Opinión: Científicos Nazis: Héroes de la Guerra Fría

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Opinión: Científicos Nazis: Héroes de la Guerra Fría
Wernher von Braun habla sobre la exploración del espacio en una serie de programas didácticos producidos por Walt Disney en los años 50. ¿Acaso también les habrá explicado a los chicos que sus inventos mataron a miles de ciudadanos ingleses hacia poco menos de 15 años, y cuando trabajaba para el abyecto Imperio Nazi?

Por Alejandro Franco – contáctenos

En la guerra no hay moral; después de todo, se debe acabar con el enemigo utilizando cualquier método que se tenga a mano. Eso es válido en todas las guerras, incluso en aquellas silenciosas y subterráneas como fue la Guerra Fría – la política de tensión entre Estados Unidos y la URSS que se extendió casi cincuenta años, y que pusieron al mundo al borde del holocausto atómico en dos ocasiones: la Crisis de los Misiles Cubanos de 1962, y las bravuconadas de Ronald Reagan en los años 80, en donde todo parecía estar a punto de irse al diablo -. O como la letal influencia en países de la periferia, fomentando dictadores y revoluciones. El darle armas a otro y empujarlo a una guerra que quizás no quería librar – simplemente porque Occidente y el Mundo Libre no podían darse el lujo de perder semejante territorio en manos comunistas – dio pie a todo tipo de masacres, guerras y sangrientos golpes de estado donde no hubo país en el mundo que no resultara afectado. La ola de dictaduras latinoamericanas, la Guerra de Corea y luego la de Vietnam, el espionaje alevoso y las bravuconadas nucleares que pudieron haber terminado muy mal.

Y, en medio de todo esto, los nazis. Monstruos que masacraron a millones de personas, que provocaron la muerte de miles de soldados, que arrasaron un continente entero y destruyeron generaciones enteras. Para esos tipos, calabozo y paredón… excepto que… había nazis que no eran tan malos, tipos que trabajaron bajo coerción o por un sentimiento de patriotismo equivocado, víctimas de la implacable maquinaria nazi y que eran tan inocentes como Carmelitas Descalzas. Pura basura. La realidad es que Alemania siempre fue un semillero de genios, prodigios que en cada guerra pusieron su dones al servicio del gobierno de turno. Tipos capaces de inventar las mas maravillosas máquinas de matar, armas revolucionarias en su tiempo y directos responsables de miles de muertes a costa de sus inventos.

Todo esto viene a cuento de la Operación Paperclip, ésa en donde a decenas de científicos alemanes de interés estratégico se les reclutó, se les blanqueó su pasado con historias poco creíbles y se adujo que el nazismo es, en todo caso, el odio acérrimo al enemigo comunista – por supuesto nos olvidamos de las masacres de pueblos enteros, el Holocausto judío y todas esas nimiedades -. Con semejante razonamiento a los tipos que fueron juzgados en Nuremberg deberían haberles dado una medalla y un cargo en vez de ahorcarlos. Pero esa doble moral – ése es un nazi malo, éste es un nazi bueno – vuelve a pasar por el viejo tema que aquí tratamos de “los monjes de la guerra”. ¿Por qué encarcelar a un tipo que puede construirnos una súper arma e incluso puede llevarnos a la Luna?.

Lo de los estadounidenses bordea lo atroz, en especial por su doble standard de que un científico que crea un arma no necesariamente es un criminal, aún cuando el arma pueda matar a miles o a millones. Si la guerra la hubiera ganado Japón (en un escenario tipo The Man in the High Castle), los nipones no hubieran dudado ni un minuto en incinerar a Alan Oppenheimer y su equipo de Alamo Gordo que dió a luz la bomba atómica que borró de la faz de la tierra a Hiroshima y Nagasaki y segó miles de vidas humanas. El caso mas ridículo es el de Wernher von Braun, el cual llegó a aparecer en el programa de TV Disneylandia junto al tío Walt (un conservador extremo), disertando sobre cómo se construyen los cohetes y cómo íbamos a ir a la Luna al final de la década del 60. Me imagino la cara de alegría de los ingleses al ver el show, ya que las bombas voladoras V1 y V2 de von Braun mataron miles de personas en Londres y otras ciudades inglesas, o sea que todo el mundo tenía un familiar, amigo o vecino muerto gracias a ese tipo que le explica al Ratón Mickey que los cohetes son para la paz.

Pero disparates de ese tipo se cuentan por decenas. Los estadounidenses también reclutaron (y le dieron inmunidad) a los japoneses del Escuadrón 731 (para mas datos vean Los Hombres Detrás del Sol, un film crudísimo sobre el tema) los mismos que hicieron todo tipo de experimentos inhumanos en la China ocupada durante la Segunda Guerra Mundial – encerrando prisioneros en cámaras de presión para ver a que graduación explotan; inyectando sangre animal en los prisioneros; congelando gente y viendo con la carne se desprende como si fuera piel de pollo en caso de congelamiento extremo -, porque los datos recolectados en esa clase de experimentos les eran útiles. Utiles. Y, en medio de todo ese desastre, nosotros tuvimos nuestra cuota de injerencia. No solo porque en los 50s le abrimos las puertas a nazis con documentos falsificados sino porque también Perón – en un arrebato egolátra no inusual a su persona – mandó a reclutar científicos alemanes en Europa. Claro, quedaron todos aquellos que no tomaron ni los yanquis ni los soviéticos, y que era mentirosos patológicos o chapuceros de primer orden, porque Perón quería convertir a Argentina en la gran Potencia del Sur e influenciar a sus vecinos con su poderío militar. Pero, claro, esto es Argentina y todo resultó en el delirante proyecto Huemuldonde un mitómano le vendió a Perón la idea de generar energía atómica barata y envasarla en botellas; allí se fueron… ¿cuantos cientos de millones de dólares? – y en el inestable caza Pulqui, ensamblado a mano y sin el menor control de calidad, el cual mató a un montón de pilotos y, cuando estuvo operativo (después de años de correcciones), quedó desfasado y obsoleto. Si, nosotros también los habríamos vendidos como héroes argentinos – incluso Perón le dió la medalla Peronista (el mas alto honor de la época) a Ronald Richter, el tipo al que años después le darían una patada en el traste porque no podía generar ni siquiera una chispa con las millonarias instalaciones que se hizo construir en Bariloche -. Otra mas de las tantas burradas que proliferan en la historia argentina.

Hoy la figura de von Braun aparece en casi todos los libros de historia. Es el hombre que blindó a Estados Unidos con misiles balísticos intercontinentales… ah! y que llevó a los americanos a la Luna. También figura Alan Oppenheimer pero, a diferencia de von Braun, fue un hombre que vivió torturado al ver el poder que había desatado – con la detonación de la primera bomba atómica, con su uso sobre ciudades japonesas atestadas de civiles – y que incluso se rebeló contra sus jefes, volviéndose un pacifista perseguido y echado de todos lados. Al menos Oppenheimer mostró tener cargo de conciencia por lo que había creado… cosa que dudo haya tenido von Braun (o los científicos alemanes y japoneses que fueron reclutados por los estadounidenses) mientras disfrutaba las mieles de la jefatura de la NASA y explicaba con sentido didáctico a los chicos del show de Disney que los misiles pueden usados para la paz… aunque él, 15 años antes, los había utilizado para aniquilar a miles de civiles en Inglaterra.