Salud y medicina: ¿cómo poner limites a los hijos?

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Una de las bases fundamentales de la educación de nuestros hijos pasa por la imposición de límites y el respeto a la autoridad. Mientras que en el pasado las familias más conservadoras imponían sus valores con excesiva mano férrea, el núcleo familiar de la época actual parece no haber podido lograr un equilibrio entre justa autoridad y excesivo liberalismo. Lo que se debe tener en cuenta para educar con equidad.

Por Alejandro Franco – contáctenos

Cada generación purga los errores de educación de su propia infancia: sea exagerándolos o tomando un camino exactamente contrario. Quienes han sido hijos de familias conservadoras se han vuelto padres ultraconservadores o bien se han dedicado a demoler los postulados que le han sido transmitidos por sus progenitores. Una cosa es segura: en ninguno de los casos se termina por transmitir una educación equilibrada basada en el respeto a los valores.

Muchas de estas cuestiones tienen que ver con los recuerdos de la infancia. Padres que se obligan a sí mismos a que sus hijos no vivan lo mismo que ellos han vivido. Por otro lado – y como fruto de errores de la educación de sus propios padres – muchos padres de hoy padecen de personalidades inestables o débiles que no encuentran como imponerse a sus hijos. Existen factores de sobra para llegar a dos conclusiones: gran parte de la generación actual de padres está dañada por errores de educación de la generación anterior; y toda la generación actual de padres tampoco sabe cómo combinar autoridad y justicia para una educación adecuada de sus propios hijos.

Estas carencias y defectos en nuestra propia educación, sumados a la evolución de los entornos sociales en los cuales se desenvuelven nuestros hijos – que interactúan con ellos, les transmiten muchas veces valores no deseados, y determinan un factor de maduración e independencia temprana -, provocan que las generaciones actuales de padres e hijos entren en conflicto de manera inevitable. Perdido el equilibrio, la autoridad de los padres se debilita y los hijos terminan por imponerse a sus progenitores. Es necesario encontrar el balance para que el proceso de educación de niños y adolescentes regrese a sus carriles normales.

El primer factor a tener en cuenta es que la autoridad no implica una imposición necia. Los mundos poblados de reglas inexplicables pueden ser entendidos como imposiciones arbitrarias, e invitan a quebrarlas. Todo el tema, en realidad, se circunscribe a temas sociológicos como el del liderazgo con inteligencia. Usted precisa imponer límites, pero los mismos deben ser explicados – demostrarles a nuestros hijos que toda decisión tiene un razonamiento previo y justificado, sin que ello implique que los padres estén pidiendo el consentimiento de los hijos sobre tal decisión -. Los padres poseen un cargo de autoridad de hecho, pero su jefatura debe estar provista de los atributos que determinen su capacidad para liderar. Los padres gobiernan, no por una cuestión de edad o progenie, sino por sabiduría y capacidad de mando.

El segundo factor es evitar el consentimiento. El choque de personalidades entre padres e hijos es, muchas veces – quizás demasiadas -, dejada de lado por una cuestión del propio bienestar del momento. En cuestiones difíciles, muchos padres hacen la vista gorda; y una vez detectada la grieta, es difícil de que los hijos no se aprovechen de ella. El trabajo de ser padre es constante, transmitiendo valores todo el tiempo, pero a su vez evitando de que los hijos tomen por asalto a la autoridad paterna. Esto no implica mantener una situación de necedad y negación – refutando todo tipo de actitud de nuestros hijos que contradiga nuestros deseos -. Para establecer liderazgo con inteligencia y reconocimiento, es necesario saber escuchar y medir el peso de los alegatos en contra de nuestras decisiones. Los padres son seres humanos y, por lo tanto, falibles. Reconocer que hayan tomado una mala decisión no implica perder autoridad sino que, por el contrario, fortalece su liderazgo ya que se trata de una jefatura basada en la inteligencia. Pero cuando las reglas se han dictado con objetividad y justicia, es necesario tener el control y la fortaleza para mantenerlas y hacerlas respetar. Si usted, por la comodidad de evitar la confrontación, ha decidido obviar un error o una actitud incorrecta de sus hijos, ha abierto una puerta que puede dar lugar a graves dolores de cabeza en el futuro.

El tercer factor es el amor de padres. Los hijos deben sentir que sus padres los quieren y que, por lo tanto, los cuidan y desean lo mejor para ellos. De este modo no sólo la autoridad paterna es reconocida, sino que los sentimientos de los padres son tenidos en cuenta cuando nuestros hijos toman decisiones que no están contempladas en las reglas de convivencia.

El cuarto factor es comprender que limitar no significa perder el amor de los hijos. Consentir caprichos es algo habitual en quienes tienen la falsa creencia que así ganan el amor de sus chicos. Usted no puede sentirse mal por imponer una decisión que provoque llanto o distanciamiento, si la misma está plenamente justificada. Aquí usted debe razonar con sus hijos y hacerles entender el motivo de dicha decisión. Usted no está castigando a nadie, ni está rebajando su autoridad. Pero si su decisión – que provocó la confrontación – no es explicada, queda vista como una necedad y provoca el alejamiento. Sepa decir No, sepa justificar y, sobre todo, sepa acercar distancias. Usted debe comprender, de una vez por todas, de que los niños no tienen la obligación de ser felices todo el tiempo, que usted no es un showman dedicado a divertir a sus hijos, y que toda la familia no gira en torno a los chicos. Cada persona dentro del núcleo familiar tiene deberes y derechos, existen autoridades que deben ser respetadas, y todos tienen responsabilidades. Los padres deben pasar tiempo de calidad con sus hijos, enseñándoles lo que es la vida y haciéndoles aceptar de que no todo se puede conseguir. Imponga límites claros y explicados, y no límites punitivos. Poner a los chicos en contacto con la frustración es de importancia fundamental; no todo se puede conseguir ahora mismo. Si usted expresa su autoridad con decisión, inteligencia y amor, estará consiguiendo el equilibrio que sus hijos precisan que le transmita.

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