Historia argentina: Los Dodge Polara del Guasón de Batman 1989

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Entre 1971 y 1977 la española Camiones Barreiros ensambló kits de Dodge Polaras argentinos, vendiéndolos como Dodge 3700. Esta es la historia de cómo los Dodge españoles terminaron en el set de Batman (1989), pintados como autos del Guasón en una de las secuencias memorables del filme.

Historia argentina: Los Dodge Polara del Guasón de Batman 1989

Por Alejandro Franco – contáctenos

Ciudad Gótica. La metrópoli está sumida bajo el terror por un criminal sicópata llamado el Guasón. Ahora el Guasón se dispone a acosar a Vicki Vale, una valiente periodista que le ha seguido la pista de sus fechorías. En el momento de mayor peligro, una claraboya se rompe, y el Caballero de la Noche irrumpe para rescatar a la chica. Es necesario escapar a toda prisa y, para ello, el superhéroe cuenta con el Batimóvil, un enorme auto blindado plagado de trucos y armas. Mientras tanto decenas de secuaces del Guasón se lanzan a perseguirlo.

Mientras que ésta es una de las escenas más memorables del filme clásico Batman de 1989, dirigido por Tim Burton, hay un detalle que llama muchísimo la atención, especialmente para el público argentino. Los autos del Guasón están pintados de fucsia, pero hay un par de ellos que parecen Dodge Polaras. ¿Cómo es posible eso?. ¿Cómo un vehículo argentino terminó en una película estadounidense de superhéroes?.

Para resolver este acertijo, primero hay que rastrear cómo llegaron esos autos hasta allí, y descubrir la historia de origen de ellos.

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En el set de Batman se precisan autos norteamericanos

Como suele pasar en el cine norteamericano, los productores deciden el lugar del rodaje en base a los costos y los beneficios fiscales. La película de Batman de 1989 fue filmada en Inglaterra, para lo cual construyeron unos enormes sets de decorados en los estudios Pinewood, los más grandes del reino unido, y famosos por ser usados constantemente para rodar las películas de la saga del agente secreto James Bond.

Aunque el rodaje le salió más barato que filmar en Hollywood, pronto la producción se topó con un problema y es que, aunque Batman viva sus aventuras en una urbe de ficción como es Ciudad Gótica, la esencia de la misma es netamente norteamericana. Había que poblar con autos estadounidenses la mini ciudad creada en los gigantescos decorados. No servía poner coches europeos, los cuales se ven muy diferentes a los americanos, aparte de ser mucho más pequeños. Sería un detalle chocante. Importar los coches que se precisaban desde Estados Unidos, a 9.000 kilómetros de distancia, sería muy costoso.

Así que la producción salió a cazar, por toda Europa, cualquier coche estadounidense que pudieran encontrar. Era una tarea casi imposible. Estados Unidos jamás pudo desembarcar en Europa con sus modelos americanos ya que eran caros, enormes, devoradores de combustible, recargados de cromados, y plagados de detalles de terminación. ¿Para qué comprar un aparatoso Cadillac cuando por el mismo precio se consigue un Rolls Royce o un Mercedes Benz, hechos con una ingeniería exquisita?.

Como sea, dieron con unos cuantos coches en manos de particulares, diplomáticos y hombres de negocios. Pero precisaban un puñado de coches grandes, vistosos, y que pudieran destrozar a gusto ya que era lo que indicaba el libreto. Así es como terminaron en España, en donde descubrieron que la Chrysler había estado produciendo sedanes Dodge hasta 1979. Algunos eran kits norteamericanos del Dodge Dart, modelos 1965 a 1970. Pero los otros eran Dodges 3700, los cuales no eran más que kits fabricados en Argentina del Dodge Polara, y a los cuales los ensamblaba la Barreiros, una reconocida fábrica española de camiones, y la cual había tenido la mala idea de formar sociedad con la Chrysler cuando la firma norteamericana estaba en su peor momento.

Los Polara argentinos se convierten en los Dodge 3700 españoles

El cómo llega Chrysler a Europa es una historia larga y complicada que precisa un capítulo aparte.

La historia básica es ésta. Desde antes de la Segunda Guerra Mundial la Ford y la General Motors habían desembarcado en Europa, pero no con sus modelos americanos. La Ford estableció subsidiarias en alemania, inglaterra y francia, y les dio autonomía para diseñar y producir vehículos de acuerdo a los gustos y necesidades locales. En cambio la General Motors decidió adquirir marcas locales, como la inglesa Vauxhall y la alemana Opel. La GM terminaría haciendo lo mismo en otras partes del mundo como Corea del Sur y Japón, y sería una estrategia que le daría mucho éxito con el paso del tiempo.

Pero la Chrysler estaba más que satisfecha con lo que obtenía del mercado interno estadounidense, así que nunca le interesaron los mercados internacionales. Por lo menos era así hasta la década del 60, cuando Chrysler comenzó a tomar una serie de pésimas decisiones que pusieron en riesgo la supervivencia de la misma empresa. El caso más sonado es el del downsizing de toda su línea de automóviles a principios de la década del 60. La Chrysler creyó que el futuro del mercado automotriz norteamericano estaba marcado por los coches compactos, como el Ford Falcon y el Chevrolet Corvair, y decidió achicar todos sus modelos. Pensó que con eso no sólo quitaría a la AMC y su línea Rambler del medio, sino que se apoderaría de un sector grande del mercado. El drama es que a los norteamericanos no les gustan los autos chicos. Los compactos se vendían para la clase media baja, o como segundo auto para el ama de casa y el hijo estudiante. El otro error garrafal fue que los Chrysler, con la línea principal convertida a compactos, venían con unos diseños tan estrafalarios que nadie los quería manejar. El caso más atroz es el del Dodge 1962, al que apodaron trompa de jabalí por el diseño de su parrilla y la disposición de sus faros. En menos de tres años tuvieron que dar marcha atrás y normalizar sus diseños, pero perdieron posicionamiento de mercado y la empresa nunca terminaría por recuperarse.

Un par de hermosos Dodge 3700 españoles, kits de Dodge Polara argentinos ensamblados en España a los que les hicieron modificaciones estéticas. Debido a la falta de coches americanos en el set de Batman 1989 (rodada en Inglaterra), tuvieron que ir a buscar los 3700 a Alicante, a mas de 2.000 kilómetros de distancia. Eran de los pocos coches americanos en Europa que daba la impresión de ladyachts americanos, aunque - como pasaba con la mayoría de los autos del set de Batman - se notaban que eran antiguos, ya que el grueso del stock eran autos estadounidenses de las décadas del 70 y principios de los 80.

Un par de hermosos Dodge 3700 españoles, kits de Dodge Polara argentinos ensamblados en España a los que les hicieron modificaciones estéticas. Debido a la falta de coches americanos en el set de Batman 1989 (rodada en Inglaterra), tuvieron que ir a buscar los 3700 a Alicante, a mas de 2.000 kilómetros de distancia. Eran de los pocos coches americanos en Europa que daba la impresión de land yachts americanos, aunque – como pasaba con la mayoría de los autos del set de Batman – se notaban que eran antiguos, ya que el grueso del stock eran autos estadounidenses de las décadas del 70 y principios de los 80.

En vista de eso, Chrysler se lanzó al agua, haciendo a las apuradas lo que Ford y General Motors habían hecho décadas antes en Europa. Comenzó a asociarse con marcas europeas para vender, no sólo en el Viejo Continente, sino también en mercados emergentes. Se unió con la Simca en Francia, con el Grupo Rootes en Inglaterra, y con Barreiros en España.

El problema con esto es que Chrysler se asocia con estas empresas cuando éstas ya están en crisis o al borde de la quiebra. O sea, no se une con empresas exitosas que manufacturan los modelos más vendidos del mercado europeo. Para colmo la Chrysler le impone un modelo de negocios abusivo. En el caso de Barreiros, éstos deben comprarle licencias e incluso stock de modelos y motores sobrantes de Norteamérica. España, que con el Franquismo tenía una economía muy limitada, no es ni por asomo el mejor mercado para vender un coche norteamericano gigante con motor de 4 litros. Chrysler estrangula de tal modo a Barreiros que los dueños de ésta le ceden el control total en 1969. Y aunque siguen fabricando camiones, coches medianos como el Simca, y armando los kits argentinos del Dodge Polara, el pobre resultado de ventas termina hundiendo a la empresa en un mar de deudas imposible de remediar. Tan grave es la cosa que en 1978 la Chrysler le vende todas sus marcas europeas al grupo PSA, formado por Citröen y Peugeot, por el valor simbólico de un dólar.

Poco antes de la caída de Barreiros, éstos ensamblaron kits de Polara argentinos, renombrándolos Dodge 3700. Hay ligeras modificaciones estéticas. El coche viene con cuatro faros redondos en vez de usar los faros cuadrados del Dodge 1500 argentino que se ponían en los Polara. Los señaleros son distintos. Usan el motor Slant Six 225 de 3.7 litros y 165 hp. Pesaba 1.412 kilos. Hubo versión manual, con cambio automático, y una ligeramente más deportiva llamada GT, pero todas tenían el mismo motor. Se ensamblaron entre 1971 y 1977, y sólo se hicieron 9.959 unidades. Descolgados de la realidad del Viejo Continente, la Chrysler intentó ubicarlos en Europa sin éxito.

Por tamaño y accesorios de confort eran considerados coches de lujo, aunque no estaban a la altura de sus pares alemanes. En España lo usaron mayormente las delegaciones del gobierno. 

Los Dodge 3700 españoles se convierten en los autos del Guasón

El conductor de acrobacias Christian Wolf-LaMoy fue el encargado de adquirir los dos Dodge 3700 GT modelo 1972 que se usaron en el filme. Los encontró en Alicante y, junto con su hermano, los condujeron durante 2.100 kilómetros hasta llevarlos a Inglaterra, donde fueron pintados y tuneados para la persecución del filme. Solo uno de ellos sobrevivió y aún está en su posesión.

Así termina esta curiosa anécdota, en donde un par de Polaras argentinos terminaron en la pantalla grande, persiguiendo al superhéroe más famoso del mundo del comic en una película memorable.

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