Cine, TV, Video: crítica: Un Buen Día en el Vecindario (2019)

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La perfomance de Tom Hanks eleva este melodrama basado en una historia de la vida real

Cine, TV, Video: crítica: Un Buen Día en el Vecindario (2019)

Por Alejandro Franco – contáctenos

calificación: 4/5 - muy buenoEs fácil pegarle a Un Buen Día en el Vecindario. Tom Hanks habla como un anciano y parece una caricatura. Su personaje (basado en el ícono de la televisión norteamericana Fred Rogers) es el individuo menos dinámico y apto para un programa infantil. Pero el hombre tiene puños llenos de verdades y, cuando abre la boca, algo en tu cerebro hace click. No sé si es un hombre sabio, pero si sé que es un hombre que tiene una perspectiva realmente diferente de la vida. Vive en un estado de completa armonía y autocontrol, y es capaz de desarmar a cualquiera con sus palabras. Claro, Rogers en la vida real era un ministro presbiteriano que amaba a los niños y que, en compañía de una sicóloga infantil (Margaret McFarland), creó un programa llamado El Vecindario del Señor Rogers donde se encargaba de hablarle a los chicos sobre los temas mas difíciles de la vida – la muerte, el odio, la guerra, el divorcio -. O sea, era un individuo capaz de reducir los conceptos mas sensibles de la vida a los términos mas simples posibles. No contaría chistes, pero era un individuo que irradiaba la sabiduría propia de un abuelo y por ello el público lo adoraba.

Es una macana que la historia de Un Buen Día.. no se centre en Rogers y lo delegue a un rol secundario. Si bien la historia está basada en la vida real – la entrevista que el periodista Tom Junod de la revista Esquire le hizo en 1998 y cuyo encuentro le cambió la vida -, también es cierto que el libreto cae en los clichés mas repetidos de conflicto padre / hijo que decenas de películas han regurgitado hasta el hartazgo. El periodista Lloyd Vogel (Matthew Rhys, haciendo una versión ficticia del real Junod) ha caído en el cinismo y ello se refleja en su trabajo. Sobre él se erige la sombra de la muerte de su madre tras una larga agonía por el Cáncer, y el abandono de su padre en semejante situación, dejando a él y a su hermano solos con su madre moribunda. Ahora el padre (Chris Cooper) ha regresado luego de 15 años, y viene en son de paz, pero la cicatriz es profunda y todo termina a los golpes. Lastimado, Vogel debe cumplir con el pedido de su inflexible editora – hacer un breve reportaje a Rogers, algo de no mas de 100 lineas que entrará en una sección llamada Los 100 Héroes Norteamericanos de Hoy en Día – y, tras toparse con el animador, es mas el interés de Rogers en él que el de Vogel en hacer la entrevista. Es ahí cuando Tom Hanks desaparece en la piel de Fred Rogers, haciéndole no solo preguntas incómodas a Vogel, sino metiéndose en su cabeza hasta el punto de convertirse en su confesor y mentor. En la genial escena del restaurant donde Vogel está perdido, sumido en la furia contra su padre pero, a su vez, dolido porque éste tiene una afección cardíaca mortal y sabe que le queda poco tiempo, Hanks / Rogers le pide que haga un ejercicio mental y que, por un minuto, piense en toda la gente que lo amó en su vida. Y el ejercicio entra en el terreno de la meta ficción cuando Hanks mira directamente a la cámara, como pidiendo al público que haga lo mismo. Es curioso que ese truco cinematográfico tenga realmente efecto en la gente, porque hasta ese momento Hanks / Rogers había sido una máquina de disparar verdades conmovedoras. Y al llegar la secuencia del restaurant uno está dispuesto a entrar en su juego. Como dice Rogers “todo lo que eres ahora – de distinguir entre el bien y el mal, de saber cuando estás haciendo lo correcto, de apreciar la familia que tienes -, de eso también ha sido culpable tu padre”.

Hanks, Cooper y Rhys brillan con sus papeles, pero el libreto es melodrama puro y la dirección de Marielle Heller tampoco ayuda. Mr. Rogers se mueve en un pueblito hecho con maquetas y Heller decide ambientar el mundo real de Vogel como tal, es decir, cuando toma un avión, vemos un avión de juguete saliendo de una maqueta de aeropuerto y filmado en 4:3 como era el formato de la televisión de hace 30 años. Es una decisión artística distrayente. También lo es cuando decide trasladar a Vogel a un episodio de La Dimension Desconocida donde él se transforma en el juguete de su niñez (un conejo de peluche) y un Mr. Rogers gigante viene a saludarlo. Las perfomances son buenas pero el filme no tiene pasta para el Oscar.

Eso no significa que, como todo melodrama, no te termine de tener momentos emotivos. Los momentos emocionantes abundan y muchos tienen que ver con el optimismo y la buena fe de la filosofía de Rogers. Desde ya es un filme recomendable y uno que te saca lagrimas con facilidad pero que, lamentablemente, no tiene la solidez dramática – al menos del lado de la historia del personaje de Rhys – que debiera y que hiciera juego con un intelecto tan brillante como el de Rogers para explicar las cosas mas difíciles en los términos mas sencillos.

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