| Por
Alejandro Franco ( info@datacraft.com.ar
)
Capítulo 8
El Devorador de Tormentas
La camioneta devoraba metros y metros de
terreno empantanado y escabroso, pegando repingos constantemente.Iban
demasiado rápido;Chico estaba parado encima del acelerador
mientras el Chueco le gritaba que se detuviera.Llovía copiosamente,la
visibilidad era casi nula,y el camino era demasiado malo como para
sostener esa velocidad.
En esos momentos,el alto sintió algo caliente mojándole
los pantalones.
- ¡¡Me estoy muriendo!!.- gritaba Chico entre sollozos.
Su mano derecha se palpaba constantemente el pecho,observando la
sangre que la manchaba a través de la camisa y que,a esa
altura,ya había formado un charco en el asiento.
- ¡Pará!.¡Dejá que maneje yo!.
Chico iba enceguecido.No sentía dolor,pero sí un molesto
entumecimiento en el pecho.Tosió;unas pequeñas burbujas
de sangre y aire salieron de su pecho.
- Me dieron en los pulmones...estoy cagado,Chueco...¡Estoy
muerto!.
El alto agarró el volante con ambas manos.
- ¡Pará,te digo!.
Hubo un forcejeo para tomar el control de la camioneta.En ese momento
no se dieron cuenta del brusco declive que bordeaba al arroyo y
que habían rodeado horas antes.
La camioneta quedó suspendida en el aire por unos instantes.Sintieron
una sensación de vacío en el estómago,y el
extraño ruido del motor acelerando en falso.Segundos después,el
vehículo impactó de trompa,casi verticalmente,contra
la orilla rocosa del arroyo.
La lluvia bombardeaba el techo del vehículo con gruesas gotas,lavando
el barro que camuflaba su superficie.Solo se escuchaba el ruido
del agua cayendo y el leve siseo que provenía del motor compactado
hasta la mitad por el impacto contra la roca.Adentro,todo estaba
inmóvil entre los hierros retorcidos.
Las puertas se habían abierto por la violencia del choque;por
una de ellas había sido lanzado el Chueco,y había
caído encima de las rocas.Estaba consciente,aunque muy dolorido
en el costado izquierdo.Se debía haber roto las costillas,
pensó,mientras intentaba reincorporarse.Sus ojos tenían
un velo rojo de sangre; levantó el rostro y se enjuagó
con el agua de la lluvia.
Quería gritar de dolor;era como tener un hierro candente
incrustado.Se tomó el costado,y comenzó a caminar
dificultosamente hasta el vehículo impactado.
Vio a medida que se acercaba,a Chico que aún permanecía
en el asiento del conductor.Su cara estaba bañada en sangre;su
cabeza se había incrustado contra el parabrisas,partiéndolo.Ya
no se quejaba,ya no ...hacía nada,solo estaba allí,con
sus ojos puestos en él,mirándolo de modo perdido como
un borracho.Ya no era el matón malhumorado que vivía
dándole órdenes y lo arrastraba de un lado para otro;ahora
era una estatua de carne con una expresión estúpida
en el rostro.
El Chueco no tenía tiempo para lamentos ni despedidas;a final
de cuentas,nunca tuvo demasiada consideración con Chico.Sólo
le preocupaba el dolor insoportable y constante que invadía
la parte izquierda de su cuerpo.
Rengueó como pudo hasta la camioneta;estaba absolutamente
inservible. ¡Maldicion!.¿Y ahora?.Sólo quedaba
caminar...ya habían dejado muy atrás el lugar donde
habían quedado los caballos...estaba perdido y malherido.
Las lagrimas brotaron de su rostro,confundiéndose con la
lluvia.Su mirada bajó al suelo,observando los restos del
choque.Vio la escopeta y se dirigió a ella para tomarla...Lo
iban a cazar,tarde o temprano.Y como fuera,se cargaría a
algunos hijos de puta antes que le volaran la cabeza.
Odió su suerte con toda la furia de su pecho.Maldijo groseramente
mientras se inclinaba dolorosamente para tomar el arma.Y fue entonces
cuando vió el maletín de metal,entreabierto,y con
un polvo blanco desparramado.
Por un momento pensó que podía torcer su suerte.
La tormenta golpeaba a la tierra con toda su fuerza;nubes rojas
y brillantes descargaban constantemente su carga eléctrica
con zigzagueantes rayos que arañaban el velo púrpura
de la noche.El viento azotaba con furia feroz árboles y pastos,levantando
escombros y restos para usarlos como un látigo ominoso que
desvastaba la superficie;y su aullido - como el de mil almas gritando
- era ensordecedor.
Ramas y polvo volaban peligrosamente alrededor de aquella figura
alta y desgarbada,que parecía ajena al caos reinante.Caminaba
con dificultad en medio de la pradera de pastizales altos,doblados
por el vendaval.En una mano llevaba una escopeta - aquella que había
querido usar pero que se había atascado,aunque el portador
se había olvidado de aquél detalle -,y en la otra
llevaba un maletín de alumino del tipo ejecutivo,cargado
de un kilo de alucinantes mundos esperando a ser descubiertos.De
fondo,un infierno rojo desatado en el cielo.
El Chueco iba despacio,pero su andar era seguro,constante.Solo rengueaba,pero
el dolor había desaparecido.Unas cuantas aspiradas - ¿dos?¿cuatro?¿diez?
- de aquel mágico polvo de máxima pureza,le habían
devuelto el alma al cuerpo.Ahora se sentía invencible,con
el mundo por delante,listo para que él se lo devorara.
Su cabeza se sentía pesada y fresca a la vez.Estaba sobreexcitado;y
en ese grado de aprehensión,había agarrado puñados
completos de droga y los había puesto en los bolsillos del
saco.Cada tantos metros tomaba un tanto con los dedos,y se lo refregaba
en la nariz y en las encías.Sus manos y rostro estaban totalmente
blancos;era un siniestro payaso que vagaba en las llanuras,maquillado
con coca y sangre.
Hacía cuantos...¿siglos?...que habían pasado
desde aquella tarde,en que estaban todos vivos y sanos,y tenían
un trabajo relativamente fácil de hacer...Pero su cerebro
se negaba a responder.Solo veía el camino hacia ninguna parte.Su
destino estaba más adelante,en algún lugar lejos de
allí.Sólo debía escapar de aquella tormenta
descomunal con su carga de felicidad eterna.
Su mente estaba en paz;su cuerpo eléctrico,aislado de la
tranquilidad artificial que imperaba en su cerebro,como si pertenecieran
a dos cuerpos distintos.Caminaba a paso regular,como un autómata
impulsado a droga,inmune al bombardeo de agua y desperdicios que
se agitaban contra su cuerpo y castigaba sus partes desnudas y sus
heridas.Ni el rugido del temporal distraían por un momento
a aquella figura concentrada exclusivamente en el camino.
Entonces el viento cesó,y la bestia se calló.
El Chueco se detuvo.La tormenta se había cortado,y solo quedaban
eventuales relámpagos.Pero el silencio era total.
Vio un rayo.Sabía que después del rayo,contando los
segundos hasta el trueno, averiguaría si la tormenta amainaba
o continuaba creciendo en potencia...pasaron dos,cinco,...quince
segundos y nada.El tiempo se había detenido.
Miró a su alrededor.Los árboles estaban encorvados,los
pastizales doblados...pero no había viento.
Observó el cielo;veía un relámpago estático
en medio de la tormenta.Su luz era constante...no se apagaba,mantenía
su brillo a pesar que había pasado ya mucho tiempo desde
que lo estaba mirando.Estaba como todo;congelado.
Todo era anormal,irreal...estaba atrapado en un cuadro gigantesco.
El pánico mató la pacífica somnoliencia de
su mente.Estaba asustado y respiraba agitado.¿Qué
era todo esto?.
Miró hacia todos lados,girando sobre sí mismo.Todo
quieto,paralizado.
Pero ,¿qué era aquello?
Detuvo su movimiento,y vió las llanuras de pastizales dorados
que tenía delante.A lo lejos,podía verse un inmenso
circulo rojo tiñiendo la hierba.¿Cuándo había
aparecido?...Eso no estaba ahí hace un momento...
Sus oídos comenzaron a captar ruidos...voces...¡No!.¡No
eran voces,eran quejidos!. Lamentos de dolor,palabras de auxilio...pero
incomprensibles...Sabía que eran voces pidiendo ayuda,pero
hablaban otro idioma...
¿¿Indios??
Su cerebro repasó fugazmente la historia del comisario.Y
entonces aquel alarido cortó sus pensamientos.
Un grito,...después miles.
Su cabeza se inundó con aquellos aullidos espantosos.El también
gritó con toda su alma.Salió corriendo en dirección
contraria al círculo,a toda velocidad.Sus músculos
le quemaban,sus heridas se abrían...pero no le importaba.Su
pánico era más fuerte,y sentía que alguien
o algo lo estaba siguiendo a toda velocidad;aquello que emitía
esos alaridos inhumanos.Su cabeza se volvía nerviosamente
hacia atrás,intentando divisar la amenaza mientras se lanzaba
en una loca huída.El corazón le explotaba en su pecho,y
sentía que una brisa tibia como el aliento de un demonio
acariciaba su nuca.Con la vista detrás buscando afanosamente
al enemigo invisible,corría a ciegas,torpemente sin dejar
en ningún momento ni la escopeta ni el maletín.Y en
su carrera desesperada,sus pies se enredaron con la maleza, haciéndolo
caer.
Cayó sobre el maletín y el arma.Y quiso el destino
que por la violencia del golpe,la escopeta se destrancara,gatillándose,vomitando
su letal carga.El disparo voló la cabeza del Chueco formando
una breve y espectacular lluvia roja.Aunque él ni tuvo tiempo
para darse cuenta de lo que había sucedido.
El cuerpo descabezado quedó boca abajo sobre la hierba dorada,con
las manos debajo de él,en una extraña pose de penitencia.Y
del mutilado cuello brotó rápidamente la sangre hasta
formar un círculo alrededor del mismo.
Un círculo similar al que había visto momentos antes
en los pastizales.
Lentamente el viento volvió a soplar,y las nubes reanudaron
su vuelo por el cielo.El relámpago pereció ante la
oscuridad,y el trueno reclamó su dominio.Y la lluvia volvió
a salpicar la tierra,intentando purificar todos los males que habitaban
en ella.
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