Cine, TV, Video: la historia del Cine de Terror (1era parte)

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Publicamos esta excelente colaboración escrita por Pablo Planovsky, donde comienza a reseñar la historia del cine de horror prácticamente desde los comienzos del siglo. Esta es la primera parte del trabajo.

Por Pablo Planovsky

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historia del cine de terror: Pablo Planovsky nos habla del nacimiento y evolucion del genero desde principios de siglo hasta 1950 - 1era parte Hoy en día, cualquiera suele hablar de las películas “de terror”, un género tan popular y común en materia de cine. Con muchas producciones mediocres, otras grandiosas, como todo producto masivo. No es difícil pensar que detrás de una película como El exorcista, se esconden inconcientemente muchos de los temas “fetiches” del cine de horror.

Muchas de las claves para analizar un filme se encuentran allí; desde el miedo a lo desconocido, la incursión del mundo sobrenatural, lo monstruoso, la doble personalidad, lo incontrolable, la desprotección, etc. Todos elementos que se irán incorporando de a poco a lo largo de esta larga historia. Y como es demasiado larga (si la hiciera a nivel mundial sería demasiado; no se puede incluir todo lo que uno quiere o todo lo que se debería incluir) este resumen espero que sirva a modo de guía para quien le interese ver por lo menos estas películas “base” para amantes del terror o del cine.

Quiero destacar también, que no es un análisis esto, sino un breve repaso para todo aquel que tenga interés en este género.

La década de 1920 y el expresionismo alemán

El género de terror, surgido junto con los primeros movimientos del cine, tuvo sus primeros destellos notables en 1896 con la película del mago George Méliès Le manouir du diable, que a pesar de poseer elementos sobrenaturales (como los de Viaje a la Luna) no se proponía el objetivo que sí empieza notarse y a regir (aunque de un modo muy rústico) en La brujería a través de los tiempos (1922) y El gabinete del Dr. Caligari (1920). Esta última incluía elementos extraídos (y luego imitados) de otras fuentes, tales como el hombre – científico (o aquí, doctor) delirante que usa a otro sujeto para cometer atrocidades, además de jugar con la paranoia de la sociedad después de la Primera Guerra Mundial. Es reconocida además por su avanzada técnica narrativa (un flashback dentro de otro), un final con un giro inesperado, y ser un ícono del cine expresionista alemán; con sombras pintadas, casas de figuras torcidas, rótulos con letras extrañas, actuaciones “teatrales” y una inquietante historia de por medio, condimentos que el día de hoy podemos ver en directores como Terry Gilliam. Y es que El gabinete del Dr. Caligari con sus pinturas que simulan sombras, luces e incluso ciudades; conforman la visión de un demente (¿crítica al expresionismo?).

Dos años más tarde, la polémica Nosferatu, basada en la novela Drácula de Bram Stoker, hacía uso de la iluminación para atemorizar al espectador mientras el vampiro del título pululaba por su castillo en busca del inmobiliario Hutter. No solo el expresionismo alemán estaba presente en ambos títulos, en este último hacía intromisión un personaje sobrenatural, interpretado por Max Schreck, que era la encarnación de la oscuridad y las fuerzas malignas, distinto de el Cesar de Caligari o de los demonios de La brujería a través de los tiempos.

A diferencia de muchos títulos baratos de terror, que parece que se preocuparan más en mostrar un ser terrorífico que en crear atmósferas, Nosferatu nos demuestra que las mejores películas de terror se toman más tiempo en ambientar la historia y desarrollar a los personajes, para luego sí, dar paso a una criatura aberrante o una intensa situación de shock.

El resultado de los ingredientes tan bien combinados terminó por peligrar cuando la flia. de Stoker ganó el juicio por el plagio descarado sobre la novela del verdadero Conde. Por ello, muchas de las copias terminaron en el fuego.

historia del cine de terror: Pablo Planovsky nos habla del nacimiento y evolucion del genero desde principios de siglo hasta 1950 - 1era parte Dato importante es que las relaciones entre las criaturas y las muchachas en peligro cada vez se hacía más intensa; Cesar, el sonámbulo, al momento de asesinarla falla su misión (¿se habrá enamorado?), Nosferatu debe acabar con su antagónico femenino destinado a erradicarlo para siempre. Y mucho más profunda es la relación que toma lugar en una novela gótica de Gastón Leroux.

Esto sucedería cuando el género se volcase más a lo dramático en El fantasma de la opera de 1925.

La primera adaptación de la novela, presentaba la historia del desfigurado hombre que vivía bajo la opera, con doble personalidad (el atormentado Erik y el vil fantasma) y agregaba un condimento más a las relaciones criatura-mujer: el sufrido fantasma estaba enamorado de Christine Daae, la joven novata del teatro. Elemento que no paro de recordar en cuento veo El cofre de la muerte y Davy Jones toca su órgano recordando a su amada, así como el fantasma tocaba el órgano para Christine.

A pesar de que se le puedan criticar elementos como que muchas partes sean cantadas (es una película muda) o que algunos actores son poco expresivos (cuidado con el inexpresivo Norman Kerry) el film se salva por el fabuloso maquillaje que el mismo Chaney creó para su soberbia interpretación como Erik, además, permítame la redundancia, de su fabulosa interpretación como el Ángel de la música.

Década de 1930 y la popularización del terror

Durante esta etapa los estudios de Hollywood, así como hacen con la mayoría de las cosas, tomaron los conceptos de los exponentes del cine de terror (que había tenido sus bases en Alemania) lo norteamericanizaron y popularizaron. El pionero en esto fue el estudio Universal Pictures de Carl Laemmle hijo, quién con el éxito cosechado por El fantasma de la opera se animó a producir una seguidilla de películas de monstruos, y al obtener resultados, siguió ampliando el plantel con los familiares de los monstruos más famosos, divulgando falsos rumores sobre los rodajes (principalmente en Black Friday de 1940 que nada tiene que ver con la serie contemporánea de Jason), y luego con el declive del género (que acompañaba la caída financiera del estudio) que terminaría en crossovers tanto fuera como dentro de la pantalla.

Al principio, transformaron al Nosferatu de Schreck en el Conde Drácula de Bela Lugosi, actor que luego terminaría rechazando el papel de otro famoso monstruo y recomendaría al actor que luego lo interpretaría, relación que los unió como rivales en la comedia Ed Wood de Tim Burton, director que debe mucho a las películas expresionistas alemanas de terror. Son los tiempos de Boris Karloff y el señor Lugosi. Rivales para muchos, falsos rumores para otros, lo cierto es que Karloff es mejor actor que el húngaro.

Frankenstein, es quizá el exponente más sólido de esta época, con elementos como el ya recordado científico demente (que antes era el Dr. Caligari, el hipnotizador ahora pasa a ser el doctor del título en términos conceptuales), el ser dominado que asesina (el hipnotizado aquí es el monstruo, ambos con falta de poder sobre sus acciones). Y resulta que el horrible ser formado a partir de restos humanos no era maligno totalmente como Nosferatu (que era al fin y al cabo una semilla del mal que se alimentaba de sangre humana), sino que era víctima de los miedos de las personas por su horrible figura, creado gracias al asombroso maquillaje de Jack Pierce (quien más tarde trabajaría en El hombre lobo de 1941).

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Más tarde Karloff protagonizaría a otro ser de andar lentón y figura deforme en La momia (1932), película que incluye elementos mucho más fantásticos (hoy en día algunos diálogos pueden sonar risibles) y una relación más intricada entre monstruo-dama. La idea entera termina siendo reciclada en la película blockbuster protagonizada por Brendan Fraser y Rachel Weisz con mucha más acción y comedia que su heredera. En la última aparición de Imhotep, el encargado de llevarlo a la pantalla era Arnold Vosloo, mucho más débil que Karloff en el más siniestro de sus papeles.

Es interesante destacar a El caserón de las sombras (1932) que unía de vuelta al dúo James Whale, director de Frankenstein y a Karloff en lo que es el referente de las películas “de casas embrujadas” que quizá quedó empañada debido al éxito de otro género en alza.

El húngaro Lugosi, por su parte, en 1931 interpretaría al Conde Drácula en justamente Drácula (esta vez sí con los derechos de Stoker y flia), aunque sin los colmillos que utilizó en Brodway, después de que el sr. Chaney no se encuentre disponible para el papel. Esta vez, añadiendo un toque de romance al largometraje (algo para lo que el personaje del vampiro que muerde los cuellos de las víctimas siempre estaba dispuesto a funcionar), más efectos especiales (atención con las apariciones vampirescas del Conde) y por último rivalizaba en pantalla con la sabiduría de otra figura imponente; el Dr. Van Helsing, un hombre mayor estudioso, capaz de rivalizar o ser el antagonista del Conde. Por primera vez, aparecía una figura humana que conocía las debilidades del monstruo y las usaba para contrarrestar su maldad, claro, si uno pasa por alto el pequeño rol de Ledoux (un guiño al autor de la obra Leroux), el policía de El fantasma de la opera de 1925.

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En 1933 se estrenaba King Kong, para salvar a RKO de la bancarrota (así como también en su momento Frankenstein y Drácula hicieron lo mismo con Universal en la época post-depresión) usando la arriesgada técnica del stop-motion; aunque el film es más de aventuras, tiene varios elementos de este género cinematográfico; la dama en peligro y objeto de obsesión por el monstruoso (aquí un villano) y los hombres enfrentándose a criaturas desconocidas, que después sería imitado hasta el hartazgo en otras películas.

Y Kong daría lugar a secuelas y remakes y a la seguidilla de animales monstruosos como en la película La humanidad en peligro y más tarde tan buenos resultados daría en Tiburón, aunque con una bestia mucho más normal.

Universal no obstante seguiría produciendo el cine de monstruos. Los personajes malignos eran actores de renombre, se hacían secuelas y se incrementaba más la plantilla de seres extraños: El hombre lobo y El hombre invisible (1933).

Algunos estudios pioneros como la ya mencionada RKO Pictures (la productora de El ciudadano Kane) se animaron a llevar la fealdad protagónica al lado femenino como en la película Cat People o también conocida como La marca de la pantera (1942) que tendría dos años más tarde su secuela. Estos filmes son de terror más psicológico (no hay demasiada puesta en escena y/o situaciones con seres deformes) volviendo al juego de sombras y teniendo en vilo sobre la mentalidad de la protagonista (¿realmente está loca Irena o pasa algo inusual…?). La secuela, La maldición de la pantera (1944) me defraudó completamente dejando de lado los mejores elementos de la original y convirtiendo a la enigmática Irena en una especie de Blancanieves. Cat people se podría haber extendido de muchas mejores maneras en vez de la infantil y manipuladora segunda parte que esta terminó siendo gracias a RKO.

Universal logró, después de cuatro años, conseguir al director de la original, James Whale, para la secuela La novia de Frankenstein (1935), que mostraba el lado más “humano” (y si se quiere, más espeluznante) de la criatura, con un toque más kistch y distendido. En ciertos puntos demostró superar a la original, en lo que a mí respecta, esta junto a la anterior conforman el verdadero “clásico” de Frankenstein. Además, ya se empezaba a dar signos el síndrome de “la familia monstruosa” que luego alcanzaría otras películas, ya sea con el futuro El hijo de Frankenstein o la parodia El joven Frankenstein.

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historia del cine de terror: Pablo Planovsky nos habla del nacimiento y evolucion del genero desde principios de siglo hasta 1950 - 1era parte En la década posterior a 1930, se utilizaría de nuevo el set más grande del mundo, el de El fantasma de la opera de 1925, para justamente, su remake, esta vez sin un Lon Chaney (ya estaba muerto). La adaptación de la novela esta vez era menos dramática que la primera y carecía en lo más espectacular de la anterior, el fantasma, claro.

El fantasma de la opera protagonizada por Nelson Hedí y Claude Reins tendría un vuelco orientado más hacia lo musical, además de que el personaje perdió mucha de la fuerza y mística de la vieja película muda.

En 1943 tendría lugar el crossover de dos grandes figuras del terror: una pelea mortífera culminante en Frankenstein contra el hombre lobo, que bajaba las cotas de calidad y mostraba en el papel de Frankenstein a Bela Lugosi.

Sin embargo, a pesar de algún eventual éxito, la mayoría de las producciones de Universal no darían abasto con los gastos en lo que terminaría por la venta de acciones del estudio y el fin del control ejecutivo y productivo de la familia Laemmle (quienes tenían una relación familiar para los negocios) y recién se reavivaría el interés con La criatura de la Laguna Negra en 1954 dejando algunos proyectos a cargo de las producciones Hammer, la misma productora que se encargaría de un actor fetiche del terror como Christopher Lee y sus apariciones como Frankenstein o Drácula, quien retomaría este último rol seis veces más comenzando con Drácula: Príncipe de las tinieblas.

Hasta el inefable Edward Wood hijo terminaría dirigiendo en 1955 una película con las características previamente comentadas en La novia del monstruo altamente recomendable para entender como no funciona el género.