| Por
Giselle Uset : gismia@hotmail.com
Los factores intrínsecos relacionados con la personalidad
del adolescente son los que determinan en realidad las distintas
expresiones de la conducta que importan para el tratamiento de cualquier
tipo, pero fundamentalmente del psicodinámico, y también
para la comprensión de los problemas psiquiátricos
y psicopatológicos en general de este período de la
vida.
Anna Freud dice que es muy difícil señalar el límite
entre lo normal y lo patológico en la adolescencia, y considera
en realidad a toda la conmoción de este período de
la vida como normal, señalando además que sería
anormal la presencia de un equilibrio estable durante el proceso
adolescente. Sobre esta base, y teniendo en cuenta el criterio evolutivo
de la psicología, es que podemos aceptar que la adolescencia
más que una etapa estabilizada es proceso y desarrollo. Debe
por lo tanto comprenderse para ubicar sus desviaciones en el contexto
de la realidad humana que nos rodea.
El adolescente atraviesa por desequilibrios e inestabilidad extremas.
Lo que configura una entidad semipatológica, que ha denominado
"síndrome normal de la adolescencia", que es perturbado
y perturbador para el mundo adulto, pero necesario, absolutamente
necesario, para el adolescente, que en este proceso va a establecer
su identidad, que es un objetivo fundamental de este momento vital.
Para ello, el adolescente no sólo debe enfrentar el mundo
de los adultos para lo cual no está del todo preparado, sino
que además debe defenderse de su mundo infantil en el cual
y con el cual, en la evolución normal, vivía cómoda
y placenteramente, en relación de dependencia, con necesidades
básicas satisfechas y roles claramente establecido.
El adolescente aislado no existe, como no existe ser alguno desconectado
del mundo aún para enfermarse. La patología es siempre
expresión del conflicto del individuo con la realidad, sea
a través del interjuego de sus estructuras psíquicas
o del manejo de las mismas frente al mundo exterior.
En virtud de la crisis esencial de la adolescencia, esta edad es
la más apta para sufrir los impactos de una realidad frustrantes.
Creemos que las modificaciones del medio van a determinar la expresión
de la normal anormalidad del adolescente, pero de ninguna manera
podemos condicionar toda la realidad bio-psicológica de este
proceso evolutivo a las circunstancias exteriores.
La necesidad de elaborar los duelos básicos son:
a) El duelo por el cuerpo infantil perdido: Base biológica
de la adolescencia, que se impone al individuo que no pocas veces
tiene que sentir sus cambios como algo externo frente a lo cual
se encuentra como espectador impotente de lo que ocurre en su propio
organismo.
b) El duelo por el rol y la identidad infantiles: Que lo obliga
a una renuncia de la dependencia y a una aceptación de responsabilidades
que muchas veces desconoce,
c) El duelo por los padres de la infancia: A los que persistentemente
trata de retener en su personalidad buscando el refugio y la protección
que ellos significan, situación que se ve complicada por
la propia actitud de los padres, que también tienen que aceptar
su envejecimiento y el hecho de que sus hijos ya no son niños,
y sí son adultos o están en vías de serlo.
Se une a estos duelos: "el duelo por la bisexualidad infantil
también pérdida", obligan al adolescente a recurrir
normalmente a manejos psicopáticos de actuación, que
identifican su conducta. Se produce un cortocircuito del pensamiento
en donde se observa la exclusión de lo conceptual lógico
mediante la expresión a través de la acción,
aunque en forma fugaz y transitoria, lo que diferencia al adolescente
normal del psicópata, que persiste con intensidad en el uso
de este modo de conducta.
El adolescente presenta una especial vulnerabilidad para asimilar
los impactos proyectivos de padres, hermanos, amigos y de toda la
sociedad. Es decir es un receptáculo propicio para hacerse
cargo de los conflictos de los demás y asumir los aspectos
más enfermos del medio en que actúa. Esto es lo actualmente
presenciamos en nuestra sociedad que proyecta sus propias fallas
en los así llamados desmanes de la juventud, a la que se
responsabiliza de la delincuencia, las adicciones a las drogas,
la prostitución, etc.
Es la sociedad la que recurre a un mecanismo esquizoide haciendo
que una de sus propias partes en conflicto, como lo es la juventud,
adquiera las características de todo lo malo y permita así
la agresión del mundo del adulto, con singulares características
sadomasoquistas.
La severidad y la violencia con que a veces se pretende reprimir
a los jóvenes sólo engendran un distanciamiento mayor
y una agravación de los conflictos, con el desarrollo de
personalidades y grupos sociales más y más anormales,
que en última instancia implican una autodestrucción
suicida de la sociedad.
Así vemos al adolescente, de uno y otro sexo, en conflicto,
en lucha, en posición marginal frente a un mundo que reprime.
Es este marginarse del joven lo que puede llevarlo a la psicopatía
franca, a la actividad delictiva, o puede también ser un
mecanismo de defensa por el cual preserva los valores esenciales
de la especia humana, la capacidad de adaptarse modificando el medio
que trata de negar la satisfacción instintiva y la posibilidad
de llegar a una adultez positiva y creadora.
El niño fue objeto de investigación y teorización
durante muchos años hasta que tardíamente apareció
también en la escena el adolescente, el cual, hasta después
de la segunda guerra mundial, no parecía ser un grupo humano
demasiado interesante para los investigadores.
Si pensamos a la adolescencia desde el momento actual, nos encontramos,
con que los adolescentes ocupan un gran espacio. Los medios de comunicación
los consideran un público importante, las empresas saben
que son un mercado de peso y generan toda clase de productos para
ellos; algunos de los problemas más serios de la sociedad
actual: la violencia, las drogas y el sida los encuentran entre
sus víctimas principales y la escuela secundaria los ve pasar
sin tener en claro que hacer con ellos.
Pero, sobre todo, aparece socialmente un modelo adolescente a través
de los medios masivos y de la publicidad en general. Este modelo
supone que hay que llegar a la adolescencia e instalarse en ella
para siempre. Define una estética en la cual es hermoso lo
muy joven y hay que hacerlo perdurar mientras se pueda y como se
pueda. Vende gimnasia, regímenes, moda unisex cómoda,
cirugía plástica de todo tipo, implantes de cabellos,
todo aquello que lleve a disimular lo que muestra el paso del tiempo.
El adulto deja de existir como modelo físico, se trata de
ser adolescente mientras se pueda, y después, viejo. Ser
viejo es a su vez una especie de vergüenza, una muestra del
fracaso ante el paso inexorable del tiempo, una salida definitiva
del Olimpo.
No solo se toma como modelo el cuerpo del adolescente, también
su forma de vida. La música que ellos escuchan, los video
clips que ven, los lugares donde bailan, los deportes que practican,
la jerga que hablan. Para una parte de la opinión pública
la actitud de los padres no debe ser ya la de enseñar, de
transmitir experiencia sino por el contrario la de aprender una
especie de sabiduría innata que ellos poseerían y,
sobre todo el secreto de la eterna juventud.
Sería justamente la era post industrial la que ha permitido
desarrollar y extender la adolescencia, si no a todos, a buena parte
de los jóvenes, los jóvenes pertenecientes a sectores
de bajos ingresos o campesinos quedan fuera de este proceso, para
ellos la entrada a la adultez es rápida y brusca, ya sea
a través de la necesidad de trabajar tempranamente o bien
casi por un embarazo casi simultáneo con el comienzo de la
vida sexual. Pero en los sectores medios urbanos la adolescencia
se constituye como un producto nuevo, no ya un rito de pasaje o
iniciación, toda una etapa de la vida con conflictos propios.
Es mas, aquellos viejos indicadores de pasaje, si lo fueron, se
han perdido totalmente.
En la sociedad actual los jóvenes no esperan el momento de
vestirse como sus padres, son los padres los que tratan de vestirse
como ellos; acceden a la sexualidad con parejas elegidas por ellos
mismos en el momento en que lo desean y sin mayor diferencia entre
varones y mujeres. Los hábitos de beber o fumar, no solo
no son consideradas "faltas de respeto" sino que se han
vuelto muy difíciles de controlar.
Hablar de la duración de la adolescencia implica diferenciar
ante todo dos términos: "adolescencia y juventud".
Para muchos, estos han sido sinónimos, aunque presentan diferencias
significativas. Un adolescente es un ser humano que perdió
la pubertad y que todavía se encuentra en etapa de formación
ya sea en lo referente a su capacitación profesional, a la
estructuración de su personalidad a la identidad sexual.
En cambio joven cuando este término se refiere al adulto
joven, designa a alguien que ya ha adquirido responsabilidades y
ciertas cuotas de poder, que ha madurado su personalidad y tiene
establecida su identidad sexual, mas allá que no tengan una
pareja estable o no sea totalmente autosuficiente en lo económico.
Pero algunos autores de habla inglesa no diferencian ambos términos.
Muchos sostenían que no había madurez posible en tanto
no hubiera independencia económica, y por lo tanto consideraban
difícil el fin de la adolescencia en un país como
Francia, en el cual no se encontraban mayores posibilidades laborales
para los jóvenes por lo menos desde lo teórico. Para
fijar los límites de edad de la adolescencia se basaban en
la Declaración universal de los derechos del niño,
la cual en su artículo primero define al niño como:
"Todo ser humano hasta la edad de dieciocho años, salvo
si la legislación Nacional acuerda la mayoría antes
de dicha edad.".
Para esta declaración a partir de los catorce y hasta los
dieciocho años se es adolescente, no como una etapa con independencia
propia sino como última parte de la niñez. El fin
de la niñez para la DECLARACIÓN no es una cuestión
de hecho cuando se puede dejar de serlo efectivamente, sino de derecho
(cuando se comienza legalmente a tener el derecho de guiar la propia
vida aunque en la realidad no se llegue a efectivizar; Poder manejar
pero no tener automóvil, poder casarse pero no conseguir
empleo, poder trabajar pero no haber terminado una larga formación.
El perfil de un adolescente moderno es: quieren más que los
hombres mayores a sus amigos allegados y compañeros, porque
les gusta pasar sus días en compañía de otros.
Todos sus errores apuntan en la misma dirección: cometen
excesos y actúan con vehemencia. Aman demasiado y odian demasiado,
y así con todo. Creen que lo saben todo y se sienten muy
seguros de ellos; este es, en verdad el motivo de que todo lo hagan
con exceso. Si dañan a otros es porque quieren rebajarlos,
no provocarles un daño real... Adoran la diversión
y por consiguiente el gracioso ingenio, que es la insolencia bien
adecuada.
El adolescente debía realizar como tarea propia, tres procesos
de duelo, entendiéndose por tal el conjunto de procesados
psicológicos que se producen normalmente ante la pérdida
de un objeto amado y que llevan a renunciar a este. Los procesos
que se suceden en el duelo se han dividido en tres etapas:
I) LA NEGACIÓN: Mecanismo por el cual el sujeto rechaza
la idea de pérdida, muestra incredulidad, siente ira. Es
lo que nos lleva a decir: "No puede ser que haya muerto, lo
vi ayer por la calle", cuando inesperadamente recibimos la
noticia de la muerte de un amigo, aunque sepamos que hay muchas
maneras de morir en pocas horas.
II) LA RESIGNACIÓN: En la cual se admite la perdida y sobreviene
como afecto la pena.
III) EL DESAPEGO: En la que se renuncia al objeto y se produce la
adaptación a la vida sin él. Esta última etapa
permite el apego a nuevos objetos.
El adolescente, se va adaptando a los cambios de su cuerpo a partir
de la aparición de los caracteres sexuales secundarios, las
pulsiones en los varones, la menarca en las mujeres. Presenta durante
este proceso un cuerpo en el cual aparecen simultáneamente
aspectos de niño y de adulto. El collage aparece también
en su personalidad. No quiere ser como determinados adultos mientras
que elige a otros como ideales. En ese camino se presenta como varios
personajes ya sea ante los propios padres o ante personas del mundo
externo. Tendrá múltiples identificaciones contemporáneas
y contradictorias. La desidealización de las figuras de los
padres lo deja desamparado. Necesita remediar ese desamparo y el
descontrol de sus caminos inexorables con un aumento de la intelectualización.
Buscar soluciones teóricas a sus problemas es un modo de
controlar la angustia.
LA IDENTIDAD SEXUAL: la preocupación por el desarrollo
de la identidad sexual cobró gran importancia en la psicología
a partir de la obra de Freud. Su teoría sexual exponía
claramente el papel que cumplía sobre la posterior normalidad
o patología, el haber superado las etapas tempranas de fijación
de la alíbido y el complejo de Edipo. Este autor definía
la normalidad sexual del adulto en estos términos:
"La unión de los genitales es considerada la meta sexual
normal en el acto que se designa como coito y que lleva al alíbido
de la tensión sexual y a la excitación temporaria
de la pulsión sexual."
La genitalidad implicaba una unión heterosexual. Para acceder
a la misma el adulto, debía haber resuelto cuando niño
el complejo de Edipo, lo cual implicaba haberse identificado con
el padre del mismo sexo y elegir como objeto de amor al contrario.
Para el psicoanálisis la homosexualidad debía incluirse
dentro de las anormalidades sexuales.
La adolescencia fue considerada desde que se la tomó como
objeto de estudio, una etapa de búsqueda de la propia identidad
sexual, en la cual debía desestimarse alguna experiencia
homosexual ya que la misma sino quedaba fijada como conducta formaba
parte de la investigación y determinación de la identidad
sexual. Tales conductas cobrarán otra importancia en cambio
en los adultos.
LA MADUREZ AFECTIVA: La independencia afectiva de los padres
también debía considerarse un logro adulto. Suplantar
a los objetos primero de amor por otros y establecer con ellos una
relación duradera formaba parte de aquellos que caracterizaba
al adulto.
Se ha subrayado muchas veces que importante lugar tiene la sexualidad
en la teoría psicoanalítica y que poco ocupa el amor,
el cual aparece como un simple derivado de la primera. Para Freud
el estudio de la sexualidad constituía un sustrato concreto,
no desdibujado por la subjetividad de los sentimientos, una conducta
que podía someterse con mejores resultados a la investigación
de una persona formada como él en las ciencias naturales
y que esperaba incluir el psicoanálisis entre las mismas.
Por otra parte, en la medida en que se asentaba sobre lo instintivo
del ser humano era pasible de ser considerado determinante de la
patología humana. El victorianísmo de la época,
gran productor de patología por efecto de la represión
sexual, acentuó aún mas la importancia que la teoría
sexual ocupaba dentro del psicoanálisis al tomarla como blanco
de sus ataques. Pero lo cierto es que el amor quedó en un
segundo plano de los desarrollos teóricos freudianos.
Es decir que el arte de amar se logra dominar cuando se llegaba
a la madurez, cuando se renuncia a los valores del yo ideal, inundados
de omnipotencia y narcisismo.
A partir del narcisismo, de esa simbiosis total con la madre, el
ser humano siente la separatidad, sensación angustiosa que
lo vuelca hacia el otro, otro con el cual volverá a sentirse
una totalidad. El amor es así proceso que lleva a unirse
al otro sexo como modo de no estar solo, separado, de superar esta
angustia básica
LA MADUREZ DE LA PROPIA PERSONALIDAD: El período
1960-1980 es denominado "la época de los ídolos"
con estrellas efebos y jefes de bandas como ideales. Sin dios ni
maestros y con claros retornos al narcisismo. O bien figuras adolescentes
proporcionadas por los medios masivos o bien pares puestos al nivel
de ideales. En ningún caso es el adulto e modelo ideal. Decía
Anna Freud en 1969: "Algunos adolescentes colocan en el lugar
que colocan los padres a algún auto designado líder
que pertenece a la misma generación que aquellos. Esta persona
puede ser un profesor universitario, un poeta, un político,
un filósofo. Quienquiera que sea se lo considera infalible,
semejante a un dios, y se lo sigue ciega y alegremente. Pero en
la actualidad esta solución es comparativamente infrecuente.
Es más común la otra, en la que se eleva al papel
de líder al grupo de pares como tal o a algún miembro
de él, convirtiéndolo en árbitro indiscutido
en todas las cuestiones morales y estéticas.
Los adultos actuales surgidos de los años 50 hacia el presente
habían conformado su personalidad en este clima, sin tomar
como modelo a un adulto. Al igual que sus hijos adolescentes actuales
habrían tomado a sus pares idealizados lo cual desdibuja
el tradicional concepto de adulto.
Si este desarrollo es correcto, caben dos posibilidades: 1- O bien
que el mecanismo de la identificación con padres y maestros
y la construcción del un ideal del yo, a los cuales tanta
importancia se les dio la teoría psicoanalítica para
comprender la madurez de la personalidad, realmente no la tengan.2-
O bien que la personalidad se halla desarrollado defectuosamente
en las últimas décadas en la medida en que tales procesos
no hayan ocurrido como se esperaba. El concepto de "madurez"
de la personalidad suponía un "camino hacia" la
edad adulta. La identificación con pares suprime este desarrollo
progresivo consolidando la estabilidad de la problemática
adolescente.
El reconocimiento social. La independencia económica también
era un logro que definía al adulto. "Haber llegado"
alcanzar un nivel profesional o laboral estable, seguro, en el cual
descansar del esfuerzo hecho para conseguirlo. Lograr un lugar en
la sociedad ha sido considerado siempre un examen de ingreso al
mundo adulto.
Hoy en día solo se puede aspirar a "mantenerse",
es decir, luchar por conseguir no volver a fojas cero. Para los
jóvenes la perspectiva de formación es muy larga,
se necesita cada vez menor mano de obra y cada vez mas capacitada.
Le es difícil mantenerse económicamente y más
aún si se independizan de sus padres.
Los adolescentes que no estudian están en desamparo total,
y los que estudian, no son propietarios ni productores y están
fuera de la relación de trabajo.
O sea, que el adolescente que ve a su padre o madre en una continua
carrera de mérito, en un lugar siempre incierto, se va a
encontrar reflejado con la misma problemática. |