Cine, TV, Video: crítica de Margin Call, El Precio de la Codicia (2011)

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Margin Call, El Precio de la Codicia es una ficción ambientada en los albores de la crisis económica norteamericana del 2008, cuando los bancos comenzaron a caer como moscas debido a su stock de deudas incobrables. Y es una mirada profunda sobre un mundo amoral que maneja, desde las sombras, el destino financiero y ecnoómico de toda la sociedad.

Por Alejandro Franco – contáctenos

Margin Call (EUA 2011); Intérpretes: Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy Irons, Zachary Quinto, Penn Badgley, Simon Baker, Demi Moore, Stanley Tucci, Mary McDonnell

Margin Call, El Precio de la Codicia La imagen bien va con una película de ciencia ficción o, mejor, con una de cine catástrofe: un empleado descubre un terrible secreto y se lo dice a su descreído jefe. El sabelotodo termina por rendirse ante la ferocidad de los hechos y llama su superior, el que llama al mandmás mas alto de la cadena de poder… todo para darse cuenta que tiene una situación completamente descontrolada. Y que cuentan con un puñado de horas para resolverla. Ahora hay corridas, gritos y reuniones apuradas a la madrugada, en donde un puñado de ejecutivos nerviosos y desvelados deben decidir qué hay que hacer… antes de que abran los mercados en la mañana.

Oh, si, ésta es una pelicula sobre operadores de Wall Street y ejecutivos del mundo de las finanzas. Y es una mirada lúcida sobre el desastre económico que golpeó a las finanzas norteamericanas en el 2008, y cuyas secuelas siguen demasiado frescas hoy en día. Margin Call (Decisión Marginal, sería el título, rebautizada aquí como El Precio de la Codicia) es una instantánea sobre la mentalidad de quienes manejan el mundo de las finanzas, y de cómo habrán digerido el descubrimiento de que habían pasado todos los límites. Aquí hay una firma que opera con valores, y que descubre que la mayoría de su cartera está compuesta de bonos tóxicos, inversiones que en su momento prometían una enorme rentabilidad pero que jamás nadie se preocupó en revisar su potencial de riesgo. ¿Realmente rendían sus frutos, o eran valores inflados en los libros?. Y no valores inflados por ellos, sino por el mercado. Como dice uno de los empleados, “basta que esas acciones bajen un 10% de su valor (p.ej., que el mercado comience a desconfiar de su credibilidad) como para que la perdida supere varias veces el valor de capital de la empresa”. Es como despertarse sentado encima de una bomba atómica cuyo reloj detonador parpadea a segundos de iniciar el proceso de explosión.

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Lo que es interesante ver es cómo razona esta gente y cómo funciona este mundo. Algunos son intermediarios obsesionados con el dinero y las mujeres, que comparan su sueldo con el de otros como si hablaran de sus miembros viriles. Hay otros que tienen su ética y su sentido de fidelidad hacia su empresa y sus subordinados… aunque ello implique que se vea forzado a tomar decisiones desagradables y mande a la hoguera a la mayoria de sus compañeros. Y están los amorales que viven por el poder, y que tomarán cualquier tipo de decisión con tal de garantizar la continuidad de su proyecto y de su estilo de vida. Como dice el CEO de la empresa en un determinado momento: “no somos operadores de la beneficiencia sino intermediarios. Compramos y vendemos. No fuimos nosotros quienes les prestaron dinero a gente que no podía pagar sus deudas. Esta nación crece porque la gente se endeuda y, desde el momento que nosotros compramos esas deudas y las movemos, nos encargamos de financiar el estilo de vida americano.”.

Margin Call, El Precio de la Codicia es una película brillante, intensa y demandante. Florecen los personajes interesantes y florecen los diálogos interesantes. Hay una nube de amoralidad flotando en el ambiente, simplemente porque toda esta gente se preocupa más en salvar su propio pellejo que en rescatar el de los demás. Quizás sea porque las reglas del mundo de las finanzas sean perversas – en el fondo, no son más que sofisticados apostadores que juegan con el dinero de los demás, y que inventan irreales vellocinos de oro que a la larga terminan por asfixiarlos y matarlos -, y porque una vez que uno está inmerso en ese universo pierde la perspectiva que, detrás de lo abstracto, existe gente. O quizás sea que se trata de una horda de cretinos obsesionados con el dinero, con la posesión de éste y la ampliación de sus reservas, aún cuando su existencia supere ampliamente la capacidad de compra y placer que les pueda brindar. Mientras que los operadores financieros deberían servir para cotizar empresas e inversiones, y lograr que los más capaces se coticen y obtengan dinero para capitalizarse, hoy se han convertido en una abstracción de su propia naturaleza, y existen para su propio beneficio, como una casta de egoistas ególatras que pueden pulverizar a millones de personas en cuestión de horas, especialmente cuando se dan cuenta que su juego ha ido mucho más lejos de lo justificable y es hora de mostrar la fría verdad de los números reales.