Cine, TV, Video: crítica: Happiest Season (2020)

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Con lo importante que es el tema (y la novedad de hacer una comedia romántica gay mainstream)… ¿era necesario imitar a toneladas de mediocres comedias heterosexuales poniendo malos gags y personajes de caricatura?.

Cine, TV, Video: crítica: Happiest Season (2020)

Por Alejandro Franco – contáctenos

calificación: 3/5 - buenoEn el clásico de 1967 ¿Adivina Quién Viene a Cenar? una pareja interracial se presentaba ante los conservadores padres de la novia y después organizaban una cena familiar con los padres de ella y él, sorprendiendo a propios y extraños, y desatando todo tipo de debates. Ciertamente era una película muy discursiva pero, rayos, estaba actuada como los dioses, tenía momentos impagables y momentos de profunda sinceridad en donde el amor de la hija y de su madre / esposa terminaban por vencer los prejuicios de un reacio Spencer Tracy.

Oh, si, los tiempos han cambiado y la tolerancia va ganando la carrera pero yo aún espero una versión gay de ¿Adivina Quién Viene a Cenar?. Escenas de enorme honestidad sobre la dificultad de ser gay en una sociedad donde hay todavía sectores conservadores y profundamente discriminadores. Momentos de brillo actoral donde la persona que sea exprese su amor filial esperando la bendición de sus padres para llevar su vida con plenitud. ¿Qué hay de atroz con ser gay?.

Happiest Season podría haber sido esa versión que tanto he estado esperando… pero no. El problema es la directora y guionista Clea DuVall que pareciera insegura, deseosa de satisfacer a todos los públicos haciendo una comedia romántica que sea tanto gay como mainstream. Claro que una comedia romántica gay puede ser mainstream pero el peor error que puede cometer es buscar la aceptación copiando lo peor de las fórmulas de las comedias románticas heterosexuales. Acá la historia debiera haberse restringido a la columna vertebral que es la relación entre Abby y Harper. Viven juntas, se aman con locura, tienen una formidable química… pero la propuesta de visitar a los padres de Harper para pasar una noche juntas durante Navidad parece forzado. Mas aún cuando Harper le dice a Abby que ella nunca salió del closet frente a su familia (y le sale con esa patraña a mitad de camino de la casa de sus padres). La familia de Harper son ultraconservadores, ricos, políticos para peor, gente que vive de las apariencias. Nadie pretende que una comedia romántica sea 100% racional o lógica, de modo que ambas terminan llegando a la casa de la familia haciéndose pasar por compañeras de cuarto, lo  cual puede ser una excusa para analizar las luchas internas de Harper por sincerarse con su tribu pero…

El drama con esto es que DuVall empieza a poner caricaturas en el libreto porque, después de todo, esto es una comedia y debe hacer reír. ¿Pero al costo de qué?. Lo admito, la hermana chiflada de Mackenzie Davis (Mary Holland) es una ladrona de escenas constante (es como si sufriera un desorden de algún tipo que es demasiada efusiva con cualquiera y termina hablando a los gritos) pero el filme no precisaba eso. O un matrimonio abierto como el de la otra hermana encarnada por Alison Brie. La molesta madre-helicóptero de Mary Steenburgen tiene su gracia, pero hay mucho de relleno en algo que precisaba construir momentum con menos distracciones. Y lo peor es el final cuando todo se deriva en una estúpida pelea masiva que era totalmente innecesaria. ¿Por qué?.

Happiest Season es un licuado de momentos logrados y cosas descolgadas. En una película romántica gay que el mejor amigo de la protagonista sea gay es una deliciosa tomada de pelo a los clichés del género. Y Daniel Levy brilla en el rol, dando lugar al discurso mas potente y maravilloso del filme pero… el resto no está a la par durante la mayor parte del tiempo. También es cierto que la Stewart – a quien defendí últimamente en Los Angeles de Charlie y Underwater – parece haber retrocedido, regresando a los tics químicos de su época de Twilight. Se ve terriblemente apocada, incluso en una escena de karaoke se la traga el escenario y, cuando debe dar lugar a situaciones de errores – la primera cena en familia, la persecución de la madre de Harper, etc – parece pasada de Valium. Si, debe hacer de persona inserta en una situación embarazosa pero incómoda y anónima son dos cosas distintas. Piensen las mismas situaciones en una comedia hetero con alguien tipo Hugh Grant dando señales sutiles todo el tiempo de su incomodidad o transmitiendo simpatía mientras se descubre en un aprieto. Acá la Stewart solo desvía la mirada, habla en voz baja, se tapa la cara con la mano. No, no es un indicio de que la Stewart sea mala actriz – cuando las cosas se ponen picantes con la Mackenzie muestra sus músculos actorales – pero si de que la comedia de situación no es lo suyo. Pongan a Aubrey Plaza (que hace maravillas en un papel pobremente escrito) y verán lo que puede hacer una comediante experimentada.

Sí, sí, ya lo sé: este es un trabajo de amor y la mitad del elenco principal es gay o queer en la vida real; pero ello no implica que haya que poner artificialidad en la cosa, o que simplemente una persona por ser gay sea la mejor para un papel gay (digo, debe haber toneladas de comediantes gay que hubieran llevado el papel de la Stewart con mayor naturalidad). A esto se suma el final final que es extremadamente artificial, sin sacrificio, casi instantáneo… sin sangre. Este es simplemente un pasable buen paso para que haya mas comedias románticas gay pero, para hacer una gran comedia romántica (sea gay o no), la honestidad y la emotividad es lo primero. No era necesario ir muy lejos: bastaba con ver Con Amor, Simón (2018) y descubrir cómo se puede hacer algo sincero, emocionante y divertido sin necesidad de arruinar las intenciones del libreto con una sarta de malos gags que parecen salidos de Saturday Night Live.