada momento,tres sillas de tres juegos distintos,un
viejo teléfono negro de bakelita con disco,una
mesa de pino toda rayada,y un armario de metal con llave,donado
por el ferretero,y que contenía plata,cartuchos
y escopetas.La vieja pulpería culminaba con una
cortinita que daba lugar a lo que había sido
el depósito en su tiempo,que ahora se había
cerrado con rejas y era el calabozo.
En el recinto,esperando al comisario,se encontraban
Chico y el Chueco pero no estaban solos;detrás
del mostrador y con pinta de pulpero,habia una figura
regordeta y de poco estatura,con sus gruesos y velludos
brazos apoyados sobre el estaño como si estuviera
esperando a la clientela.Su cabeza era maciza,dotada
de una cabellera negra algo escasa,con sendas entradas
y peinado a la gomina,aunque la rebeldía de su
pelo hacía que en su nuca se formaban cuantiosos
rulos,dando la impresión de que tenía
una almohadita de viaje prendida al cuello.Tenía
una nariz pequeña,suficiente apenas para apoyar
unos inmensos lentes de armazon de metal y vidrio transparente;y
debajo de ella,como una cortinita,un delgado bigotito
moustache que le daban un aire picaresco y anticuado.Ese
era el doctor Orestes,el veterinario y eventual forense
del pueblo,que era prácticamente la mano derecha
del comisario,cuando no la verdadera neurona de la comisaría.Un
hombre de buen humor,al que le gustaba hacer bromas
pesadas a sus amigos respecto a su profesión,como
empezar a narrar una autopsia en medio de un asado compuesto
por achuras.
En un rincón,en cambio,se veía a un clon
idéntico a él,pero con la mitad de edad,la
tercera parte de su peso y la décima parte de
su inteligencia.Era el cabo García,su sobrino.
Cuando Santos cruzó la puerta,sacudiéndose
la lluvia de sus ropas,se encontró con la comitiva
que los esperaba.
- Buenas tardes.Santos Aguilera,un gusto. - dijo,dirigiéndose
a los dos extraños, que estaban sentados alrededor
de una de las mesas,como clientes de un bar.
Los hombres asintieron con la cabeza y estrecharon la
mano.Santos les pegó una mirada:el petiso parecía
inteligente,el alto parecía enfermo y en bavia.No
les gustó demasiado la pinta de aquellos dos,enfundados
en trajes arrugados.
Por su parte,Chico y el Chueco permanecieron con cara
de póker.Chico le había dado instrucciones
al alto para permanecer lo más callado posible,cosa
que no le sería muy difícil;a fin de cuentas,los
comisarios de pueblos son la incapacidad en persona,pero
suficientemente chusmas e indiscretos como para resultar
molestos.
Chico exhibió la chapa.Ya tenía la muñeca
aceitada de hacer el gesto.
- Bueno,señores,...¿en qué los
puedo ayudar?.
- La estancia de Pérez Costas.- masculló
Chico - Venimos de La Plata con órdenes de ver
el lugar.
No hubo ningún pedido,sino una orden.Eran arrogantes.
- Bué,eso va a tener que esperar un poco...
- ¿Por qué,comisario?
- Mire como está el tiempo,don...toda esta semana
estuvo cayendo agua de arriba p´abajo.Normalmente
estaríamos agradecidos,pero con esto está
todo inundado.Los caminos son ríos de barro.
- ¿Y cuánto habrá que esperar?
- Y no sé...un par de días después
que corte la lluvia.
- Es demasiado tiempo.Debe ser hoy.
Santos frunció la boca.Caprichoso resultó
ser el enano.
- ¿Ustedes como vinieron?
- En auto.
Santos se dio vuelta y vió al Chevy a través
de la puerta.
- Lindo fierrito...pero para ir al casco de la estancia
no les sirve.
- Entonces usaremos camionetas.Supongo que podremos
usar la suya.
El resto de los espectadores seguía la charla
con interés.En especial,el Dr.Orestes que,con
cara de nada,y los brazos cruzados sobre su amplia barriga,repelía
mentalmente a aquellos tipos.Además tenían
un olor...raro,impregnado en sus ropas.
Santos miró al resto para buscar alguna mirada
cómplice.Pero parece que todos se lavaban las
manos,dejándolo a él solito con la tarea
de explicarle a los extraños que las cosas no
siempre funcionan así.Y menos en aquel pueblo.
- Mire,don...
- Oficial Garmendia.
- Don Garmendia;ni con un tractor podemos cruzar esos
barriales mientras caiga la lluvia;se hundiría
y después habría que volver a pie diez
kilómetros. ¿Entiende?...- miró
a Chico con firmeza - ¿Me explico?.Sé
de vacas que desaparecieron completas en los lechos
de barro de aquella zona.
- No exagere...
- ¿Ah,no?.- puso una expresión impaciente
-¡Che Orestes!.Explicále lo del viejo Gómez.
Orestes se quedó en su lugar,forzando a los recien
llegados a voltearse para atenderlo.Hizo un gesto de
hastío,como diciendo:Santos,no me metas en líos
con esta gente.Y menos con esa historia absurda...
- El viejo Gómez tenía un campito por
donde estaba la estancia de los Perez Costas.- comenzó
el doctor Orestes - Todos los veranos llevaba un rebaño
de ovejas a pastar a lo de Rogelio Fagúndez,así
le desmalezaba la tierra para la siembra...Como era
marzo y vienen los cambios de clima,se largó
un bruto aguacero a la tarde,justo antes que el viejo
pegara la vuelta...- carraspeó un poco,aclarándose
la garganta - Pasó por el camino que quieren
ir ustedes...La mitad de las ovejas le desaparecieron
en el barro.Se hundieron por completo.
- Y nunca más se encontraron los cuerpos.- acotó
Santos.
Chico miró con impaciencia.
- Usted dijo vacas.
- Vacas,ovejas...son todos animales de cuatro patas.
El petiso rebufó.
- Mire...aclaremos las cosas de entrada...- le hizo
señas a Santos para que se acercara - Acá
nos mandaron a investigar,y eso es lo que vamos a hacer.Y
en esto,podemos contar con usted voluntariamente o podemos
molestar a la gente de La Plata para que le aclaren
los tantos y lo apuren.¿Me explico?
La diplomacia había desaparecido.
- Como usted quiera,don...
- Garmendia.
- Don Garmendia...Si quiere ir,allá vamos.No
entiendo bien el apuro ni lo que quiere buscar allá
con esta tormenta.
- Me parece que eso no es asunto suyo,comisario.
Orestes cerró los ojos con fuerza.Que mal encaminado
que había empezado todo;esperaba que Santos no
se fuera de boca,no fuera cosa que después lo
sancionaran de alguna forma.
- Los muertos del otro día si son asunto mío.-
ahora Santos era el que le clavaba la mirada.- Porque
lo que pasó,pasó en mi pueblo.Y acá
la autoridad soy yo.Y no voy a dejar que un e...
- ¡Santos,Santos! - gritó Orestes,que salió
de su escondite y se dirigió al grupo de los
tres hombres.Le habló a Chico.- Lo que quiere
decir el comisario,es que ninguna tormenta nos va a
impedir de llevarlos con mucho gusto al lugar.Entiendo
que ustedes deben tener motivos importantes para ir
exactamente hoy,y que son cosas que escapan a nuestras
rutinas de pueblo.
Orestes buscó la complicidad de Chico para poner
unos paños fríos.
- Ehh..¡Sí,por supuesto!.- respondió
Garmendia - No es que menospreciemos su tarea,comisario
Aguilera.- le sonrió agriamente - Pero hay mucha
gente inquieta con todo esto.Perez Costas tenía
muchos amigos influyentes que están presionando
para descubrir la verdad del caso cuanto antes.
 |
En eso no estaba muy lejos de la realidad.
- Entendemos que usted es la máxima autoridad
acá.Y que usted conoce como ninguno las condiciones
del terreno de estas zonas.Entiendo sus buenas intenciones,y
discúlpeme si he sonado grosero.- masculló
Chico;odiaba ser condescendiente.- Sepa que usted y
yo solo somos peones que cumplimos órdenes.
A Santos tampoco le gustaba la adulonería.Ni
que lo traten como un niño caprichoso.Pero decidió
seguir la corriente.
- Bué,al menos saben en La Plata que Roble Quemado
está en buenas manos.
- ¡Claro!...Lo que pasa es que hoy estuvimos dando
muchas vueltas,el viaje ha sido cansador,y el día
aún no termina;aunque no nos guste,tenemos que
darle una mirada al lugar de los hechos.
Orestes se calmó,viendo que las relaciones se
recomponían.Intervino,ya que estaban tirando
demasiadas dlores,y aquello empezaba a asquearlo
- ¿Y,dígame oficial,por qué creen
que hayan matado a Perez?
Chico no esperaba ningún interrogatorio,por lo
que no tenía un cuento preparado.Pero si quería
llegar hoy a la estancia,tenía que inventar algo.
- Hay colombianos metidos en esto.Parece que la estancia
tiene una buena ubicación y es ideal para aterrizar
avionetas con droga...Al menos esos son los reportes
que tenemos.
- Pero había tres colombianos muertos en el lugar...¿qué
sentido tiene todo esto? - inquirió el doctor
Chico se encogió de hombros.
- No lo sé.Eso es lo extraño,por lo que
venimos a investigar.
- Además,acá estamos lejos de la frontera.Si
vienen,tiene que ser rasante y hay mucha distancia desde
el norte hasta acá para volar tan peligrosamente
bajo.- acotó Orestes - Les hubiera sido mejor
conseguir una estancia en la frontera del norte,en Misiones
por ejemplo.
El Chueco observó la expresión de Chico.La
conocía;estaba poniéndose incómodo.Y
cuando se ponía incomodo,se ponía de malhumor.
- Doctor;si yo tuviera todas esas respuestas,no estaría
acá.
Santos intervino.
- Como sea,vamos a ir con este tiempo puto...Si quiere,puedo
telefonear a sus jefes de La Plata para que le den unos
días más...
No.No debía llamar a La Plata.Iba a levantar
la perdiz.
- No es necesario,comisario
- ¡No es ninguna molestia!.Pueden pasar la noche
en la pensión de Jhonny,y comerse una tripa gorda
rellena en mi casa.
Lo de la tripa gorda había sonado con doble sentido.
- Comisario...cuando le digo que no,es que no.Tan sólo
llévenos al lugar.
Parecía que la historia volvía a repetirse;pero
Santos decidió cortar por lo sano.Hizo unas señas
al cabo García.
- Decíle al cabo Perez que busque unos caballos.
- Sí,señor!
El cabito salió corriendo de la comisaría,sin
paraguas a pesar de la llovizna.
- ¿Entendí mal,o dijo caballos?
Aguilera se volvió hacia Chico con fastidio.
- Usted dijo que quería ir...
- Usted no habló nada de caballos.
- Pos,es la única manera de ir.Campo traviesa,los
yuyos mantienen más firme la tierra y hay menos
barro.Vamos a entrar por detrás de la estancia.
Chico ya se estaba arrepintiendo de la idea.Era muy
distinto a viajar en una 4x4,calentito,escuchando música.Ya
se imaginaba empapado y con los zapatos llenos de bosta
de vaca.
- ¡Ah!.Y le sugiero que se consigan unos buenos
almohadones.Si no está acostumbrado,el culo y
las bolas le van a quedar ardiendo por unos cuantos
días.
Sin dar tiempo a réplicas,Santos desapareció
por la puerta.Quedaron los dos a solas con Orestes.Lo
miraron.
- Si,ya sé...tiene pinta de incapaz,pero siempre
sabe lo que hace. |