Cine, TV, Video: crítica: Mi Cena con Hervé (2018)

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El narrador interfiere con el relato y diluye la carga dramática de Mi Cena con Hervé – basado en las entrevistas que Sacha Gervasi mantuvo con Hervé Villechaize poco tiempo antes de su suicidio -, intentando obtener un protagonismo que no merece y comparándose al lado de la complicada vida de Villechaize, marcada por triunfos y excesos.

Cine, TV, Video: crítica: Mi Cena con Hervé (2018)

Por Alejandro Franco – contáctenos

Juntar un montón de talentos (en un proyecto soñado que estuvieron pergueñando durante años) no necesariamente da por resultado una obra maestra. O siquiera a un filme maduro y con sentido. Peter Dinklage (formidable actor si los hay) admiraba a Hervé Villechaize y, aunque no fuera el primer actor enano de la historia, fue uno de los que hizo mas ruido, con participaciones memorables en el filme de James Bond El Hombre del Revólver de Oro, y durante las 7 temporadas que duró La Isla de la Fantasía, serie naif si las hay, pero extremadamente popular en su momento. Dinklage siempre consideró que Villechaize abrió caminos para personas como él, obteniendo un protagonismo inusitado que se apagó con la velocidad y el estruendo de una supernova. Otros actores enanos han hecho bolos y secundarios, pero Villechaize llegó al status de super estrella en cuanto a fortuna y popularidad. Y a Dinklage se suma Sacha Gervasi, que además de director (tiene a la inolvidable Hitchcock bajo el cinturón) fue reportero y llegó a entrevistar a Villechaize tiempo antes de que éste se matara en setiembre de 1993. Basado en su experiencia personal, actor y director estuvieron cocinando este proyecto durante años y en este 2018 vio la luz a través de la pantalla de HBO. Pero el resultado dista mucho de ser satisfactorio.

Uno de los grandes problemas de Mi Cena con Hervé (que homenajea el título a una gran película indie, Mi Cena con André, de 1981 y dirigida por Louis Malle), es que todo suena a fabricado y artificial. Si el personaje de Jamie Dornan es el alter ego de Gervasi, entonces su historia personal – de engaños amorosos y alcoholismo – es completamente falsa. En el filme aparece metiéndose con la bailarina de un boliche en su propia casa – y ante la mirada aterrorizada de su mujer y con su hijo pequeño en sus brazos – cuando en realidad Gervasi recién tuvo una niña con Geri Halliwell (de las Spice Girls) en el 2006, 13 años después que Villechaize se volara los sesos. Entonces lo que obtenemos es una biopic en donde uno de los personajes es ficticio, y con un drama totalmente inventado para que cree empatía con Villechaize en cuanto a gente descarrilada que han arruinado sus vidas y han perdido el amor. Y lo peor de todo es que es que la historia del personaje de Dornan no es original ni interesante y distrae al espectador del verdadero drama, que es la épica de Villechaize para salir de ser un fenómeno, sobrevivir a la discriminación, buscar el amor y su lugar en el mundo, y triunfar en lo que mas brillaba.

Pero la artificialidad del personaje de Dornan no es el único problema del film: el otro es la caracterización de Dinklage, el cual simplemente no da como Villechaize. Gran parte del problema es que Dinklage es un tipo mucho mas apuesto y mucho mejor proporcionado físicamente que Villechaize, que tenía manos de muñeco y una mirada chocante, ladina, acorde a los desenfrenos sexuales que marcaron su vida. Dinklage acierta con la voz pero no con el physique du rol, y termina siendo altamente distrayente para los que tenemos mas de 4 décadas y conocimos a Villechaize en su momento de esplendor. La voz de barítono de Dinklage resulta sumamente impostada, y falla al momento de escupir los aspectos mas terribles de su vida – el rechazo de su madre, el apoyo incondicional de su padre y la búsqueda (imposible) de una cura para su enanismo, su esposa cazafortunas que termina esquilmándolo con el divorcio, el desenfreno en el set de La Isla de la Fantasía, y su caída del Olimpo hasta una vida oscura alejada de las cámaras -. Es como si el actor se hubiera restringido a la imitación en vez de a la perfomance. Dinklage maquillado se sigue viendo como Dinklage.

El encuentro entre Villechaize y la versión ficticia de Gervasi carece de chispa. Se cumplen 20 años de El Hombre del Revolver de Oro y el periódico para el cual trabaja Dornan / Gervasi quiere hacerle una entrevista de relleno a Villechaize mientras que el gran número es reportear a Gore Vidal, formidable intelectual y político. El problema es que el personaje de Dornan es un tiro al aire, y viene de 30 dias de sobriedad después de años y años de excesos. La interview a Villechaize es ríspida, pero el actor quiere seguir en companía del periodista para contarle toda su historia. Y cuando la cita con Vidal se va al demonio por el retraso del reportero y el ego del político, a Dornan no le queda otra que seguir con Villechaize / Dinklage, embarcándose en una noche salvaje que sólo se agotará cuando salga el sol.

Ninguno de los dos hombres es interesante. Villechaize es cargoso, excedido en todos los aspectos, y el periodista está incómodo y prefiere regresar al hotel.  En ningún momento se siente verdadera química entre Dornan y Dinklage, y sólo hay una fugaz conexión cuando en el final se dicen de todo en medio de la carretera. Pero no te da la sensación palpable de empatía o de que haya surgido una verdadera amistad a lo largo de esa desquiciada noche. Tampoco la historia de vida de Villechaize es super original – es otra historia mas de una estrella cegada por el éxito, que se salió de la pista por culpa del ego y los excesos -, y lo único diferente es el relato sobre su niñez. El tipo era brillante, era un gran pintor, pero quería toda la fama, el dinero y el respeto, y lo absorbió de una durante su fugaz e intensa carrera cinematográfica. El mismo terminaría por serrucharse el piso, peleándose a muerte con Ricardo Montalbán (un estoico Andy García; ¿no estaba Antonio Banderas disponible – o alguien con mas salero como el que Montalbán tenía en la vida real -?) y provocando su despido de La Isla de la Fantasía. Lo que sigue es soledad, declive, y un triste y solitario final.

Mi Cena con Hervé pudo haber sido una gran película; pero los mecanismos dramáticos no funcionan, y Dinklage es demasiado diferente a Villechaize. Y dado que este filme no le interesa a los millennials sino a la gente que anda por los cincuenta, es un detalle que dispersa mucho la atención. Pero los defectos no se limitan solo a un maquillaje mediocre o un rostro demasiado distinto al original, sino  que pareciera una obra de ego de Gervasi, que se pone en el centro de la tormenta como el héroe que encontró redención y escribió sobre su gran amigo, cuando todo te da a entender que el tipo sólo se limitó a explotar el hecho fortuito que le trajo el destino  – haber reporteado a Villechaize poco tiempo antes de su suicidio – y hacer fama y fortuna sobre el drama de otro, cuya pena terminó por ahogarse en un charco de sangre.