Cine, TV, Video: crítica de Los Perros de Paja (2011)

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Llega una nueva remake y esta vez se trata del clásico de Sam Peckinpah. Y si bien la nueva versión es sólida, no tiene nada que la haga memorable.

Por Alejandro Franco – contáctenos

Straw Dogs (EUA 2011); Intérpretes: James Marsden, Kate Bosworth, Alexander Skarsgård, James Woods, Rhys Coiro, Billy Lush, Drew Powell, Dominic Purcell; dirigidos por Rod Lurie

Perros de Paja 2011 Sam Peckinpah en 1971 se despachó con un filme que resultó más controversial de lo que el director esperaba. El motivo de la discordia yace en la escena de la violación, la que tan descarnada como ambigua. En base a dicha secuencia Perros de Paja terminó por convertirse en un clásico de culto, aún cuando la infame escena resulte casi infantil en una época en donde el gore y el terror brutal (o torture porn) se ha convertido en moneda de todos los días. La adaptación 2011, dirigida por Rod Lurie, no teme mostrar a la violencia en todo su esplendor – incluso hay secuencias que son mas chocantes que las del film de Peckinpah – pero no lograr generar controversia alguna, con excepción de la utilidad de la película. ¿Era necesaria otra remake?

Lurie – un tipo especializado en thrillers cerebrales – parece ser una elección dispar para dirigir Perros de Paja, pero aquí demuestra permanecer fiel al guión de 1971. Al contrario de las modas actuales – en donde las remakes ignoran a los filmes originales -, Lurie trabaja directamente sobre el original, y concretamente sobre el libreto del filme de Peckinpah en vez de tomar la novela de Williams. Hay algunos cambios menores, como el escenario que se ha trasladado a Norteamérica en vez de Inglaterra, o que el protagonista ahora es un escritor en vez de un profesor de matemáticas, pero el grueso del filme permanece igual y transpira el mismo clima de la década del 70 en donde tenía lugar el original.

James Marsden y Kate Bosworth son David y Amy Sumner, una joven pareja de Hollywood que han decidido estacionarse en un pueblito quieto y apacible, lejos del mundanal ruido. Mientras que él desea un lugar tranquilo en donde escribir, los sentimientos de ella son más encontrados sobre el hecho de alejarse de las grandes ciudades. Para colmo se trata del pueblo natal de Amy, en donde no tardará en encontrarse con un viejo amor, Charlie (Alexander Skarsgård), cuya sonrisa tiene notas siniestras ocultas. David, un inadaptado para las relaciones sociales, decide contratar a Charlie y sus tres compañeros para reconstruir la granja que han comprado. Allí es cuando comienzan los juegos sicológicos, en donde los trabajadores llegan a primera hora del día, se la pasan bebiendo en el trabajo, se pasean por la casa de David como si fuera propia, y abandonan temprano sus tareas para irse de caza. Amy comienza a enfurecerse ante la pasividad de David frente a la situación; lo que ella no sabe es que Charlie ha comenzado a dominarlos y desea lo que tiene David… sin importarle la opinión de todos los involucrados.

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Perros de Paja es inquietante, esencialmente porque debajo de su fachada hay una batalla entre buenos y malos que comienza a volverse ambigua a medida que avanza la historia. Si hay algún tipo de mensaje es que, dependiendo de las circunstancias, hasta el hombre más civilizado y culto puede regresar a sus instintos básicos de defensa de manada y territorio. Para combatir a Charlie, David debe descender a ese nivel. No tiene manera de razonar, congraciarse o negociar con él. Charlie es el fruto de una mentalidad de matar o morir, en donde el fuerte se apodera de lo que desea y el débil perece.

¿Pero David es tan inocente como parece?. A primera vista parece una pregunta ridícula pero Lurie – tal como Peckinpah – parece fascinarse con la idea de que este suave y tranquilo hombre culto sea en realidad el villano de toda la situación. El se muestra superior frente a los incultos del pueblo. Su presencia estimula mucha de la violencia generada. El combate a su Dios e insulta a su pastor. Su actitud es una afrenta y él empuja hasta los límites a su suerte. Mientras que Charlie tiene una sola esencia y actitud, David parece un provocador que quiere dejar claro que él se encuentra por encima del resto.

La aproximación de Lurie a la escena de la violación es más directa que la de Peckinpah, exhibiéndola como un acto de violencia más que como otra cosa (p.ej. que Amy la hubiera disfrutado en algún tipo de nivel). Durante la invasión al hogar de los Sumner en el final, Lurie crea un gran clima de tensión, coreografiando sofisticados juegos entre el gato y el ratón. Quizás el aspecto más débil sea la subtrama involucrando al idiota del pueblo, la cual no posee todo el peso que debiera en el total.

Aquí está la dupla de Superman Regresa, aunque en roles radicalmente distintos. Marsden es muy bueno como el suave escritor y Bosworth hace un gran trabajo con su relación amor – odio por el pueblo y los habitantes que viven en él. Skarsgård, del otro lado del mostrador, impresiona con su sonrisa siniestra y sus ojos ladinos. Pero la parte del león se la lleva James Woods, cuya ferocidad es estremecedora. Woods domina cada una de las escenas en donde aparece, sin importar con quien la comparta.

A pesar que la ambigüedad moral de Perros de Paja ha sido suavizada en la remake, tanto el mensaje como la manera forzada de despacharlo siguen siendo igual de efectivos. La película es incómoda y, aún con el excelente clima de suspenso de la última media hora, uno no siente ganas de vitorear a los protagonistas cuando llega la hora del final. Es aceptable, es correcta pero, probablemente, no sea memorable.