Cine, TV, Video: crítica: El Gordo y el Flaco (Stan & Ollie) (2018)

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El ocaso de dos grandes en la última gira de sus vidas es el tema de El Gordo y el Flaco, una emotiva comedia dramática ignorada olímpicamente por los Oscars y con perfomances de gran altura.

Cine, TV, Video: crítica: El Gordo y el Flaco (Stan & Ollie) (2018)

Por Alejandro Franco – contáctenos

Este año el Oscar fue una timba y pareció que cada premio estaba digitado por una cuestión de intereses políticos (ir en contra de las políticas de Trump, convertirse en una bandera de la diversidad, darle una palmadita al streaming pero negándole el derecho al premio mayor) mas que por una cuestión de sincera valoración a las cualidades artísticas de los filmes nominados. El caso mas flagrante fue Green Book, Oscar a la mejor película, la cual no convenció a la critica mas allá de su bienintencionado mensaje de tolerancia. Pareció un favor a Spielberg (uno de los productores del filme y enemigo acérrimo de que Netflix participe en los Oscars) por el desliz de haberle dado a Roma (bancada por Netflix) tantos premios.

En esa batalla de mensajes mediáticos hubo películas que terminaron siendo sepultadas por el fragor de la contienda y terminaron convirtiéndose en el daño colateral del conflicto. Stan & Ollie no exhibe ninguna causa de actualidad (racismo, homofobia), sino que es una historia hecha y derecha, una anécdota pequeña sobre el ocaso de dos grandes del humor. Si el argumento es prolijo y valido (pero no superlativo), al menos ignorar las perfomances de John C. Reilly y Steve Coogan suena a herejía. Reilly tiene la bonhomía de siempre pero Coogan es toda una revelación, y ellos viven la piel de sus personajes – las leyendas de Stan Laurel y Oliver Hardy, cómicos super populares en los años 30 y 40 – con absoluta naturalidad. Además es una visión interna del mundo del espectáculo, algo que debería haber complacido de sobra a la critica en vez de desplazarse por los filmes panfletarios o por cintas multiculturales y multirraciales. No estoy en contra de los mensajes de tolerancia, pero la Academia debería ser un lugar destinado a premiar la excelencia artística  y ésta es una omisión alevosa. Hay mucha magia en el relato de los dos veteranos haciendo una gira en el ocaso de sus carreras y ansiando la financiación de un film que nunca llega y que podría representar el comeback tan esperado. Es algo triste y descarnado ver a quienes fueron estrellas en otro tiempo, actuar en teatros de pueblo con apenas un puñado de localidades vendidas.

Por supuesto la redención llega, aunque sea en forma modesta, con la llegada a Londres – después de una gira agotadora -, con acceso a los teatros mas grandes y con localidades agotadas. Pero Hardy está viejo y demacrado, no lleva una vida sana y su sobrepeso literalmente lo está matando. Estamos a cuatro años de que Hardy fallezca luego de una serie de infartos que primero lo dejarían postrado y después terminarían por matarlo.

Si Stan & Ollie es una mirada curiosa a la intimidad de estos dos grandes – Hardy, inocente, crédulo, jugador empedernido y mujeriego; Laurel, el cerebro creativo, fumador serial y entusiasta incansable – que, mas allá del vinculo artístico, formaron una auténtica amistad, las otras palmas de oro le corresponden a Shirley Henderson y Nina Arianda, que se sacan chispas como las dispares esposas de los cómicos (una, sumisa pero decidida; la otra, una comehombres sin pelos en la lengua), y que en el momento mas critico demuestran que a pesar de las diferencias son auténticas amigas. Ellas merecerían por sí mismas una película aparte por la formidable química que poseen y la intensa interrogante de por qué aman a estos hombres.

Pero el centro de la escena es Reilly y Cooper y, Dios, estos tipos sí que saben cómo actuar. No es gente imitando a alguien conocido, sepultados bajo toneladas de maquillaje o sintonizando otra onda; son Laurel y Hardy revividos, en una historia sobre artistas que aman su metier pero no saben nada de negocios, pasaron su mejor época y buscan sobrevivir haciendo lo suyo con dignidad. Hay humor pero también hay drama y hay mucha emoción. Claro, éste es un filme para gente con mas de 40 que ha llegado a ver los filmes de El Gordo y El Flaco en la era de la televisión en blanco y negro. No hay argumento de venta para los millennials, ellos ni siquiera están enterados de su existencia. Pero es una obra de amor a dos de los mejores humoristas que existieron en el mundo del espectáculo, los cuales merecen ser sacados del olvido y reconocidos por las nuevas generaciones ya que su humor es atemporal. Y su enorme amistad, también.

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