critica del juego de estrategia en tiempo real Emperor : Battle for Dune
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EMPEROR : BATTLE FOR DUNE

LA GRAN BATALLA POR LA ESPECIA MEZCLADA

El último juego de la serie Dune remonta la puntería y deja un agradable sabor en la boca. Más allá de la antigüedad, es el mejor RTS 3D que hemos visto hasta ahora.

Valoración general : 9 / 10 - por Alejandro Franco ( info@datacraft.com.ar )

Dune es la obra cumbre de Frank Herbert, y uno de los hitos del género de la ciencia ficción. Publicado en los años 60, no pasó demasiado tiempo hasta que la obra tomara el status de culto, y generara toda una ola de secuelas y productos de merchandising. Sin ir mas lejos, la noción que el público general tiene de Dune es, precisamente, el film de David Lynch de 1984. Pero además la obra generó continuaciones (de la pluma de Herbert), precuelas (escritas por el hijo de Herbert), juegos de mesa y, obviamente, video games.

Precisamente en el terreno de los video juegos, Dune realizó varias entregas, todas de la mano de Westwood. Si bien Dune I fue un anónimo juego de rol y estrategia, es sin dudas Dune II el juego más recordado por todos, ya que es el abuelo de los RTS (juegos de estrategia en tiempo real) y el que fundó todo un género. Dune II es un juego de culto, aunque en su época no fue muy popular (posiblemente porque no todos entendieron la mecánica del nuevo género), y recién el RTS llegaría al estrellato con la salida del fabuloso Command & Conquer. Pero esa es otra historia.

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Lo cierto es que, por alguna razón inexplicable, los juegos basados en Dune nunca llegaron a obtener la popularidad que merecían. Dune II pasó casi desapercibido (excepto para las empresas de la industria de los video juegos, que tomarían y ampliarían la idea), y en pleno furor de los RTS salió un muy tibio Dune 2000, que carecía de absoluto nervio y que era incapaz de opacar al otro éxito de Westwood, C&C Red Alert. A pesar de la fidelidad a sus orígenes, la parte gráfica y sonora semejaba a jugar con ejércitos de juguete, comparado con las explosiones atómicas de C&C.

Pero, por suerte, existió otra entrega, esta vez en la época en que todos claman por engines 3D para los juegos de estrategia en tiempo real. Yo jamás he sido un fan de incluir un motor gráfico en 3 dimensiones en un juego RTS, simplemente porque los requerimientos de hardware terminan siendo enormes, los juegos siempre son lentos, y no añaden demasiado a la jugabilidad. De hecho, la computadora se encuentra más ocupada en dibujar gráficos que en realizar complejos procesos de AI, razón por la cual terminan resultando superficiales. Sin ir mas lejos, C&C Generals es un fiasco; y Dark Reign 2 arrastra los problemas de la versión 1, donde el balance de fuerzas es tan inutil - no importa el bando, hay unidades similares en cualquiera de ellos; hay que construir ejércitos gigantescos para ganar - que lastima la jugabilidad.

Pero Emperor : Battle for Dune es una agradable sorpresa. En primer lugar, supera ampliamente los problemas de Dune 2000. Las unidades grandes provocan daño masivo, los parlantes rugen con las explosiones. No es Generals (donde el apartado sonido era excelente), pero le da más vida a una serie caracterizada por cierto tono light a la hora de los combates. En segundo lugar, está el balance de fuerzas : la infantería sirve para algo, cosa que es rara en estos juegos (uno podría dedicarse a construir las unidades más poderosas todo el tiempo, pero estas tienen sus debilidades), y es necesario construir ejércitos con tropas variadas para poder ganar. Y en tercer lugar está la inteligencia artificial del juego : no es brillante, pero al menos tiene el buen tino de atacar y atacar en oleadas, lo cual es una ventaja importante en el mundo de los RTS 3D, donde suelen haber enormes tiempos muertos (sin ir mas lejos, el propio C&C Generals).

Emperor : Battle for Dune narra la historia por todos conocida : en el planeta Arrakis (también conocido como Duna) se cosecha la Especia Mezclada, fuente de poder en el Universo. El Emperador rige el Universo y decide los espacios de poder. Pero la Especia Mezclada sólo se encuentra en Dune, y se desata una terrible guerra por el control del planeta. Involucrados en el conflicto están tres casa feudales : los Atreides, los Harkonnen y los Ordos. Ellos recaudan dinero por la cosecha de la Especia, y con ello construyen bases y ejércitos. Las tres facciones tienen algunas unidades militares similares, pero la mayoría de ellas son propias de cada casa. Los Atreides poseen enormes robots artillados que disparan a larga distancia, mientras que los Harkonnen tienen el Devastator - un robot gigante que puede autodetonarse - y toda una serie de unidades para corta distancia. Y los Ordos se especializan en operaciones encubiertas, camuflaje y traicion, pudiendo lanzar gases especiales que convierten a unidades enemigas como propias, o disponiendo de unidades stealth para sabotaje.

Si bien en las entregas anteriores estas cualidades estaban, no dejaban de ser cambios cosméticos. Acá, sin embargo, el balance de rango de tiro y debilidades de cada unidad hace que el manejo de los tres ejércitos sea bien diferenciado, especialmente a la hora de armar las estrategias de combate. Sin duda los Atreides son los más poderosos, debido a que sus unidades son de largo y mediano alcance, mientras que los Harkonnen deben avanzar en forma compacta y desplegarse rápidamente ante el primer contacto enemigo. Y los Ordos deben atacar de forma esporádica (hit and run) para ir debilitando las fuerzas enemigas antes de enviar un raid definitivo a arrasar el campo enemigo.

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Pero, uno de las novedades que plantea el juego, es la de contar con alianzas con casas menores. Por ejemplo, los Atreides pueden aliarse con los Fremen, que les brindan una infantería realmente poderosa contra tanques y unidades mecánicas enemigas. O los Harkonnen contar con las tropas del Emperador, devastadoras contra la infantería enemiga, además de haber otras casas en juego que producen creaturas alienígenas y distintos tipos de tanques especiales, que sirven para contaminar tropas, materializarse en campo enemigo, etc. Es precisamente el tema de las sub casas lo que le da un sabor distinto al juego. Los Atreides pierden mucho de efectividad sin los Fremen, por ejemplo, y es muy diferente plantarse frente a un ejército enemigo solo que cuando ha desarrollado la tecnología de las dos sub casas que por partida pueden contar.

El otro tema es un clásico de los juegos anteriores, y es el de los Gusanos de la Arena. Gracias al engine 3D, ahora los mapas son enormes, y los Gusanos de la Arena cuando salen a luz, se ven gigantescos y espectaculares. Estos Gusanos pueden devorar ejércitos enteros, y se mueven en los territorios arenosos que hay entre los montículos de roca donde las facciones construyen sus bases. Muchas veces la presencia de un SandWorm altera la estrategia de avance de un ejército, salvo en el caso de los Fremen, que poseen unidades especiales para llamarlos y "montarlos", lo que es un espectáculo delicioso. Imaginen a un guerrero Fremen guiando un SandWorm (como la película) y llevándose por delante a un ejército enemigo enorme.

Así como el jinete Fremen de gusanos, el juego tiene detalles especiales aquí y allá. La perspectiva del juego es realmente buena, útil y rápida de maniobrar - se pueden hacer zooms para deleitarse con las grandes batallas, o alejarse con la cámara para dar ordenes a los distintos sectores de nuestra armada -, y el manejo de cámara es muy intuitivo - simplemente con la ruedita del mouse -. Hay edificios especiales como los Outpost que nos alertan de peligros y avances enemigos, abriendo pequeñas pantallas de video. Las alturas tienen importancia, como en todos los juegos 3D, pudiendo atacar desde las alturas si las unidades cuentan con el rango de fuego suficiente, y si las unidades enemigas pueden visualizarse. Tanto en el aspecto gráfico como sonoro, y en la jugabilidad el juego es realmente muy bueno, y los choques de ejércitos son espectaculares. Además, a pesar que la AI enemiga manejada por la computadora no sea tan efectiva como en otros juegos - Age of Empires, por ejemplo, o StarCraft - al menos resulta lo suficientemente agresiva como para atacar con frecuencia. El unico defecto visible es que a veces, los enemigos pasan al lado de nuestras tropas, y ni uno ni otro se atacan (especialmente pasa con la infantería). Pero el resultado es satisfactorio.

El otro detalle del juego es la modalidad de campaña. Uno conquista sectores del planeta, pero en este apartado, semeja a un juego de estrategia por turnos. Sectores conquistados pueden ser atacados por enemigos de la región, y uno puede aceptar dicha defensa, o bien resignar la partida y elegir otro territorio para atacar. Esto significa que perder una partida no es perder una campaña, y muchas veces defender un territorio es comenzar una partida con la disposición previa que había quedado de un juego anterior. Pero a su vez, esta fase del juego no está tan bien desarrollada : da la impresión que se trata de una serie de partidas de práctica (escaramuzas o skirmish) encadenadas. Defender un territorio retrotrae la base pero no las unidades, así como no se mantienen la antiguedad y nivel experiencia que las unidades hayan ganado en batallas anteriores. Porque, como C&C, las unidades que combaten y no perecen ganan en poder de fuego, velocidad y nivel de puntería. Pero esto se pierde al empezar cada nueva batalla.

Emperor : Battle for Dune es un muy buen juego. No es excelente, le faltan algunos detalles, y hay aspectos que merecerían haberse pulido. Lamentablemente quedó sepultado en un mar de juegos RTS de la misma época, cuando merecería haber ocupado un lugar siquiera secundario en importancia de los rankings. Es superior a Dark Reign 2 y a Command & Conquer Generals en cuanto a experiencia de juego, y quizás por un error de marketing no pudo obtener el lugar que le corresponde. Pero sin duda es un juego plagado de ideas originales, bien ejecutado y lo suficientemente intenso como para que valga la pena hacerse con él.

 
 
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