Cine, TV, Video: crítica: Leaving Neverland (2019)

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Padres ingenuos que dejan dormir a sus hijos con un adulto de 30 años. Lujo y despilfarro a costa de decisiones reñidas con la moral. Dos chicos dejados a su suerte porque sus padres se han encandilado con la fama y la fortuna y quieren que Michael Jackson sea su llave al estrellato. La corrupción brota por todos los poros en Leaving Neverland, un documental descarnado sobre la amoralidad, el poder de la fama y el dinero, y la inocencia ultrajada de un par de niños que vieron cómo su ídolo abusaba de ellos.

Cine, TV, Video: crítica: Leaving Neverland (2019)

Por Alejandro Franco – contáctenos

Indignación. Repulsión. Escalofríos. Eso es lo que te deja el documental (de 4 horas de duración, dividido en dos partes) de HBO Leaving Neverland donde dos testigos narran como Michael Jackson abusó de ellos a partir de los 7 y 10 años, una relación ilegal que continuó durante años y que solo sería abortada tras el escándalo de 1993 cuando Jackson fue llevado a juicio por abuso de menores (y no precisamente porque uno de estos dos lo haya acusado).

Lo que al principio parece ingenuidad, después se transforma en hipocresía y complicidad. James Safechuck es un norteamericano que co-protagonizó un famoso comercial de gaseosa cola con el cantante. Wade Robson, en cambio, ganó un concurso de baile imitando a Jackson en su Australia natal. Ambos conocieron personalmente al cantante, recibieron invitaciones para unirse a sus giras, y despertaron sin querer una situación de invasión personal – con llamadas telefónicas diarias de Jackson, sin importar el lugar del planeta donde estuviera, con tal de hablar horas y horas (!) con los chicos; incluso a uno de ellos le regaló un fax y le inundaba de mensajes, dibujos y poemas el piso del living de su casa;  invitaciones a su tour o alguna de sus casas en distintas ciudades de EE.UU., engolosinamiento con toneladas de regalos y tours de compras financiados por el cantante y, por último, el detalle mas retorcido de todos: la compra del rancho Neverland, una mansión alejada de todo y convertida en un parque de diversiones de existencia imposible, dotado de zoológicos, atracciones, lagos… y un laberinto de habitaciones y recovecos donde Jackson pudo haber intimado con los chicos lejos de la mirada de sus padres, aunque estos estuvieran en la gigantesca mansión – de la que resultaba imposible despegarse. Jackson era un Dios en la Tierra, y que ese Dios tocara el timbre de tu casa y viniera a festejar tu cumpleaños con regalos costosísimos era un efecto embriagador… tanto para chicos como para adultos, los cuales sucumbieron al encanto de la mega estrella.

Pero si el abuso de los chicos por parte de Jackson cae en una nebulosa legal – es la palabra de ellos contra una persona que ha fallecido, y se tratan de sucesos que pasaron hace casi 30 años -, el material de archivo y el testimonio de los padres no deja de ser perturbador. Yo no creo en la candidez de los adultos, aunque es cierto que en los años 90 existía menos material en circulación sobre abuso infantil de lo que hay ahora – Internet estaba en pañales y precisaba una década mas para explotar como medio masivo y mundial de difundir información -, pero los comentarios de los padres parecen de otro planeta. Yo tengo cincuenta años y mi madre ya me decía cuando era chico que no me acercara a extraños que me invitaran caramelos y juguetes… Pero acá los padres no sólo se dejaron embaucar por algo mas que caramelos y juguetes – fortunas dilapidadas en jugueterías de lujo y compras personales de los padres; vivir en el rancho una vida de millonarios y viajar por todo el mundo junto con el cantante -, sino que cometieron el peor pecado de todos, que es – con el tiempo y después de mucha insistencia de Jackson – consentir que sus hijos duerman con un adulto. Claro, Jackson irradiaba inocencia, simpatía, carisma y definitivamente era un bicho raro; un Peter Pan millonario, un niño atrapado en el cuerpo de un adulto… pero dejen eso de lado y piensen la situación objetivamente: ¿dejarías que tu hijo de 10 años duerma con un hombre de mas de 30?.

Yo creo que todas las personas adultas poseen necesidades corporales que precisan ser resueltas. Comer, dormir, ir al baño… tener relaciones. Yo no creo en el celibato o la asexualidad, en la sublimación del deseo debido a una causa superior. Sí creo en personas que tienen identidades secretas, que llevan una segunda vida, que cometen actos a escondidas. Si Jackson era un depredador, su situación comenzó a manifestarse al final de sus 20 y cuando comenzó a rodearse de la familia de Safechuck. Y lo que consideraba una relación sana – si se puede llamar así a un adulto que vive la vida de un niño y juega con niños – creo que se desbarrancó por una confusión de afectos, en donde lo que podía ser una piyamada (si tuvieran la misma edad) se transformó en una circunstancia retorcida y propicia para que el cantante confundiera amistad con deseo y comenzara una relación prohibida con caricias indebidas. El testimonio de Wade es mucho mas perturbador porque Wade se relaciona años después que Safechuck, y Jackson ya tiene un modus operandi establecido. Ya no es un desliz, ya se perdió la delicadeza y la espera; ya hay una urgencia y un mecanismo estudiado, probadp, práctico y eficiente para separar a los padres de su hijo y quedar a solas con él para sumirlo en el mas retorcido de los mundos.

Pero si el accionar de Jackson es escalofriante, aun mas estremecedor es el testimonio de los padres de estas criaturas, que van de la ingenuidad aparentada a la de la amistad interesada que bordea la desesperación y la amoralidad. Mujeres abandonando a sus maridos, llevándose a sus hijos y esperando que Jackson les abra las puertas de la fama y la fortuna; una irreal sensación de que el cantante está solo y que los ha adoptado como familia (¿y por qué ellos deben llenar ese hueco afectivo?). Y cuando llega el primer juicio por abuso contra Jackson en 1993, la sensación de intereses creados y acomodo. De parte de los chicos, porque estaban celosos de un tercer niño – Jordan Chandler – y creían que era una oportunidad de demostrarle amor y fidelidad a Jackson, algo que volvería a convertirlos en centro de atención del cantante – por eso terminan mintiendo en el tribunal, negando el abuso -; la hipocresía de los padres que, ante el juicio, recién atinan – después de muchos años de relación con Jackson y sabiendo que sus hijos dormían con el astro – a preguntarle a sus hijos si hicieron algo raro con el cantante y, en vez de alejarse de todo frente al escándalo y la sospecha, deciden estrechar la relación… mostrando a las claras que los padres querían explotar la palabra de sus chicos frente al tribunal. La situación se resuelve con un pago millonario a la familia Chandler, y las familias de Robson y Safechuck obteniendo casas regaladas, costosas cámaras de cine y prohibitivos cursos de cinematografía costeados por Jackson en los mejores centros especializados.

Al día siguiente de emitir Leaving Neverland Oprah Winfrey hizo un programa con Robson y Safechuck frente a una audiencia conformada por 100 personas que padecieron abuso. Para todos, el testimonio resultó creíble. Para Winfrey la historia de terror de Robson y Safechuck es una prueba clara de “corrupción social”, de gente que consiente que sus niños rodeen a adultos famosos con tal de poder sacarle una tajada. No se si Winfrey aclaró que ambos terminaron por arrepentirse de lo dicho en el tribunal y quisieron tomar acciones legales contra los herederos de Jackson en el 2015, acciones que los jueces rechazaron porque el tiempo diluyó las pruebas y porque el cantante había fallecido en el 2009. Un filme de terror marcado por intereses, dinero y corrupción, el cual es aun mas estremecedor por haber sido real. Y si la cuestión del abuso es algo que nunca terminará de probarse de manera fehaciente por falta de pruebas materiales, lo que sí queda claro es que el cantante tomó por asalto a un par de familias promedio (al menos las vistas en el documental ya que Jackson tuvo muchos menores como amigos a lo largo de su carrera), los encegueció con su fama y dinero, alteró sus vidas y terminó por doblegar sus limites morales para que consintieran situaciones y actitudes de dudosa naturaleza. Y si Jackson es culpable de los cargos que se le acusan, también deberían ser acusados los padres, los cuales operaron como sus cómplices al no frenar el acoso constante por el cual el cantante se instaló a la fuerza en sus vidas (y alteró su vida familiar de manera definitiva), sino que miraron al costado cuando el escándalo estalló en 1993 y ni siquiera se molestaron a sacar a sus hijos del ojo de la tormenta cuando era obvio que algo raro – y peligroso – estaba pasando.