Software: análisis Strike Force Remastered (2018)

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Reconstruir un juego nuevo con un engine gráfico nuevo no siempre da por resultado un éxito, y esta remake de Delta Force Xtreme es uno de los peores ejemplos.

análisis Strike Force Remastered (2018)

Por Alejandro Franco – contáctenos

Es muy raro que las remasterizaciones tenga éxito. Como en la película Cementerio de Animales, algo se pierde en el proceso de resucitar juegos antiguos usando engines gráficos modernos y potentes (Unreal, Id, etc) o los de licencia libre. He jugado a varios de ellos – desde Transport Tycoon hasta X-Wing – y no pude terminar la primera partida. Eran engendros detestables, carentes del gameplay que hizo famosos a sus predecesores, y dotados de horrores nuevos de su propio pecunio, cosas que terminaban por matar toda la experiencia.

Pasar un juego viejo a un engine gráfico moderno no sólo mejorar la vista sino conservar la idiosincracia del título: porque lo que ocurre en realidad no es que el equipo de programadores originales traspasa el código fuente a un nuevo lenguaje sino que un aficionado imita al juego viejo escribiendo código nuevo, y es ahí donde todos fracasan. Strike Force Remastered es el último desastre de esta tendencia: no salió ni hace dos días al mercado y lo único que puedo decir es que lo eviten a toda costa. Es un título imposible de jugar.

Strike Force Remastered se basa en la saga de Delta Force, una serie de títulos de Novalogic que, aunque parezca mentira (y una distancia enorme en cuanto a tecnología) tienen cerca de 15 años de antigüedad. Los Delta Force eran FPS tácticos e inauguraron la moda de “un disparo, una muerte”, incrementando la dosis de realismo y haciendo que el jugador elaborara cuidadas estrategias de asalto, cuando no, furtivas. En realidad los Delta Force eran juegos para hacer camping y sniping, y uno podía matar enemigos a distancia sin demasiado drama gracias a que la precisión de incluso metralletas pesadas de asalto (como la M-60) podían darle a cualquier cosa a kilómetros de distancia (y con toneladas de balas en el cargador). Hubo varias iteraciones del título pero lo fantástico era que los escenarios estaban infestados de enemigos ocultos, eran enormes (uno podía irse 2 km hacia cualquier lado con tal de rodear el pueblo que uno pretendía asaltar) y te daba una gran libertad de acción para hacer la estrategia que quisieras con tal de cumplir los objetivos dados por el juego. Strike Force Remastered es la versión 2018 del mismo juego, aggiornado por el motor gráfico de Unreal y con capacidad de mostrar escenarios en alta definición plagados de efectos visuales. Pero, ¿saben qué?. ¿Qué importa lo bonito que se vea si el gameplay es una porquería?.

De entrada el juego tiene un glitch en la configuración que, cuando customizas las teclas que vas a usar, no las corrige todas o se manda con las de la configuración por defecto. Y no hay manera de carreglarlo. Después de mucho analizar uno termina por dar por el archivo de configuración en la carpeta Mis Documentos y ves que el juego duplica (y triplica… y cuadriplica!) cada linea de seteo de teclas que ha corregido. Vale decir, no corrige la linea sino que agrega nuevas sin borrar las anteriores. Y es algo que es imposible enmendar porque el juego siempre se empeña en regresar al setup original cada vez que lo arrancamos.

Resignado a mover solo dos teclas de movimiento (izquierda y adelante), comienzo la partida. Los escenarios están inspirados en los del Delta Force Xtreme I (una campaña en el hielo, otra en el desierto), pero el movimiento es horrible. Y los valores de fábrica también. Apretar el botón derecho del ratón agranda un poco la pantalla pero no te pone en la mira del arma, y para matar a un tipo hay que vaciarle un cargador entero amén de que el cañón se mueve como loco para todos lados cada vez que dispara, lo que impide hacer puntería. El inicio de cada etapa es automático y no te permite elegir las armas que quieras usar (para algunos casos es mejor un rifle de francotirador que una M16) y, lo que es peor, la AI de los enemigos está lobotomizada. Uno puede matar a un tipo al lado de otro soldado y éste no se da cuenta, ni el ruido de las balaceras alertan a los guardias. No, no, es un horror. Aún cuando el Delta Force Xtreme original se vea prehistórico (con la estética del Quake I, aunque Novalogic tenía su propio engine, el Voxel Space), sigue siendo muchísimo mas divertido que esta horrenda iteración moderna. Los soldados se te venían al humo al sonido del primer disparo, morían con un balazo y uno podía matarlos a 5 km de distancia. Nada de eso ocurre aquí, y termina aniquilando toda la gracia del gameplay que hizo famoso al título.

Strike Force Remastered es un título a evitar. Que un par de tipos con talento en la programación quieran homenajear al juego de su infancia es una cosa, y que lo hagan con éxito es otra. Los juegos requieren meses (y hasta años) de testeo, y no se trata de poner en el mercado lo que uno recién acaba de programar. Es por eso que las conversiones mueren en el intento, y mas vale buscar el juego original y encontrar la vuelta para ejecutarlo en Windows 10 antes de enroscarse con un experimento que ya sabemos que va a terminar mal. Una lástima, ya que por el título y por las capturas de pantalla Strike Force Remastered era un juego que te despertaba el apetito y termina decepcionándote muy pero muy mal.